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Instantánea Express 09

Para esta edición de #InstantáneaExpress tendremos como premio un ejemplar de Gendankenexperiment, el nuevo libro de Manuel Fons, y otro de El hombre que amaba los hospitales del escritor ecuatoriano Augusto Rodríguez.

El correo al cuál tienen que enviar sus textos es editorialparaisoperdido@gmail.com y tienen hasta el próximo sábado 15 de julio jueves 20 de julio para participar. El ganador se dará a conocer en el blog en el transcurso del viernes 21 de julio.

Si aún no conocen la mecánica para participar, es sencilla: buscamos historias que no pasen de 250 palabras inspiradas en la imagen y la cita que encontrarán a continuación. Favor de enviar sus textos vía correo electrónico indicando en el asunto #InstantáneaExpress09. Su historia debe tener un título y la cantidad de palabras empleadas.


Lo que de veras me intriga es como un dispositivo tan sofisticado como el cerebro humano, capaz de erigir rascacielos y predecir el movimiento de los astros, de componer sinfonías, de cartografiar los genes, de crear inteligencia artificial y hasta de estudiarse y comprenderse puede, por otra parte, ser tan elemental, que viva toda su vida satisfecho con las incidencias del deporte y la farándula.

¡Tanto misterio, tanta complejidad, tantos millones de años de evolución para contentarse con un gol del “Chicharito”!

Manuel Fons | Gedankenexperiment

Instantanea Express 09, #HistoriasSinSpoilers, #InstantáneaExpress

Fotografía: Pascal Swier / Unsplahs.com

¿Qué sucede en la imagen? ¿Qué relación tiene con el texto de Manuel Fons? ¿Sucede antes o después? Cuéntenlo en 250 palabras o menos.


Al participar en #InstantáneaExpress y enviar su texto por correo, aceptan sin condiciones que en caso de que su texto sea el ganador se pueda usar y reproducir en el blog y redes sociales de Editorial Paraíso Perdido y en alguna publicación, virtual o impresa, de la misma editorial. Todos los participantes recibirán un código con el que obtendrán 10% de descuento en los libros de nuestra tienda en línea. Al final del año se publicará un anuario con los ganadores y se elegirá la historia favorita, es decir al campeón de campeones de nuestro certamen.

Instantánea Express 08: ganador

Compartimos el texto ganador de la edición 08 de #InstantáneaExpress.


#amor #InstantáneaExpress #HistoriasSinSpoilers

Fotografía: Fabrizio Verrecchia / Unsplash.com

El amor no existe, pero engaña. El amor no existe, pero perturba. El amor no existe, pero mata. El amor es una bomba explosiva muy peligrosa.

Augusto Rodríguez | El hombre que amaba los hospitales

GANADOR: MIGUEL ÁNGEL GÓMEZ CARO

Lluvia inesperada

Había pasado quizá uno de los peores años de mi vida, y aun así me dieron la beca para ir a estudiar a París. ¿Porque tuvieron que acabar las cosas así? El primer día que llegué sólo pude ver parte de la Torre Eiffel, sobresaliendo en las alturas mientras caminaba por el barrio de Montparnasse. Ahora ella está con ese extranjero. Tuve que pasar la noche en un hostal  por una ridícula confusión con mi cuarto de estudiante. Años esperando una oportunidad. Al día siguiente me levanté temprano, desayuné café con un croissant y pregunté a la recepcionista cómo llegar a la Torre Eiffel. Fui a la estación Pasteur y me bajé en Trocadero. Me puse muy nervioso, sabía que dirías que no. Subí a una explanada y al ver enclavado el símbolo de París frente a mí, sentí que uno de mis sueños estaba cumplido. No me pude despedir como quería. Le pedí a un turista japonés que me tomara una foto. Un par de palomas volaron  del batiente donde posé. No puedo seguir así. Bajé las escaleras para cruzar la calle y ver la Torre más cerca. Hacía frío. ¿Porque estás tan lejos? Las taquillas aún estaban cerradas. Quería ver la ciudad desde lo más alto. Metálica, así eres. Me senté. Abrirían en una hora. Te extraño Mary. Inesperadamente el cielo se nubló y comenzó a llover. Corrí a la estación del metro. El día era perfecto para visitar el cementerio de Montparnasse.

Instantánea Express 08

Para esta edición de #InstantáneaExpress tendremos como premio un ejemplar de Río entre las piedras y otro de La cruz de la bestia.

Si aún no conocen la mecánica para participar, es sencilla: buscamos historias que no pasen de 250 palabras inspiradas en la imagen y la cita que encontrarán a continuación. Favor de enviar sus textos vía correo electrónico indicando en el asunto #InstantáneaExpress08. Su historia debe tener un título y la cantidad de palabras empleadas.

El correo al cuál tienen que enviar sus textos es editorialparaisoperdido@gmail.com y tienen hasta el próximo miércoles 21 de junio para participar. El ganador se dará a conocer en el blog en el transcurso del viernes 23 de junio.


#amor #InstantáneaExpress #HistoriasSinSpoilers

Fotografía: Fabrizio Verrecchia

 

El amor no existe, pero engaña. El amor no existe, pero perturba. El amor no existe, pero mata. El amor es una bomba explosiva muy peligrosa.

Augusto Rodríguez | El hombre que amaba los hospitales

¿Qué sucede en la imagen? ¿Qué relación tiene con el texto de Augusto Rodríguez? ¿Sucede antes o después? Cuéntenlo en 250 palabras o menos.


Al participar en #InstantáneaExpress y enviar su texto por correo, aceptan sin condiciones que en caso de que su texto sea el ganador se pueda usar y reproducir en el blog y redes sociales de Editorial Paraíso Perdido y en alguna publicación, virtual o impresa, de la misma editorial. Todos los participantes recibirán un código con el que obtendrán 10% de descuento en los libros de nuestra tienda en línea. Al final del año se publicará un anuario con los ganadores y se elegirá la historia favorita, es decir al campeón de campeones de nuestro certamen.

Instantánea Express 07: ganador

Compartimos el texto ganador de la edición 07 de #InstantáneaExpress.


Instantánea Express, #HistoriasSinSpoilers

Fotografía de Dawid Zawila

Buscó la manera de cumplir con su trabajo sin tener que hablarme. Pude estar de nuevo junto a él solo hasta el festejo navideño, el último día de actividades en la Universidad. Después vinieron las vacaciones, pero no supe ya nada más de él, pidió su cambio a otro departamento. Tampoco supe si se separó o no. Qué estúpido. Él. Yo también.

Luis Martín Ulloa | Personas (in)deseables

GANADOR: DANIEL CENTENO

Los secretos en la memoria

Luis lo llevó la última noche. Lo presentó como su hermano. Increíble. Me dijo una vez: “Hay una ventaja en los parecidos físicos”, refiriéndose a nosotros. No sé cómo pudo causarme gracia entonces. Sólo nos parecíamos al fingir.

Saludaban a Luis en la fiesta y lo dejaban atrás como si solo hiciera falta otro día para volverlo a ver. No se despedían porque nadie –excepto yo- sabía que era su última noche en el campus. Era nuestro secreto. El fin.

Hablando de finales, hay algo enfermo en jurar Hasta luego cuando se mira con un Adiós escondido bajo los párpados. Hay que ser mentiroso o falto de dignidad. Sin embargo, hay algo menos digno en no despedirse de quien estuvo a nada de arrancar la superficie por amor. Yo fui ese alguien. Quien arañó la verdad. Luis, en cambio, simulaba que nada pasó -como si con ello volviera invisible nuestra memoria para el resto de quienes estaban en la fiesta; como si con ello evitara la sospecha de que alguna vez estuvimos tan cerca que fuimos una sola sombra.

Sin cruzar palabra, esperé paciente. Luis estaba junto al otro. Esperé al amor, aunque no fuera mío. Quería verlo besar, por última vez, a quien fuera. Si lo hacían ellos dos —Luis y cualquier hombre— podría haberlo hecho yo también. Haber gritado Te amo sin acabar de arrancarle el secreto del cuerpo. Jamás podría traicionar nuestro secreto. Esperé que hiciera cualquier cosa, algo de verdad. Pero no lo hizo. Siguió simulando.

Rosa Montero: Entre la belleza y la oscuridad


Orilla de letras

Por Rodrigo Chanampe

Sólo instantes. Recordamos poco. La memoria es exigente y caprichosa. De mi infancia guardo imágenes sueltas. Cuando observo hacia atrás siempre aparecen los mismos dibujos. Ahí está ese yo que juega con sus figuras de acción, el pobre de amigos, el que mira desde una azotea cómo el sol tortura al pavimento. Están los brazos de papá llevándome al estadio, la voz de mi madre enseñándome a leer y la mano de mi hermano que le impidió a un hambriento remolino arrastrarme hacia Oz.

La infancia debería ser ficción. Añorarla como un cuento favorito, con el seguro final feliz. Años de historias perfectas y mentiras creadas por expertos escritores. Rosa Montero podría estar a cargo de esta labor, con su pluma sería capaz, sino de ocultar, sí de alumbrar los tramos más sombríos del camino de cada niño.

Lo hizo con Baba en Bella y oscura. Una historia que envuelve con calidez desde sus primeras líneas. Nos topamos con una pequeña arrojada al vacío de una ciudad desconocida. Allí donde la espera una tía de carácter débil, un tío egoísta, una abuela con porte, un primo triste y una enana colmada de sabiduría; con el poder de regalar la imaginación necesaria para decorar ese barrio marginal.

Esta no es una historia de viaje. Montero, con su riqueza de lenguaje, maestría narrativa y una hermosa capacidad de reflexión, nos hace vivir dentro del Barrio. Junto a Baba descubrimos a los personajes que lo habitan, a la maldad, a las historias de la enana, a Segundo (ese tío al que hay que tenerle miedo). La relación que la pequeña establece con su abuela es enternecedora. Doña Bárbara una mujer fría y reservada, pero que a través de hablarle al aire reparte consejos y le abre su corazón a esa nieta que parece una isla a la deriva. Baba ansía, como nada en este mundo, la llegada de un padre que ha prometido el regreso.

Es una historia de crecimiento; perder la ingenuidad para sobrevivir en un sitio olvidado. Un Barrio donde los padres entierran vivos a sus bebés y algunos niños mueren por la adicción a las drogas. También hay espacio para una calle violeta, de luces neón, un río de sudor en el que las mujeres se exhiben en vitrinas, abren sus piernas y ofrecen un túnel de placer que alimenta el deseo de los hombres. Baba aprende los secretos del entorno para hacerse fuerte, pero en medio de esas tinieblas, deberá mantener la esperanza de un futuro mejor, creer que su padre llegará, que Segundo abandonará la familia. Arelai, la enana, se encarga de alimentar esta fe. Para ella, existe una estrella que cumplirá nuestros deseos y entonces a la realidad no le restará más que mutar.

Dentro de la elegancia del texto, en los relatos de Arelai, en sus enseñanzas, o fábulas sobre gigantes y enanos, Montero coloca en la voz del personaje un contundente discurso el cual considero importante rescatar:

“El amor no es sino la acuciante necesidad de sentirse con otro, de pensarse con otro, de dejar de padecer la insoportable soledad del que se sabe vivo y condenado. Y así, buscamos en el otro no quien el otro es, sino una simple excusa para imaginar que hemos encontrado un alma gemela, un corazón capaz de palpitar en el silencio enloquecedor que media entre los latidos del nuestro, mientras corremos por la vida o la vida corre por nosotros hasta acabarnos”.

Quizá, con estas palabras, la autora nos permite entender un concepto tan confuso e incomprendido. Estamos solos, tremendamente abandonados y buscar otros labios no es más que silenciar con besos una terrible verdad.

Montero invita a soñar más allá del desencanto, de la presencia de la muerte y del sufrimiento floreciendo en cada esquina. No recuerdo si en algún pasaje de mi infancia apareció esa estrella única, como dije, el pasado cada vez me es más borroso, como si mi mente intentara recordarme que es necesario respirar sólo en el presente. Entonces, si esta vida aún no es la que la deseamos, no nos resta más que construir el día con esfuerzos. Es preciso recorrer las corruptas ciudades cargados de ilusiones por más empolvadas que estén y, como Baba, aguardar el arribo de un amanecer destellante; allí donde la belleza devorará el corazón de esta oscuridad que nos pesa tanto.

La literatura la vivo de la manera más egoísta del mundo


Conversación con Abril Posas,
autora de El triunfo de la memoria


1. ¿Qué es para Abril Posas la escritura? ¿Para qué escribes?
Cuando escribo me siento como un ingeniero, un arquitecto: estoy creando un mundo en el que las calles tienen la dirección que yo planeo, el sol se pone como lo imagino y vive la gente que yo quiero. No me siento como un dios, porque no lo veo como un teatro para mis marionetas; me gusta pensar que levanto una construcción para que alguien más lo habite o encuentre puertas para abrir otras posibilidades.

2. ¿Desde hace cuánto te dedicas a la escritura?
Desde hace mucho tiempo me dije que me dedicaría a escribir. La primera vez que lo dije en voz alta tenía una percepción muy romántica del oficio, y ahora hasta pena me da admitir lo que creía que sería mi vida en este momento. Pero sí diré que por eso estudié letras (error). La primera vez que lo sentí como algo real fue cuando firmé un contrato para una beca, pero pasaron años y en 2011 un amigo muy querido me dijo “¿Cuándo te vas a tomar esto en serio?” Ha sido un recorrido desde que estaba en la secundaria, pero que poco a poco se ha hecho más fuerte.

3. ¿Cuál es la “historia secreta”, si es que hay una, detrás de El triunfo de la memoria?
No hay ningún secreto, realmente. Hay extractos de mi vida, porque soy tramposa y es más sencillo tomar ciertos aspectos de mi propia memoria que, pienso, ayudan a una historia que tal vez no tiene mucho qué ver conmigo. Eso sí: no me aguanté y les hice homenaje a los personajes que más cerca tengo de mi tripa: mi madre, mi padre, The Smiths y aquel bar en donde me sentí en casa hasta en los días más tristes de mi segunda adolescencia. Todo lo demás es anécdota al servicio de una trama que me interesa más que el recuerdo mismo.

El triunfo de la memoria, #HistoriasSinSpoilers

4. En los cuentos de este libro encontramos cierta nostalgia dolorosa acompañada con dosis de cinismo, personajes con rabia contenida (a veces no tan contenida), pero que generan empatía, incluso ternura. ¿De alguna manera esto refleja tu visión del mundo?
He tenido que vivir con dos aspectos de mí misma, que me cuesta admitir que existen al mismo tiempo. Por un lado, no soporto a los que dicen que “si los lunes no te gustan, lo que está mal es tu vida” o “el éxito es de quienes se atreven a fracasar”. ¡Ugh! Pero al mismo tiempo, no le creo a los que dicen que extrañan ser infelices. Supongo que hay más de mí en este libro de lo que pensaba, porque claro que este mundo es más valle de lágrimas que escenario de TED Talk para levantarle el espíritu a alguien que, quizá, merece y quiere sufrir. Y también es el mundo en el que hay gatos: para mí es suficiente para intentar salvarlo.

5. ¿Eres de los autores que tienen planeada la estructura del libro de principio a fin, o de los que dejan que los personajes “vivan” y “decidan” cómo terminar su historia?
Alguna vez quise jugarle al vergas (¿a la vergas?), así que me senté, abrí un nuevo documento de procesador de textos en blanco y empecé a escribir sólo con el inicio de un argumento, quesque pa’ ver a dónde me llevaba. Fracasé miserablemente. Ahora pienso, tomo notas y, hasta que no sepa cómo va a terminar, no escribo el texto. Es cierto que una vez que encuentro el ritmo la historia da sus propios saltitos, me envía guiños que le permito conservar, pero al final sé dónde van a terminar todos, aunque intenten —y logren— dar giros espontáneos. No sé si madurar es dejar que la historia dicte su propio camino; quizá algún día aprenda a hacerlo de ese modo.

6. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para el momento de enfrentarte a la página en blanco?
Escribo mejor cuando estoy sola o logro aislarme de todo lo que está pasando. Debe haber audífonos (aunque no haya música), cigarrillos y, durante un tiempo, pensaba que una cerveza era importante. En realidad sólo necesito el aislamiento y el tabaco y, de ser posible, un gato que me vigile porque me da por perderme en páginas de Internet que ya no tienen qué ver con lo que estoy haciendo.


Escucha el soundtrack de El triunfo de la memoria


7. ¿Qué obras (literarias, musicales, cinematográficas) te han dejado huella? ¿Qué artistas consideras cómplices?

Yo soy de los idiotas que malinterpretaron las canciones de The Smiths y nos formamos sentimentalmente con ese hermoso error. Por eso me gustan tanto The National, PJ Harvey, Nick Cave, Tori Amos, The Cure y Radiohead son de los que no se me apartan jamás, y la Shirley Manson de 1995 la tengo quemada en el cerebro.

P.T. Anderson y Sophia Coppola (a pesar de ser tan, pero tan blanca), Charlie Kauffman, Seinfeld, los hermanos Nolan, Tarantino, Los Simpson (¿es triste que no hable de sus escritores ni directores, sino sólo de los personajes? No): he querido ser como ellos en distintas ocasiones y siempre me dan (bonito) en la madre. Mi nuevo héroe es Dennis Villeneuve. Luego están Cortázar, Fitzgerald, McCullers, Cheever, Hornby, Melville, Zweig, Stamm, Garro, y sé que olvido muchos otros, pero ellos siempre me saltan en la cabeza.

8. ¿A ti te ha salvado la literatura? ¿Te ha servido para algo?

La literatura es algo que vivo de la manera más egoísta del mundo. He dejado de comprar cosas para otros por tener un libro nuevo. He dicho más de una vez no a alguien para leer un libro. No he ido a reuniones para escribir un cuento. Ha sido muy fácil mentir con que estoy ocupada con tal de evitar la interacción humana y disfrutar unas páginas. Pero también me ha regalado conversaciones con amigos, coqueteos con gente que ya no topé de nuevo —y todo por no preguntar un nombre—; hizo puentes con personas que veo una vez al año con el mismo cariño con el que abrazo a los que viven conmigo. Me ha dado de comer y, con toda la sorpresa del mundo, le enciende los ojos al barbado-cuatro-ojos que más me gusta. ¿Pero que me haya servido para algo? Buena pregunta.

9. ¿Qué más hay en tu vida, además de la escritura, que te apasione?

Dibujar y dormir. Las series de televisión. Los gatos. Y dormir de nuevo. Pero antes de todo eso, me gusta escribir. Es la verdad.

 

Fotografía de la autora: Ana Lorena Méndez

 

Instantánea Express 06: ganador

Compartimos el texto ganador de la edición 06 de #InstantáneaExpress.


InstantáneaExpress 06, #HistoriasSinSpoilers

Fotografía: Anna Sastre

Luego del amor, cuando la cama ha quedado totalmente revuelta hablan con complicidad: en tonos bajos, en murmullos apenas perceptibles, matices, abstracciones, símbolos…

Nadia Contreras | Solo sentir

GANADOR: DARIO CARRILLO

Escandinava

En círculos de babor a popa y de estribor a proa, hartos del vagabundeo constante por la cubierta, mecidos en la cuna del océano incierto, una mujer y un hombre se dan cita bajo un cielo de pronto oscurecido.

Ávidos de salvación saltan a las caricias. Los labios juntos. Y al poco sus cuerpos dispares son una isla flotante sobre un barco; masa visceral, nudo de tentáculos, dolor que el corazón impone a los amantes. El gélido mar, cómplice, crepita con murmullos apenas perceptibles en torno a ellos.

Tardarán en darse cuenta del Kraken que los habita.

Lenguajes imaginarios


Sueños lúcidos

Por Javier Paredes

Desconocemos el número actual de las lenguas humanas, serán tal vez —según la fuente que se consulte— unas seis o siete mil. Por si su caudal no fuera excesivo, a ellas debemos aunar las lenguas muertas, los dialectos angélicos que postula la Carta a los Corintios y los idiomas que han sido fruto de  la ficción literaria.

Cada obra de la literatura, singularmente las de fantasía y ciencia ficción, necesitan palabras nuevas con las cuales identificar entidades hasta entonces ignoradas. En el universo de J. K. Rowling no podríamos representar el juego preciso sin el vocablo quidditch (que por otro lado nos ahorra incontables definiciones cada que se menciona la lúdica actividad); análogo a este deporte es el hussade de Jack Vance, en la saga de Alastor, aún cuando este divertimento presenta connotaciones más tétricas.

No obstante, la creación de una colección de vocablos no es por sí la elaboración de un idioma, a lo sumo aspira a formar un léxico suplementario. Un idioma necesita además su gramática; y ese sería el caso del Pársel de Harry Potter. La peculiaridad de esta lengua es su carácter de hereditario, no se aprende, se nace sabiéndola. Es adicionalmente una lengua inter especies y permite la comunicación animal, como el anillo del rey Salomón.

En esta categoría de lenguas ficticias inter especies se encuentra el idioma de los simios que hablaba Tarzán. Rice Burroughs —su creador— tuvo a bien revelarnos los sufijos selváticos que emplea: mangani es mono, go-mangani es ser humano negro, tar-mangani es el humano blanco. De ahí comprobamos el racismo innato de los antropoides —o de Rice Burroughs—, en donde las personas de color se diferencian (aunque escasamente) de los micos y de los humanos blancos.

Debemos puntualizar que dependiendo de la amplitud y detalle de nuestra definición, los autores de ficción no crean verdaderos idiomas, pues estas elaboraciones no son completas; es decir, no bastan a las necesidades de comunicación de un grupo de hablantes.

A despecho de ello, por una suspensión de la duda asumimos su existencia. Ese pacto de fe que se realiza entre autor y lector se refuerza a veces por el rigor lógico del lenguaje inventado. En esta materia, el campeón de la lingüística imaginaria quizá sea John Ronald Tolkien, con su amplio inventario de lenguas élficas, incluida una historia evolutiva desde el idioma primordial, el Quendian primitivo, del que derivan con el tiempo el Telerin, el Sindarin, el Nandorin y otros lenguajes de la llamada Tierra Media.

La evolución del idioma y con éste la historia de las ideas ha sido tratada por  autores como Michel Foucault y Norberto Bobbio; en la literatura este enfoque es compartido por George Orwell, en 1984. En dicha novela, hace decir a Syme —uno de los redactores del diccionario de Neolengua— lo siguiente:

Creerás, seguramente, que nuestro principal trabajo consiste en inventar nuevas palabras. Nada de eso. Lo que hacemos es destruir palabras, centenares de palabras cada día. Estamos podando el idioma para dejarlo en los huesos.

 

¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente? Al final, acabamos haciendo imposible todo crimen del pensamiento. En efecto, ¿cómo puede haber crimental si cada concepto se expresa claramente con una sola palabra, una palabra cuyo significado esté decidido rigurosamente y con todos sus significaos secundarios eliminados y olvidados para siempre? Y en la onceava edición nos acercamos a ese ideal, pero su perfeccionamiento continuará mucho después de que tú y yo hayamos muerto. Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño.

 

Lenguajes, #HistoriasSinSpoilers

 

Desde luego, existen otras lenguas sintéticas o artificiales, como la postulada por John Wilkins en el siglo XVII, pero dado que se trata de una erudita empresa filosófica y no intencionadamente ficcional, no formaría parte de esta digresión, a no ser porque Jorge Luis Borges le dedica un ensayo[1] donde nos refiere que Wilkins:

Dividió el universo en cuarenta categorías o géneros, subdivisibles luego en diferencias, subdivisibles a su vez en especies. Asignó a cada género sin monosílabo de dos letras; a cada diferencia, una consonante; a cada especie, una vocal. Por ejemplo: de, quiere decir elemento; deb, el primero de los elementos, el fuego; deba, una porción del elemento del fuego, una llama.

En la cita efectuada, el dominio de lo que llamamos real colinda con lo fantástico y el intento evidente del autor es transmitirnos esa sensación de maravilla al imaginar una absoluta clasificación del mundo, efecto similar al que nos propone con la Máquina de pensar de Raymundo Lulio, ensayo similar, fechado en 1937.

El propio Borges imagina lenguas conjeturales en Tlön, Uqbar, Orbius Tertius, con diferencias sustanciales entre los hemisferios austral y boreal de ese planeta. En ambos lados existe una dominante noción del idealismo, en ninguno se reconoce realidad a la materia. Bajo tal óptica todo sustantivo sería una injustificada especulación, de modo tal que el lenguaje se compone de verbos y de adjetivos. En el norte —por ejemplo— no hay una palabra que corresponda a “luna”, sino que se conjugaría el verbo “lunecer”; en el sur los adjetivos cumplen la función de los nombres, no se dice “salió la luna” sino “aéreo-claro sobre oscuro-redondo”.

La anterior parecería una gramática arbitraria, si no lo fueran todas las gramáticas. A manera de muestra, las lenguas Tseltal, Chol, Chontal y Lacandona, tienen numerales diversos si van a enumerar ríos o jícaras, si se trata de rollos o de seres animados, si se cuantifican cosas redondas o alargadas; no existe en las variantes mayas la abstracción del número, todo conteo es recuento de objetos específicos.

Hasta aquí las referencias. Como propuestas preliminares para el establecimiento de una lingüística de la fantasía se establecen: la investigación del mítico Babel donde surgieron los lenguajes ficticios y la decidida intervención del gobierno oculto del mundo para proteger de la extinción a los idiomas imaginarios.


[1] Me refiero, desde luego, a El idioma analítico de John Wilkins, publicado en Otras Inquisiciones, en 1952.

Instantánea Express 05: ganador

Compartimos el texto ganador de la edición 05 de #InstantáneaExpress.


 

#InstantaneaExpress

Fotografía: Glen Carrie / #Unsplash

Me pasé media vida cazando fantasmas. Buscando las razones por las cuales seguían aquí entre nosotros. Los perseguí por todas partes. Acudí a cualquier lugar donde me aseguraran encontrarlos. Dormía de día, los acosaba de noche. Leí absolutamente todo sobre el tema. Daba conferencias, asesorías, incluso me uní a cruzadas alocadas para capturar alguno. Nada. No quería probar su existencia: existían.

Cecilia Eudave | Microcolapsos

GANADOR: CLAUDIA FRANCO

Bruma

Poco a poco me resigno y me adentro a su mundo, ya no tengo la noción de a qué universo pertenezco. Lentamente me fusiono con este humo blancuzco, me hundo en la confusión de mi existencia. Desaparezco.

Ahora me siento en medio de la nada, rodeada de esta bruma espesa. Sé que no estoy sola. Estoy en ese punto intermedio. Me acechan los fantasmas que en alguna ocasión formaron parte de mi vida. Continuamente regresan a mí.

Esto es muy parecido al juego del balompié donde mi realidad, al igual que el de la pelota, alterna como un vaivén; donde de un lado de la cancha se encuentra el equipo de los vivos y del otro, el de los muertos, y yo turnando en ambos.

Antes dudaba de su existencia.

Siempre me pregunto quién me dio este don de coexistir en dos mundos. Los veo, los escucho susurrar mi nombre una y otra vez. Al anochecer se incrementa mi miedo. No duermo. Temo hacerlo.

He pasado toda mi vida evadiéndolos, aún así están presentes. Me buscan y el temor crece en mí. ¿Cómo culpar a los demás si yo misma pienso que estoy loca?

Me encuentro otra vez en medio de la cancha de fútbol, suspendida en el tiempo. La niebla condensada e inodora empieza a envolverme. Tengo frío.

Interrogante


Reseña de El Clan de los Estetas de Alejandro Badillo

Por Judith Castañeda Suarí

Para Alejandro Badillo la literatura consiste más en tejer hipótesis que en dar certezas a los lectores. Así lo vemos en su más reciente libro, El clan de los Estetas.

Publicado por la Universidad Veracruzana, reúne cuentos que, si bien pueden situarse dentro del universo de lo real o en un terreno fantástico, también se apegan a dicha premisa. Esto ocurre desde el inaugural Una palabra, biografía probable que el autor construye a partir de una imagen. Frente a una sombra hay un cadáver. No siempre ha sido así, nos dice Alejandro, para luego desplegar el escenario de una cita con una mujer anónima, el de una posterior riña de bar, para describir un cuerpo que parece una piedra junto a un árbol, muerto después de un balazo.

Es semejante a una autopsia este ejercicio, tan minucioso como si se tratara de examinar un cadáver; sin embargo el autor trabaja con una fotografía, o así puede sentirse, y es su instrumental un lenguaje exhaustivo y una palabra, la del título, que no se dice pero se describe como de muchas letras, sumergida en un murmullo opaco.

En el cuento La emboscada se repite esa atmósfera terregosa, casi ocre, que rodea al muerto bajo el sol de Una palabra, eso y el bar, el arma que se dispara sobre un hombre. La diferencia estriba en la interrogante que la pluma de Badillo siembra como engranaje del texto. No es completa esa duda; sin saberlo, la posee el personaje, el hombre que acude a ejecutar a la mujer que ya no sirve a la organización, pues se ha relacionado con un contacto poco fiable y a causa de ello, se perdieron veinte kilos de cocaína.

En la misma situación nos encontramos quienes, al otro lado del papel, observamos junto al hombre lo miserable de ese bar de carretera. Y como él, aguardamos. Música de acordeón, tabaco transformado en humo y tarros coronados con espuma de cerveza sirven de marco para la entrada de la mujer, la víctima de cabellos negros que acepta sentarse a la mesa del hombre, que participa de una charla de aquellas que se entablan cuando existe el interés de acercarse y no se sabe cómo. El pretexto, aquí, es saber si ella es nueva por esos rumbos y la confidencia de un reciente desempleo. La escena tiene la inestabilidad de los terrenos pantanosos: él sabe que la mujer miente al decir que va todas las noches al bar, sopesa la pistola y teme ponerse al descubierto, se arrepiente de una invitación que es un salto al vacío. Pero hay un punto seguro, una respuesta que acompaña a la mujer y al final se desvela, tanto a nuestros ojos como a los de quien la esperaba.

Más ejecuciones se nos entregan en el cuento que da título al volumen. El Clan de los estetas parece, en principio, una historia cotidiana de un hombre, personaje y narrador en primera persona, que llega a una ciudad nueva con una carta de recomendación y la expectativa de mayores satisfacciones. Las promesas de un mejor salario, de un empleo en la redacción de un periódico y de escribir algo de trascendencia, se combinan con la tranquilidad y lo pintoresco de una ciudad de provincia.

Pero pronto se desenmascara el escenario real: la violencia se hace presente. Alejandro la esboza con elementos tan familiares como un cadáver en la carretera, caminos bloqueados y automóviles convertidos en antorchas. En la ciudad se habla de una tregua rota, en el periódico, el trabajo va perfilando a dos ejércitos enemigos y anónimos. Hay fotografías sangrientas que llegan a la redacción del diario, comercios que se cierran nada más llegar el crepúsculo y desconfianza. Hasta que un fin de semana se escuchan disparos a pocas calles del departamento que renta el personaje.

Lo anterior, que obligaría a otros a renunciar a su empleo y mudarse, revela en el narrador de El Clan de los Estetas a un hombre curioso, a alguien cuyo morbo, si así puede calificársele, lo hace guardar un registro minucioso de los hechos, es decir, de las muertes.

A partir de una noche de whisky y cervezas en compañía de Javier, el editor del periódico, de la charla sobre periodismo que deviene en preferencias literarias, es que el cuento muestra su trasfondo fantástico, pues la violencia obedece a una especie de lectura de cartas donde la buenaventura se encuentra en los ojos de los muertos.

En este punto, Alejandro Badillo introduce la leyenda de una longeva hermandad que se dedica a ver el futuro, primero, en las entrañas de las bestias y después, en cadáveres obtenidos de cementerios. A la sombra del cristianismo, de sus enseñanzas de resignación, esa cofradía se desarrolla y prosigue hasta dividirse, hasta que una de sus dos ramificaciones decide que el futuro, las infinitas posibilidades que Dios ha dejado como señales en nuestro interior, son más legibles si se estudian en un cuerpo que sufre los estertores de la muerte, en el momento mismo en que cesa la respiración.

Y mientras, se mantiene la violencia en la ciudad y con ella, el presentimiento de una cacería sin tregua, de un escenario donde sólo uno de los adivinos sobrevivirá a fin de intentar descifrar, una vez más, esa gran interrogante que es el porvenir.

Hay otros cuentos que abrevan del género fantástico. Están, por ejemplo, La noche mil dos, El hombre que siempre ganaba y La espera. Los dos últimos mantienen un pie en la realidad: un local de antigüedades, hasta donde llega un desconocido de barba ofreciendo un libro, en el caso de El hombre que siempre ganaba y una especie de asilo de ancianos solitario en La espera.

Sin embargo, el antifaz oculta, en el caso de La espera, a personajes en eterna pausa, en un sendero entre la residencia que habitan y el bosque, frontera que los separa del exterior. El hombre que siempre ganaba, por su parte, guarda otra forma de inmortalidad, la que posee un autómata envuelto en el halo de las leyendas.

En La noche mil dos, por el contrario, la atmósfera de fantasía es completa. Desde el título, desde la frase inicial “Se cuenta […] que en la antigüedad del tiempo…” el autor nos instala en un sitio enclavado en una Asia irreal, donde aparecen unas luces semejantes a ojos amarillos. En ese reino, el gobernante y sus consejeros se reúnen intentando precisar el origen de dichas luces, ya que se trata de un evento nunca antes visto. La narración gira en torno a la máxima de que la sospecha apresa el alma de los hombres y es capaz de llevarlos a la locura, y en su final inesperado, aunque parece haber una certeza, existe ese cierto dejo de duda que posee incluso aquello de apariencia contundente.

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