(Sugerencia del editor: de play a la siguiente canción y comience a leer)

por CECILIA MAGAÑA

Este 2015, no he tenido la oportunidad de leer muchos libros nuevos; más bien, he releído mucho. Sin embargo, entre las novedades que brillaron como un descubrimiento este año puedo nombrar:

  1. La Descomposición, del autor Hernán Ronsino: una novela pausada, llena de sensaciones y con una prosa que se saborea con tanto gusto como la parrillada nocturna que prepara el narrador para contarnos su historia. Dominado por el desencanto, el protagonista contempla las cucarachas entre sus pies con el mismo detenimiento con el que habla de su pasado: de un tiro que mató a un amigo, de los nazis que se ocultaron en el pueblo, de un loco al que apodan Pajarito Lernú, y de algo que ya se descompone en su conciencia y no revelará sino hasta la última página de la novela.

  1. Cámara Nupcial, el más reciente poemario de Jorge Esquinca, a su vez ha abierto una puerta para adentrarme a la poesía de Emily Dickinson. Dividido en ocho secciones, el poemario inicia con la búsqueda del poeta, que intenta cruzar la nieve para alcanzar a la mujer que decidió encerrarse en la casa de su padre, vestir de blanco y dedicarse a escribir poemas que no se darían a conocer hasta su muerte. Las siguientes secciones lanzarán distintas luces sobre la única fotografía de la poeta, sobre sus objetos a manera de adivinanzas, sobre el poeta amante que la busca y no la encuentra. Una delicia para los sentidos, pero sobre todo, para aquellos que amamos los misterios y los mitos, las historias de amor que sólo pueden existir fuera de tiempo.

  1. Desciende Moisés; de William Faulkner era una deuda que tenía de hace tiempo y no había podido saldar (y por fin, confieso, supe que había entendido completamente mal el cuento del Oso). Leer esta novela es transitar por una saga familiar a través de narraciones independientes: componer un todo a partir de las piezas dispuestas en un desorden que permiten darle un sentido distinto a lo que entendemos como familia, pertenencia, tierra. El poder del hombre contra el poder de lo que sea que está ahí, oculto aún, en el misterio de lo que llamamos naturaleza – como si no fuéramos parte de ella.

  1. Pájaros en la boca; de Samantha Schweblin: su voz oscura y juguetona me ha invitado no solo a leerlo sino a releer varias de las piezas. Habitado por un hombre sirena, un papá Noel que se queda a dormir en casa, una quinceañera que come pájaros, una pareja dedicada a cazar algo con el mismo ahínco con que otras parejas se dedican a engendrar un hijo, este libro de cuentos de Schweblin está lleno de contundentes knock-outs; además de ser una viva muestra de que el género fantástico de la escuela de Julio Cortázar está más vivo que nunca.

  1. El poemario de Mario Heredia, Titanic, me acompañó en un viaje y convirtió una sala aeropuerto en un rincón íntimo, lleno de nostalgia. Los títulos de cada poema remiten a un momento particular del hundimiento del Titanic emparejando el más famoso naufragio de la historia con el fin de una relación de pareja. Entre la desesperación y la calma de quien anticipa que no hay más que esperar el abrazo de las aguas heladas, el poemario me conmovió al punto de sentirme plenamente sola en el caos de aquella sala. Tal vez no sea para todos la sensación más agradable, pero ¿qué puedo decir? Los finales tristes me encantan.

  1. El Gran Gatsby, de Fitzgerald era otro gran pendiente por fin resuelto: conocer a través de la prosa de Fitzgerald a ese hombre de traje blanco que ya había visto encarnado por Robert Redford y Leonardo DiCaprio. No cabe duda que uno entiende mejor las entrañas de los personajes si se les lee: el Gatsby de Fitzgerald es un hombre que se ha hecho a sí mismo en toda la expresión; ilusorio, perfecto hasta en su imperfección. Si disfrutaron de las películas o si se quedaron con la duda de si Baz Luhrmann hizo bien en poner música contemporánea y esas cámaras rápidas, lean la novela y juzguen por ustedes mismos si esto le hace justicia a la historia original.

  1. De A para X (una historia en cartas), de John Berger: un vistazo al mundo del terrorismo árabe a través de una historia de amor que nos muestra el otro lado de las cosas. La cotidianidad de la vida de una mujer que ama a un hombre acusado de terrorismo y sometido a dos cadenas perpetuas está llena de reflexiones sobre las pequeñas cosas, en donde reside lo que da sustento a todo lo demás. La libertad, la justicia, la vida, el amor, los sueños y la muerte, puestas en el día a día, en la espera. No pudo haber caído en mis manos en mejor momento. Los atentados de París no me significaron lo mismo gracias a esta novela.

  1. Finalmente, me confieso terriblemente decepcionada de la segunda temporada de True Detective, pero encantada con su soundtrack. Durante los episodios esperaba ese momento en el que Velcoro (Colin Farrel) y Semyon (Vincre Vaughn) se reunían en un bar de mala muerte donde siempre había una chica tocando la guitarra y cantando canciones tristísimas. Bueno: esa es Lera Lynn, mi descubrimiento musical del año con su vocecita y su guitarra country. En Spotify pueden encontrarse varios de sus discos y tiene canciones más movidas pero eso sí: todas con excelentes letras, muchas de ellas cuentos en sí mismas. Su versión del clásico country “Ring of Fire” es una verdadera chulada.

Concluyo esta lista dándome cuenta de que he hecho una selección bastante oscurita y melancólica… pero si sirve de consuelo en algún lugar leí que las música triste engaña a nuestro cerebro para producir serotonina  y por eso las canciones tristes nos hacen sentir bien. Espero que haya una explicación similar para la literatura de la nostalgia.