Categoría: Entrevista (página 1 de 4)

Escribir para librarse de parásitos


Conversación con Dán Lee,
autor de Deus ex machina



1. ¿Qué es para ti la literatura? ¿Para qué escribes?

La literatura es una ciudad inmensa en la que se puede jugar, trabajar, aprender, perder el tiempo, aburrirse también. La función más importante de esta metrópoli es la de acercar mentes, establecer diálogos que de otra forma serían imposibles. Para quienes transitamos sus calles, no hay distancias ni barreras temporales; como lectores y creadores, podemos rozar nuestros inconscientes. También es la posibilidad de crear algo donde no había nada… es magia, pues.

Escribo para librarme de parásitos. Hay ideas, historias, fijaciones, que me invaden como coágulos o virus. No me dejan estar en paz, sino hasta que salen en forma de ficción, con esqueleto de línea y músculo de párrafo. Así dejan de cosquillear por un rato; a veces un punto final las aniquila para siempre, otras veces mutan y atacan de nuevo… Sin duda es terapéutico, me ayuda a lidiar con mis neurosis.

También, como no, escribo para marcar mi paso en el mundo. Algún día me iré al vacío universal, pero espero que mi obra trascienda un poco más; quiero hacer magia, como dije antes, comunicarme con los habitantes del futuro.

2. ¿Cómo te enfrentas a una página en blanco?

La mayoría de las veces voy a la empresa con entusiasmo, en la búsqueda del siempre esquivo punto final, que en ocasiones está a una noche de distancia y en otras de plano lo he perdido de vista.

Una página en blanco es una oportunidad de demostrarme que puedo mejorar mi trabajo, pulir, ejercitar el músculo. Igual que con el ejercicio, a veces da pereza arrancar, pero una vez que las endorfinas corren, el cuerpo se deja llevar hasta donde dé esa sesión (el dolor viene después).

3. ¿Cómo te consideras como escritor? ¿Bohemio, arriesgado, metódico…?

Soy un escritor oportunista, con esto quiero decir que escribo cuando tengo oportunidad. Mi rutina de trabajo y familia no me deja espacio como para apartar un horario y escribir con la disciplina que yo quisiera. En vacaciones trato de cubrir cierto itinerario creativo, pero son pocos los días al año en que esto es posible. Eso sí, cuando estoy enfrascado en una obra en la que sé hacia dónde voy, escribo en cada minuto disponible; por ejemplo: si alcanzo un asiento en el transporte, me verán escribiendo en mi libreta. Pertenecer a talleres y participar en concursos me ayuda en la persecución de las estructuras correctas y me fustiga en la persecución de un punto final satisfactorio.

4. ¿Qué obras son influencia o inspiración para ti a la hora de escribir?

La obra de H. P. Lovecraft, la contundencia de sus ideas racionalistas expresadas por medio de la ficción especulativa y el efecto que logra ha sido inspiración en una gran parte de mi obra que está inédita. Sé que me gustaría escribir con la forma de narrar e hilvanar historias de Irvine Welsh, las estructuras y lenguaje de Juan Rulfo y Eduardo Antonio Parra… La verdad es que en el instante de enfrentar un nuevo cuento no pienso en eso, aunque sin duda las lecciones aprendidas y mis particulares filias modelan los textos.

Uno siempre quiere quedar bien con sus ídolos y sus maestros. En Deus ex machina encuentro las ganas de agradarle a Lovecraft con la creación de atmósferas; el intento de hacer una prosa sencilla pero no simplona, que diga más de lo que se lee, como la de Josefina Vicens; los conceptos “mágicos” de Alan Moore; inclusive los tips de un par de maestros de narrativa se cuelan tal cual fueron expresados en su momento. El inconsciente es impredecible, pero no indomable.

5. ¿Qué puedes decir sobre Deus ex machina?

La verdad es que no me gusta hablar de mi obra más que lo indispensable. Lo que sí me gusta es que tenga lectores y que a los lectores les genere un efecto, una impresión duradera; que no salgan del texto sin una sacudida, una arcada, al menos un suspiro. Los cuentos de Deus ex machina son muy distintos entre sí. Lo único que tienen en común es que puse en ellos lo mejor de mis herramientas narrativas con las que contaba al momento de escribirlos, corregirlos y editarlos.

Algo que me gustó al momento de armar la colección, y le doy crédito a Antonio Marts, fue que seleccionamos textos que de alguna forma tienen que ver con la chamba del escritor: un reportero de lucha libre, una voz narrativa en conflicto, un guionista de historieta, un novelista frustrado. Se muestra un panorama corto pero representativo de diferentes facetas del oficio de las letras.


Deus ex machina, #HistoriasSinSpoilers

Para más info del libro, clic en la imagen.


6. Los personajes, ¿se crean o los creas?

Soy cuentista. Por lo general los personajes llegan con su currículum listo para ponerse a trabajar de inmediato. Siempre hay que cincelarlos para darles volumen, pero no me detengo a pensar en su creación; quiero verlos actuar y que hagan lo posible para resolver sus conflictos. Con los personajes de cuento dejo que salgan del inconsciente, y solo hasta que he terminado el relato los redondeo y pulo. No dan tanta lata.

Cuando he intentado textos de mayor aliento sí he tenido que trabajar más en la creación formal de personajes, utilizando plantillas y otras herramientas creativas.

7. ¿Hay algo en los personajes que hable de ti?

Todos los personajes hablan de mí. Algunos bien, otros mal. Con esto no quiero decir que entienda por completo lo que dicen o que acepte sin trabas lo que el lector pueda deducir. Quien me conozca, encontrará en Deus ex machina mis deseos y temores jugando a las escondidillas entre las líneas.

8. Además de cuentos, ¿has escrito algún otro tipo de literatura?

Cuando estudié en SOGEM escribí de todo, aunque de ello lo más rescatable son algunas reseñas y guiones. Lo que me apasiona es la narrativa y hacia allá van mis esfuerzos serios. He escrito una noveleta que está en revisión editorial; otra más la llevo por la mitad según mis cálculos. También espero ver publicado este mismo año un volumen de minificciones.

9. ¿Hay algo, aparte de escribir, que te apasione?

Leer, por supuesto (narrativa y narrativa gráfica, además de teoría de la creación). Cuidar a mis hijos (bueno, jugar con ellos; lo de la disciplina y la responsabilidad no se me da con mucha pasión, pero el juego sí). A pesar de que tuve que dejarlas por una lesión, me siguen apasionando las artes marciales; es algo que deseo retomar en un corto plazo. Aunque no juego con frecuencia, cuando lo hago lo vivo con intensidad, me gusta convivir así; antes jugaba soccer, juegos de cartas coleccionables, juegos de mesa, juegos de rol, videojuegos.

10. ¿Algún acompañamiento musical para la lectura de Deus ex machina?

Sugerencias cuento por cuento:

—”Pregúntale al mar”: el sonido de la playa de fondo, pescado frito, una Yoli bien fría.

—”Deus ex machina”: Lust for life, canción de Iggy Pop.

—”El secreto de la magia”: sugiero leer previamente algunos episodios de la saga de Swamp thing de Moore y Bisette para entonarse con la atmósfera; luego ir a degustar el cuento en un bar concurrido, de preferencia en el área de fumar.

—”Sin argumento ni truculencias”: leerlo de madrugada en la un sillón individual; si es posible, en un ambiente urbano donde pasen autos esporádicamente, con una cobija a la espalda y una taza de café de aroma fuerte.

 

La escritura es el medio en el que puedo crear


Conversación con Dolores Garnica,
autora de Un gris casi verde


 MIENTRAS LEES, ESCUCHA EL SOUNDTRACK DE  UN GRIS CASI VERDE

 


1.  ¿Para qué escribir?

Dice mi mamá que comencé a tartamudear a los tres años, y entonces ella me enseñó a leer y todo cobró sentido: es la lengua escrita el medio en el que he podido comunicarme con lo demás en absoluta libertad, sin miedo, vergüenza, trabas o límites. A este principio se agregan 41 años, durante los cuales he comprendido que además de la facultad de comunicación, la escritura es también el medio, para mí natural, en el que puedo crear. Después de aceptar estas dos razones mantengo una certeza vital: ya no tengo nada que perder.

2. ¿Cómo vives la escritura? ¿Te ha servido de algo?

Es la literatura la que vivo a diario. Resido en “el mal de Montano”: entre la ficción y la realidad (y cada vez más en la ficción), así que comprenderás que me ha servido, más que de mucho, de todo.

3. Un verde casi gris, ¿cómo nace la idea?

Hace varios años comencé a escribir sobre mí en mi departamento, y la escritura comenzó a extenderse a mi edificio, calle, camellón, manzana, colonia y ciudad, y entonces fue la “ciudad” el concepto que me interesó durante varios años. A estos escritos se unió una solicitud para una beca al PECDA en 2015 que planteé pensando que durante ese año y por razones personales viajaría acompañada a vivir a Belleville, París, durante algunas semanas, y que sería interesante repetir el ejercicio en ese departamento, edificio, calle, camellón, manzana…

4. ¿Qué ventajas encuentras en el ensayo que quizá no encontraste en la narrativa?

En realidad ninguna, eso es lo que diría en público, pero la respuesta varía si pienso solo en mis gustos: me gusta la narrativa cuya directriz es la historia y no su contexto; me aburre la narrativa que entierra una buena historia en explicaciones, meditaciones, datos, reflexiones, opiniones y filosofías (aunque también tengo excepciones), la que desvaría como si una historia no fuera suficiente; y como cuando era joven escribí dos cuentos de este tipo, aburridísimos, entendí que no sería una narradora digna (o como me gustaría serlo), y que el ensayo es el soporte en el que debo, por ahora, experimentar. Me gusta pensar en esta elección desde un principio todavía más básico: me maravilla el cómo los artistas visuales crean a partir de imágenes o cómo los artistas sonoros escuchan todo, así que supongo que yo “pienso” en forma de ensayo. Sé que he explicado mucho, pero debo agregar algo: la decisión por el ensayo resultó definitiva durante mi tiempo en el taller de Israel Carranza, de quien siempre seré una servil fanática…

5. ¿En verdad son tan parecidos los habitantes de París y Guadalajara?

No pensé en comparaciones cuando escribí los ensayos, creo que de hacerlo seguiría aún hoy debatiendo entre lo individual y colectivo, y en los problemas que atrae cualquier intento de generalización (mucho más si es a partir de divisiones políticas), pero resultó que hay algo en el libro que se lee de esta forma, asunto que me sorprende y por eso me agrada. Diría que vi a Guadalajara y a París como dos ciudades diferentes, pero que lo me interesaba no era eso sino la manera en que “habito”, en que “habitamos”, en las dos ciudades, así que la Dolores que vive en Guadalajara y la que vivió en París (con Lalo) sí resultan increíblemente parecidas, pero diferentes, pero iguales, pero distintas, pero…


Un gris casi verde, #HistoriasSinSpoilers

Para más info del libro, clic en la imagen.


6. ¿De qué lado prefieres estar, del creador escritor o del gestor cultural, y por qué?

El año pasado, cuando coordiné la Feria Municipal del Libro 49, la pasé bien, pero al final la sufrí terriblemente (ahora creo que más por mí que por influencia de otros), así que pensé en dejar para siempre la gestión y dedicarme a escribir y a trabajar en proyectos que me gustaran mucho, pero de otros, como Plataforma MURA en la del Fresno o Escultórica Monumental en Zapopan, donde mi papel se limitaba a apoyar las ideas de gestores que admiro, como Olga Gutiérrez o Humberto Baca, pero, resulta que desde hace diez días, soy coeditora de una revista y comienzo a creer que es en lo editorial donde puedo mezclar los dos lados, así que estoy redescubriendo, justo ahora a mis 41 años, otro lado que no conocía y que estoy disfrutando muchísimo.

7. También tienes experiencia en el periodismo; desde tu punto de vista, qué ha pasado con la prensa cultural, ¿existe?

Que los periódicos como los conocemos hasta ahora estén en extinción no significa que el periodismo también. El periodismo está por encima de cualquier soporte. Leo a maravillosos jóvenes periodistas en Facebook, Twitter, blogs, revistas digitales y en otros medios que ellos mismos crean y hacen funcionar mediante su talento, y secretamente les envidio mucho el tiempo en el que les tocó trabajar porque les significa más libertad, extensión, esfuerzo y creatividad que lo que me tocó a mí.

8. ¿Cómo ves el panorama literario en México?

Viví algunos años con alguien que pensaba constantemente en esto, que se fijaba en el protagonismo de muchos que saben de relaciones públicas y carecen de talento, frente a talentosos en las sombras, sufriendo porque no los elegían, no salían en las listas, no los invitaban o no ganaban… creyendo que había una “primera división”, haciendo amigos para salir en la foto, recorriendo medio país para hacerse conocer, presumir de conocer al hermano, cuñado o exnovia de…  Así que aprendí que ver “panoramas” termina por amargarte y he decidido ignorar mercados, programas de ferias e incluso a los escritores, y fijarme más en la gente que admiro y en los libros que leo y que me gustan.

9. Recomienda tres libros

Inauguré 2018 como mi “Año universal del ensayo”, así que van mis últimos favoritos: Ensayos impertinentes de Jean Franco, un fino recorrido por el feminismo en América Latina (que resultó para mí tan importante como La Era de la discrepancia, y es que me redescubrió una tradición latinoamericana del feminismo que no había visto). Crónicas y ensayos de Marius de Zayas, un hallazgo genial, me he divertido y he aprendido mucho sobre la tradición de la crónica nacional de principios del siglo XX. El juego del arte de Hugo Hiriart, sobre el cómo la erudición es también sencillez. George Steiner en The New Yorker para repasar a un gran maestro, y ahora lo leo muy despacito para que no se me termine. Había mucha neblina o humo o no sé qué de Cristina Rivera Garza, así se tendría que rendir tributo a nuestros escritores favoritos.

10. ¿Café o vino para acompañar la lectura?

Vino, chocolate amargo y un gato en el regazo.

11. ¿Cuál sería el soundtrack para Un verde casi gris?

Me resulta esencial escribir con música y, aunque casi nunca escucho atentamente, hay ocasiones en que algo me impacta, tanto por su ritmo que termina permeando el ritmo de mi escritura. He aquí algunos discos (que recuerdo) que dictaron el libro: SINO de Café Tacuva; Ensemble Works, Silvestre Revueltas, con una fenomenal curaduría y dirección de Roland Kluttig; As Time Goes By de Bryan Ferry; Le déserteur de Boris Vian; The Essential Collection, una lata con tres discos de Edith Piaf que me regaló Lalo y Gold de Georges Brassens, a quien no menciono pero está en todo el libro, igual que Cole Porter, ¡ay! cómo quisiera escribir como él.


Fotografía: Cuitláhuac Correa

En viaje a través del tiempo y portales dimensionales Rodolfo JM nos cuenta en un minuto cómo pasó de escribir poemas a las historias que construye hoy en día. Y sí, también nos dice “por qué escribe”.

Suelo escribir aceptando el caos como método


Conversación con Daniel Centenoautor de Puerta Cerrada


Mientras lees, escucha el soundtrack de  Puerta cerrada

 

1. ¿Cuánto tiempo llevas escribiendo?

Desde que aprendí a sujetar el lápiz, hago garabatos que intentan decir cosas. Antes de escribir, dibujaba. Todavía dibujo cuando siento que no sé cómo expresar algo con palabras.

Comencé a escribir historias en la adolescencia, primero como vagas reflexiones en torno a mis dolores juveniles y en la universidad como una saga fantástica que muy probablemente nunca verá a la luz. Escribía los capítulos por entregas, que una amiga leía con el entusiasmo de quien está ayudando a construir un mundo. Y eso hacíamos. Escribir no solo era crear un mundo, era hacerlo visible en sus ojos.

Formalmente —cuando al fin decidí entregarme a la escritura—, mis primeros cuentos son de finales de 2014, cuando retomé una amistad con una de mis mejores amigas, también escritora.

2. ¿Qué es para ti la escritura? ¿Te ha servido de algo?

La escritura me impide olvidar. Es la forma más sincera que tengo de comunicar mis ideas en un contexto en el que uno siempre está expuesto a las miradas de desaprobación y los silencios incómodos. Hasta donde sé —uno nunca sabe del todo qué tanto es afectado por su propia escritura—, escribir me ha servido para acabar de encontrarle sentido a las ideas inconexas en mi mente y a esos sentimientos que solo al escribir puedo nombrar. Escribir es hablar conmigo mismo y también mi intento por entender a los otros. También, mi intento para darme a entender.

“Uno escribe lo que los otros no estarían dispuestos a escuchar de otro modo”. Cuando hablo, siento que hay un abismo insalvable entre el otro y yo. Cuando escribo, el abismo tiene sentido, existe por una razón; se hace visible en las palabras, la estructura, los personajes; es deber de mi escritura hablar de él, rodearlo hasta hacer visible su hondura, apagar la luz o encenderla cuando se vuelva necesario olvidar o recordar que está ahí. Escribir es intentar que los ojos de otro y los de uno armonicen.

3. ¿De dónde nace la idea de Puerta cerrada?

Puerta cerrada es una de tantas formas en que me hice la pregunta: ¿Es posible salvar el abismo que existe entre dos seres?

Poco antes de escribirla, murió el padre de una amiga a quien amo. La forma en que murió me hizo confrontarme con la idea de mi propia muerte, mi vida y con la idea del amor. Mi amiga lo amaba más de lo que nunca había visto amar a otra persona. El amor y la muerte van siempre juntos de la mano, pensé. El amor y el silencio. El amor y la ruptura. Cioran escribió: “Los únicos acontecimientos importantes de una vida son rupturas. Ellas son también lo último que se borra de nuestra memoria”.

Yo había perdido a personas queridas también ese año, lo cual vino a rematar el conjunto. Necesitaba escribir algo para replantearme el acto de perder a alguien. Necesitaba recordar cómo era darse cuenta de que no se está solo en el mundo cuando los ojos de los otros permanecen en la memoria, siempre expuesta al olvido.

¿Qué estamos dispuestos a hacer con tal de mantener vivo al otro que parece que ya no es más que un recuerdo?

4. ¿Cómo le vas dando forma a la obra? ¿Sueles ser metódico o escribes sobre la marcha?

Actualmente trabajo en un proyecto de cuentos con apoyo del FONCA. Es la primera vez que hago un proyecto de forma sistematizada —con calendario y todo—, orbitando conscientemente los mismos temas, intentando dar respuesta a una pregunta. Dice una amiga que no puede creer que esté haciendo al fin un proyecto, cuando yo suelo escribir aceptando el caos como método. Al final, resulta que ni siquiera ese proyecto se está salvando de mi forma habitual de trabajo: escribo por compulsión; cuando leo, cuando me surgen ideas, cuando ocurren acontecimientos importantes en mi vida o cuando siento que al fin me he dado —o estoy por darme— cuenta de algo. Puerta cerrada no fue la excepción.

Afortunadamente, soy uno de esos escritores que no paran de editar sus textos. Si al escribir se me escapó algo, la edición siempre me ha ayudado a regresarlo al camino.

Como diría una amiga: “Tú eres de los que creas ejércitos aunque no sepas qué hacer con ellos; si uno de tus soldados se queda atrás, vuelves y lo fortaleces”. Mi amiga me conoce muy bien.

5. ¿Hubo alguna obra artística que fuera influencia para crear la tuya?

“Una cosa más” es mi cuento favorito de Raymond Carver. La versión de “Principiantes”, es decir, la que no fue editada por Gordon Lish, termina con la cita que sirve de epígrafe a Puerta cerrada: “Sus ojos eran terribles y profundos, y él mantuvo todo el tiempo que le fue posible”. La idea de mirar al otro, incluso en el dolor, con tal de seguir mirando, de no dejar ir, de recordar, me hizo añicos como lector, y me hizo encontrarle sentido a lo que estaba por contar.

Puerta cerrada son esos ojos de los que hablaba Carver, esos que se niegan a dejar que el otro desaparezca.


Puerta Cerrada, #HistoriasSinSpoilers

Para más info del libro, clic en la imagen.


6. ¿Qué podrán encontrar los lectores en Puerta cerrada?

Una novela corta, introspectiva, con toques de humor, drama y, por sobre todo, el anhelo de vivir al margen de la muerte inminente y el olvido.

7. ¿Qué géneros literarios frecuentas? ¿Cuáles obras recomendarías?

Leo un poco de todo: fantástico, ciencia ficción, extraño, realismo sucio, realismo a secas, surrealismo; qué sé yo, de todo. Me la paso saltando de un cuento a otro, de un libro al que sigue; muchas veces terminándolos hasta mucho después o no terminándolos nunca. Tal es el caso, por ejemplo, de Dublineses, de Joyce, que he empezado y vuelto a empezar desde que tengo 11 años y a la fecha no logro terminarlo. Me gusta esa sensación de que aún tiene algo por decirme.

Más que géneros, frecuento autores. Les agarro el ritmo, a veces hasta logro entender lo que querían decir (o eso creo, claro, como uno cree entender a un amigo aunque cada cabeza sea un mundo). Raymond Carver, Alice Munro, Ray Bradbury, Truman Capote, Ken Liu, Katherine Mansfield, Inés Arredondo, Chéjov, Yukio Mishima, etcétera; acudo a ellos como se acude con un amigo.

Principiantes y Catedral de Raymond Carver, Crónicas marcianas de Ray Bradbury, A sangre fría de Truman Capote y La señal de Inés Arredondo, son mis obras favoritas.

8. ¿Qué piensas sobre la literatura actual? ¿Hay algún (os) escritores contemporáneos que recomiendes?

Los últimos meses he leído ciencia ficción, así que podría recomendar a Ted Chiang y a Ken Liu. Los dos han hecho cuentos que me parecen excepcionales. Del primero, “La historia de tu vida” y “El infierno es la ausencia de Dios”; del segundo, “Los algoritmos del amor”, “El literomante”, “Cambio de estado” y “El zoo de papel”. Ambos escritores, me parece, logran el equilibrio casi perfecto entre contar una historia interesante, llenas de ideas y emoción que uno siente sincera y honesta desde las primeras líneas.

Enrique Serna (“La incondicional”), Eduardo Antonio Parra (“Cuerpo presente”) y Carlos Velázquez (“El alien agropecuario”) son los que se me vienen a la mente si pienso en escritores mexicanos que hoy en día siguen publicando y de quienes disfruto mucho su lectura.

9.-¿Algo que desees agregar sobre ti o tu obra?

Agradezco a todos los que han leído Puerta cerrada y también a los que la leerán.

Si Puerta cerrada tiene un propósito, espero que sea el iluminar el abismo, no ceder ante él. No le puedo pedir otra cosa. A nadie podría pedirle nada más.

Elena Guerrero (Amable Desconocida) responde el cuestionario Proust

1.- ¿Cuál es el defecto propio que más deplora?

La incongruencia.

2.- ¿Cuál es el defecto que deploras más en los otros?

La incongruencia.

3.- ¿Cuál es tu estado mental más común?

Angustia.

4.- ¿Cómo te gustaría morir?

Durmiendo.

5.- Si después de muerto debes volver a la Tierra, ¿convertido en qué persona o cosa regresarías?

En caballo o un perro pastor alemán.

6.- Y si pudieras elegir un personaje de ficción, ¿cuál escogerías?

Sailor Moon.

7.- ¿Cuál es tu mayor extravagancia?

Viajo en Uber a todas partes.

8.- ¿En qué ocasiones mientes?

Cuando siento amenazada mi vulnerabilidad.

9.- ¿Qué persona te inspira más desprecio?

La que no está dispuesta a cuestionar sus creencias.

10.- ¿A qué persona viva admiras?

César Millán.

11.- ¿Qué palabras o frases usas más?

No sé que frase uso más.

12.- ¿Cuál es tu idea de felicidad perfecta?

Comer todos los pasteles que quiera sin engordar.

13.- ¿Cuál es tu mayor miedo?

Fracasar.

14.- ¿Cuál es tu mayor remordimiento?

Haber mentido para salirme con la mía.

15.- ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente?

Ser bueno.

16.- ¿Qué te disgusta más de su apariencia?

Mis muslos.

17.- ¿Cuáles son tus nombres favoritos?

Joaquín y Sofía.

18.- ¿Qué talento desearías tener?

Cantar y bailar.

19.- ¿Qué te desagrada más?

Las pretensiones.

20.- ¿Cuándo y dónde has sido más feliz?

No recuerdo, vivo en una constante angustia por el futuro que siempre olvido esos momentos. Ahora me acordé de uno: mi pastel rosa de cuatro años. Era de Hello Kitty.

21.- Si pudiera, ¿qué cambiaría de tu familia?

El ser tan malhumorados. Lo he tratado, pero aún no he tenido éxito.

22.- ¿Cuál es tu mayor logro?

Poder hablar en público.

23.- ¿Cuál es tu posesión más atesorada?

Creo que no tengo ninguna.

24.- ¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?

El no dar nada por sentir que no se tiene nada que dar.

25.- ¿Dónde desearías vivir?

Antes anhelaba vivir en una ciudad más cosmopolita, pero ya no; creo que estoy en el lugar correcto.

26.- ¿Cuál es tu pasatiempo favorito?

Caminar y escuchar Spotify.

27.- ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en una mujer?

Que sepa escuchar.

28.- ¿Cuál es la cualidad que aprecias más en un hombre?

La determinación.

29.- ¿Cuál es tu héroe de ficción favorito?

Jason Bourne.

30.- ¿Cuáles son tus héroes de la vida real?

Jordan Peterson.

Lo que no queda dicho, a veces dice mucho más


Conversación con Luis G. Abbadieautor de El último relato de Ambrose Bierce


1. ¿Desde hace cuánto escribes?

Hice mis primeros intentos a los 14, 16 años, y acabé por agarrarle gusto. Ya pasando los 20 me decidí a buscar algún taller literario sin mucho éxito; por fortuna me invitaron al que Flaviano Castañeda Valencia organizaba en el edificio de la Universidad de Guadalajara, el único donde nadie imponía o prejuzgaba los intereses de lectura y escritura de género (y donde no era anatema leer a autores anglosajones); allí nos encontramos como en casa muchos que no nos ajustábamos a los estándares que en esos días parecía que eran de rigor para entrar al mundillo literario.

2. ¿Cómo o para qué te ha servido escribir?

No creo que nadie piense que sea útil escribir, aunque sí tiene resultados y consecuencias. La satisfacción que produce dejar salir lo que concebimos no cambia el hecho de que cualquier escritor, lo admita o no, sería probablemente más feliz libre de la compulsión creativa; pero lo mismo podríamos decir de cualquier impulso humano. Es parte de uno, y no es cuestión de si existe, sino de qué hacer con él. Hacia dentro, escribir es un medio para definir, comprender, esclarecer; algunos piensan en voz alta, yo a veces lo hago escribiendo. Pero las ideas no llegan más allá, son vacuas, si no se ponen en práctica.

La escritura está muy subestimada, y eso es un vicio de nuestra cultura. Por un par de siglos (no es digresión, es contexto) se ha impuesto el materialismo; entre los místicos, el énfasis desesperado en el mentalismo como una ley hermética universal: esa necesidad de mantener las riendas intelectuales sobre emociones e instintos y creer que tenemos el control. El modelo ancestral del mundo nos plantea en cambio que el corazón es la balanza que filtra la razón y el instinto, templados por las emociones; esto no es poner las riendas, sino izar velas y navegar el torrente. En la escritura creativa, eso es lo que se puede hacer; y ese torrente puede remover las cosas, aun sin tener mucho alcance aparente, lo que escribimos puede tener efecto palpable sobre el mundo que nos rodea de maneras que la sobrevalorada razón no concibe ni cree posible. Si hay utilidad, está allí.

3. ¿Novela o cuento?

Lo que resulte, en cada caso, si bien me encuentro más cómodo con la novela. A veces, al leer, siento que algún cuento es un mundo en sí mismo, que los personajes y su entorno nacieron para esa historia y nada más. Para mí, el mejor cuento es el que me convence de que sus personajes viven, de que es un atisbo de una realidad, no de una escenografía; que me da la sensación de que hay más cosas ocurriendo fuera de escena, que cuando llegamos al cuento, ya había cosas sucediendo, y los sucesos proseguirán una vez concluida la narración. No estoy hablando de un “universo de saga” ni nada semejante, ya que tales mundos prefabricados suelen resultar todavía más falsos (pocas cosas prometen una lectura vacua mejor que un libro que inicia con un mapa); no quiero explorar un “mundo detallado”, quiero leer, o escribir, una historia sólida, que sin importar que sea cotidiana y urbana, o bien situada en un mundo remoto, se sienta real. Por ello, la novela me satisface más; y en los cuentos, hago uso frecuente de referencias internas entre las historias.

4. ¿Pero es El último relato de Ambrose Bierce una novela o una serie de cuentos?

Hay quien piensa que es lo primero; a mí me parece que son más bien cuentos que son a la vez partes de una historia más grande. Hay en los Apéndices algunos textos que no son cuentos, que no acaban de tomar forma; sin embargo, son integrales para el libro. Ese carácter integral de las secciones dispares puede ser lo que ha llevado a algunos a llamarla una novela. ¿Importa? Creo que lo que cuenta es la historia, no definirla ni catalogarla.

4. ¿Cómo nace la idea de El último relato de Ambrose Bierce?

No hay respuesta sencilla, pues el libro nació como un plaquette que contenía solo dos textos, y luego creció.

Las obras del propio Bierce reflejan su interés en las desapariciones misteriosas, en la entonces incipiente parapsicología, en el humor trágico que se manifiesta en los momentos más inesperados. Se ha escrito mucho sobre los últimos días de Ambrose Bierce, pero se suele ignorar lo obvio: el paralelismo entre los temas presentes en su obra y las circunstancias en que desapareció en el norte de México en 1913-1914. Su propia obra –incluso su ficción– prefigura su destino, y su pluma nos sugiere qué fue de él, aun cuando el momento final permanece, como él mismo lo habría querido dejar, en la oscuridad.

Si la obra de Bierce parece haber absorbido su vida misma, lo mismo ha ocurrido con El último relato de Ambrose Bierce. Carlos Bustos quiso incluirlo entre los títulos iniciales de Ediciones del Plenilunio, y cuando —en una reseña de la segunda edición por Plenilunio— un periodista me acusó en las páginas de El Informador de ser un mal traductor, dicho artículo puso a algunos lectores en la pista de esa segunda edición agotada de antemano que jamás llegó a estar en librerías. Allí nació el resto del libro, esa historia que creció en torno al plaquette original.

5. ¿Qué encontrará el lector en esta obra?

Primero que nada, ese manuscrito póstumo que narra, quizá, lo que pudo motivar a Ambrose Bierce a venir a México a su edad avanzada y lo que pudo ser de él en sus últimos días.

También, el vuelo de extrañas aves blancas en el Panteón de Belén, los sueños y visiones de una joven que es atraída una y otra vez por lo que el viejo cementerio alberga, las circunstancias en torno a una segunda edición de un plaquette de Plenilunio que nunca se distribuyó. Una vieja leyenda narrada por un árabe loco acerca de una ciudad de mil columnas, una obra de teatro del decadentismo francés que inspira obsesión y locura, las danzas del pueblo pálido bajo estrellas negras, son elementos que se entrelazan con estos sucesos.

#HistoriasSinSpoilers, El último relato de Ambrose Bierce

 

6. ¿Cuál es tu proceso para crear un mundo en el que interactúan la realidad y la ficción?

Soy asiduo del juego interreferencial de los Mitos de Cthulhu, que centenares de autores han puesto en práctica desde que este “juego” comenzó con Lovecraft, Howard, Smith y otros autores de la Weird Tales: el uso de referencias a las obras de otros autores, pasados y presentes, que han contribuido a ese escenario común de los Mitos. Esto no es un “universo compartido” con elementos y continuidad establecidos; hay infinidad de versiones e interpretaciones distintas, elementos reales y ficticios que se entrelazan. En una mitología artificial y unificada, creada como escenario común, la continuidad y congruencia serían esenciales, como por ejemplo en los universos de los cómics, o bien de las sagas de novelas. No se trata de eso.

Es la mención pasajera de tal o cual suceso, personaje o lugar lo que crea la impresión de que los diversos cuentos escritos por distintos autores comparten un trasfondo, una realidad en común. Esto dista mucho de ser una apropiación, es más un guiño de reconocimiento; cuando un editor reprochó a un autor haber “copiado” nombres y conceptos de Lovecraft, el propio Lovecraft le escribió indignado, en defensa de este joven autor. Esto es a veces complicado de explicar a quienes no han leído obras del género.

Otro aspecto derivado de Lovecraft es el uso de seudobiblia; esta palabra acuñada por L. Sprague de Camp se refiere a libros inexistentes o inencontrables, jamás escritos, desaparecidos, incunables, o falsamente atribuidos (este recurso, que muchos llaman “borgesiano”, este lo aprendió de Lovecraft).

La vida misma ofrece numerosas oportunidades; todo el tiempo ocurren cosas que complementan las ficciones a la perfección, las historias se construyen fácilmente en torno a ciertos sucesos, y en ocasiones parece que nos limitamos a examinar las posibilidades, a completar las piezas faltantes de un rompecabezas. La desaparición de Ambrose Bierce; la ocasión, en 1995, en que las ventanas del mausoleo central del Panteón de Belén amanecieron rotas y los viejos perros guardianes fueron reemplazados; las circunstancias que rodearon a la segunda edición de los primeros títulos de Plenilunio; estas y otras cosas son los cimientos de este libro.

Cuando lo escribí, quizá intuía pero estaba muy lejos de conocer o comprender lo que Grant Morrison llama un hipersigil; algo que ahora es parte de cada una de mis historias. En estos momentos, busco borrar los límites concretos entre las distintas cosas que escribo: ficción, ensayo, investigación, espiritualidad. También, en consecuencia, entre la escritura y la vida; aunque encuentro que todos estos límites nunca fueron tan claros como suponía.

7. El sueño es un tema importante en la obra, ¿has tenido alguno que se haya vuelto realidad o confundido con esta?

Mi primera visita al Panteón de Belén fue en un sueño, y al visitarlo encontré fácilmente el sitio donde mi sueño —aterrador por cierto— se había desarrollado. Por cierto Valerie Loveman estaba presente en él. En otros sueños he visto el lago de Hali, el Fantasma de la Verdad… y en uno de esos, de los más aterradores, había un tren elevado que en ese entonces (hace más de una década) resultaba algo ajeno a cualquier cosa en mi experiencia inmediata, ese que ahora mismo se construye no era siquiera un proyecto. Sueños y escritura fluyen juntos.

8. Sin quitarle el misterio a la obra, ¿hay alguna otra que te haya influido o inspirado a creerla crearla?

¿“Inspirado a creerla” o a “crearla”? Esa errata, si lo es, resulta oportuna en este caso, supongo.

“El pueblo blanco” de Arthur Machen (a veces traducido como “La gente blanca”) sin duda, así como la novela Ceremonias macabras, de T. E. D. Klein, a su vez inspirada por el cuento de Machen. “El Signo Amarillo”, de Robert W. Chambers. Almas visionarias, de Emiliano González, donde este especula acerca de la identidad de Elizabeth Siddal como la anónima protagonista de “El pueblo blanco”, y su antología El libro de lo insólito, donde traza ese alucinante hilo conductor entre “El pueblo blanco”, El Rey de Amarillo, y las fantasías de Lewis Carroll. La poesía de Enrique González Martínez, que en ocasiones explora esos mismos mundos. Astartea, de Marcel Schwob, que abreva del mismo lago que los cuentos de Chambers. Y por supuesto, las obras de Ambrose Bierce, “Un habitante de Carcosa”, “Haïta el pastor”, “Desapariciones misteriosas”. Añadiría quizá “Ambrose”, de John Tynes.

9. ¿Qué cosas nuevas se podrán encontrar en esta edición?

Los escasos lectores de la primera edición de Plenilunio tienen mucho qué encontrar: El primer texto, “El último relato de Ambrose Bierce”, se encuentra mucho más completo, extenso y detallado. La segunda parte del libro, “El grito de la máscara”, prosigue donde “La sombra blanca” terminó, hablando de lo que ocurrió después con Valerie Loveman y los sucesos que causarían muchos rumores en el Panteón de Belén. Además hay una serie de textos, extractos y notas que señalan los vínculos entre personajes y obras aparentemente dispares: Arthur Machen, Elizabeth Siddal, Robert W. Chambers, Enrique González Martínez, Abdul Alhazred, Gabriel Benítez. Bierce.

Por otra parte, es la primera vez desde que el libro portaba el sello de Plenilunio que en él se reproduce una versión del Signo Amarillo. Lo que solo algunos lectores sabrán interpretar.

10. ¿Algo que te gustaría comentar respecto a tu obra?

Algunas personas me han preguntado acerca de Valerie Loveman. De ella he hablado en otros escritos, y como he dicho en otra parte, su ausencia inexplicada desde 1999 será tema de un futuro libro, sin embargo, faltan todavía un viaje y bastante documentación para ello. De El último relato de Ambrose Bierce, confieso que en él, los seguidores de la mitología de Lovecraft reconocerán elementos de la herejía derlethiana; recordaré al respecto que nada es lo que parece, y esas palabras de la propia Valerie: “todo debe ser parte de lo mismo, algo tan grande que no vemos la conexión”.

Como sucede en la vida, así lo planteo en mis libros: que cada quien valore los hechos, mis narradores no son omniscientes y portan sus propias preconcepciones. Lo que no queda dicho, a veces dice mucho más.


Fotografía del autor: Jorge Alberto Mariscal

Este libro sí es una pipa


Conversación con Joaquín Peón Íñiguez, autor de Ciudad Pantano


1.¿Desde hace cuánto escribes?

A los catorce años fui parte de una banda de rock. Sólo sabíamos tocar un cover de Nirvana, que yo interpretaba a destiempo, pero eso no me detuvo de escribir letras para un centenar de canciones. Pronto caí en cuenta de que mi futuro en el rock era tan alentador como mi futuro en la invención de la rueda, y di el salto a la literatura. Desde los quince hasta la fecha, escribo varias horas al día.

2.¿De dónde nace el deseo de hacer una obra paródica?

¿Cómo ser crítico? Esa pregunta orienta mi escritura desde la prepa y pienso problematizarla hasta el último de mis días. Esta búsqueda, que me condujo a escribir y publicar sendas pendejadas, implica una responsabilidad indeseable, pues no existe crítica sin juicio. ¿Y quién soy yo para andar juzgando? Sucede, además, que desde niño, cuando quería ser caricaturista, tengo una fascinación por el humor. Caí en cuenta de que el humor es una puesta en práctica del pensamiento crítico, y me puse a jugar al libro de parodias.

3.¿Qué obras consideras que te han influido para escribir este estilo de literatura?

Leer a Cabrera Infante fue determinante. No estoy seguro de cómo suceda la escritura,  el éxtasis de las influencias, pero admiro a Gombrowicz, Del Paso, Kennedy Toole, entre otros. Siempre regresaré a Kafka, Calvino, Perec, Dostoyevski. A Tavares me hubiera gustado leerlo antes de empezar el libro, pero no lo hice sino hasta meses después de terminarlo. Los autores mexicanos del siglo XXI que más me marcaron: Sun Ra, el Wu Tang Clan y Celia Cruz. Y, bueno, se trata de parodias, cada texto atiende al autor que está parodiando.

4.¿Cómo viene a ti la forma lúdica de escribir? ¿Es espontánea o es todo un proceso meditado y calculado?

Ambas. Sí, lo pienso mucho, cada palabra se vuelve una decisión y yo me conflictúo hasta eligiendo entre jalapeños enlatados en el súper. Inventé un proceso a la medida de las parodias. Incluía, por ejemplo, identificar el campo semántico en que se mueve cada autor parodiado. Sin embargo, también es un relajo y como tal, es espontáneo.

Joaquín Peón Íñiguez

5.¿Cómo logras que las realidades presentadas en los cuentos funcionen como parodias?

El desafío es que en México la realidad supera a las parodias. El hecho de que Javier Duarte y sus cómplices inyectaran agua, en vez de medicina, a niños enfermos de cáncer, es un hecho digno de Ciudad Pantano, y sin embargo es cotidiano, lo asumimos como normal. Ibargüengoitia, entre otros, demostró que una representación caricaturesca puede ser más cercana a la realidad que una representación realista.

Para que funcionen como parodias, debe haber una distorsión discursiva y estética entre el hipotexto y el hipertexto. Deben, además, como intuye Linda Hutcheon, desnaturalizar los valores y poner en jaque a las políticas de representación.

6.¿Hay personajes, escenarios o elementos que te cuesten trabajo parodiarlos?

Sí. Digamos que parodiar a Sábato y a Fernando Vallejo fue fácil en comparación con parodiar a Borges y a Rulfo. No creo que todos los textos alcancen su consecución como parodias de otros textos, aunque quizás sí lo hagan como alguna especie de hipertexto, como híbrido desmadroso o como parodia de otros elementos constitutivos de nuestra realidad.

7.En los cuentos hay personajes de todo tipo, pero el carácter crítico y sarcástico suele predominar en ellos. ¿Crees que hay algo de ti que se reflejo en esto?

Seguro. Estoy disperso en todo el libro. Escribir parodias también se presta a reírse de uno mismo, pues los horrores del mundo se reflejan en el individuo, y viceversa. Además, todos somos ridículos hasta que se demuestre lo contrario.

8.¿Cómo crees que vivirías tú si habitaras en Ciudad Pantano?

Si yo viviera en Ciudad Pantano, sería la misma caricatura que soy, pero con algunos de mis rasgos patéticos más pronunciados.

9.En la obra, todos los cuentos se desarrollan en Ciudad Pantano, ¿crees que podría llegar a ser una novela?

Este libro sí es una pipa.

La literatura la vivo de la manera más egoísta del mundo


Conversación con Abril Posas,
autora de El triunfo de la memoria


1. ¿Qué es para Abril Posas la escritura? ¿Para qué escribes?
Cuando escribo me siento como un ingeniero, un arquitecto: estoy creando un mundo en el que las calles tienen la dirección que yo planeo, el sol se pone como lo imagino y vive la gente que yo quiero. No me siento como un dios, porque no lo veo como un teatro para mis marionetas; me gusta pensar que levanto una construcción para que alguien más lo habite o encuentre puertas para abrir otras posibilidades.

2. ¿Desde hace cuánto te dedicas a la escritura?
Desde hace mucho tiempo me dije que me dedicaría a escribir. La primera vez que lo dije en voz alta tenía una percepción muy romántica del oficio, y ahora hasta pena me da admitir lo que creía que sería mi vida en este momento. Pero sí diré que por eso estudié letras (error). La primera vez que lo sentí como algo real fue cuando firmé un contrato para una beca, pero pasaron años y en 2011 un amigo muy querido me dijo “¿Cuándo te vas a tomar esto en serio?” Ha sido un recorrido desde que estaba en la secundaria, pero que poco a poco se ha hecho más fuerte.

3. ¿Cuál es la “historia secreta”, si es que hay una, detrás de El triunfo de la memoria?
No hay ningún secreto, realmente. Hay extractos de mi vida, porque soy tramposa y es más sencillo tomar ciertos aspectos de mi propia memoria que, pienso, ayudan a una historia que tal vez no tiene mucho qué ver conmigo. Eso sí: no me aguanté y les hice homenaje a los personajes que más cerca tengo de mi tripa: mi madre, mi padre, The Smiths y aquel bar en donde me sentí en casa hasta en los días más tristes de mi segunda adolescencia. Todo lo demás es anécdota al servicio de una trama que me interesa más que el recuerdo mismo.

El triunfo de la memoria, #HistoriasSinSpoilers

4. En los cuentos de este libro encontramos cierta nostalgia dolorosa acompañada con dosis de cinismo, personajes con rabia contenida (a veces no tan contenida), pero que generan empatía, incluso ternura. ¿De alguna manera esto refleja tu visión del mundo?
He tenido que vivir con dos aspectos de mí misma, que me cuesta admitir que existen al mismo tiempo. Por un lado, no soporto a los que dicen que “si los lunes no te gustan, lo que está mal es tu vida” o “el éxito es de quienes se atreven a fracasar”. ¡Ugh! Pero al mismo tiempo, no le creo a los que dicen que extrañan ser infelices. Supongo que hay más de mí en este libro de lo que pensaba, porque claro que este mundo es más valle de lágrimas que escenario de TED Talk para levantarle el espíritu a alguien que, quizá, merece y quiere sufrir. Y también es el mundo en el que hay gatos: para mí es suficiente para intentar salvarlo.

5. ¿Eres de los autores que tienen planeada la estructura del libro de principio a fin, o de los que dejan que los personajes “vivan” y “decidan” cómo terminar su historia?
Alguna vez quise jugarle al vergas (¿a la vergas?), así que me senté, abrí un nuevo documento de procesador de textos en blanco y empecé a escribir sólo con el inicio de un argumento, quesque pa’ ver a dónde me llevaba. Fracasé miserablemente. Ahora pienso, tomo notas y, hasta que no sepa cómo va a terminar, no escribo el texto. Es cierto que una vez que encuentro el ritmo la historia da sus propios saltitos, me envía guiños que le permito conservar, pero al final sé dónde van a terminar todos, aunque intenten —y logren— dar giros espontáneos. No sé si madurar es dejar que la historia dicte su propio camino; quizá algún día aprenda a hacerlo de ese modo.

6. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para el momento de enfrentarte a la página en blanco?
Escribo mejor cuando estoy sola o logro aislarme de todo lo que está pasando. Debe haber audífonos (aunque no haya música), cigarrillos y, durante un tiempo, pensaba que una cerveza era importante. En realidad sólo necesito el aislamiento y el tabaco y, de ser posible, un gato que me vigile porque me da por perderme en páginas de Internet que ya no tienen qué ver con lo que estoy haciendo.


Escucha el soundtrack de El triunfo de la memoria


7. ¿Qué obras (literarias, musicales, cinematográficas) te han dejado huella? ¿Qué artistas consideras cómplices?

Yo soy de los idiotas que malinterpretaron las canciones de The Smiths y nos formamos sentimentalmente con ese hermoso error. Por eso me gustan tanto The National, PJ Harvey, Nick Cave, Tori Amos, The Cure y Radiohead son de los que no se me apartan jamás, y la Shirley Manson de 1995 la tengo quemada en el cerebro.

P.T. Anderson y Sophia Coppola (a pesar de ser tan, pero tan blanca), Charlie Kauffman, Seinfeld, los hermanos Nolan, Tarantino, Los Simpson (¿es triste que no hable de sus escritores ni directores, sino sólo de los personajes? No): he querido ser como ellos en distintas ocasiones y siempre me dan (bonito) en la madre. Mi nuevo héroe es Dennis Villeneuve. Luego están Cortázar, Fitzgerald, McCullers, Cheever, Hornby, Melville, Zweig, Stamm, Garro, y sé que olvido muchos otros, pero ellos siempre me saltan en la cabeza.

8. ¿A ti te ha salvado la literatura? ¿Te ha servido para algo?

La literatura es algo que vivo de la manera más egoísta del mundo. He dejado de comprar cosas para otros por tener un libro nuevo. He dicho más de una vez no a alguien para leer un libro. No he ido a reuniones para escribir un cuento. Ha sido muy fácil mentir con que estoy ocupada con tal de evitar la interacción humana y disfrutar unas páginas. Pero también me ha regalado conversaciones con amigos, coqueteos con gente que ya no topé de nuevo —y todo por no preguntar un nombre—; hizo puentes con personas que veo una vez al año con el mismo cariño con el que abrazo a los que viven conmigo. Me ha dado de comer y, con toda la sorpresa del mundo, le enciende los ojos al barbado-cuatro-ojos que más me gusta. ¿Pero que me haya servido para algo? Buena pregunta.

9. ¿Qué más hay en tu vida, además de la escritura, que te apasione?

Dibujar y dormir. Las series de televisión. Los gatos. Y dormir de nuevo. Pero antes de todo eso, me gusta escribir. Es la verdad.

 

Fotografía de la autora: Ana Lorena Méndez

 

Mi relación con la locura

Conversación con Alejandro Paniagua, autor de Los demonios de la sangre.


1. ¿Qué es para ti la escritura? ¿Para qué escribes?
La escritura para mí es siempre el instante previo a la iluminación o al ensombrecimiento. La escritura me transfigura y me vuelve inmundo. Es una bendición que me maldice bellamente.

Yo escribo para contener los impulsos violentos, para distraerme de algunos síntomas de la enfermedad, para apaciguar a las bestias, a los esperpentos y a los chamucos de mi cabeza, de mis manos, de mis tanates, de mi ánima. Escribo para no descarapelarme los nudillos, para obligarme a estar en calma, para mantener un alto nivel de misticismo y de demencia, para atenuar la obsesión, la compulsión. Parece contrastante, pero escribo porque me hace muy feliz.

Cuando era niño, una maestra me preguntó por qué me la pasaba escribiendo sobre el pupitre todo el día. Le di la respuesta más sincera que he dado al respecto: Maestra, escribo para dejar de temblar.

2. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para el momento de enfrentarte a la página en blanco?
Mi método infalible para no dejar de escribir nunca es simple: si no se me ocurre nada, escribo lo que soñé, un recuerdo real de mi vida, algún suceso que me haya hecho emputar o carcajearme, algo que me haya hecho estremecer o llenarme de ternura; escribo lo que me da miedo, lo que me provoca una erección. Escribo las reglas del turista, lo que se siente que una mujer a la que amas te la mame, a qué saben los hombros de mi mujer, o sus pecas, o sus sobacos. Escribo lo que sea, incluso cuál sería mi apodo si yo fuera el jefe de jefes de un cartel de drogas.

Como soy budista, la meditación también me ayuda a desbloquearme.

3. ¿Cuál es la “historia secreta”, si es que hay una, de Los demonios de la sangre?
Cuando era niño y comenzaban a manifestarse los primeros síntomas de mi epilepsia, de mis padecimientos neurológicos y de mi depresión clínica (ataques de ausencias, desesperación, sensaciones exasperantes en las manos y en la cara, desolación, pesadumbre), mis padres me llevaron con muchos médicos. Un psiquiatra, quien era una supuesta eminencia, nos dijo que yo tenía tendencias psicóticas, que un día mi enfermedad terminaría por desplegarse con todo esplendor, que un día me volvería loco, pues. Yo crecí pensando que estaba condenado, sin remedio, a convertirme en un demente. Resultó que el diagnóstico era una negligencia, yo sólo padecía diversos tipos de epilepsia en diversas zonas del cerebro. Los demonios de la sangre habla, sin miramientos, de mi relación con la locura, de mi terror a perder la razón. No quiero entrar en detalles, pero casi todo lo que aparece en el libro tiene un equivalente en la realidad. Y ello es a la vez terrible y fascinante.

4. ¿Es diferente escribir que tener una “carrera literaria”?
Si tienes suerte, todo lo que escribas aportará algo a tu carrera literaria: te hará ganar concursos, te lo publicarán en revistas o en libros, etc. Si no, simplemente escribirás y ya, sin que necesariamente la creación te permita avanzar en un sendero profesional o se dé a conocer en medios. La realidad, sin duda, es que basta con escribir. Con eso uno tiene suficiente.

5. ¿Ayudan los premios?, ¿las becas?
Ayudan un chingo. Te permiten dejar de trabajar un rato y dedicarte sólo a escribir. No sólo dan prestigio y reconocimiento, sobre todo, ayudan a crear seguridad, a no dudar tanto del propio trabajo literario. El problema es cuando uno se obsesiona con ganar certámenes y becas. Entre mi primer concurso ganado y el segundo, pasaron muchos años. Yo me atribulé como un demente durante la espera, se me fue descarapelando el alma en ese proceso. El secreto es no obsesionarse con ganar, y aprender a ser derrotado. Pero acá entre nos, yo adoro los premios literarios.


El soundtrack de Los demonios de la sangre

#HistoriasSinSpoilers

 


 6. ¿Novela o cuento?
Las dos, sin ninguna duda. Pero la mera verdad, yo siempre digo que voy a renunciar al cuento, pero a los dos o tres días se me ocurre uno y me pongo a escribir a regañadientes. El cuento y yo tenemos una relación enfermiza, codependiente, destructiva, de chingadazos y ofensas; sin embargo, resulta también muy gozosa. La novela, por otro lado, es el amor de mi vida.

7. En un país como el nuestro, ¿qué tan relevante es el papel del escritor?
No es relevante, pero ayuda a mentarle la madre de forma bella, de forma excepcional al sistema. Nuestro oficio es ofender al sistema político mexicano mediante alegorías, hipérboles, cultismos, prosopopeyas, hipérbatos y sinécdoques.

8. ¿Qué te emociona más, escribir o impartir talleres?
Prefiero pinche mil veces escribir, pero dar talleres me encanta. Últimamente he dado varios talleres para niños. En una de las sesiones, les pedí a mis alumnos que escribieran un cuento sobre su futuro, uno que narrará a qué se iban a dedicar, si estarían casados, divorciados o solteros, si tendrían hijos, mascotas; si se convertirían en millonarios o no. Me emocionó que la mayoría se veían a sí mismos como escritores, incluso hubo unos que, además de ser bomberos, veterinarios, Batmans, guerreros ninjas, hadas, presidentes de la República o videojugadores profesionales, también escribían por las noches. Me sentí orgulloso de motivarlos a escribir de manera constante

9. ¿Qué libros te han dejado huella? ¿Qué autores consideras cómplices?
Ricardo III, La Tempestad, El Rey Lear, Sueño de una noche de verano, El Mercader de Venecia, La Iliada, La Odisea, El Paraíso Perdido, Poeta en Nueva York, Una soledad demasiado ruidosa, Autobiografía de un yogui, Pedro Páramo, Las Cosmicómicas, Baile con serpientes, Aullido, Cuatro Reinas, Océano Mar, El Puente de San Luis Rey, El lugar sin límites, La interpretación de los sueños, Diario de un enfermo de nervios, las obras completas de Charles Simic, Salón de belleza, Lascas, Muerte sin fin, Primero sueño, Piedra de sol, Nocturnos, Espantapájaros, Las flores del mal, Muerte en la rúa Augusta y Los pinches demonios de la sangre.
Mis autores cómplices son dos nomás: Homero y Shakespeare.

10. ¿Qué más, además de la escritura?
Sólo hay una cosa que me fascina tanto como la escritura: las personas (mi esposa, mi familia, mis amigos, mis alumnos, mis maestros budistas y literarios, los taxistas que siempre terminan contándome su vida, los extraordinarios tipos con quienes disfruto de los videojuegos, incluso, en menor medida, mis enemigos).

11. Un consejo o anécdota con lo que quisieras cerrar esta serie de preguntas.
Vale la pena quebrantar un tanto tu moral, tu fe, tus pánicos, tus mojigaterías, tu placer sexual, tu relación de pareja, tu sanidad, tu bienestar físico y espiritual, y tu tranquilidad por escribir un buen libro.

“Los no muertos”, ¿una más de zombis?

Conversación con James Nuño autor de Los no muertos.


1. Cuéntanos de Los no muertos, ¿de dónde nace la idea de escribirlo? ¿Qué le dejará al lector? ¿Qué representó para ti?
La idea surgió desde dos frentes. Vino tras la paranoia nacional causada por la influenza H1N1. Aquello parecía el inicio de una película de terror: la gente tenía miedo a salir, a ir al trabajo, hasta de saludarse de mano. Por otra parte, precisamente, estuvo la influencia del cine de terror, particularmente del subgénero zombi. Este monstruo ha generado en mí una inquietud muy particular debido a la amplia gama de interpretaciones que puede tener: desde la masa enajenada hasta la turba anónima que se levanta contra el sistema.

A partir de esto, pensé que sería interesante abordar la idea de la histeria colectiva en una ciudad como ésta, en un país como el nuestro, y la figura del zombi me pareció ideal por absurda y cercana a la vez. Así que busqué insertar en una situación extrema a algunos personajes que de tan ridículos nos resultaran harto familiares: un oficinista, un periodista izquierdoso, una artista mediocre y una microempresaria narcisista. Creo que, después de casi seis años de haber comenzado el proyecto, tras múltiples lecturas, recortes y reescrituras, el lector de esta novela podrá encontrar una suerte de espejo distorsionado que le hará preguntarse hacía dónde ha dirigido su vida durante los últimos años e, incluso, si ha sido consciente de ello.

2. ¿Es tu novela una novela más de zombis?
No. Precisamente, el planteamiento inicial fue trazar una historia en la que destacaran los personajes y las implicaciones de una pandemia de este tipo, a diferencia de lo que sucede en las series, películas y libros de zombis que basan su éxito, casi de manera exclusiva, en el efectismo de las vísceras, los desmembramientos y las persecuciones caóticas. Es decir, quería hacer un comentario a través de este género, como lo hicieran en su momento Romero o Brooks, y no sólo contar una historia de terror llena de lugares comunes.

En esta historia, los zombis son lo menos aterrador; los no muertos, este concepto que navega en la indefinición de la vida y la muerte, son estos personajes que pasan la vida sin vivirla, pensando en qué sería si todo fuera diferente, pero cuando finalmente lo es, lo primero que hacen es tratar de escapar de su vacío existencial. Aquí no hay héroes. Nadie intenta rescatar a la humanidad, ni siquiera a sus seres cercanos. Este atado de imbéciles, inútiles y narcisistas, se la pasa huyendo de sus responsabilidades, de sí mismos, y no es hasta que la pandemia llega que comienzan a reaccionar… aunque sea para volver a huir.

3. ¿Qué es para ti la escritura? ¿Para qué escribes?
Hay muchas formas de hacer literatura, de aproximarse a ella. Para mí, escribir consiste en un acto de síntesis, interpretación y resignificación de la realidad. Es una suerte de reducción de las esencias, como se hace en los perfumes o en los extractos para los cocteles clásicos: hay que filtrar las realidades, exteriores e interiores, y luego mezclarlas en dosis justas para dar una nueva perspectiva, un nuevo sentido.

 4. ¿Cuáles son los temas de los que te atrae escribir?
Hemingway decía que uno no puede escribir sobre lo que le es ajeno. En mi caso, escribo sobre realidades cercanas a mí aunque, sin quererlo, sin proponérmelo, existe por lo regular un elemento fantástico bastante sutil que trastoca la realidad de los personajes. Digo que “sin quererlo”, puesto que intento hacer relatos lo más realistas posible. Pero creo que nuestra realidad se ha vuelto tan increíble —no en la mejor de las acepciones—, tan absurda, que es imposible pensar en que hay algo sospechosamente fantástico detrás de ella. Me ha tocado vivir en tiempos de incertidumbre, donde las supuestas seguridades de nuestros padres se han ido desmoronando y el futuro parece muy lejano pero no por eso menos amenazante. Creo que si hay un tema recurrente en mis textos es ése: la incertidumbre y lo absurdo de nuestra realidad.

5. ¿Qué tipo de autor te consideras?
Creo que soy un autor precavido, quizá demasiado. Dudo mucho de la veracidad de mis palabras. Cuando tengo una idea, la rumio durante días, a veces meses, antes de comenzar el proceso de escritura, que dura otros días o meses (o años, como es el caso de Los no muertos). Luego, cuando el escrito se publica, reniego porque siempre encuentro errores o, más que errores, aspectos mejorables. No obstante, he aprendido a ser paciente, a no compararme con mis colegas y sus muy envidiables plumas y carreras en ascenso. Me refiero a que me he resignado a escribir lo que haya de ser escrito, a decir lo que haya de ser dicho.

6. ¿Sientes que formas parte de alguna generación? ¿Es importante?
La mía es una generación sándwich. No somos ni los bohemios ni los diplomáticos que fueron nuestros predecesores, pero tampoco los veinteañeros que publican en sus blogs desde los 12 y que ahora su fama de escritores los precede aun sin un libro publicado. Sin embargo, me doy cuenta de que después de varios esfuerzos aislados, ahora comienza a haber ciertos vínculos entre los escritores jóvenes de los 80, con una camaradería que antes no había. Creo que ese vínculo, esa fuerza, es necesaria para consolidar un estado cultural y literario perdido desde hace muchos años.

 


El soundtrack de Los no muertos


7. ¿Qué libros te han dejado huella? ¿Qué autores consideras cómplices?
El primer libro “serio” que leí en mi adolescencia, fue Pedro Páramo; no creo haberlo comprendido cabalmente en aquel entonces, pero causó una gran impresión en mí. Luego, en la facultad, leí a Cortázar y a Borges y quedé maravillado ante las posibilidades tan diversas de la literatura. Después me topé a los americanos, particularmente a Hemingway y a Carver. Creo que es a raíz de ellos que tengo una idea un poco más clara de qué es la literatura y qué se puede hacer con ella. Después han ido y venido otros autores asombrosos, como Ellis o Houellebecq. Es lo maravilloso de esto: uno nunca deja de tener hallazgos.

8. ¿A qué autores vivos recomendarías seguir la pista?
Me parece que hay que estar al pendiente de autores jóvenes que de manera más o menos reciente se han ido construyendo una carrera y que seguro en unos años serán un referente obligado. Por mencionar sólo algunos están Gabriel Rodríguez Liceaga, Eric Uribares, Alejandro Badillo, Daniel Espartaco, Abril Posas, Manuel Fons, Aniela Rodríguez, Érika Zepeda… La lista sigue y, con suerte, se irá engrosando en los próximos años.

9. ¿Qué estás leyendo actualmente?
Tengo una pila de libros pendientes desde hace un par de meses y que se acrecentó después de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Me interesa leer a mis contemporáneos. Justo ahora termino La fila india de Antonio Ortuño (un pendiente que traía desde hacía meses) y ya estoy comenzando a sentir la ansiedad de no saber con qué continuar: si con La cena de Herman Koch, los cuentos de Carson McCullers o alguno de los últimos premios Tierra Adentro… En su momento (en un par de horas) lo decidiré. O no.

10. ¿La lectura está sobre valorada?
La lectura está malinterpretada. Desde pequeños nos han dicho que hay que leer para ser más cultos, que tenemos que tomar los libros para aprender. Alguien dijo —no sé si fue Bachelard, Barthes o algún compañero de cantina— que un texto es todo aquello que permite una lectura. Todos los días recibimos mensajes que decodificamos. Todos los días leemos. La diferencia es que en un libro no hay ruido que entorpezca la comunicación; ese ruido está en nuestras cabezas. Las palabras en un libro están fijas, esperando a que nosotros las decodifiquemos a consciencia.

Y ése parecería el problema, el reto. Sin embargo, me parece que, si lo entendemos así, la lectura no debería diferir a escuchar una charla magistral, de esas que nos dejan con la boca abierta, a escuchar a nuestros abuelos o ver una película de esas que nos marcan para toda la vida.

11. ¿Qué más además de la escritura?
Todo, pues todo la precede. La escritura es el tramo final de una serie de actividades y vivencias que tienen que ver con la lectura: de libros, de series, de películas, de charlas, de eventos sociales, de personas… Todo ello es lo que en verdad importa. Sin esas lecturas, no somos sino un simio tecleando frases más o menos coherentes.

12. Algo que gustes agregar.
Ño.

Antiguas entradas