Siempre es complicado hacer listas de “Lo mejor del año”. Aunque todos sabemos que la selección es subjetiva, leemos y pensamos: “no, no es cierto, eso no fue lo mejor del 2016, para mí lo mejor fue…” Y bueno, ahí se nos acaba el teclado (sin nos ponemos en plan troll) o se nos va la vida (si el tema sale en alguna peda en la que todo mundo termina peleado).

Lo cierto es que para armar esta lista he pensado en esas obras que quizás ni siquiera son novedades pero sí me sirvieron este año para hacerme ver algo desde otro punto de vista y para hacerme preguntas. Así que aquí va mi lista, cuyo orden no va de menos a más y que abarca historias en diversos formatos (series, cine, literatura y música) y no está compuesta por diez, sino por trece historias porque es un número que me gusta y porque de verdad lo intenté, pero en lugar mientras más hacía memoria, la lista crecía y crecía.


West World

Esta serie de HBO logró hacer un mash-up de dos temas que parecían irreconciliables desde la terrible Cowboys and Aliens: el western y la ciencia ficción. Inspirada en el guión cinematográfico de Michael Crichton, Jonathan Nolan y Lisa Joy escribieron un guión que si algo despierta son, precisamente, preguntas: ¿cuál es nuestra verdadera naturaleza? ¿cuál es el camino a la consciencia? ¿qué papel juega la memoria en la construcción de nuestra identidad? Una lección sobre cómo contar historias redondas con vueltas de tuerca que no dependen de la sorpresa, sino de algo más cercano al asombro: ese que nos hace sentir chiquitos y que seguramente experimentaban los espectadores al salir de una buena tragedia de Shakespeare allá y entonces, cuando era novedad.

River

Una de esas maravillas de Netflix que en tan solo seis capítulos da clases sobre cómo hacer un policíaco. Otro mash-up con elementos de thriller psicológico y sobrenatural; donde nadie es lo que parece (como en las buenas novelas negras), y los peores fantasmas no son los de los muertos, sino esas verdades que no se dicen en voz alta. El buen Stellan Skarsgård me hizo reír y llorar con su actuación. Seis horas nalga muy bien invertidas.

Stranger things

Otra de Netflix que me recordó todo eso que me apasionaba de niña en el cine de Spielberg. Ocho horas que hacen una relectura de las historias que formaron a generaciones de creadores. Una prueba de que, si como escritores contemporáneos no terminamos de reconocer el intertexto, el juego con el material de otros y con la cultura popular, en medios audiovisuales (donde los derechos de autor son un tema que se trata con pinzas) ya lo tienen más resuelto o al menos no la hacen tanto de pedo.

La bruja

No, no es una película de terror aunque así trataron de venderla. Esta historia con una fotografía maravillosa y un guión basado en extractos de juicios reales a personas acusadas de brujería, sí me puso nerviosa pero no por lo que yo esperaba. Vivir deliciosamente y probar el sabor de la mantequilla se convirtieron, gracias a Black Phillip (la mejor interpretación del demonio que he visto hasta ahora) en una promesa cuyo precio es entregar el alma, la vida… como si la pobre protagonista, tuviera la posibilidad de decidir. El destino, el libre albedrío, la religión, todo se cuestiona en esta historia que es más una metáfora que una historia de horror. Al menos hasta que te enteras que los de la Sociedad de Satanistas de Norteamérica picharon buena parte de la peli.

Arrival

Una película de extraterrestres cuyo centro no son los extraterrestres, sino la vida como una decisión con todas sus consecuencias. Sí, tiene huecos argumentales. No, no es perfecta. Pero es mi lista y aquí está. El cuento en el que está inspirado, titulado “La Historia de tu Vida”, del libro homónimo de cuentos escrito por Ted Chiang tampoco tiene madre. Así que si no les gustó la peli (y una de las versiones más curiosas de cómo podría verse un extraterrestre), lean el cuento.

La fiesta de las salchichas

Porque también me gusta lo profano y quien la vio, entenderá. Crítica y políticamente incorrectísima. De verdad no me permitió volver a ver  la comida de la misma forma.

La langosta

No me gustó la primera vez que la vi en una de las muestras del Cineforo pero luego la volví a ver para una clase y terminó fascinándome. Descubrí (tonta de mí) que el director de verdad desea que el espectador viva la experiencia y tome una decisión sobre el desenlace. Situada en un mundo en el que la gente está obligada a vivir en pareja o convertirse en animal (para ver si como otra especie tiene mejor suerte), toca una serie de absurdos con un delicioso humor negro y el valor para ser cruda cuando se necesita. Cuestionadora independientemente del grupo al que uno pertenezca: al de los emparejados, los solitarios o los francamente animales.

Swiss Army Man

Traducida al español como “Un cadáver para sobrevivir”, toma toda una serie de tabúes como la escatología, el vouyerismo, la homosexualidad y la necrofilia para contar una historia de supervivencia (y ojo, que sobrevivir no es aquí conservar la vida, sino vivirla). Con un humor sucio y momentos sumamente mágicos, esta historia me invitó a pensar qué es lo que consideramos como normal, qué tanto hemos sacrificado de nosotros mismos por pertenecer, entre muchas otra cosas. Una historia valiente y conmovedora que me hizo sentir a ratos un poquito de asco (lo de la escatología no es broma: mi recomendación es comer antes o después de verla…y si son muy quisquillosos, mejor después).

El Zorro Ártico

Del autor islandés Sjón (que también es poeta y ha colaborado con Bjork, así que es uno de esos hipsters con mucho swag). Una novelita corta editada por Nórdica que, aunque está carísima, valió cada peso de los 380 que pagué. Inspirada en una leyenda regional, intercala dos historias: la de un hombre de fe, obsesionado por cazar a un zorro ártico; y la de un hombre de ciencia que se despide de una mujer excepcional, llamada Abba. Ambas historias se relacionarán hacia el final. Escrita en capítulos breves, como postales, el Zorro Ártico tiene tanta poesía como humor, tanta filosofía como magia, casi como si fuera uno de esos viejos clásicos que podrían terminar en un ladrillo, pero Sjón desarrolla en tan solo 126 páginas.

Aquí

Una novela gráfica de Richard McGuire en la que el espacio que habitamos es el protagonista: un departamento es visto a través del tiempo, desde el lugar en el que fue construido en la era de los dinosaurios, hasta hoy. Los tiempos, los habitantes, las palabras que en ese espacio se dijeron, se intercalan en un experimento visual que me hizo pensar en el lugar que habito hoy; en la memoria de los espacios.

La Noche de la Usina

De Eduardo Sacheri cambió por completo mi impresión de los Premios Alfaguara de novela. Al menos este no termina en una revolución latinoamericana con escenas sexys intercaladas con uno que otro fenómeno cercano al realismo mágico. No, señor. La novela es una de esas historias donde se organiza un gran robo, uno que parece imposible, pero no como lo harían los de Ocean’s Eleven, sino un grupo de viejos que habitan en un pueblo olvidado por el progreso, en plena devaluación. Una de esas aventuras al más puro estilo de las películas de los cincuenta. Sacheri, además, demuestra tener estilo y no solo buenas relaciones; toda una sorpresa.

El Hogar de Miss Peregrine para Niños Peculiares

De Ransom Riggs es un artefacto, más que un libro. Un juguete que combina la narrativa escrita y la visual. Lo que le hicieron Tim Burton y compañía es una mentada de madre. Pero si quieren conocer este mundo creado por un coleccionista de fotografías antiguas y raras, y jugar el juego de darles un sentido dentro de la historia de un adolescente que descubre un mundo nuevo, se enamora de la chica que amó a su abuelo y se enfrenta a momentos lo suficientemente oscuros como para ponerte nervioso, incluso como adulto, de verdad vale la pena.

Ramin Djawadi

El compositor de la mayoría de la música de GOT merece en mi lista una mención aparte por el score que hizo para West World. Beso las patas de los fundadores de Spotify y me declaro llena de agradecimiento porque han subido la música completa, que incluye las piezas originales de Djawadi (combinando lo épico de la cadencia western, el piano y los violines con arreglos electrónicos y ruiditos que remiten a la experiencia de los androides de la serie), además de esas adaptaciones al piano que los espectadores esperábamos descubrir cada episodio en la pianola del Bar Mariposa: Black Hole Sun, No Surprises, Back to black, House of the Rising Sun y dos rolas que se cuecen aparte (ya con toda la orquestación épica de los Spaghuetti Westerns); su adaptación de Paint it Black y Exit Music (For a Film). Un sountrack para imaginar nuevas historias este 2017 que ya está aquí, a la vuelta de la esquina. A ver qué nos cuenta.