De principio a film

POR RODRIGO GONZÁLEZ

Desde hace un par de años me resisto como gato boca arriba a las películas de súper héroes. No porque no me gusten si no porque hay algo en mi adulto altanero y bravucón que me dice que debo parar, que debo colocar mis esfuerzos intelectuales en empresas más profundas, en figuras más complejas, en métodos narrativos más innovadores.

X Men siempre ha sido una saga difícil para mi porque no soy fan de la saga, nunca fui (llegué tarde) porque me confunden sus miles de versiones y cientos de miles de vericuetos, y por lo mismo, la he dejado un poco de lado, así como dejo de lado los alegatos internos del PRD o de MORENA o las marchas por la liberación de Burundi, y no porque la liberación de Burundi no sea importante (la verdad es que no se de quién se quieren liberar), es sólo que me siento como el que llega a la fiesta con chelas cuando ya todo el mundo se está yendo al after. Llegas a la marcha pro Burundi, pero la banda ya se está yendo a la protesta por la liberación del Cristo de Iztapalapa. Mierda.

Con mi padre de visita en la ciudad he tenido que extender las alternativas de entretenimiento y ayer miércoles decidimos ir al cine. La idea era ver John Wick 2. El horario dijo Logan.


#Instantánea #HistoriasSinSpoilers

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Después de una semana con mi padre hemos hablado mucho. El contexto no es precisamente un continuo de temas: pasamos de hablar del negocio que estamos haciendo juntos a la mejor versión de menudo que ha probado y dónde, y luego se le ocurre contarme cuando mi abuelo lo sacaba del billar a cachetadas cuando apenas tenía diez años. Cosas de familia, pues.

Llegamos a la función de Logan y lo que pensé que sería no fue. Me prometieron que vería algo que no vi y me dijeron que saldría contento de algo que salí llorando. O casi, pues.

Y entonces resulta que una película me puso en mi lugar. Una película me dijo así te ves, así te ven los demás, así caminas, así hablas, así refunfuñas, así mientas la madre, así te quejas de todo, así te complaces con las cosas más sencillas, así bebes, así manejas, así tienes corazón de pollo.

Ahora bien, quiero aclarar que no me estoy comparando con Logan-Wolverine-HugeJakman-X24, para nada. Se trata de algo más sencillo: en términos del elegante francés que me dejó la preparatoria le llamaré “el gran putazo generacional”.

Sentado al lado de mi padre, que recién cumplió sesenta y ocho años me di cuenta que tengo cuarenta y dos. Me di cuenta que soy la otra generación, la de los rucos. Que ya crucé la mitad de la vida. Que sí me siento fuerte y me siento joven y tengo muchos planes, pero también me di cuenta que tengo un hijo de quince, que las heridas no me sanan tan rápido, que si corro en el bosque me canso, que perseguir la chuleta cada día me preocupa y me cuesta más.

Pero luego veo a mi padre que tiene sesenta y ocho y a mi hijo que tiene quince y pienso que no puedo estar en mejor lugar. Que el afortunado soy yo. Veo al país en el que vivo, en el tiempo en el que lo vivo y no quisiera estar en otro momento tan lleno de promesas, de sueños y de posibilidades de fracasar. Veo a mi padre que tiene sesenta y ocho y a mi hijo que tiene quince y pienso en todos los superpoderes que tenemos juntos.

Veo que como en Logan no hay finales felices. Lo que sí, es que hay una posibilidad latente, real, cierta, de hacer de la vida un viaje lleno de sangre, de logros, de fracasos, y de la promesa que dice que los que vienen pisándonos los pasos son más inteligentes que nosotros, más valientes que nosotros, más rápidos, bellos, divertidos y ambiciosos que nosotros. Y eso, ya hace que el viaje valga la pena.

No vayan a ver Logan con su papá. O sí.