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Esta lista que ves

Por Abril Posas

A estas alturas del partido, sería una necedad enumerar libros, películas o series para hablar de lo mejor de la cultura popular de este año que nos escupe lejos. ¿Quién no ha mencionado ya todas las de Netflix, las películas francesas, los personajes que nos provocaron convulsiones y las muertes notables (no, nuestros familiares no cuentan para el mundo, ya hay que aceptarlo)?

Pero me han invitado a compartir lo que en el 2017 me hizo ruido y, pues, yo le hago caso al editor, porque si no hay deadline, no escribo. Así que, ahí les va lo que ya me está dando nostalgia del futuro:

Los escritores serios empezaron a hacerle caso a Bojack Horseman

Hasta que estrenaron la cuarta temporada, pero al menos llegaron a ella. De pronto todo mundo estaba hablando del caballo que todos tenemos dentro, y no lo menciono en ánimo hipster-moral-alta (“mi guistibi mís quindi nidi li quinicíi”), sino porque tuvo un efecto como de inundación. En Twitter y Facebook empecé a ver el nombre de Bo por todos lados. ¿Pero es que quién les pagó para comenzar a verla? De cualquier manera, lo celebro, porque así como con la novela gráfica, ya se le da su importancia a esta importante obra del siglo XXI. Gracias, Escritores Serios, solo una cosa: dejen de compararse con él. Se ven mal.

El machismo se nos destapó a todos

Los haters dirán que eso ya estaba desdenantes, pero lo cierto es que este fue el año del “Ahora tooooodo es machismo. Ahora toooooodo lo que hacemos/decimos/pensamos/acosamos/humillamos está mal” y sí me dio gusto ver cómo ese solo comentario me señaló, sin mayores requisitos, al machito junto a mí, prácticamente todos los hombres que quiero. Hasta que yo misma lo repetí mientras leía una noticia en Buzzfeed: ups, nadie se salva. Así que he tenido momentos de vergüenza interna; lo importante es que una aprende, aunque cueste, a replantearse los juicios, y es un diálogo interno bastante interesante. Lo malo es que otros caballeros y damitas se niegan a hacerlo, aunque no sea tan difícil.

El mundo es un lugar horrible en general

No solo tenemos avispas que comen tarántulas, tarántulas Goliat que saltan de árboles a tu cabeza y mariposas negras: estamos inmersos en una marea de bitcoins, presidentes racistas, bombas en centros de adoración y un montón de imbéciles que insisten en que debes indignarte por lo que ellos mismos se indignan. He visto a las mejores mentes de mi generación pelearse por un club cimentado en un licor de señoras copetonas, pero no por una (o dos, o todas) empresa de taxis que decidió no hacerse responsable por los crímenes que cometen sus choferes. Es decir: si se van a enojar, enójense por lo que se les antoje, que tenemos muchas razones para hacerlo. Que nadie les diga qué causa vale la pena.

El mundo es un lugar hermoso en general

He aprendido que el amor es un asunto más complejo del que estaba dispuesta a admitir. Todavía no sé cómo hacerlo, honestamente, y siéntanse libres de distorsionar la última frase como mejor les convenga. Aunque mi odio hacia todo lo que existe ha resurgido con una fuerza que creía disminuida, también es verdad que me he tenido que rendir ante la omnipresencia (ajá, leyeron bien) de la buena voluntad de alguien más. O sea: el amor sí existe y es capaz de abrir y cerrar puertas, sin azotarlas, un asunto que me ha costado abrazar porque me confunde. También veo a los que me rodean, que son los que más importan (soy honesta, no cínica, cuando digo que primero me conmuevo por lo que toca mi vida todos los días, y unos segundos después por lo que sucede dos cuadras más lejos), en su propia lucha para crecer, desprenderse, arrepentirse y regalar todo lo que tienen. Y lo hacen. Aunque sean Escritores Serios. Y  me encanta leer sus listas de lo mejor del 2017 porque me comparten que tuvieron un año que, si no fue perfecto, al menos tuvo suficiente espacio para que pudieran conmoverse, enamorarse, sorprenderse, escaparse y hasta encabronarse con algo que fue creado por otro ser humano.

Siempre me va a encantar la sola idea de que un montón de palabras, de imágenes en movimiento, de unas notas ahí acomodadas entre tantos silencios, puedan plantarse en la vida de alguien más y que sea recibido con alegría. Es lo que más me confunde del hombre: hacemos lo más chido y, al mismo tiempo, lo más horrible. Supongo que por eso tantos insisten en separar al monstruo del creador (“Ni is li mismi”, chillan).

Es lo cómodo, supongo. Quizá algún día estemos dispuestos a reconocer que las dos cosas viven dentro del mismo caparazón: la mierda y lo grandioso.

Como este 2017, pues.

Quizá sea tarea para el 2018.

Feliz año.

P.D. Alexa Savior es de lo mejor que me pasó este año. Escúchenla con la actitud más cool que tengan, y canten conmigo “Shades”:


Fotografía: NordWood Themes / Unsplash

Stefan Zweig: Tiempo para una carta de amor


Orilla de letras

Por Rodrigo Chanampe

Cuento con pocas palabras para hablar de ti y al mismo tiempo de una novela. Aprovecho este espacio para abrir mi corazón ante los ojos de los visitantes de este blog. De un tiempo para acá, las olas del amor no correspondido me revuelcan, me arrastran hacia una playa en donde sólo se beben cocteles endulzados con nostalgia.

Te cuento que leí Carta a una desconocida de Stefan Zweig, un texto breve, escrito hace casi un siglo. Un autor al que por diferentes motivos no había accedido. Me gustaría resumir la trama en pocas líneas, no deseo arruinarte el final, ni desvanecerte las sorpresas. El relato es simple, una adolescente se enamora de un novelista que vive frente a su casa, pero lo hace en silencio, lo contempla, lo admira, resignada a sólo observar.

 

#Zweig, amor

 

En cinco tiempos (a manera de partes), Zweig narra cómo esta chica va creciendo y teniendo diferentes encuentros con el novelista, algunos provocados, otros fortuitos. Sin embargo, a pesar incluso de noches enmarcadas por la pasión, él nunca sabrá el nombre de la mujer, ni será capaz de identificar a la adolescente del pasado.

El relato es una extensa confesión de una chica entregada a un hombre. Por un instante, parecería que la carta de la mujer podría caer en el terreno de lo cursi, tal vez al punto de burlarnos de tanta ingenuidad. Pero, te seré sincero, mientras leía, me era imposible identificarme con el novelista y, línea tras línea, ella me resultaba cercana. Más ahora en donde aquello que amo me parece inalcanzable, como esos planetas escondidos tras la profunda carcajada de un hoyo negro.

Hay dos frases de esta desconocida creada por Zweig que me gustaría compartirte. Tal vez, con esto, logres comprenderme un poco:

“No quería ser feliz ni deseaba vivir contenta lejos de ti; por eso me encerré en un mundo melancólico, lleno de tormento y soledad”.

“Verte de nuevo, encontrarme contigo tan sólo una vez, era todo cuanto deseaba, aunque lo fuera a distancia y me limitase a devorar tu rostro con la mirada”.

En las palabras de la desconocida localizo mi voz y me parece que soy yo el que te habla.

¿Será tiempo de parar con los lamentos? ¿Detener la autocompasión? ¿Beber alcohol hasta el hastío? ¿Insultarte y acostarme con otra? ¿Hacerme el fuerte? Son vías más transitadas, tal vez más sencillas de cruzar. Por ahora, sólo sé que, como la protagonista de Zweig, me dedicaré a repasar los recuerdos.

Intuyo, para ti es sencillo continuar. “Nada es tan grave”, dirás. Pero permitirme permanecer quieto para pensar en ti, abstraerme en medio de la calle; olvidarme del mundo y colocarme el disfraz de romántico extraviado. De esta manera, aquello que vivimos cobrará un mayor sentido, cada hora de los días juntos se materializará con el dolor. Soy el encargado de hacerlo vivir un poco más en esta sociedad de lo efímero. Si Zweig me conociera, yo encajaría más en el modelo de sus desconocidas enamoradas, y no en el de esos hombres que ven a las mujeres como algo pasajero.


#Instantánea #HistoriasSinSpoilers

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Los minutos se me escapan como a la protagonista. Para nada mi lenguaje se aproxima a la belleza del utilizado por el escritor austriaco, a la precisión de sus adjetivos y a esa voz femenina que es capaz de arrastrar a las lágrimas. Me resta seguir escribiendo, hablaré de gatos, de corazones rotos, dioses sin oídos y por supuesto de ti y tus miles de encarnaciones. Te prometo algo, compraré un manual para amarte a lo lejos, aprender a ser tu amigo y a silenciar las caricias; domarlas para que se mantengan quietas a pesar de tenerte cerca.

Quizá, si más adelante las constelaciones se alinean, volveremos a encontrarnos para reconocer las marcas de nuestros labios, las mordidas de otra era. Supongo que te acordarás de mi rostro y yo no habré olvidado ninguna de tus curvas, ningún horizonte de tus pupilas; supongo, querida, aún sabremos pronunciar nuestros nombres.