Saca el diván

Por Edna Montes

Es oficial, estamos en el “mes del amor y la amistad” porque a los mercadólogos del mundo ya no les es suficiente con un día y quieren el pastel completo. Más allá de mi predisposición al amargor, me pareció buena idea inaugurar este espacio con un tema ad hoc a febrero (¡Oh, la ironía!). Creo que todos tenemos placeres culposos o días en los cuales hasta nuestro café necesita café para mantenerse en pie. Esas jornadas en las que la realidad nos aplasta y ni siquiera las frases motivacionales pixeladas de nuestros contactos en Facebook nos brindan algún alivio. El tedio está ahí, asechando entre las sombras, preparado para alimentarse del poco o mucho gozo del “aquí y ahora” que somos capaces de reunir en la vida cotidiana. Cuando necesitamos emprender el escape, la tentación por una buena dotación de clichés está ahí, el elixir a todos los males.

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Las interminables quejas en redes sociales contra las historias de amor y los triángulos amorosos son relativamente nuevas, pero esta construcción narrativa es, quizá, tan vieja como la humanidad misma. En la mitología egipcia, Isis y Osiris son la pareja ideal hasta que Osiris provoca la ira de su hermano Seth, quien lo asesina. Isis pasa años buscando las piezas de su amado para reconstruir su cuerpo, devolverlo a la vida y reunirse con él. En el Ramayana, el héroe pasa peligros tremendos para matar al demonio Ravana y salvar a su amada Sita. Aquellas historias, reproducidas en festivales religiosos o alrededor de una fogata eran nuestra antigua versión de los maratones de Netflix (o cualquier servicio de streaming de su elección). ¿Por qué siguen funcionado luego de tantos siglos?

El “chico conoce a chica” nos llega al corazón porque nos vemos reflejados. Todos hemos añorado el amor de una pareja real que nos abandona o la ficticia que ni nos hace en el mundo. El amor romántico nos duele, pero está tan entretejido en nuestro cerebro (a fuerza de repetición) que nos deleita incluso si no lo queremos admitir en público. Se me ocurre que el final feliz es tan satisfactorio como tronar la burbujas del plástico de embalaje. Igual de efímero, también. Es irreal, lo sabemos. Justo por eso corremos a sus brazos cual Lizzie Bennet a los de Mr. Darcy. A veces no queremos realismo, sino magia. Así es como terminamos enredados en una comedia romántica.

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Uno de los grandes fallos de esta estructura es que a menudo las chicas se convierten en un trofeo, pierden humanidad y eso no es nada deseable. Buscamos este tipo de historias porque nos dan un reducto para ser vulnerables en un mundo hostil. Cuando dejamos caer las barreras somos reales, defectuosos, atormentados, llenos de errores. Por eso sentimos una especie de gratificación empalagosa cuando Mark Darcy le dice a Bridget Jones que la ama tal y como es, nos devuelve la fe en el amor. Ese que nos concibe maravillosos a pesar de nuestra accidentada realidad. Al final del día, necesitamos el cliché, convencernos de que el amor es la fuerza más poderosa del universo.

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El “chico conoce a chica” ha  evolucionado. Ya no se trata de pelear contra demonios o recoger las piezas de la prenda amada por todo el Nilo. Hace años que la chica no es una damisela en desgracia, poco a poco asoma un nuevo tipo de protagonista: la adulta capaz de tomar las riendas de su vida con todo y el caos. Ella también tiene esos días terribles, la vuelven nosotros, el espectador esperanzado en que algo maravilloso espera a la vuelta de la esquina. La receta ya ni siquiera es una garantía de final feliz, pero sí de que renovará nuestra capacidad de creer en lo sorprendente, en lo simple. Este artificio no necesita (aunque puede tenerlos), dragones, varitas mágicas o brujas como los viejos cuentos de hadas antiguos. Su esencia es la magia de hacernos creer que podemos contra el mundo y la realidad misma, no estamos solos.  Podemos encontrar a la persona indicada o, si ya la tenemos, confiar en que esos brazos serán nuestro hogar para siempre, contra viento y marea. ¿Pensamiento ingenuo?, mucho, pero tan necesario como negar en público nuestro gusto por eso churros románticos atascados de clichés.

Negación, dulce negación:

Recapitulando:

Chico conoce a chica*

Fórmula: El chico conoce a la chica/conflicto/uno de los dos se enoja o entristece y deja al otro/ gesto romántico/reconciliación/final feliz. (Añada triángulo amoroso al gusto o un final infeliz para mayor tensión)

Ejemplos (están por todos lados):

San Junipero (Black Mirror, Temporada 3, Episodio 4)

La Princesa Prometida ( Película, 1987)

La mujer del viajero en el tiempo (Novela, Audrey Niffenegger)

Sailor Moon (Anime, TV Asahi, 1992)

500 días con ella (Película, 2009)

 

*También aplica a chico conoce a chico, chica conoce a chica, etc. porque #LoveIsLove