Por EFRÉN JIMÉNEZ

  1. Artaud
    Pescado Rabioso / Luis Alberto Spinetta
    Me fascinó este álbum editado en 1973 y cuyo descubrimiento tardío pero preciso lo debo a mi amor Liluka y a mi devoción por Soda Stereo y Gustavo Cerati, quien a su vez fue un irredento fan del “flaco Spinetta”. El gran cariño y admiración que sentía Gustavo Adrián por la obra de Luis Alberto es evidente en los múltiples guiños que realizó a manera de tributo a las geniales composiciones de este último, (la versión de “Bajan” en el disco “Amor amarillo”, y el solo de “Cementerio club” en Comfort y música para volar por mencionar lo más conocido). Artaud, es a su vez un homenaje al poeta francés Antonin Artaud, y es ya para mí un material abundante en conexiones emocionales, a través de 9 piezas plenas de arte, oficio y poesía, que lo convierten en una joya del rock albiceleste en particular y del rock hispanoparlante en general.

  1. Moctezuma
    Porter
    La banda que otrora me causaba desconcierto y escozor, este año me sorprendió con un buen material que me remite (guardando sus debidas proporciones y excepciones) a lo realizado por Alfonso Guerrero “Toncho Pilatos” hace más de 4 décadas, con esa excelente mixtura de raíces prehispánicas, mestizas y rock de excelente manufactura. En Moctezuma encontré a un Porter (estrenando frontman) en camino a consolidar una de las propuestas más interesantes del rock hecho en casa, en los últimos años. Destaca: “Rincón Yucateco” y “Murciélago”.

  1. Roger Waters
    The Wall.
    Suficientes palabras para describir este material que más que recomendable, es indispensable.

  1. Después del terremoto
    Haruki Murakami

No leo lo suficiente, lo sé. Pero ante todo, leo por placer y en este libro encontré el placer que produce la nostalgia, el reflejo propio y ajeno, la sorprendente imaginación y sencillez para crear y recrear personajes entrañables, dolorosa y gozosamente humanos, para construir situaciones en las que lo cotidiano y lo extraordinario rebasan e invaden constantemente sus fronteras de forma alternada. Breve, pero bello libro del futuro premio Nobel.

  1. Una poética del mal / La cruz de la bestia
    Rafael Medina

Nuevamente hago responsable a Liluka de sumar una recomendación a esta lista, pero no puede ser de otra manera. Una poética del mal fue uno de sus obsequios en mi cumpleaños treintayocho; no obstante yo había manifestado interés por leer Cuentos para dormir a una niña punk ambos del catálogo editorial de Arlequín. Ante las existencias agotadas de este último; ella decidió apostar por el libro escrito por Medina. Con la cara hinchada de vergüenza, confieso que —previo berrinche digno de pena propia y ajena— confiné el regalo a la zona de cuarentena de nuestro librerito de madera (Liluka, yourock! disculpa lo insufrible de mi actitud). Así fue y ahí permaneció hasta hace unos meses, cuando el editor de Paraíso Perdido me propuso realizar las ilustraciones para la edición de aniversario de La cruz de la bestia, obra del mismísimo autor cuyo libro con tanta bajeza desdeñé. Recordé que hace más de dos lustros asistí a la presentación de la primera edición de esta colección de relatos en el ex-convento del Carmen. Sin dudarlo, acepté el reto y me dispuse a leer La cruz de la bestia con el fin de salir de mi pendejez y documentarme para trabajar en las obras gráficas que tuve el honor de aportar. Lo cierto es que leí de forma casi simultánea ambos libros, libros que el inexistente azar arrojó frente a mí. En La cruz… encontré trece caminos que me llevaron a confrontar mis propias cruces y mis propias bestias. En uno y otro me encontré siguiendo las líneas que a golpe de palabras Rafael trazó delante de mis ojos, de mis narices. A veces como rayas de coca, otras, como migas de pan esparcidas para recordar el regreso a un punto impreciso, o como el rastro de sangre que deja quien herido se arrastra por las calles solitarias de una ciudad que agoniza al renacer; unas más, como una sonrisa que se aterra de ser sonrisa, ante el horror de la imposición del mal como estilo de vida y de muerte.

  1. Maus
    Art Spiegelman

Gran parte de mi formación personal y profesional se la debo a las historietas (hoy cómics) que devoré siendo un escuincle gracias la generosidad de mi papá y seguí consumiendo en menor ración en la adolescencia y adultez (vislumbro comilonas aproximándose en la edad “masdura”). Pero de lo que se entiende como “novela gráfica” debo admitir, conozco muy poco. Sin embargo, es mi deber y salvación recomendar este hermoso libro que recopila el trabajo realizado por Spiegelman entre 1977 y 1991 y en el que lleva al terreno de la narrativa gráfica las conversaciones con su padre en torno a su traumática experiencia que vivió como prisionero judío durante la segunda guerra mundial. Una obra de arte indispensable para quien ame el arte secuencial, pero sobre todo, a la humanidad.

  1. Dragon Ball Z: La resurrección de Freezer

Aunque crecí con los superhéroes de tinta y papel creados por el Stan Lee de Marvel (Copyright Bisney) ahora en compañía de mi hijo puedo disfrutar cual de los súperseres —pixeles más, pixeles menos— (léase sayayines, o sayayines fase 3, o super sayayines, o dioses supersayayines) de Akira Toriyama y compañía. La resurrección del más jijo de los recanijos demonios de hielo es el pretexto ideal para ver a Gukú con pelos cyan, más que dispuesto a partirle su mandarina en gajos al villano ese.

  1. Club de Cuervos

¿Te quieres reír, o por lo menos pasar un rato muy ameno? Ve Club de Cuervos, primera serie latinoamericana producida por Netflix. Sí, aunque no te guste el fútbol.

9. Un show más (Regular Show)  

¿Amas los ochenta? ¿te gustan los cartoons? ¿Te quieres surrar de la risa? ¡No mames, tienes que verla!

¡Feliz 2016 a todos!