por CÁSTULO ACEVES

El cono de luz cae sobre el sujeto amarrado a una silla, el interrogatorio aún no termina. Dos hombres rondan la zona iluminada, ambos barbados, intentado obtener la información. ¡Nombres, necesitamos nombres! Dice el más joven de ambos. Se acerca, tira un puñetazo al estomago, un golpe de revés al rostro. Un líquido oscuro vuela emergiendo de la boca. Está bien, dice el interrogado mientras hace gárgaras de sangre, les daré la información.

Una confesión, suelta exhausto el sujeto. Confiesa entonces, dice el mayor de los interrogadores, cuya barba entrecana empieza a parecer un código de barras. Confieso que no había leído a Rafael Bernal. ¿Confiesas? Respondió el joven tomándolo del cuello. Si, resopla el interrogado, quienquiera escribir género negro debe, por lo menos, haberlo leído. Si es posible, recitarlo.

Leí El Complot Mongol, una novela que no solo es considerada la primera novela negra en México, sino una piedra fundacional. El detective Filiberto García es un hombre rudo, matón a sueldo, ya en el ocaso de su vida. Se ve arrojado a un caso que implica un conflicto de intereses entre Estados Unidos y Rusia en plena guerra fría. Es una historia vertiginosa que se resuelve con inteligencia, humor y acción. Es capaz de reflejarnos, a manera de caricatura, una sociedad corrupta gobernada por políticos sin escrúpulos. ¿Entonces? Preguntan los barbados. Nada, concluye el hombre amarrado a la silla, es pura ficción.

También leí El Hombre Ilustrado. ¿Por qué lo hiciste? Porque leer a Ray Bradbury siempre es un placer. ¡No creo que sólo por eso! Interpela el joven barbado haciendo un amague de golpe. Porque quería escribir un cuento, y en ella aparece una mujer cuyos tatuajes son premoniciones del futuro. Supuse que si iba a tocar ese tema, necesitaba leer el libro. Es un libro de cuentos integrados bajo una premisa, que un primer personaje conoce a un hombre completamente tatuado, cada imagen tiene vida propia y relata una historia. Los interrogadores lo observan en silencio, él sabe que debe continuar. No hay forma de equivocarse con un libro de Bradbury, pero me parecieron memorables varios cuentos: “La lluvia”, sobre una expedición en un mundo donde nunca deja de llover; “Los desterrados”, donde Poe, Bierce, Blackwood, Dickens, y muchos otros escritores conviven en Marte; “Calidoscopio”, sobre un astronauta perdido en el espacio, cayendo hacia la tierra; y “El cohete”, un conmovedor cuento sobre lo que es capaz de hacer un padre por mantener la ilusión y alegría de sus hijos.

No necesitan golpearlo de nuevo. Los Evangelios de la Rabia, del escritor Rafael Medina. Es un libro de cuentos cuyo tema central es la religión, o más bien, sobre sus símbolos. Un hombre que revive su crucifixión con cada alto en una esquina de la ciudad, un niño en cuyas rabietas invoca plagas terribles, una niña que esconde sus estigmas, una mujer acosada por una virgen que la quiere de mensajera, etcétera. Todos desbordan humor negro, escritos con un estilo fugaz, preciso y delirante. Los interrogadores barbados sonríen complacidos.

¿Pero es que no viste nada? Arremete de nuevo uno de los interrogadores, ¡habla!  El hombre en la silla levanta el rostro, ya cansado: Gotham.

 

¿Las precuelas de Batman? No son precuelas, corrige el interrogado, solo es una serie de detectives con personajes sacados del universo del hombre murciélago. Es cierto, es divertido ver a la que pudiera ser la versión infantil de Gatúbela, Hiedra Venenosa o Bruce. Pero más allá de estos guiños, los crímenes están bien llevados, los diálogos son inteligentes y la forma en que esta armada la historia es interesante.

¿Qué más? Insiste el barbado joven. Daredevil es imprescindible.

Queda poco por decir de esta magnífica serie: sus personajes profundos, su forma de relatar dinámica, su gran fotografía, sus escenas de pelea memorables. En fin, suspira el interrogado, es el mejor ejemplo de cómo debe hacerse un programa o película de superhéroes. Después de ella, lo que viene tiene la vara muy alta.

¿Puedo hablar de música? Pregunta el interrogado. Los barbados se miran entre ellos. Si mencionas un disco o autor de trova no amanecerás vivo. “Solo Noir”, de la Francia Jazzline Orchestra, un grupo con poco más de una década de creación, que tocan desde jazz suave a música lounge.


En este álbum todas las piezas están inspiradas en las películas de detectives del siglo pasado. Son perfectas para acompañar la lectura, para escribir una noche, para ir tras una mujer acusada de un delito, para buscar venganza en un sórdido bar lleno de matones, para encontrar al culpable del último crimen de la última ciudad del mundo. Uno de los hombres lo abofetea. El sujeto agradece: Me deje llevar.

Aun falta algo, le dice uno de los barbados, algo que no nos has querido decir. ¿La nueva temporada de True Detective?

Contesta, sin pensarlo mucho, el sujeto amarrado. De inmediato empieza a recibir todo tipo de golpes. ¡Esperen! No estoy diciendo que la recomiendo, aclara en medio de quejidos. Sé que muchos la odiaron, que después de la historia entre policiaca y de horror de la primera temporada esperaban otra cosa. Yo también me sentí así al inicio, pero es interesante. Es otro tipo de historia negra: policías caídos en el vacío existencial, mafiosos duros pero carismáticos, un misterio que se rebela poco a poco, la violencia inclemente en una ciudad gobernada por criminales. Solo hay perdonar el final, esos últimos minutos, o pretender que no existieron, que fueron un mal sueño. El mismo Nic Pizzolato habla sobre el final de la primera temporada en una entrevista, menciona el arco de aprendizaje de vida de los personajes, él cree en los finales optimistas.  ¿En cuál libro? ¡Dinos nombres! True Detective, antología de lecturas no obligatorias.

¿Lo leíste? No, responde el interrogado, lo estoy leyendo apenas, por eso no lo había mencionado. Esta muy interesante, habla sobre la influencia en el programa de varios autores, incluyendo un texto de cada uno. Menciona a Bierce, Lovecraft y Chambers como bases para la parte del horror. En lo filosófico mencina a Nietzsche y Schopenhauer. Por lo policiaco incluye a Hammet, Ligotti, Barron y Bolaño. ¿Roberto Bolaño? Insiste el mayor de los barbados. Así es, contesta el sujeto amarrado a la silla, sabiendo que ese último nombre es el explica porque compró el libro.

Con eso será suficiente, dice uno de los interrogadores al tiempo que ambos se ponen de pie. ¿Y piensan dejarme así? Claro que no, dice uno de ellos. Justo antes de salir presiona el apagador. Tenemos que ahorrar luz, alcanza a escuchar el sujeto amarrado en una silla antes de que se cierre la puerta.

Nota: Este relato es ficción. Cualquier parecido con una persona, escritor o editor real es meramente coincidencia. Ningún tapatío fue lastimado en la elaboración de este texto.