Gisela y el lenguaje de los cumpleaños


Los lenguajes de Gisela

Por Jazz Noire

Enero es el mes del cumpleaños de Gisela, y más que navidad o año nuevo (menciones que se hacen por proximidad de fechas), es el día que suele esperar con más ansias. No porque haya una celebración especial o estrafalaria detrás de sus planes cada año, sino solo por el sentimiento único que le despierta; como si de pronto, en ese día, tuviera el derecho de ser visible ante el mundo, mismo que no se le permite en otras ocasiones. Para ella, hay algo mágico en la fecha, aunque para el resto del mundo sea otro día más para arrancar del calendario; horrible si cae en un lunes, más digerible si es en un fin de semana.

Desde siempre ha sido así, sentir que ese único día al año hay un imán encima suyo que atrae las miradas, las sonrisas, las felicitaciones de todos con quienes se cruza, como si todo el mundo, al verla, lo supiera. Por supuesto, más allá de hacer realidad la idea absurda de andar con un letrero de “Hoy es mi cumpleaños” por la calle, es imposible, pero la sensación de que es así prevalece, aun cuando siempre han existido los días malos y el cumpleaños no es uno que pueda escaparse de esas malas rachas, ni aunque el sentimiento catastrófico (y exagerado) aumente los detalles que en otros días serían insignificantes, detalles en ambos sentidos, buenos y malos: un cumpleaños en el que esperas la visita sorpresa de unos amigos (quien sabe por qué), pero nadie se aparece ante tu puerta y sientes que tu día te ha traicionado. Otro en el que nadie de tu familia te felicita por la mañana, pero que se ve mejorado en la escuela, cuando tus amigos te cantan “Feliz cumpleaños” en el receso con un Pingüino sobre el que hay un par de cerillos encendidos y se unen extraños de otros salones a la celebración. Uno más en el que por fin se cumple tu deseo de que alguien te prepare una fiesta sorpresa…

A veces Gisela se pregunta si ese sentimiento de querer ser el centro de atención en su cumpleaños (cuando no es parte de su naturaleza habitual) solo lo experimenta ella o es de esa clase de sentimientos tan humanos y comunes como la necesidad de respirar. Y es tan así, de creer esta fecha tan especial, que la idea de celebrar la ocasión en otro día, por más cercano que este sea, hace desaparecer la magia: no se siente igual, no es la misma emoción, no es la misma visibilidad e importancia ante el mundo. Ideas raras, sin duda, pero que se mantendrán y serán justamente el motor que le haga esperar a Gisela cada 18 de enero con entusiasmo y expectación, ya que, sin importar si el día finaliza con buenos o malos detalles, es solo una vez cada año.

 

Geografías fantásticas


Sueños lúcidos

Por Javier Paredes

A la edad de 59 años un prelado sueco es recibido en el convento de Santa Brígida, en Roma.  Su título es meramente honorífico, simbólico, pues en Suecia impera la religión de Lutero. Anteriormente, el obispo había participado en el Concilio Tridentino, en premio a sus servicios recibió una pensión papal. Era conocido como Olao Magno y nos legó, entre otras obras, veintidós libros de historia de los pueblos nórdicos y la Carta Marina.

El mapa en cuestión, impreso en 1539, es una luminosa maravilla en nueve paneles de más de dos metros cuadrados cada uno de ellos[1] que contienen numerosos monstruos marinos, algunos enteramente fabulosos, otros simples exageraciones, hiperbólicos ensueños, de animales reales. Cetáceos inmensos y cornudos, serpientes y gusanos de mar forman parte del elenco que adorna la Carta, misteriosos seres que reciben comentario en los libros 21 y 22 de la Historia de Gentibus Septentrionalis.

De este mapa solo existen dos ejemplares conocidos, uno en Austria, el otro en Suecia; se creyó perdido durante muchos años. Prodigiosa como es, la Carta encuentra paralelo en otros mapas que ahora consideramos fantásticos, pero que en otra época se tuvieron por ciertos. El más destacable es el contenido en el Liber Chronicarum, denominado en español Libro de las Crónicas de Núrenberg, que pretende ser una historia exhaustiva del mundo desde su creación.

El mapa de las Crónicas es igualmente precioso en el detalle y nos remite a criaturas como las gorgadas, mujeres cubiertas de pelo y también a hombres con dos caras, una humana por el frente y otra de perro por la espalda. Las Crónicas se imprimieron en alemán y latín en la infancia de la imprenta, son incunables y algo menos raros que la Carta Marina. Se supone la existencia de algunos cientos de ejemplares de sus diversas ediciones.

Ambas obras, la Carta y la Crónica, son comentadas en el Atlas Fantasma, de Edward Brooke- Hitching[2], cuyas páginas encierran anecdóticas reseñas de errores, mitos y falsificaciones geográficas. Aunado al valor textual, las ilustraciones de este libro son de gran fineza y vienen directamente de coloridos mapas antiguos.

Es casi innecesario mencionar que los seres y lugares fantásticos no son exclusivos de la Antigüedad ni de la Edad Media, el Atlas Fantasma describe la expedición del navío mexicano Justo Sierra, en el 2009, hacia la Isla Bermeja, la cual nunca fue encontrada. Hecho que generó conspiranóicas teorías sobre la desaparición de la ínsula, perpetrada por norteamericanos en beneficio de petroleros intereses.

Existen además otras formas de geografía imaginaria que apuntan a creaciones de la literatura y el arte, a los mundos fabulados para nuestro solaz o tortura. Una de ellas, destacable por la belleza de sus ilustraciones es el que nos descubre la obra pictórica de Andrew DeGraff, Trazado, un Atlas Literario[3], editado en 2016.

Trazado es un libro ejemplar, que en escasas 126 páginas incluye el mapa de la isla de Robinson Crusoe, con su brumoso valle y sus verdes peñascos; el croquis del Pequod de Moby Dick; la ruta de Phileas Fogg, en su viaje de ochenta días alrededor del mundo; los pasos de Hamlet en Elsinor y la abismal Biblioteca de Babel, de Jorge Luis Borges.

El autor de Trazado, Andrew DeGraff, nos ha obsequiado con una pluralidad de libros de similar factura y temática, tal es el caso de Cinemaps, en que retrata  la jungla de Depredador, los viajes de Indiana Jones y las montañas de los reinos de Tolkien.

No podríamos concluir esta brevísima relación, sin considerar a la conocida Enciclopedia de las cosas que nunca existieron, de Michael Page[4], que destina su capítulo III al País de las Maravillas,  donde trae a nuestro conocimiento lugares como Vinolandia, la Montaña de las Delicias, el Valhalla y Xanadú, sitios gratamente descritos y extraídos de la leyenda, el folklore y la literatura, con amenas ilustraciones de Robert Ingpen.

Quedan fuera del alcance de esta enumeración las cartas náuticas y portolanas de reyes navegantes, los atlas bizantinos, los mapas islámicos y los del imperio chino. Es —desde luego— labor imposible recrear un mapa de todos los mapas de la fantasía.


[1] 1.25 por 1.70 metros.

[2] De editorial Blume, apócrifamente datada en el año 2018.

[3]El título original es Plotted: A Literary Atlas.

[4] Publicada por editorial Anaya en 1986 y reeditada en 2003.

A mi ex, quien sonríe junto a su esposa

El semestre pasado, para mostrar a mis alumnos la manera en la que las imágenes transmiten sentimientos intensos en un poema, llevé a clase un texto de Anne Sexton: “For my lover returning to his wife”. Debo decir que no fue el éxito que yo esperaba; mis alumnas, quince años menores que yo y ya casadas, pensaron que era un insulto, mientras que los varones creyeron reconocer a una mujer celosa que hablaba desde el despecho. Conversamos sobre las imágenes, pero no alcancé a decir que el poema es en realidad sobre la esposa, que sí, la emoción que se expresa es algo que llamaríamos celos, y que no se trata para nada del amante. Él, en este caso, es lo de menos.

Pienso en ese poema cada vez que ante mí aparece la fotografía sonriente de mis ex con sus esposas. En ellos miro el paso del tiempo y en ellas mi propio estatismo. Sus ojos siempre arden con la tibia llama del amor prudente, todo el mundo gira alrededor de ellas, sus hijos crecen en sus cuerpos y luego ellas los crían con suavidad y alegría. Veo sus cabelleras limpias y brillantes, sus muslos de agua y tierra, de diosas milenarias. Entiendo que los celos no siempre están hechos de lo que otro tiene, sino sobre todo de lo que otro es: semejante a un dios me parece… Semejantes a diosas me parecen las mujeres que muy pronto entendieron algo que yo no sé; las miro desde el umbral de ese misterio y me convenzo, como Anne Sexton, de mi fragilidad y mi extrañeza. A mis alumnas, jóvenes esposas, les pareció particularmente odioso que la voz poética se calificara como un lujo y comparara a la esposa con una olla de hierro forjado. No vieron, en cambio, que Sexton usa las imágenes de lo momentáneo y lo raro en primera persona y reserva para la esposa todo lo que significa fuerza, creación, vitalidad. Al final, ella es la inmensidad misma: “she’s all there”, dice Sexton al principio. Mis jóvenes alumnas no lo entienden, claro, pero yo sí, después de años observando al resto de las aves cruzar el cielo hacia la vida mientras yo me congelo en el invierno de mi aleteo torpe y solitario.


A mi amante, quien regresa a su esposa

 Allí está toda ella.
Cuidadosamente fundida para ti
y forjada de tu niñez,
forjada de tus cien antiguallas favoritas.Ha estado allí desde siempre, querido.
Es, además, exquisita.
Juego pirotécnico en las aburridas medianías de febrero
y tan real como una olla de fierro fundido.Enfrentémoslo, he sido momentánea.
Un lujo. Una lancha rojo encendido en la bahía.
Mi pelo elevándose como humo por la ventanilla del coche.
Almeja fuera de temporada.Ella es más que eso. Es tu tener que tener,
ha cultivado tu crecimiento práctico y tropical.
No es un experimento. Es toda armonía.
Cuida de los remos y de las horquillas de los remos del
bote,puso flores silvestres sobre la ventana, en el desayuno,
se sienta tras su rueda de alfarera a mediodía,
ha sacado adelante tres niños bajo la luna,
tres querubines pintados por Miguel Ángel,y lo ha hecho con las piernas bien abiertas
en los terribles meses en capilla.
Si volteas hacia arriba, allí reposan tus hijos
como delicados globos contra el techo.

También los ha cargado por el pasillo
tras la cena, la cabeza reclinada hacia ella,
dos piernas protestando —de persona a persona—
la cara sonrojada por la canción y su pequeño sueño.

Te regreso tu corazón.
Te doy permiso—

para el detonador dentro de ella, palpitando
furioso entre la mugre, para la perra que es
y el entierro de su herida
—para el entierro de su herida viva, roja, pequeña—

para la llama pálida que flamea bajo sus costillas,
para el marinero ebrio que aguarda en su pulso izquierdo,
para la rodilla de madre, las medias,
las ligas, para la llamada

—curiosa llamada
cuando horadas entre brazos y pechos
y desatas la cinta naranja de su pelo
y respondes a la llamada, curiosa llamada.

Es tan singular y tan desnuda.
Es la suma de ti y de tus sueños.
Súbela como a un monumento, paso a paso.
Es sólida.

Yo, en cambio, soy una acuarela.
Me deslavo.

El cine como rescate

Por Rodrigo Chanampe

Otro año complejo en lo personal, pero que me sirve para confirmar que el cine siempre está ahí como un lugar de refugio, eso que tan bien supo mostrar Woody Allen en La rosa púrpura del Cairo. Aquí, las doce películas que más disfruté en este periodo y que fueron estrenadas en las salas de Guadalajara durante 2017.

 

1.- Animales Nocturnos

Dirección y guion: Tom Ford

Relato contundente. Venganza sutil. A través de su narración, Ford nos envuelve en una cinta impactante en lo visual y que apuesta a la estructura de una historia dentro de otra. Amy Adams interpreta a la dueña de una galería de arte que parece tener la vida perfecta. Al recibir la nueva novela de su expareja, se involucra en una narración tan violenta como el amor más desgarrador. Cada elemento de la ficción que ella lee, es el símbolo de una relación rota, de lo que pudo ser. Filme recomendado para escritores, para amantes de la literatura y para aquellos que anhelan la revancha perfecta.

 

2.- La La Land

Dirección y guion: Damien Chazelle

Consagración de un director. A pesar de su juventud, Chazelle demuestra con esta cinta ser un realizador atrevido que deja en claro su pasión por la música. Para muchos es una película sobrevalorada, sin embargo, cuenta con todos los elementos que la colocan en ese escalón de clásico moderno. Abreva de la historia del cine y, a pesar de su simpleza temática, ejemplifica una verdad: los sueños requieren un sacrificio. Ni el canto ni el baile esconden que todo es efímero. Las estrellas solo nos engañan y no brillan por nosotros.

 

3.- Manchester Junto al Mar

Dirección y guion: Kenneth Lonergan

Quizá uno de los mejores dramas en los últimos años. Casey Affleck interpreta con maestría a un hombre marcado por la tragedia que debe hacerse cargo de su sobrino.  El relato nos demuestra, sin recurrir a la exageración, que hay eventos que nos borran la sonrisa para siempre. Los silencios, las palabras justas, diálogos precisos y actuaciones entrañables construyen un filme cruel porque es real, porque no se permite los mecanismos del cine para rescatar a un protagonista desecho.

 

4.- Logan

Dirección y guion: James Mangold

Sorprendente cierre para un personaje que nos ha acompañado por años. Mangold realiza una cinta valiente, con un Wolverine en decadencia pero dispuesto al sacrificio. Un argumento que habla de la vejez, la paternidad y la necesidad de entregarnos a los seres que amamos. En ningún aspecto el relato es condescendiente y Mangold desde un inicio deseaba una pantalla repleta de sangre.  Hacia el final, las lágrimas se encargan de diluir la abundancia del rojo.

 

5.- Voraz

Dirección y guion: Julia Ducournau

Una película que trasciende la historia de una estudiante de veterinaria en su transformación hacia el canibalismo. El relato prefiere obviar la exageración de elementos gore para centrarse en la búsqueda de la identidad. Voraz expone lo doloroso que puede resultar la aceptación de quienes somos. Es un retrato de la constante lucha entre los instintos y la razón. ¿Es posible escapar de nuestro destino, de lo que llevamos en los genes?

 

6.- Yo, Daniel Blake

Dirección: Ken Loach
Guion: Paul Laverty

Es sencillo entender el porqué fue merecedora de la Palma de Oro en 2016. Un filme necesario para nuestros tiempos de injusticia social. Daniel Blake, un carpintero de la tercera edad, nos enseña el valor de respetarnos. Un personaje con el que pronto hacemos empatía ante los obstáculos propuestos por un sistema que le impide trabajar. Loach sigue el camino de su cine comprometido y honesto. Desde el título comprendemos la intención: todos somos Daniel Blake, todos somos víctimas de un sistema que nos desecha y de absurdos procesos burocráticos. Todos somos seres que lo perdemos todo cuando entregamos la dignidad.

 

7.-¡Huye!

Dirección y guion: Jordan Peele

Excelente ópera prima de un director que promete convertirse en un referente. El mayor acierto es la paciencia para la construcción del misterio. Un simple encuentro con los padres de la novia inserta al protagonista afroamericano en una pesadilla. Abordar el tema del racismo eleva a la película a otro nivel.  Peele crea una obra que va más allá de un personaje que desea escapar ante su trágico final. Un relato incómodo porque Estados Unidos aún no huye del fantasma de su pasado, de la esclavitud, de años de dominio que siguen presentes en una sociedad capaz de entregarle el poder a esperpentos como Donald Trump.

 

8.- Dunkerque

Dirección y guion: Christopher Nolan

Si en algo se destaca el director de El caballero de la noche, es por su capacidad de moldear argumentos despojados de la linealidad. Atrevido en la estructura, el filme divide la épica batalla de la Segunda Guerra Mundial en tres tiempos y espacios: aire, mar y tierra. En cada uno de ellos plantea la presencia del terrible miedo cuando solo se desea sobrevivir. Su diseño sonoro y visual la rescata de su tono patriotero. Ejercicio fílmico casi perfecto.

 

9.- Paterson

Dirección y guion: Jim Jarmusch

Una obra hermosa en donde cada cuadro es un verso. La película habla de los pequeños instantes, de hallar la poesía en lo cotidiano. Jarmusch nos muestra que en la mirada atenta a nuestro entorno, está la salvación para comprender que este mundo tiene detalles preciosos dentro de su máscara de crueldad. La interpretación de Adam Driver es deliciosa y aquí se le nota cómodo. Paterson es una de esas cintas en donde aparentemente no pasa nada, pero en realidad transcurre la vida misma.

 

10.- El seductor

Dirección: Sofia Coppola
Guion: Thomas Cullinan

Con cintas como esta, Sofia manifiesta que no requiere de su apellido para demostrar su valía como directora. Un filme de época, pero con la particular visión de la neoyorquina. La historia se centra en la Guerra Civil de los Estados Unidos, mujeres de diferentes edades se enfrentan a un hombre extraño que rompe la calma de una escuela para señoritas. Un enemigo el cual se irá convirtiendo en alguien a quien seducir.  Es un retrato de las diferentes armas con las que cuenta el género femenino para defenderse de una posible amenaza: la experiencia, la empatía, el romance, la sexualidad. Es una belleza por la atención al detalle. Su brevedad, como todo en la vida, nos deja con ganas de más.

 

11.- Blade Runner 2049

Dirección: Denis Villeneuve
Guion: Hampton Fancher

Más aclamada por la crítica que por la taquilla, esta nueva entrega del mundo de los replicantes mantiene el cuestionamiento esencial sobre lo qué nos hace humanos. Elegante, de fotografía cuidada y un ritmo pausado que es casi un manifiesto: un blockbuster no debe editarse necesariamente como un videojuego y los momentos climáticos pueden ser escasos pero sustanciales. Al tema de la diferenciación entre humanos y máquinas, se agrega la idea de siempre creernos únicos. La ilusión como motor. La necesidad de aferrarnos a un ideal para sostener nuestra existencia.

 

12.-Perfectos desconocidos

Dirección y guion: Alex de la Iglesia

Como en toda su filmografía, la irreverencia y el atrevimiento forman parte de esta cinta del director español. El mayor acierto es introducirnos a la vida de tres parejas y un amigo de las mismas. Una simple cena se convierte en un interesante juego cuando deciden que los mensajes y llamadas recibidos esa noche serán expuestos al resto del grupo. Nos acercamos a un muestrario de vidas ocultas, de prejuicios, de falta de comunicación entre las parejas que nos empuja hacia la desesperanza, a entender que la única certeza en este mundo es la decepción y el engaño. La ignorancia es una bendición,  es la premisa que se asoma tras salir de la sala.


Fotografía: Kosta Bratsos / Unsplash

Lista negra III

La oscuridad de la calle es rota por un farol al fondo del callejón. Son casi las diez de la noche, y en ese paraje solitario se encuentran dos hombres. ¿Detective Castilla? Dice uno de ellos dándole la mano. Agente investigador, responde, recuerde que le dije que en México no existen los detectives. ¿Por qué propuso este lugar, ingeniero, frente al edificio embrujado? Agrega el agente después de un par de minutos de silencio incómodo. Trabajo aquí a unos metros, confiesa, pero usted fue quien me dijo que le urgía verme. Necesito información, responde Castilla. ¿Más? Ya le dije todo lo que sé respecto a los escritores asesinados. Algo me dice, responde el hombre en gabardina, que aún no me lo ha contado todo.

Bien, dice el ingeniero, ¿qué necesita saber? Lo que ha visto u oído, aquello que pueda darnos pistas sobre el asesino, finaliza Castilla esperando que con eso sea suficiente. Bien, dice el ingeniero, en estos meses vi sobre los agentes del FBI que a finales de los setentas acuñaron el término “asesino serial” a través de una serie de entrevistas a psicópatas capturados. Se escucha interesante, dice el agente Nepomuceno. Se llama Mindhunter, es una serie que se estrenó este año en Netflix. Es una historia de ficción basada en las entrevistas reales que hicieron Robert K. Ressler y John E. Douglas. Además de la narrativa original, el ambiente y la interpretación de estos asesinos hacen de esta serie lo mejor que vi este año.

Algo sé de asesinos seriales, le dice el agente investigador, ocultando el hecho que en su carrera ha atrapado ya a dos en la urbe tapatía. El ingeniero no se da por enterado y prosigue su charla. Este año me apliqué, tenía una charla en el Festival Fóbica sobre ese tema, así que me propuse ver toda la serie de Bates Motel de un jalón, las cinco temporadas. Debo decir que me fascinó, aunque al principio fue desconcertante esta especie de adaptación de la historia en un contexto más actual que el de la novela original, la forma en que uno ve evolucionar al personaje principal, pasando de un niño tímido al terrible asesino, hace de esta serie una joya.

Pero no solo me quedé allí, volví a ver la primera temporada de Hannibal. En esta lo que me parece mejor es la estética visual de cada asesinato y la forma en que vemos al doctor Lecter manipular al agente especial Will Graham para llevarlo a la locura.

 

También volví a ver un par de temporadas de Dexter, uno de los pocos casos donde creo que la serie es mucho, pero mucho mejor que los libros de la cual surgió.

¿Y me va a decir que solo ve series de asesinos? Eso lo hace a usted un sospechoso. No, bueno, veo varias de las que la gente va recomendando, o se estrenan, o se ponen de moda. Pero pensé que querría hablar de asesinos solamente. ¿De escritores que puede decirme? Le pregunta el agente Castilla. Pues tengo muy presente la serie The Affair, que empecé a ver casi al final del año pasado. La primera temporada fue brillante, aunque en la segunda cae un poco el ritmo. Pero hacia el final de esta se vuelven a amarrar los distintos hilos narrativos, en un experimento que me parece interesante, incluso como estructura para una novela. Me queda aún ver la tercera.

¿Y a poco se la pasa viendo televisión? Pregunta el agente. Vamos, necesito más información que esa. No, claro que no. Trato de leer de todo, pero tengo una cuota anual de libros policiacos y de género negro que me gusta cumplir. Puedo mencionarle el libro México Noir, antologado y editado por Iván Farías, que se componen de 27 relatos que van desde detectives hasta historias de crímenes. Una buena muestra de lo que se hace actualmente, que además permite hacer un mapa mental de los escritores que en este momento se dedican al género.

También leí el libro Chinola Kid de Hilario Peña. Este es la historia de un matón de Tijuana que termina siendo el sheriff de un pueblo. Tiene de todo: balazos, mujeres fatales, traiciones y narcos.

En mis lecturas del año sobresalió el libro de Juan Pablo Villalobos: No voy a pedirle a nadie que me crea. Me pareció divertido, inteligente y confirma por que hablan todos de él.

Otro libro que me fascinó fue Los atacantes de Alberto Chimal, cuyos cuentos versan sobre la modernidad, los hackers y otras historias cuyos personajes se sienten perseguidos. Lo considero uno de los primeros que se pueden englobar en la “ficción informática”.

No mame, responde el agente Castilla, no empiece con fumadas, siga hablando. Disculpe, como escritor debo de leer lo que me pueda ayudar en lo teórico. Por ejemplo el libro Como dibujar una novela de Martin Solares. No solo expone una novedosa forma de entender la narrativa, sino de plantearse qué es lo que se va a escribir. Es de esos libros que uno debe leer mientras se encuentra escribiendo, no sé, su primera novela.

¿Y ya la acabó? Pregunta Castilla. Ya mero, ya mero, responde el ingeniero, cómo chingan. Más respeto, le dice el agente mostrándole la pistola bajo la gabardina.

Guarde eso, mejor le sigo contando. También me gusta el tema de lo policiaco en la novela gráfica. Hace unas semanas compré El complot Mongol, un libro clásico del policiaco mexicano de Rafael Bernal, adaptado con guión de Luis Humberto Crosswhite e ilustrado por Ricardo Peláez Goycochea.

También adquirí Desde el infierno, con guión de Alan Moore e ilustrado por Eddie Campbell. Ambos son una joya, necesarios en cualquier colección.

¿Pero, ya los leyó? Pregunta el agente. No, aún no. Tengo pilas de libros por leer. ¿Entonces para qué chingados me habla de eso? ¿Qué novela gráfica sí leyó? Bueno, en el año disfruté y me conmovió el libro Mi amigo Dahmer de Derf Backderf, un ilustrador y caricaturista que fue compañero del famoso asesino serial durante la preparatoria y nos cuenta esa otra historia, la del chico ignorado y torturado que un día desató su furia.

No me vaya a salir ahora con que los defiende, le dice el agente. No es eso, responde, pero es interesante ver que algo había de humano, que sufrieron dolor, que sus infancias fueron, en la mayoría de los casos, durísimas.

Me ha hablado mucho de gente de fuera, pero dígame, de su círculo, ¿Hay alguien a quién deba investigar? El ingeniero se queda pensando un momento. Pero ¿y si se enteran que fui el soplón? Será testigo protegido, aseguró el agente. ¿Ubica a Rafael Villegas?, recién publicó dos libros que en realidad son tres, es un amigo y somos miembros del CRUNCH. ¿Del qué? Nada, una agrupación de escritores gordos. Con eso tengo para arrestarlos por asociación delictuosa; pero dígame, qué debo buscar del señor Villegas. Primero el libro de cuentos Apócrifa, el cual es delirante y una propuesta original, está conformado por dos tomos. Pero también su primera novela Animal verdadero, la cual es dinámica, compleja y llena de humor negro, casi acaba de salir al mercado pero no debe dejar pasar el próximo año sin leerla. Se escucha sospechoso, dice el agente investigador, habrá que darle una visita.

Creo que con lo que me ha dicho es suficiente, concluye Castilla. ¿Realmente cree que existan los Novecientos Noventa y Nueve, una sociedad internacional de asesinos de escritores?, pregunta el ingeniero mientras se despide. No estoy seguro, le dice el agente, pero cuídese, no vaya a ser que termine embarrado en el pavimento como el novelista de hace algunas semanas. Mientras se dirigen a sus autos, en medio de la fría noche de diciembre, en un coche estacionado varios metros más allá los observan dos sujetos. En el musculoso brazo del que va al volante sobresale un tatuaje: un recuadro rojo con tres nueves dentro y la inscripción “¿Qué hay detrás de la ventana?”.


* Nota: Este relato es ficción. Cualquier parecido con una persona, escritor o editor real es meramente coincidencia. Ningún tapatío fue lastimado en la elaboración de este texto.

 

Esta lista que ves

Por Abril Posas

A estas alturas del partido, sería una necedad enumerar libros, películas o series para hablar de lo mejor de la cultura popular de este año que nos escupe lejos. ¿Quién no ha mencionado ya todas las de Netflix, las películas francesas, los personajes que nos provocaron convulsiones y las muertes notables (no, nuestros familiares no cuentan para el mundo, ya hay que aceptarlo)?

Pero me han invitado a compartir lo que en el 2017 me hizo ruido y, pues, yo le hago caso al editor, porque si no hay deadline, no escribo. Así que, ahí les va lo que ya me está dando nostalgia del futuro:

Los escritores serios empezaron a hacerle caso a Bojack Horseman

Hasta que estrenaron la cuarta temporada, pero al menos llegaron a ella. De pronto todo mundo estaba hablando del caballo que todos tenemos dentro, y no lo menciono en ánimo hipster-moral-alta (“mi guistibi mís quindi nidi li quinicíi”), sino porque tuvo un efecto como de inundación. En Twitter y Facebook empecé a ver el nombre de Bo por todos lados. ¿Pero es que quién les pagó para comenzar a verla? De cualquier manera, lo celebro, porque así como con la novela gráfica, ya se le da su importancia a esta importante obra del siglo XXI. Gracias, Escritores Serios, solo una cosa: dejen de compararse con él. Se ven mal.

El machismo se nos destapó a todos

Los haters dirán que eso ya estaba desdenantes, pero lo cierto es que este fue el año del “Ahora tooooodo es machismo. Ahora toooooodo lo que hacemos/decimos/pensamos/acosamos/humillamos está mal” y sí me dio gusto ver cómo ese solo comentario me señaló, sin mayores requisitos, al machito junto a mí, prácticamente todos los hombres que quiero. Hasta que yo misma lo repetí mientras leía una noticia en Buzzfeed: ups, nadie se salva. Así que he tenido momentos de vergüenza interna; lo importante es que una aprende, aunque cueste, a replantearse los juicios, y es un diálogo interno bastante interesante. Lo malo es que otros caballeros y damitas se niegan a hacerlo, aunque no sea tan difícil.

El mundo es un lugar horrible en general

No solo tenemos avispas que comen tarántulas, tarántulas Goliat que saltan de árboles a tu cabeza y mariposas negras: estamos inmersos en una marea de bitcoins, presidentes racistas, bombas en centros de adoración y un montón de imbéciles que insisten en que debes indignarte por lo que ellos mismos se indignan. He visto a las mejores mentes de mi generación pelearse por un club cimentado en un licor de señoras copetonas, pero no por una (o dos, o todas) empresa de taxis que decidió no hacerse responsable por los crímenes que cometen sus choferes. Es decir: si se van a enojar, enójense por lo que se les antoje, que tenemos muchas razones para hacerlo. Que nadie les diga qué causa vale la pena.

El mundo es un lugar hermoso en general

He aprendido que el amor es un asunto más complejo del que estaba dispuesta a admitir. Todavía no sé cómo hacerlo, honestamente, y siéntanse libres de distorsionar la última frase como mejor les convenga. Aunque mi odio hacia todo lo que existe ha resurgido con una fuerza que creía disminuida, también es verdad que me he tenido que rendir ante la omnipresencia (ajá, leyeron bien) de la buena voluntad de alguien más. O sea: el amor sí existe y es capaz de abrir y cerrar puertas, sin azotarlas, un asunto que me ha costado abrazar porque me confunde. También veo a los que me rodean, que son los que más importan (soy honesta, no cínica, cuando digo que primero me conmuevo por lo que toca mi vida todos los días, y unos segundos después por lo que sucede dos cuadras más lejos), en su propia lucha para crecer, desprenderse, arrepentirse y regalar todo lo que tienen. Y lo hacen. Aunque sean Escritores Serios. Y  me encanta leer sus listas de lo mejor del 2017 porque me comparten que tuvieron un año que, si no fue perfecto, al menos tuvo suficiente espacio para que pudieran conmoverse, enamorarse, sorprenderse, escaparse y hasta encabronarse con algo que fue creado por otro ser humano.

Siempre me va a encantar la sola idea de que un montón de palabras, de imágenes en movimiento, de unas notas ahí acomodadas entre tantos silencios, puedan plantarse en la vida de alguien más y que sea recibido con alegría. Es lo que más me confunde del hombre: hacemos lo más chido y, al mismo tiempo, lo más horrible. Supongo que por eso tantos insisten en separar al monstruo del creador (“Ni is li mismi”, chillan).

Es lo cómodo, supongo. Quizá algún día estemos dispuestos a reconocer que las dos cosas viven dentro del mismo caparazón: la mierda y lo grandioso.

Como este 2017, pues.

Quizá sea tarea para el 2018.

Feliz año.

P.D. Alexa Savior es de lo mejor que me pasó este año. Escúchenla con la actitud más cool que tengan, y canten conmigo “Shades”:


Fotografía: NordWood Themes / Unsplash

Nos vemos el martes


Buscando a Wakefield

Por Cecilia Magaña

Nunca me han gustado las despedidas. Durante casi toda mi infancia viví una serie de mudanzas,  de una ciudad a otra y de regreso. Al partir parecía que era para siempre, y cuando volvía ya no era la misma niña, las que habían sido mis amigas tenían anécdotas y experiencias que yo no había compartido. Las escuchaba con atención, me imaginaba los detalles y luego participaba en las charlas, como si yo también hubiera estado ahí. A veces me la creían, a veces no, el caso es que tenía dos vidas: la que había tenido lejos y la de ficción.

Hace apenas una semana decidí despedirme de un grupo con el que compartí cuatro años como tallerista. Los motivos fueron laborales, igual que los de mi padre cada vez que empezábamos de nuevo. A diferencia de lo que me sucedía de niña, con este grupo de amigos compartí más ficciones que biografías: las experimentamos alrededor de una mesa en la sala de juntas de Artefacto, después en torno a una mesa de café que siempre contaba con, al menos, un plato de papas invitado por el que no trajera cuento.

Al terminar el taller criticábamos películas, nos reíamos, arreglábamos el mundo y debatíamos sobre machismo o feminismo (sin que ganara uno u otro). Escribimos cuentos de zombis en Navidad, relatos con fotografías de fenómenos, historias de humor negro inspiradas por la nota roja, villanos con un pedacito de corazón y protagonistas que eran solo algunas nuestras versiones posibles. La verdadera vida del taller era, precisamente, la de mentiras y esas mentiras nos convocaban alrededor de ese plato de papas, que a veces variábamos con salchichas.

Las mejores invenciones son esas que nos cuentan quiénes somos. Semana a semana, en cada historia que leímos estaba cada uno de los participantes del taller, más presente de lo que yo jamás estuve en esas historias ajenas en las que me incluía de niña. Quizá por eso el día de ayer se ha sentido como uno de esos adioses que cuestan trabajo, que aunque no sea definitivo (porque seguimos en contacto) abre un hueco al que hace mucho tiempo no me había asomado.

Soy mala para despedirme. Apenas dije unas palabras y salí a fumar un cigarro. Me había propuesto que fuera un noche de risas, como las de siempre, y lo logramos armando historias absurdas con un juego de dados, pero al final aventé mi choro y me fui sintiéndome muy rara.

Me encantaría ahora mismo inventarme una versión alternativa en la que nos vamos juntos a seguirla en otro lado, me pongo un poco peda y les digo lo mucho que voy a extrañarlos; resistiendo el frío de la madrugada nos acordamos de los chistes y los personajes con que nos disfrazamos, hablamos de los finales que nos gustan: los tristes, los sorpresivos, los abiertos, pero no terminamos por elegir uno.

Cuando llega la hora de irnos, nos damos un abrazo y decimos: “Nos vemos el martes”, aunque los pesimistas saben que es el último, y los optimistas suponen que ya habrá otro, no el que sigue, sino un martes lejano en el que volveremos a encontrarnos. Seremos otros, seguramente, pero como la vida que nos ha unido es la de ficción, el chiste será pretender que la que tuvimos lejos fue la de menos.

Gracias por todo y gracias de veras, Taller de los Martes… dejémoslo en final abierto: a ver  qué nos trae el año nuevo.


Fotografía: Karla Sosa

Doce-historias-doce

Por: Alejandro Juárez

Las historias nos rodean, dan sentido a la existencia, proveen guía en momentos difíciles, nos moldean y permiten engañarnos unos a otros. Una buena historia es un descubrimiento, una veta de emociones, un platillo estupendo o una cena de múltiples tiempos, dependiendo de su longitud y trama. Mariana Mota escribió en este blog hace poco el placer que representa sumergirse en una serie o una novela, independientemente de si es reciente o no. En esta breve lista les comparto algunos descubrimientos que me dejaron un gran sabor de boca en 2017, enlistados uno por el mes del año en que tuve el placer de encontrarlos-verlos-leerlos. Unos impresos, otros disponibles en medios electrónicos, otros más en la pantalla, grande o pequeña. Todos estupendos en su propia y peculiar forma.


Enero.

Mushi-shi (animé)

En el Japón de la era feudal, un hombre misterioso viaja de pueblo en pueblo para buscar a criaturas invisibles para la mayoría, los mushi, que al interaccionar con los humanos  provocan efectos en apariencia sobrenaturales: gusanos adictos al licor, que secuestran a viajeros que atraviesan el bosque; pequeñas aves que habitan en conchas marinas y roban la voz de las niñas curiosas, sombras que brotan de manantiales  para intentar apoderarse de la vida de quienes se reflejaron en sus aguas… una caterva de criaturas maravillosas y aterradoras, que Ginko (el maestro Mushi o Mushishi) estudia y analiza. La serie, ganadora de múltiples premios, es una soberbia colección de historias autocontenidas, que al unirse forman un tapiz complejo, digno de admirarse. Disponible en Netflix.

Febrero.

Daughter of the lillies (webcomic).

Daughter of lilies

Ubicada en un mundo de magia, que se insinúa podría ser el nuestro tras recuperarse de una catástrofe brutal, la historia sigue las andanzas de Thistle, una extraña maga con habilidades inusuales y un secreto terrible, cuyo rostro y cuerpo están cubiertos de forma que ni un ápice de su piel pueda verse nunca. La historia (que recién finalizó el Capítulo 7 y se actualiza dos veces por semana) maneja un lenguaje gráfico de alta calidad, una construcción de personajes amplia y compleja, así como una trama central atractiva, complementada por buenas subtramas, hábilmente entretejidas. El guión y el dibujo son obra de Meg Syverud, complementado por los colores de Jessica Weaver. Se puede leer de forma gratuita en www.daughterofthelillies.com

Marzo.

Logan (película).

Pocas veces una historia de superhéroes ha sido presentada de forma tan brutal, a través de la decadencia de Wolverine, el mutante en apariencia indestructible. La ruina no solo de él sino de todo el sueño de coexistencia liderado por los X Men, la mayoría de los cuales fueron asesinados o convertidos en fugitivos. Por si fuera poco durante 25 años no ha nacido ningún otro mutante. Envejecido, lentamente envenenado por el adamatium que contienen sus garras y esqueleto, con su capacidad de regeneración sumamente reducida, Logan se encuentra de súbito con la tarea de proteger a una niña tan salvaje como él. De la casa productora 20th Century Fox, dirigida por James Mangold y estelarizada por Hugh Jackman.

Abril.

Fantásmica (libro).

Carlos Bustos, #HistoriasSinSpoilers

Fruto de la fértil imaginación de Carlos Bustos, autor tapatío, esta novela fragmentada (o compendio de cuentos, según se le mire) nos arroja en su brevedad a un mundo poblado de fantasmas, demonios y enigmas, enfrentados por un cazador designado por la Iglesia para evitar que se manifiesten en toda su malignidad. El personaje central carga con el peso de una mutilación a manos de uno de dichos entes, además de ser acompañado por el fantasma de una niña que, sin hablar, manifiesta ser poseedora de un secreto de vital importancia. Ganador del premio de cuento Gilberto Owen, este libro es una rara perla de la literatura fantástica en español. Publicada por el sello Axial-Colofón.

Mayo.

American gods (serie).

Ser un dios no es fácil. Menos aún cuando tus seguidores se olvidaron de ti y eres solo una memoria lejana, algo que habita las historias para niños, poco más que una página en un libro de mitología. Basado en la novela gráfica de Neil Gaiman, la serie nos deja ver las complejidades de la lucha de una deidad venida a menos, decidida a volver al espacio central aun en contra de los nuevos dioses de la tecnología y los medios de comunicación. Si eso hace correr sangre, aún mejor. 2017 nos trajo la primera temporada, poblada de entes fabulosos y/o escalofriantes: una mujer que devora a sus adoradores en su ansiosa vagina, una dama cuyos principales acólitos son una multitud de Jesucristos (todos auténticos) y un viejo misterioso capaz de sacar de su retiro a expresidiarios y entes sobrenaturales por igual. Disponible en la cadena Starz y en Amazon.

Junio.

We stand on guard/Estamos en guardia (novela gráfica).

we-stand-on-guard

Ubicada 100 años en el futuro, nos muestra un mundo degradado, en el que el Canadá fue invadido con precisa brutalidad por un enemigo de superior poderío tecnológico: los Estados Unidos de América. En medio de enormes campos nevados patrullados por perros mecánicos (tan hábiles para asesinar como para hablar en forma bilingüe) y por robots gigantescos, casi sacados de la Guerra de las Galaxias, la supervivencia de un puñado de guerrilleros resulta una imposibilidad que deben superar todos los días. De la pluma de Brian K. Vaughan y el arte de Steve Skroce, publicada en México por Panini Comics.

Julio.

Tu nombre / Kimi no na wa (película).

A la joven Mitsuha nunca le pasa nada interesante. Hasta que le pasa. Un día no logra reconocerse en el espejo, que le devuelve un rostro masculino. Piensa que se trata de un sueño extraño que debe seguir hasta despertarse. Pero la experiencia se repite hasta que se percata que las sensaciones de ese hombre son reales y que mientras ella ocupa ese cuerpo él hace lo mismo con el suyo. Jugando con las dualidades de la vida rural/urbana, el enfoque masculino/femenino y la flecha temporal del pasado/futuro, esta cinta animada (ganadora de múltiples galardones) es una exquisitez. Dirigida por el talentoso Makoto Shinkai y disponible en Netflix.

Agosto.

Dirk Gently, investigador holístico (serie).

Esta serie de la BBC de Londres representa una alocada vuelta de tuerca a las series de investigación, en la que un personaje resuelve crímenes basado en la “interconectividad de las cosas”. Enfrentado a situaciones extravagantes y enemigos tan peculiares como él, que incluyen a una asesina holística (prácticamente indestructible), una banda de punks extractores de energía y un agente gubernamental ansioso por matar lo que se le ponga enfrente, Dirk es secundado por su reluctante y temeroso auxiliar, interpretado por Elijah Wood. También disponible en Netflix.

Septiembre.

Blacksad, Un lugar entre las sombras (cómic).

Blacksad

“Nadie es perfecto y no existe el amor a la carta”, dice el personaje, una pantera negra que investiga el asesinato de una antigua amante, que dejó en su pecho un agujero capaz de albergar un puño. Moviéndose en una ciudad poblada por animales sospechosamente parecida a Nueva York, Blacksad debe enfrentar asaltos a navaja entre la niebla, amigos que se burlan de su miseria y las manipulaciones de un misterioso personaje que envía en su contra a matones con manos como mazos. Jugando con los cánones de la novela negra, Juan Díaz Canales (escritor) y Juanjo Guarnido (dibujante) entregan un paquete de factura estupenda. Publicado por Norma Editorial.

Octubre.

The Goon, una montaña de ruina (cómic).

The goon

La tercera entrega de The Goon en español es una joyita delirante en la que se mezclan zombies, brujas, pulpos que pilotan aviones y un par de aberraciones cósmicas. Con un sentido del humor retorcido, Eric Powell (guionista y dibujante) reexplora la literatura pulp norteamericana, poniendo como centro a un antihéroe de los bajos fondos, fuerte como un toro, amante de aplastar cabezas, estafador y criminal que sin embargo es capaz de arriesgar el cuello para rescatar a un amigo o detener a un Lagarto-hombre. ¡Ah, y Hell Boy tiene una aparición especial! Publicado por Panini Comics.

Noviembre.

Nunca antes de las cuatro (novela).

Nunca antes de las cuatro

Un triángulo amoroso de esquinas retorcidas, presentado con sensualidad narrativa por Gabriela Torres Cuerva. Dos espacios temporales y físicos son testigos de los devaneos y celos entre un adulto, una adolescente y una niña. La memoria y el deseo se funden, se contraponen y desgarran, nos envuelven en ángulos afilados y esquinas en las que reposa el resentimiento. Pocas veces se tiene la oportunidad de conocer una obra conforme se va gestando, privilegio que tuve con esta historia, tan atractiva como insidiosa. Publicado por Paraíso Perdido en su colección Taller del Amanuense.

Diciembre.

Dark (serie).

La pregunta no es ¿quién? o ¿cómo? La pregunta es ¿cuándo? De esta forma se introduce esta serie de misterio y ciencia-ficción, en la que los viajes en el tiempo alcanzan nuevos recovecos. Asesinatos y desapariciones trastocan la apacible vida de una localidad alemana, bajo cuya fachada de tranquilidad bullen pasiones, se entretejen engaños y se cocinan traiciones.  ¿Será cierto que los hechos violentos se repiten como 33 años atrás? ¿Quién es el misterioso sacerdote tatuado que parece saberlo todo sobre la vida privada de los habitantes?  ¿Qué pasa si no solo el pasado afecta el presente, sino que el futuro es capaz de alterar lo que ya ocurrió? La primera serie alemana de Netflix no defrauda y mantiene su ritmo casi hasta el final, bajo la firme conducción de Barab bo Odar y Jantje Friese.


Fotografía: Brooke Lark / Unsplash

Fin de año: demasiadas razones para abrumarse


La pecera secreta

Por Cástulo Acéves

Te sugerimos escuchar esta canción mientras lees el texto.


Llegó el fin de año, y como siempre, lo hizo con una velocidad terrible, dándonos demasiadas razones para abrumarnos. Estamos en plenas fiestas decembrinas, y aunque ya pasaron los días de multitudes intentando comprar desesperadas, de los estacionamientos atestados, del tráfico lento en horas pico, aún hay en la ciudad la inquietud por el final de año. En particular a mí estas festividades me estresan: en el trabajo los clientes enloquecen con los pedidos de última hora, este mes pesan los cambios fiscales que se tienen que implementar empezando el 2018, en casa tenemos que organizar tiempos para cuidar a los niños y conseguir los regalos, etcétera. Sin embargo, yo pertenezco a una familia que tiene por costumbre reunirnos tanto por el lado paterno, unos días antes de navidad, en la cual llegamos a ser casi un centenar de personas, como por el lado materno el día 24, donde tranquilamente pasamos los setenta asistentes, además del tradicional recalentado del 25. En estos encuentros hay un cariño tal que, por lo menos a mí, logran ayudarme a olvidar al neurótico que llevo dentro. O casi.

“¿Para cuándo el siguiente?”, era la pregunta que más me hicieron durante algunos años, cuando tuve a mi hija. Después del segundo dejaron de cuestionarme, mi cara descompuesta y vejez adelantada dejaron claro que allí acababan los hijos. Sin embargo, este año la pregunta se refería a los libros. Debo decir, que a pesar de la broma, de buscar una respuesta ingeniosa, de quejarme con algún comentario o tweet en las redes, esa pregunta secretamente me saca un ligero atisbo de orgullo. Varias veces en la última semana aproveché la pregunta para hablar de proyectos, mi labor en Editorial Paraíso Perdido, la novela en que estuve trabajando en el año, los cuentos que están terminando de conformar un nuevo libro, etcétera. Los rostros de tías, primos y parientes reflejaban al poco tiempo que lo difícil ahora era callarme. Más de alguno me felicitó por mi hobby. No les recrimino, aunque debo indicar que por esas mismas palabras he perdido más de una amistad, sé que es difícil, desde fuera, verlo de otra forma.

James Nuño publicó hace unos días un artículo sobre esta cosa extraña que es “ser escritor”. La parte que más me conmovió es donde asegura que, con todo, uno sigue llevando la carga de la vida diaria. Yo confieso que a mí, el título todavía me causa resquemor. Hace años, cuando iba a talleres y empezaba a adentrarme en el “mundillo literario tapatío”, si conocía a alguien que se presentaba como “escritor” de inmediato levantaba una sospecha: trataba de indagar si había publicado algún libro o qué argumentos tenía para llamarse a sí mismo con ese epíteto que para mí era tan lejano y virtuoso. ¿Es escritor aquel que vive de “escribir”? ¿Escribir qué? ¿El que tiene libros publicados? ¿Cuántos? ¿De qué tiraje? ¿Cuentan los autopublicados? ¿Cuenta publicar en periódicos, revistas o un blog? ¿Implica escribir todos los días con una disciplina férrea? ¿Y si solo le dedicas unas horas a la semana? Sobre todo, si no es una actividad que te de una remuneración… ¿es un hobby?

Escribir, para mí, es mucho más que entretenimiento. Después de todo, en mi entendido, un hobby suele brindar placer a quien lo practica y es compatible con los tiempos propios de la vida diaria. Conozco coleccionistas de autos de juguete, jugadores de ligas amateur de futbol, quienes arman y desarman motocicletas, quienes tienen una banda de rock de cochera. De alguna forma, todas estas actividades les causan placer, e incluso en algún momento pueden volverse redituables, pero antes que todo les implican invertir tiempo y dinero. ¿Cuál es la diferencia con “escribir”?

En mi opinión, ser escritor conlleva mucho más que presumirlo en tus redes sociales y tenerlo en tu semblanza; va más allá de una actividad a la que le dedicas tiempo. La mayoría de mis colegas ingenieros, cuando dejan su trabajo los fines de semana, se dedican por completo a sus hijos, a los proyectos en casa, a descansar. Yo, aunque esté con mis pequeños o arreglando algún desperfecto, ya sea manejando hacia a algún lugar al que vamos de visita o viendo una película, no dejo de estar pensando en que debo arrancarle tiempo al domingo para terminar un cuento, adelantar la novela, sacar mi columna del mes. Ser escritor es como seguir en la escuela de por vida, todo el tiempo tienes tarea: un texto que entregar o una lectura por terminar. Ser escritor implica, por increíble que parezca, estar escribiendo. No lo digo necesariamente en el aspecto de una disciplina diaria, que admiro profundamente a quienes logran tener una, sino que siempre tienes algo en que estar trabajando, un pendiente al que le sigue otro y después del cual siempre llega el siguiente. Ser escritor implica, si bien, ciertas aptitudes y habilidades, una terquedad que raya en lo obsesivo. Hace años alguien me dijo que el camino de la literatura no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. Estoy completamente de acuerdo, aunque implica también leer, y mucho, analizar lo que quieres de proyecto, investigar para documentar tus textos, reflexionar qué estás haciendo para mejorar, estar abierto a comentarios y críticas, y sobre todo, evaluar lo que haces. Lo terrible es que, como todo en el arte, la mejora es subjetiva. Tal vez por esto mismo cada mes quiero tirar la toalla, volverme un escritor retirado así como deje la ingeniería, volver a la simpleza de levantarme, llevar a los niños a la escuela, ir a trabajar y regresar a casa a leer solo por placer. Sin embargo, aquí sigo. Desconozco mis virtudes, pero puedo asegurar que la terquedad es el mayor de mis defectos.

No soy una persona optimista, el año próximo pinta mal y seguramente me seguirán escuchando quejarme de las obligaciones de ser padre, de la cantidad de chamba, de las deudas. Pero hay proyectos que cristalizan, personas a las que agradezco porque están allí: mi esposa, hijos, padres y hermanos, que si bien me mantienen en un estado de neurosis constante, son el motor que no me deja detenerme. También está allí la editorial, que se ha vuelto mi familia, que ya tenemos proyectos desbordando la bandeja de pendientes. Nos queda sonreír en la adversidad y seguir trabajando. Les deseo un 2018 lleno de proyectos, libros, viajes, abrazos y demasiadas razones para abrumarse.


Fotografía:  Karina Carvalho / Unsplash

Ellos ya están leyendo #HistoriasSinSpoilers. ¿Qué esperas?

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