Conversación con Héctor Palacios autor de Lejanos guerreros.


1. Cuentas ya con varias publicaciones, la más reciente Lejanos guerreros. No eres un autor novato, ¿a qué se debe este amor por la escritura?

Dicen la palabra “amor” y me asusto, me hacen pensar en mis relaciones de pareja, que no han durado lo que uno esperaba al inicio de ellas. ¡Qué miedo que eso me pase con la escritura! Me veo escribiendo hasta mis últimos días, prácticamente es mi proyecto de vida, más allá de si soy bueno o malo haciéndolo. Últimamente me han preguntado si no me interesaría dedicarme a la política, y una parte superficial de mí me hace querer decir que sí, pero luego viene una especie de pánico que me hace pensar que eso me alejaría del poco tiempo que de por sí tengo para escribir, entonces mi respuesta es no, ya estoy comprometido.

2. Coméntanos de Lejanos guerreros. ¿De dónde nace la idea de escribirlo? ¿Qué le dejará al lector? ¿Qué encontraste tú al escribir esta novela?

La idea nace a partir de la investigación que hice con la maestra Melba Falck sobre la presencia de japoneses en la Guadalajara del siglo XVII. Hay dos casos muy interesantes: Juan de Páez, que llegó a ser una de las personas más influyentes, económicamente, no sólo en Guadalajara, sino en toda la Nueva Galicia. El otro personaje es Luis de Encío, quien se cree que en Japón fue un samurái llamado Fukuchi Soemón. De él sabemos mucho de su vida en Guadalajara, pero no sabemos casi nada de su vida en Japón, sólo hay sospechas, como aquella de que tal vez nació en Sendai. Tampoco sabemos cómo llegó a la Nueva Galicia. Es a partir de ahí que me planteo escribir sobre Fukuchi Soemón, el samurái en Japón: sí basado en un contexto histórico, pero haciendo principalmente un ejercicio de imaginación.

No sé con exactitud que le pueda dejar al lector, porque cada quien lee a partir de sus propias referencias de vida. Quiero pensar que tal vez el lector detecte los dilemas o planteamientos existenciales que yo confronté al escribir esta novela, que fueron: la soledad, la lejanía, el desprendimiento emocional, la conciencia cotidiana ante la muerte, el cambio, las transformaciones personales que implica la migración. En fin, con eso me encontré yo, es probable que el lector también.

3. ¿Por qué Japón?

Muchos piensan que soy un “japonólogo”, pero en realidad no. Mi acercamiento con Japón fue a raíz de la investigación que les comentaba, pero si leen el resultado final de esa investigación, que fue el libro El japonés que conquistó Guadalajara, se trata más sobre Guadalajara, su historia en el siglo XVII, y la influencia de quienes fueron llegando a esta ciudad. Para escribir Lejanos guerreros, claro que me tuve que echar un clavado a la historia japonesa, a entender un poco su cultura, formas de ser y pensar. Pero este proyecto se trata más de entender por qué Fukuchi Soemón se quedó acá, cómo enfrentó a la lejanía, cómo lidió con la inmensidad del océano Pacífico. La vida de los migrantes asiáticos en México me llama la atención por la manera en cómo salen adelante, y prácticamente se reinventan, sobre todo aquellos de la época colonial y de la primera mitad del siglo XX, e incluso, aunque no nos demos cuenta, cómo llegaron a influir en las sociedades que los recibieron.

Entonces es eso, el interés va más allá de Japón. Aunque confieso que tengo más material para nuevas historias, pero por otra parte sí temo que se me encajone en que sólo escribo e investigo sobre japoneses. Después de Lejanos guerreros vendrá algo totalmente diferente, aunque quizá más adelante retome las historias de migrantes japoneses.

4.  ¿Escritor o historiador?

Me acuerdo mucho de una charla que dio Fernando del Paso hace unos siete años en la Casa Zuno, dónde dijo que la literatura era su esposa y la historia era su amante. Robándome un poco esas palabras, en mi caso es al revés: la historia es mi esposa y la literatura mi amante. Como les comentaba antes, la creación literaria es mi proyecto de vida, pero en el día a día, llevo muchos años comiendo de la historia (aunque no lo crean, sí deja para comer), es lo que estudié a nivel licenciatura, es lo que sé hacer, es lo que me ha abierto muchas puertas, y pues le debo cierta fidelidad, pero ya ven, tengo ese amorío con la literatura. Al final, mi respuesta es que soy ambos, escritor e historiador.

5. Temas de los que te gusta escribir:

Sobre los temas, ahí sí no estoy casado con nada. Aunque tengo dos proyectos que se inspiran en hechos históricos del siglo XVII: La taza de chocolate y otras historias, y Lejanos guerreros, actualmente trabajo en otras inquietudes que se acercan más a la literatura fantástica e incluso a la ciencia ficción, una probada de eso ya se puede leer en  “Arde”, un cuento publicado por Paraíso Perdido en el libro Instantánea. Lo que me gusta es explorar.


El soundtrack de Lejanos guerreros

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Aquí me disculpo. A pesar de que me gusta mucho que los libros tengan soundtrack, Lejanos guerreros no lo tiene. De fondo sólo se oye el viento de otoño, el estallido de arcabuces y cañones, el choque de espadas, los gritos de guerra, el ruido de la tempestad.

Sin embargo, les adelanto que mi próximo proyecto estará lleno de música. Tómenlo como una promesa prácticamente cumplida.


6. ¿Se lee poco en México?

No se lee poco, pero sí se pudiera leer más y mejor. Lo que pasa es que hay distintos tipos de lectores, hay quienes sólo leen periódicos y revistas, por ejemplo; están los consumidores asiduos del libro vaquero y similares, o de novelas rosas que vemos por lo regular en los revisteros de los supermercados. Por otra parte, a pesar de las quejas de las librerías pequeñas y medianas, las grandes cadenas como Gonvill, Gandhi, El Sótano y Porrúa son negocios prósperos, sin entrar en el tema de sus prácticas ventajosas en el mercado, aquí el punto es que la gente entra a estos establecimientos y compra libros. Por otra parte, yo sí espero que llegue el día en que en México se vendan libros en la tiendita de la esquina.

7. ¿Qué libros te han dejado huella? ¿Qué autores consideras cómplices?

Aquí me remito a mis lecturas de adolescencia: El llano en llamas y Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Con el primero descubrí el género del cuento, y con el segundo la posibilidad de crear atmósferas a través de la literatura. Después vendrían las Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe, La feria de Juan José Arreola, y La oveja negra y demás fábulas de Augusto Monterroso. A partir de este último me clavé por un tiempo en escribir minificciones, y pues de ahí surge Palabras de perro. Otras lecturas que me hayan dejado huella (profunda), debo mencionar a 1984 de Orwell y La taberna de Emile Zola.

Sobre los autores cómplices (aún), deberé repetir el nombre de Juan Rulfo, mencionar a Horacio Quiroga, gran maestro del cuento, Francisco Rojas González, por la manera en que mezcla su oficio de antropólogo con la literatura. Ha habido más en el camino, pero actualmente ya no los siento tan cómplices. Sigo buscando.

8. ¿Qué estás leyendo actualmente?

Terminé hace un par de días Los esclavos de Alberto Chimal, antes de eso había leído El cobrador de Rubem Fonseca, y ahora empecé a leer El agujero en la pared, también de Rubem Fonseca. Ah, también acabo de leer Festín de muertos, una antología de cuentos mexicanos sobre zombis, coordinada por Raquel Castro y Rafael Villegas.

 9. ¿Te consideras parte de alguna generación? ¿A cuáles autores vivos recomendarías seguir la pista?

 No. Este es un camino solitario (al menos en la parte de la creación). Creo que eso de etiquetar en generaciones es más cosa de críticos, e incluso de marketing literario. Tal vez para el negocio editorial sirva de algo eso de las generaciones, pero en cuanto a los escritores, no sé si sea prudente irse a etiquetar por cuenta propia dentro de un movimiento o generación.

Sobre las recomendaciones, adelanto que seré muy localista: recomiendo que le sigan la pista a Cecilia Eudave, que exploren la obra de Alberto Chimal; también a un cuentista, que en lo personal en el corto plazo empezaré a leer un poco más: Bernardo Esquinca. Ah, y olvidaba a Ave Barrera, que espero pronto salga algo nuevo de ella después del buen sabor de boca que dejó con Puertas demasiado pequeñas.

Por otra parte, si están en busca de  auténticas novedades, posibles sorpresas o descubrimientos, busquen en los sellos independientes como Almadía, Sexto Piso, Arlequín, Paraíso Perdido y las que se vayan sumando en el camino. Tanto en México como en otros países, este tipo de editoriales son las que toman riesgos con escritores cuyas carreras apenas comienzan, a diferencia de las grandes editoriales comerciales que siempre van a lo seguro con autores ya reconocidos.

10. Una propuesta, consejo o anécdota relacionado con la creación que quisieras contar para cerrar esta serie de preguntas.

Bueno, a aquellos que alguna vez le han dicho a algún escritor o escritora, ya sea en broma o en serio, “¿de cuál fumaste?”, siento desilusionarlos, pero no hay droga que tenga ese efecto. Escribir exige una sobriedad que muchos podrán considerar “aburrida”. A aquellos que alguna vez le han dicho a algún escritor o escritora, “¿dónde encontraste la inspiración?”, siento desilusionarlos, pero ese lugar no existe. Se llama trabajo: horas y horas de estar sentado frente a la pantalla dando teclazos, sin ningún glamour.