Conversación con Joaquín Peón Íñiguez, autor de Ciudad Pantano


1.¿Desde hace cuánto escribes?

A los catorce años fui parte de una banda de rock. Sólo sabíamos tocar un cover de Nirvana, que yo interpretaba a destiempo, pero eso no me detuvo de escribir letras para un centenar de canciones. Pronto caí en cuenta de que mi futuro en el rock era tan alentador como mi futuro en la invención de la rueda, y di el salto a la literatura. Desde los quince hasta la fecha, escribo varias horas al día.

2.¿De dónde nace el deseo de hacer una obra paródica?

¿Cómo ser crítico? Esa pregunta orienta mi escritura desde la prepa y pienso problematizarla hasta el último de mis días. Esta búsqueda, que me condujo a escribir y publicar sendas pendejadas, implica una responsabilidad indeseable, pues no existe crítica sin juicio. ¿Y quién soy yo para andar juzgando? Sucede, además, que desde niño, cuando quería ser caricaturista, tengo una fascinación por el humor. Caí en cuenta de que el humor es una puesta en práctica del pensamiento crítico, y me puse a jugar al libro de parodias.

3.¿Qué obras consideras que te han influido para escribir este estilo de literatura?

Leer a Cabrera Infante fue determinante. No estoy seguro de cómo suceda la escritura,  el éxtasis de las influencias, pero admiro a Gombrowicz, Del Paso, Kennedy Toole, entre otros. Siempre regresaré a Kafka, Calvino, Perec, Dostoyevski. A Tavares me hubiera gustado leerlo antes de empezar el libro, pero no lo hice sino hasta meses después de terminarlo. Los autores mexicanos del siglo XXI que más me marcaron: Sun Ra, el Wu Tang Clan y Celia Cruz. Y, bueno, se trata de parodias, cada texto atiende al autor que está parodiando.

4.¿Cómo viene a ti la forma lúdica de escribir? ¿Es espontánea o es todo un proceso meditado y calculado?

Ambas. Sí, lo pienso mucho, cada palabra se vuelve una decisión y yo me conflictúo hasta eligiendo entre jalapeños enlatados en el súper. Inventé un proceso a la medida de las parodias. Incluía, por ejemplo, identificar el campo semántico en que se mueve cada autor parodiado. Sin embargo, también es un relajo y como tal, es espontáneo.

Joaquín Peón Íñiguez

5.¿Cómo logras que las realidades presentadas en los cuentos funcionen como parodias?

El desafío es que en México la realidad supera a las parodias. El hecho de que Javier Duarte y sus cómplices inyectaran agua, en vez de medicina, a niños enfermos de cáncer, es un hecho digno de Ciudad Pantano, y sin embargo es cotidiano, lo asumimos como normal. Ibargüengoitia, entre otros, demostró que una representación caricaturesca puede ser más cercana a la realidad que una representación realista.

Para que funcionen como parodias, debe haber una distorsión discursiva y estética entre el hipotexto y el hipertexto. Deben, además, como intuye Linda Hutcheon, desnaturalizar los valores y poner en jaque a las políticas de representación.

6.¿Hay personajes, escenarios o elementos que te cuesten trabajo parodiarlos?

Sí. Digamos que parodiar a Sábato y a Fernando Vallejo fue fácil en comparación con parodiar a Borges y a Rulfo. No creo que todos los textos alcancen su consecución como parodias de otros textos, aunque quizás sí lo hagan como alguna especie de hipertexto, como híbrido desmadroso o como parodia de otros elementos constitutivos de nuestra realidad.

7.En los cuentos hay personajes de todo tipo, pero el carácter crítico y sarcástico suele predominar en ellos. ¿Crees que hay algo de ti que se reflejo en esto?

Seguro. Estoy disperso en todo el libro. Escribir parodias también se presta a reírse de uno mismo, pues los horrores del mundo se reflejan en el individuo, y viceversa. Además, todos somos ridículos hasta que se demuestre lo contrario.

8.¿Cómo crees que vivirías tú si habitaras en Ciudad Pantano?

Si yo viviera en Ciudad Pantano, sería la misma caricatura que soy, pero con algunos de mis rasgos patéticos más pronunciados.

9.En la obra, todos los cuentos se desarrollan en Ciudad Pantano, ¿crees que podría llegar a ser una novela?

Este libro sí es una pipa.