Con esta breve recuento de Alejandro Paniagua (autor de Los demonios de la sangre), iniciamos con las recomendaciones que algunos autores de Paraíso Perdido tienen para ustedes con motivo del cierre de año. Libros, películas, música y lo que a cada autor se le ocurra, con el fin de abrir un poco más el abanico de posibilidades hedonistas para iniciar 2017. Más allá de la sobada etiqueta “lo mejor de”, se trata de un ejercicio de compartir e invitar.


Baile con serpientes, de Horacio Castellanos Moya.

En este libro, Castellanos Moya quebranta el género fantástico y lo anega de violencia, de inmundicia. A lo largo de la novela, el autor embellece lo inhumano y vuelve mágico lo sangriento. La anécdota de la novela desconcierta y encanta: un hombre, acompañado de cuatro serpientes homicidas y parlanchinas, comete actos atroces por toda la ciudad. El protagonista del libro es, al mismo tiempo, un domador de serpientes, un súper villano, un vengador, un despojado, un psicópata, un elegido y un parásito metafísico. Baile con serpientes es un libro que me hizo ver que aún es posible crear obras absolutamente distintas a lo que ya se escribió alguna vez.

 

Muerte en la Rua Augusta, de Tedi López Mills

Los versos de este extraordinario poema narrativo nos arrojan, sin miramientos, a la psicosis de Gordon, el protagonista. Y así, nos despeñamos de lleno en las alucinaciones, sobresaltos, juicios y tribulaciones del enfermo mental, mientras nos vamos haciendo pedazos con las hipérboles, las metonimias, las alegorías y las metáforas deslumbrantes de la poeta. La lucha del protagonista es desgarradora, todo está en su contra: su mente, su cuerpo, sus dibujos, su esposa, las albercas, su mejor amigo, el dinero, el yo lírico, un mentado Anónimo, el origami y, sobre todo, él mismo. Durante la lectura del poema se crea una triada de insania, es decir, que muchas veces tanto la autora como el lector y, por supuesto, el protagonista, andan vueltos locos: la escritora, loca de alta poesía; el lector, loco de goce estético; y el protagonista, loco de incomprensión, de desamparo. Tedi López Mills es, sin duda, una de las poetas vivas más brillantes.

 

Autobiografía de un Yogui, escrito por Yogananda.

Yogananda es uno de los personajes que aparecen en la portada del disco “Sergeant Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de los Beatles, y ello es suficiente para revelarnos la importancia del escritor. Yogananda fue quien introdujo la filosofía hinduista a Occidente. En el libro aparecen elementos que jamás se encontrarán en ninguna otra autobiografía, como la capacidad del autor para ver a través de los objetos y las paredes, la irrupción de un templo que se agiganta y se disminuye a voluntad, una plática presencial con la diosa Kali, la visita a la casa de una mujer que no necesita comer, un maestro al que le cortan el brazo y simplemente se lo coloca de nuevo, encuentros con  Gandhi, el poeta Rabindranath Tagore y el ganador del Premio Nobel de Física, Sir C.V. Raman. Se dice, además, que Autobiografía de un Yogui era el único texto que Steve Jobs llevaba en su iPad. Yogananda es un personaje histórico tan desquiciante y atractivo que fue el único maestro espiritual que meditó sobre una trajinera en Xochimilco, y ésta es una de las razones por las que me fascina.

 

La melancólica muerte de Chico Ostra, escrito por Tim Burton

A lo largo de los poemas del libro, Tim Burton exalta, con maestría, lo grotesco de ser niño. Mediante personajes adorables y repugnantes al mismo tiempo, como la Chica Vudú, Cabeza de Melón o el Chico Ancla, Burton expone el mal hado que aqueja a los que son distintos debido a un rasgo de contrahechura o de peculiaridad. El texto es un ser fantástico, mitad poemario infantil y mitad circo de fenómenos. Las ilustraciones del libro muestran con desparpajo y desfachatez la genial visión estética de Tim Burton.

 

Ricardo III, de Shakespeare

Ricardo III fue un homicida, un fratricida, un regicida y un infanticida. Y sin embargo, es un personaje entrañable. Se trata del primer villano encantador de la literatura. Al buen Ricardo (un tipo jorobado, tullido y muy muy feo) lo amas todo el tiempo a pesar de que comete un acto indecible tras otro. Un ejemplo de su carisma y su capacidad de manipulación se muestra en una de las primeras escenas de la obra: Ricardo III, luego de asesinar al suegro y al esposo de una taciturna dama, logra enamorarla y convencerla de contraer matrimonio, todo ello frente al féretro del marido recién ejecutado. Ricardo es un tipazo, pues. La determinación y el ansia irrefrenable de este malnacido por convertirse en el Rey de Inglaterra resultan ejemplares, al menos a mí (y espero no ser juzgado muy severamente por ello), el personaje me enseñó a no rendirme nunca. Esta obra es, sin duda, una de las joyas de la corona del maestro universal Shakespeare.