Etiqueta: Editorial Paraíso Perdido (página 1 de 4)

Escribir para librarse de parásitos


Conversación con Dán Lee,
autor de Deus ex machina



1. ¿Qué es para ti la literatura? ¿Para qué escribes?

La literatura es una ciudad inmensa en la que se puede jugar, trabajar, aprender, perder el tiempo, aburrirse también. La función más importante de esta metrópoli es la de acercar mentes, establecer diálogos que de otra forma serían imposibles. Para quienes transitamos sus calles, no hay distancias ni barreras temporales; como lectores y creadores, podemos rozar nuestros inconscientes. También es la posibilidad de crear algo donde no había nada… es magia, pues.

Escribo para librarme de parásitos. Hay ideas, historias, fijaciones, que me invaden como coágulos o virus. No me dejan estar en paz, sino hasta que salen en forma de ficción, con esqueleto de línea y músculo de párrafo. Así dejan de cosquillear por un rato; a veces un punto final las aniquila para siempre, otras veces mutan y atacan de nuevo… Sin duda es terapéutico, me ayuda a lidiar con mis neurosis.

También, como no, escribo para marcar mi paso en el mundo. Algún día me iré al vacío universal, pero espero que mi obra trascienda un poco más; quiero hacer magia, como dije antes, comunicarme con los habitantes del futuro.

2. ¿Cómo te enfrentas a una página en blanco?

La mayoría de las veces voy a la empresa con entusiasmo, en la búsqueda del siempre esquivo punto final, que en ocasiones está a una noche de distancia y en otras de plano lo he perdido de vista.

Una página en blanco es una oportunidad de demostrarme que puedo mejorar mi trabajo, pulir, ejercitar el músculo. Igual que con el ejercicio, a veces da pereza arrancar, pero una vez que las endorfinas corren, el cuerpo se deja llevar hasta donde dé esa sesión (el dolor viene después).

3. ¿Cómo te consideras como escritor? ¿Bohemio, arriesgado, metódico…?

Soy un escritor oportunista, con esto quiero decir que escribo cuando tengo oportunidad. Mi rutina de trabajo y familia no me deja espacio como para apartar un horario y escribir con la disciplina que yo quisiera. En vacaciones trato de cubrir cierto itinerario creativo, pero son pocos los días al año en que esto es posible. Eso sí, cuando estoy enfrascado en una obra en la que sé hacia dónde voy, escribo en cada minuto disponible; por ejemplo: si alcanzo un asiento en el transporte, me verán escribiendo en mi libreta. Pertenecer a talleres y participar en concursos me ayuda en la persecución de las estructuras correctas y me fustiga en la persecución de un punto final satisfactorio.

4. ¿Qué obras son influencia o inspiración para ti a la hora de escribir?

La obra de H. P. Lovecraft, la contundencia de sus ideas racionalistas expresadas por medio de la ficción especulativa y el efecto que logra ha sido inspiración en una gran parte de mi obra que está inédita. Sé que me gustaría escribir con la forma de narrar e hilvanar historias de Irvine Welsh, las estructuras y lenguaje de Juan Rulfo y Eduardo Antonio Parra… La verdad es que en el instante de enfrentar un nuevo cuento no pienso en eso, aunque sin duda las lecciones aprendidas y mis particulares filias modelan los textos.

Uno siempre quiere quedar bien con sus ídolos y sus maestros. En Deus ex machina encuentro las ganas de agradarle a Lovecraft con la creación de atmósferas; el intento de hacer una prosa sencilla pero no simplona, que diga más de lo que se lee, como la de Josefina Vicens; los conceptos “mágicos” de Alan Moore; inclusive los tips de un par de maestros de narrativa se cuelan tal cual fueron expresados en su momento. El inconsciente es impredecible, pero no indomable.

5. ¿Qué puedes decir sobre Deus ex machina?

La verdad es que no me gusta hablar de mi obra más que lo indispensable. Lo que sí me gusta es que tenga lectores y que a los lectores les genere un efecto, una impresión duradera; que no salgan del texto sin una sacudida, una arcada, al menos un suspiro. Los cuentos de Deus ex machina son muy distintos entre sí. Lo único que tienen en común es que puse en ellos lo mejor de mis herramientas narrativas con las que contaba al momento de escribirlos, corregirlos y editarlos.

Algo que me gustó al momento de armar la colección, y le doy crédito a Antonio Marts, fue que seleccionamos textos que de alguna forma tienen que ver con la chamba del escritor: un reportero de lucha libre, una voz narrativa en conflicto, un guionista de historieta, un novelista frustrado. Se muestra un panorama corto pero representativo de diferentes facetas del oficio de las letras.


Deus ex machina, #HistoriasSinSpoilers

Para más info del libro, clic en la imagen.


6. Los personajes, ¿se crean o los creas?

Soy cuentista. Por lo general los personajes llegan con su currículum listo para ponerse a trabajar de inmediato. Siempre hay que cincelarlos para darles volumen, pero no me detengo a pensar en su creación; quiero verlos actuar y que hagan lo posible para resolver sus conflictos. Con los personajes de cuento dejo que salgan del inconsciente, y solo hasta que he terminado el relato los redondeo y pulo. No dan tanta lata.

Cuando he intentado textos de mayor aliento sí he tenido que trabajar más en la creación formal de personajes, utilizando plantillas y otras herramientas creativas.

7. ¿Hay algo en los personajes que hable de ti?

Todos los personajes hablan de mí. Algunos bien, otros mal. Con esto no quiero decir que entienda por completo lo que dicen o que acepte sin trabas lo que el lector pueda deducir. Quien me conozca, encontrará en Deus ex machina mis deseos y temores jugando a las escondidillas entre las líneas.

8. Además de cuentos, ¿has escrito algún otro tipo de literatura?

Cuando estudié en SOGEM escribí de todo, aunque de ello lo más rescatable son algunas reseñas y guiones. Lo que me apasiona es la narrativa y hacia allá van mis esfuerzos serios. He escrito una noveleta que está en revisión editorial; otra más la llevo por la mitad según mis cálculos. También espero ver publicado este mismo año un volumen de minificciones.

9. ¿Hay algo, aparte de escribir, que te apasione?

Leer, por supuesto (narrativa y narrativa gráfica, además de teoría de la creación). Cuidar a mis hijos (bueno, jugar con ellos; lo de la disciplina y la responsabilidad no se me da con mucha pasión, pero el juego sí). A pesar de que tuve que dejarlas por una lesión, me siguen apasionando las artes marciales; es algo que deseo retomar en un corto plazo. Aunque no juego con frecuencia, cuando lo hago lo vivo con intensidad, me gusta convivir así; antes jugaba soccer, juegos de cartas coleccionables, juegos de mesa, juegos de rol, videojuegos.

10. ¿Algún acompañamiento musical para la lectura de Deus ex machina?

Sugerencias cuento por cuento:

—”Pregúntale al mar”: el sonido de la playa de fondo, pescado frito, una Yoli bien fría.

—”Deus ex machina”: Lust for life, canción de Iggy Pop.

—”El secreto de la magia”: sugiero leer previamente algunos episodios de la saga de Swamp thing de Moore y Bisette para entonarse con la atmósfera; luego ir a degustar el cuento en un bar concurrido, de preferencia en el área de fumar.

—”Sin argumento ni truculencias”: leerlo de madrugada en la un sillón individual; si es posible, en un ambiente urbano donde pasen autos esporádicamente, con una cobija a la espalda y una taza de café de aroma fuerte.

 

Llorar queriendo ser otro


Secreter

Por Nora de la Cruz

Hay una imagen en la Ilíada que me gusta mucho: los héroes —o incluso los dioses— llevados al límite de sí mismos, movidos por el miedo o la rabia, entienden que no pueden más y suplican la intervención de alguien más poderoso postrados, abrazando sus rodillas. Siempre recuerdo esa idea de la rendición, de la humildad, pero también de impotencia, claro. Pienso en Príamo ante Aquiles, lloroso y vencido, abrazando las rodillas del guerrero. Pienso también cómo se agrava esta imagen con la soledad: lanzados al vacío de nuestras carencias, de nuestra fragilidad, lloramos y abrazamos nuestras rodillas. Cualquiera que haya tocado el límite de sí mismo sabe de qué hablo. De no ser así, la manera más precisa de acercarse a esa experiencia es la lectura de la primera novela de Marguerite Yourcenar: Alexis o el tratado del inútil combate.

El cintillo de Alfaguara miente, como es costumbre: no se trata de una novela sobre el amor y la sexualidad. Es, sí, el relato de un hombre que se descubre a sí mismo ante los otros, en este caso ante su esposa. La novela en realidad es una extensa carta con la que el protagonista revisa su vida, que entiende como una extensa infidelidad contra sí mismo por haber ocultado siempre su homosexualidad. Pero, aunque la historia sea la de su matrimonio y aunque el conflicto del personaje se relacione, en efecto, con la sexualidad, Alexis es algo mucho más amplio. Es el tránsito espiritual del individuo a través de su ser, de la ambigua naturaleza de su deseo, que es lo más insignificante y a la vez lo más poderoso. Es, ante todo, uno de los más bellos exámenes de la vergüenza y la culpa que se hayan escrito en la historia de la literatura.

Recuerdo la temporada en la que leí el Alexis. No había acontecimientos extremos en mi vida. Tenía ocupaciones y amistades y una ventana que daba al cielo y a la copa de un árbol. Tenía un gato noble y heroico. Pero cada noche me servía un litro de agua helada y lo iba bebiendo mientras leía la novela, y en esos minutos la vida parecía sombría. Marguerite Yourcenar, incluso a sus 25 años, tenía tanto poder en sus palabras que aun ahora impone la lentitud. Así iba yo, en mi cama, iluminada por una lámpara de buró, cruzando la oscuridad del alma de quien se odia, y me costaba cada página, y en algún punto me faltaba el aire. La gran verdad que el personaje descubre no es su propia identidad, eso no basta para quemarnos de esa forma; lo que nos hiere es que la inocencia no nos salvará nunca del dolor ni del mal. La vida no es sencilla, dice, y tampoco es mía la culpa.

Pienso en eso cada vez que abrazo mis propias rodillas y lloro queriendo ser otra. Pienso en que no hay un Aquiles orgulloso al que se le pueda implorar compasión. Uno se rompe y se rinde, cae en la noche del alma. Hace bien recordar el Alexis. Saber que la vida es así y que de nadie es la culpa.

La escritura es el medio en el que puedo crear


Conversación con Dolores Garnica,
autora de Un gris casi verde


 MIENTRAS LEES, ESCUCHA EL SOUNDTRACK DE  UN GRIS CASI VERDE

 


1.  ¿Para qué escribir?

Dice mi mamá que comencé a tartamudear a los tres años, y entonces ella me enseñó a leer y todo cobró sentido: es la lengua escrita el medio en el que he podido comunicarme con lo demás en absoluta libertad, sin miedo, vergüenza, trabas o límites. A este principio se agregan 41 años, durante los cuales he comprendido que además de la facultad de comunicación, la escritura es también el medio, para mí natural, en el que puedo crear. Después de aceptar estas dos razones mantengo una certeza vital: ya no tengo nada que perder.

2. ¿Cómo vives la escritura? ¿Te ha servido de algo?

Es la literatura la que vivo a diario. Resido en “el mal de Montano”: entre la ficción y la realidad (y cada vez más en la ficción), así que comprenderás que me ha servido, más que de mucho, de todo.

3. Un verde casi gris, ¿cómo nace la idea?

Hace varios años comencé a escribir sobre mí en mi departamento, y la escritura comenzó a extenderse a mi edificio, calle, camellón, manzana, colonia y ciudad, y entonces fue la “ciudad” el concepto que me interesó durante varios años. A estos escritos se unió una solicitud para una beca al PECDA en 2015 que planteé pensando que durante ese año y por razones personales viajaría acompañada a vivir a Belleville, París, durante algunas semanas, y que sería interesante repetir el ejercicio en ese departamento, edificio, calle, camellón, manzana…

4. ¿Qué ventajas encuentras en el ensayo que quizá no encontraste en la narrativa?

En realidad ninguna, eso es lo que diría en público, pero la respuesta varía si pienso solo en mis gustos: me gusta la narrativa cuya directriz es la historia y no su contexto; me aburre la narrativa que entierra una buena historia en explicaciones, meditaciones, datos, reflexiones, opiniones y filosofías (aunque también tengo excepciones), la que desvaría como si una historia no fuera suficiente; y como cuando era joven escribí dos cuentos de este tipo, aburridísimos, entendí que no sería una narradora digna (o como me gustaría serlo), y que el ensayo es el soporte en el que debo, por ahora, experimentar. Me gusta pensar en esta elección desde un principio todavía más básico: me maravilla el cómo los artistas visuales crean a partir de imágenes o cómo los artistas sonoros escuchan todo, así que supongo que yo “pienso” en forma de ensayo. Sé que he explicado mucho, pero debo agregar algo: la decisión por el ensayo resultó definitiva durante mi tiempo en el taller de Israel Carranza, de quien siempre seré una servil fanática…

5. ¿En verdad son tan parecidos los habitantes de París y Guadalajara?

No pensé en comparaciones cuando escribí los ensayos, creo que de hacerlo seguiría aún hoy debatiendo entre lo individual y colectivo, y en los problemas que atrae cualquier intento de generalización (mucho más si es a partir de divisiones políticas), pero resultó que hay algo en el libro que se lee de esta forma, asunto que me sorprende y por eso me agrada. Diría que vi a Guadalajara y a París como dos ciudades diferentes, pero que lo me interesaba no era eso sino la manera en que “habito”, en que “habitamos”, en las dos ciudades, así que la Dolores que vive en Guadalajara y la que vivió en París (con Lalo) sí resultan increíblemente parecidas, pero diferentes, pero iguales, pero distintas, pero…


Un gris casi verde, #HistoriasSinSpoilers

Para más info del libro, clic en la imagen.


6. ¿De qué lado prefieres estar, del creador escritor o del gestor cultural, y por qué?

El año pasado, cuando coordiné la Feria Municipal del Libro 49, la pasé bien, pero al final la sufrí terriblemente (ahora creo que más por mí que por influencia de otros), así que pensé en dejar para siempre la gestión y dedicarme a escribir y a trabajar en proyectos que me gustaran mucho, pero de otros, como Plataforma MURA en la del Fresno o Escultórica Monumental en Zapopan, donde mi papel se limitaba a apoyar las ideas de gestores que admiro, como Olga Gutiérrez o Humberto Baca, pero, resulta que desde hace diez días, soy coeditora de una revista y comienzo a creer que es en lo editorial donde puedo mezclar los dos lados, así que estoy redescubriendo, justo ahora a mis 41 años, otro lado que no conocía y que estoy disfrutando muchísimo.

7. También tienes experiencia en el periodismo; desde tu punto de vista, qué ha pasado con la prensa cultural, ¿existe?

Que los periódicos como los conocemos hasta ahora estén en extinción no significa que el periodismo también. El periodismo está por encima de cualquier soporte. Leo a maravillosos jóvenes periodistas en Facebook, Twitter, blogs, revistas digitales y en otros medios que ellos mismos crean y hacen funcionar mediante su talento, y secretamente les envidio mucho el tiempo en el que les tocó trabajar porque les significa más libertad, extensión, esfuerzo y creatividad que lo que me tocó a mí.

8. ¿Cómo ves el panorama literario en México?

Viví algunos años con alguien que pensaba constantemente en esto, que se fijaba en el protagonismo de muchos que saben de relaciones públicas y carecen de talento, frente a talentosos en las sombras, sufriendo porque no los elegían, no salían en las listas, no los invitaban o no ganaban… creyendo que había una “primera división”, haciendo amigos para salir en la foto, recorriendo medio país para hacerse conocer, presumir de conocer al hermano, cuñado o exnovia de…  Así que aprendí que ver “panoramas” termina por amargarte y he decidido ignorar mercados, programas de ferias e incluso a los escritores, y fijarme más en la gente que admiro y en los libros que leo y que me gustan.

9. Recomienda tres libros

Inauguré 2018 como mi “Año universal del ensayo”, así que van mis últimos favoritos: Ensayos impertinentes de Jean Franco, un fino recorrido por el feminismo en América Latina (que resultó para mí tan importante como La Era de la discrepancia, y es que me redescubrió una tradición latinoamericana del feminismo que no había visto). Crónicas y ensayos de Marius de Zayas, un hallazgo genial, me he divertido y he aprendido mucho sobre la tradición de la crónica nacional de principios del siglo XX. El juego del arte de Hugo Hiriart, sobre el cómo la erudición es también sencillez. George Steiner en The New Yorker para repasar a un gran maestro, y ahora lo leo muy despacito para que no se me termine. Había mucha neblina o humo o no sé qué de Cristina Rivera Garza, así se tendría que rendir tributo a nuestros escritores favoritos.

10. ¿Café o vino para acompañar la lectura?

Vino, chocolate amargo y un gato en el regazo.

11. ¿Cuál sería el soundtrack para Un verde casi gris?

Me resulta esencial escribir con música y, aunque casi nunca escucho atentamente, hay ocasiones en que algo me impacta, tanto por su ritmo que termina permeando el ritmo de mi escritura. He aquí algunos discos (que recuerdo) que dictaron el libro: SINO de Café Tacuva; Ensemble Works, Silvestre Revueltas, con una fenomenal curaduría y dirección de Roland Kluttig; As Time Goes By de Bryan Ferry; Le déserteur de Boris Vian; The Essential Collection, una lata con tres discos de Edith Piaf que me regaló Lalo y Gold de Georges Brassens, a quien no menciono pero está en todo el libro, igual que Cole Porter, ¡ay! cómo quisiera escribir como él.


Fotografía: Cuitláhuac Correa

En viaje a través del tiempo y portales dimensionales Rodolfo JM nos cuenta en un minuto cómo pasó de escribir poemas a las historias que construye hoy en día. Y sí, también nos dice “por qué escribe”.

Suelo escribir aceptando el caos como método


Conversación con Daniel Centenoautor de Puerta Cerrada


Mientras lees, escucha el soundtrack de  Puerta cerrada

 

1. ¿Cuánto tiempo llevas escribiendo?

Desde que aprendí a sujetar el lápiz, hago garabatos que intentan decir cosas. Antes de escribir, dibujaba. Todavía dibujo cuando siento que no sé cómo expresar algo con palabras.

Comencé a escribir historias en la adolescencia, primero como vagas reflexiones en torno a mis dolores juveniles y en la universidad como una saga fantástica que muy probablemente nunca verá a la luz. Escribía los capítulos por entregas, que una amiga leía con el entusiasmo de quien está ayudando a construir un mundo. Y eso hacíamos. Escribir no solo era crear un mundo, era hacerlo visible en sus ojos.

Formalmente —cuando al fin decidí entregarme a la escritura—, mis primeros cuentos son de finales de 2014, cuando retomé una amistad con una de mis mejores amigas, también escritora.

2. ¿Qué es para ti la escritura? ¿Te ha servido de algo?

La escritura me impide olvidar. Es la forma más sincera que tengo de comunicar mis ideas en un contexto en el que uno siempre está expuesto a las miradas de desaprobación y los silencios incómodos. Hasta donde sé —uno nunca sabe del todo qué tanto es afectado por su propia escritura—, escribir me ha servido para acabar de encontrarle sentido a las ideas inconexas en mi mente y a esos sentimientos que solo al escribir puedo nombrar. Escribir es hablar conmigo mismo y también mi intento por entender a los otros. También, mi intento para darme a entender.

“Uno escribe lo que los otros no estarían dispuestos a escuchar de otro modo”. Cuando hablo, siento que hay un abismo insalvable entre el otro y yo. Cuando escribo, el abismo tiene sentido, existe por una razón; se hace visible en las palabras, la estructura, los personajes; es deber de mi escritura hablar de él, rodearlo hasta hacer visible su hondura, apagar la luz o encenderla cuando se vuelva necesario olvidar o recordar que está ahí. Escribir es intentar que los ojos de otro y los de uno armonicen.

3. ¿De dónde nace la idea de Puerta cerrada?

Puerta cerrada es una de tantas formas en que me hice la pregunta: ¿Es posible salvar el abismo que existe entre dos seres?

Poco antes de escribirla, murió el padre de una amiga a quien amo. La forma en que murió me hizo confrontarme con la idea de mi propia muerte, mi vida y con la idea del amor. Mi amiga lo amaba más de lo que nunca había visto amar a otra persona. El amor y la muerte van siempre juntos de la mano, pensé. El amor y el silencio. El amor y la ruptura. Cioran escribió: “Los únicos acontecimientos importantes de una vida son rupturas. Ellas son también lo último que se borra de nuestra memoria”.

Yo había perdido a personas queridas también ese año, lo cual vino a rematar el conjunto. Necesitaba escribir algo para replantearme el acto de perder a alguien. Necesitaba recordar cómo era darse cuenta de que no se está solo en el mundo cuando los ojos de los otros permanecen en la memoria, siempre expuesta al olvido.

¿Qué estamos dispuestos a hacer con tal de mantener vivo al otro que parece que ya no es más que un recuerdo?

4. ¿Cómo le vas dando forma a la obra? ¿Sueles ser metódico o escribes sobre la marcha?

Actualmente trabajo en un proyecto de cuentos con apoyo del FONCA. Es la primera vez que hago un proyecto de forma sistematizada —con calendario y todo—, orbitando conscientemente los mismos temas, intentando dar respuesta a una pregunta. Dice una amiga que no puede creer que esté haciendo al fin un proyecto, cuando yo suelo escribir aceptando el caos como método. Al final, resulta que ni siquiera ese proyecto se está salvando de mi forma habitual de trabajo: escribo por compulsión; cuando leo, cuando me surgen ideas, cuando ocurren acontecimientos importantes en mi vida o cuando siento que al fin me he dado —o estoy por darme— cuenta de algo. Puerta cerrada no fue la excepción.

Afortunadamente, soy uno de esos escritores que no paran de editar sus textos. Si al escribir se me escapó algo, la edición siempre me ha ayudado a regresarlo al camino.

Como diría una amiga: “Tú eres de los que creas ejércitos aunque no sepas qué hacer con ellos; si uno de tus soldados se queda atrás, vuelves y lo fortaleces”. Mi amiga me conoce muy bien.

5. ¿Hubo alguna obra artística que fuera influencia para crear la tuya?

“Una cosa más” es mi cuento favorito de Raymond Carver. La versión de “Principiantes”, es decir, la que no fue editada por Gordon Lish, termina con la cita que sirve de epígrafe a Puerta cerrada: “Sus ojos eran terribles y profundos, y él mantuvo todo el tiempo que le fue posible”. La idea de mirar al otro, incluso en el dolor, con tal de seguir mirando, de no dejar ir, de recordar, me hizo añicos como lector, y me hizo encontrarle sentido a lo que estaba por contar.

Puerta cerrada son esos ojos de los que hablaba Carver, esos que se niegan a dejar que el otro desaparezca.


Puerta Cerrada, #HistoriasSinSpoilers

Para más info del libro, clic en la imagen.


6. ¿Qué podrán encontrar los lectores en Puerta cerrada?

Una novela corta, introspectiva, con toques de humor, drama y, por sobre todo, el anhelo de vivir al margen de la muerte inminente y el olvido.

7. ¿Qué géneros literarios frecuentas? ¿Cuáles obras recomendarías?

Leo un poco de todo: fantástico, ciencia ficción, extraño, realismo sucio, realismo a secas, surrealismo; qué sé yo, de todo. Me la paso saltando de un cuento a otro, de un libro al que sigue; muchas veces terminándolos hasta mucho después o no terminándolos nunca. Tal es el caso, por ejemplo, de Dublineses, de Joyce, que he empezado y vuelto a empezar desde que tengo 11 años y a la fecha no logro terminarlo. Me gusta esa sensación de que aún tiene algo por decirme.

Más que géneros, frecuento autores. Les agarro el ritmo, a veces hasta logro entender lo que querían decir (o eso creo, claro, como uno cree entender a un amigo aunque cada cabeza sea un mundo). Raymond Carver, Alice Munro, Ray Bradbury, Truman Capote, Ken Liu, Katherine Mansfield, Inés Arredondo, Chéjov, Yukio Mishima, etcétera; acudo a ellos como se acude con un amigo.

Principiantes y Catedral de Raymond Carver, Crónicas marcianas de Ray Bradbury, A sangre fría de Truman Capote y La señal de Inés Arredondo, son mis obras favoritas.

8. ¿Qué piensas sobre la literatura actual? ¿Hay algún (os) escritores contemporáneos que recomiendes?

Los últimos meses he leído ciencia ficción, así que podría recomendar a Ted Chiang y a Ken Liu. Los dos han hecho cuentos que me parecen excepcionales. Del primero, “La historia de tu vida” y “El infierno es la ausencia de Dios”; del segundo, “Los algoritmos del amor”, “El literomante”, “Cambio de estado” y “El zoo de papel”. Ambos escritores, me parece, logran el equilibrio casi perfecto entre contar una historia interesante, llenas de ideas y emoción que uno siente sincera y honesta desde las primeras líneas.

Enrique Serna (“La incondicional”), Eduardo Antonio Parra (“Cuerpo presente”) y Carlos Velázquez (“El alien agropecuario”) son los que se me vienen a la mente si pienso en escritores mexicanos que hoy en día siguen publicando y de quienes disfruto mucho su lectura.

9.-¿Algo que desees agregar sobre ti o tu obra?

Agradezco a todos los que han leído Puerta cerrada y también a los que la leerán.

Si Puerta cerrada tiene un propósito, espero que sea el iluminar el abismo, no ceder ante él. No le puedo pedir otra cosa. A nadie podría pedirle nada más.

Instantánea Express 10: ganador

Compartimos el texto ganador de la edición 10 de  #InstantáneaExpress


Fotografía de Cody Davis / Unsplash

Hay quien afirma que la juventud es un filtro, un proceso darwiniano al que solo sobreviven los más fuertes, aquellos que han demostrado su capacidad para convertirse en hombres. Yo prefiero pensar que a todos nos toca pasar una temporada en el infierno, y que todos somos vulnerables al abismo.

Rodolfo JM | Versos de una hora

GANADOR: GABRIEL BENITEZ

Antifiltro

La experiencia ha demostrado que el tiempo es el veneno más poderoso. Así que la infancia, la adolescencia, la adultez no son fases de vida, sino niveles de intoxicación más elevados. Nuestro cuerpo tiende a crecer para asimilar más de ese veneno y contenerlo, pero es inútil: el tiempo es infinito y la carne tiene un límite.

Alguien afirmó en algún lugar que la juventud era solo un filtro al que solo sobreviven los más fuertes, los que acabarán convertidos en hombres. Creo que quien lo dijo no ha visto las oficinas llenas de sobrevivientes grises cuya vida solo languidece mientras comen más y más tiempo. Esos no son hombres, sino muñecos atrapados en lo que erróneamente llaman vida, que no es otra cosa que una matrushka mortal: su país, su ciudad, su edificio de oficinas, su piso, su cubículo, su silla con la computadora. Y un reloj que, como araña, va dando vueltas por las 12 horas de su carátula, tejiendo la red donde todos caerán como moscas.

El reloj y la araña son una misma cosa. No hay sobrevivencia del más apto en esta telaraña que llaman vida.

Pero no será así para mí.

Mira mi traje: Está herméticamente sellado. Nada entra y nada sale de él. Es mi antifiltro. Yo no me volveré joven, ni adulto, ni viejo, porque dentro de él, no existe el tiempo. Adentro, muy adentro, solo estoy yo. ¿Entiendes, doc?

 

Del bajo o porque las moscas zumban en FA


Omnifón

Por Profesor Roque
Twitter: @mambosatan

De la tradición

Pueden decirme anticuado, nostálgico o simplemente un romántico ridículo, pero a pesar de que cada día se leen menos periódicos en papel he de confesar que aún disfruto el olor de la tinta sobre el papel al leer las noticias impresas. Mi sección favorita son las tiras cómicas. Mi día comienza al leer las aventuras y desventuras de esos personajes salidos de otros épocas. Mutt y Jeff, conocidos aquí como Benitín y Eneas, tienen apareciendo desde 1907 (bueno, primero fue Mutt, o Eneas, y luego Jeff o Benitín). A veces comienzo con las “divertidas” en las que incluyo a Popeye, Lorenzo y Pepita (Blondie su nombre original, y de donde surgió el nombre de la banda new wave homónima), Periquita y Archie. Otras veces las primeras que leo son las “serias”, donde Mandrake el Mago, El Fantasma, o El Hombre Araña nos dejan “picados” por saber que sucederá en su próxima aventura.

Lo que invariablemente dejo al final es el pequeño recuadro que pertenece a la sección de Ripley, esa de “Aunque Usted no lo crea..”. Fue precisamente ahí que hace unos días me enteré que las moscas al volar suenan en la nota Fa (o F en el sistema gringo)[1]. La noticia me pareció curiosa y compartí ese dato en mis redes sociales, agregando la frase “Las moscas son bajistas ”. Inmediatamente un amigo me dejo el comentario “con razón nadie quiere a los bajistas¨. Yo, que soy un bajista frustrado, no pude mas que sonreír amargamente y solo pensar que es un estigma que debemos soportar hasta el final de nuestros días, en espera de tiempos mejores para el gremio.

La tradición dice que los bajistas somos guitarristas fracasados; que el bajo por tener solo cuatro cuerdas es mas fácil y se opta por tocar ese instrumento y no la guitarra. A mi favor tengo que mi instrumento favorito es el bajo, fue el primero que agarré para tocar, nunca la guitarra. Si uno busca en Internet encontrará infinidad de memes haciendo mofa de los bajistas, concluyendo que nadie les extrañará si llegan a faltar en algún grupo musical. No hay nada mas falso que eso, estudios científicos han demostrado que los bajistas son (¿somos?) el elemento mas importante de una banda. La Universidad McMaster, de Canadá demuestra que las frecuencias bajas, las cuales son detectadas de manera mas fácil por los escuchas y detectaban cuando esos tonos no estaban. El bajista, además de ser parte de la sección rítmica, también debe estar acorde con la armonía musical de la banda. Si no me creen pueden checar el articulo de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU[2].

Un poco de historia

El bajo no siempre formó parte de los combos de música pop, pero como se ve, los sonidos graves son esenciales en la música, incluso en la música electrónica, por lo que siempre se buscó una forma de tener esos tonos bajos. Kraftwerk sustituía las líneas de bajeo con un sintetizador, de la misma forma que Depeche Mode usaba al inicio de su carrera un Moog Podigy exclusivamente como bajo. Otros pioneros como Cabaret Voltaire, en sus primeros años hacían una gran combinación de cajas de ritmos, guitarra junto a la voz y bajo de Stephen Mallinder, para finalmente dejarle todo el papel de los tonos graves a un sintetizador.

Antes del bajo eléctrico estuvo el Contrabajo, un enorme armatoste de madera, tan enorme que incluso su ejecutante podía montarlo como si fuera un caballo. Chequen este video de los primeros años del rock and roll donde Al Rex, de Bill Halley & His Comets cabalga su contrabajo:

o a Lee Rocker de los Stray Cats

El escritor Patrick Süskind, famoso por su novela El Perfume, tiene un monologo titulado “El Contrabajo”, donde su personaje va contando de manera agridulce las desventuras de su condición de contrabajista de una orquesta sinfónica. Explica por que es importante el bajo cuando expone que a pesar de que los tonos graves parecen no percibirse cuando se tocan en una obra, ya que aparentemente sobresalen los agudos, si uno se aleja es cuando la magia sucede: los agudos se pierden y lo que mejor se escucha son los graves. Recuerden el momento de llegar a un concierto que ya inició y como efectivamente el sonido del bajo es el que mas se nota.

El personaje de Süskind habla también de lo difícil que es viajar con el contrabajo en un taxi, o en el avión, siempre molestando a los pasajeros en el metro. Me viene la anécdota que escuche en el programa de Ronnie Wood, guitarrista de los Rolling Stones, donde Paul McCartney, bajista de ya saben quien, hablaba acerca de sus influencias, dándole importancia a Bill Black, contrabajista de Elvis. Cuando Elvis y su banda comenzaban a tener éxito viajaban por EU en esos enorme autos de los años cincuenta, donde el contrabajo siempre iba amarrado en el techo del auto. Tiempo después Bill Black fue de los primeros contrabajistas en cambiar su instrumento por el recientemente creado bajo eléctrico, en su caso un Fender Precision bass, mejor conocido como P-Bass. Fue precisamente este el primer bajo eléctrico de la historia. Inventado gracias a la necesidad de que esos sonidos graves pudieran escucharse, ya que la guitarra y la batería los nulificaban y se tenía que usar un instrumento algo grande como el contrabajo. Por cierto Paul tiene el contrabajo de Bill Black, y cuenta que nunca lo ha podido tocar bien. Sobre el icónico bajo eléctrico en forma de violín de Macca, es un Hofner alemán y a pesar de la idea que se tiene de ser barato, es un instrumento muy bien hecho.

De casos a casos

Casi todos comenzamos a tocar un instrumento al llegar a la adolescencia, muchas veces con la idea de tener una banda. La mayoría quieren ser cantantes o guitarristas. Es común que por cuestiones prácticas los ensayos se hagan en la casa del baterista, por lo difícil que es armar y desarmar la batería y moverla, además de la vocación masoquista de los padres para soportar tremendos tamborazos (¿quien en su sano juicio compra una batería para el chamaco?). Pocos son los que optan por ser bajistas. Por otro lado, ejemplos de guitarristas convertidos en bajistas existen varios, incluyendo al mismísimo McCartney, porque cuando Stutcliffe decide dedicarse a la pintura y abandonar la posición de bajista en la primera alineación de The Beatles, Sir Paul, mas a fuerza que por gusto, paso a ocupar la vacante.

Muchos bajistas, curiosamente, han sido ejecutantes de instrumentos de aliento, como en el caso de John Entwistle, de The Who. Inicialmente comenzó tocando la trompeta, como no se escuchaba en sus primeras bandas optó por intentar con la guitarra pero sus dedos eran tan largos que terminó cambiando al bajo y reinventó su sonido dentro del rock.

Un músico que comenzó como flautista fue Mick Karn, el peculiar bajista de Japan, que solía aparecer con las cejas completamente rasuradas y los ojos llenos de sombras. Parecía un Nosferatu post punk, además de ser rara avis por tocar un bajo fretless (sin trastes), Karn usaba mucho la melodía en sus líneas de bajo, incluso ocupando con su instrumento la voz principal en las canciones de Japan. Lo más admirable es que él mismo se enseñó a tocar el bajo, lo que da esperanza de tocar decentemente a muchos autodidactas. En una entrevista decía que a veces dejaba de tocar hasta por seis meses, y al preguntarle si eso no provocaba que sus habilidades disminuyeran, respondió que sí, pero que le gustaba tener esa sensación de tocar el bajo como si fuera la primera vez. Aquí hay una muestra de su maestría.

David J es otro bajista que hace uso de un fretless, a pesar de que posiblemente muchos no lo consideren un gran bajista, su sonido es elegante y sobrio. Su bajo Fender precision suena potente pero sin quitarle preponderancia a la guitarra tanto en Bauhaus como posteriormente en Love & Rockets. Fue gracias a él que me interese en ese instrumento y no en la guitarra como la mayor parte de los adolescentes del mundo. David J es enigmático: siempre de traje y con lentes de sol, leí recientemente que tiene mas de 35 años con el mismo estilo de corte de cabello. Por mi parte yo siempre seré un gordo con el cabello desaliñado. Sobre su equipo, prefiere las cuerdas de su bajo de entorchado liso, lo que le da un sonido mas brillante. Ya desde Love and Rockets David J ha estado tocando con un bajo fretless, o sin trastes, lo que hace su sonido sea más cercano a los antiguos contrabajos, o tololoches como les decimos en México. Tuve la gran suerte de encontrarme a Mr. J en la desaparecida tienda de discos “Tower Records” de la Ciudad de México, lo único que pude decir fue “hi”, me quedé sin palabras. No había aún teléfonos celulares y no todo mundo traía una cámara por si se cruzaba algún “famoso” y atestiguar su encuentro. Iba acompañado de su hermano, Kevin Haskins, baterista en ambas agrupaciones, y los dos me respondieron muy amables el saludo.

Cosas de hermanos

Las bandas que cuentan con hermanos a veces se enfrentan a dilemas cuando los dos son guitarristas. Colin Greenwood de Radiohead pertenece a esa categoría. Su hermano menor Johnny Greenwood, es el guitarrista y a falta de bajista no le quedó de otra a Colin que ser el bajista. Eso hace que sus líneas de bajo tengan mucha melodía. Últimamente la banda esta más enfocada al atasque sonoro, y ahí sus líneas sobresalen fácilmente.

En Café Tacvba sucedió lo mismo, Kike Rangel, que en un principio era guitarrista, terminó como bajista ya que su hermano Joselo sabía tocar la guitarra y además había fundado la banda junto a Rubén Albarrán. En ambos casos la ecuación es simple: sobraba un guitarrista, faltaba un bajista. Cosas de hermanos supongo.

Self made bajistas

Casi todos los bajistas menores de 60 años iniciaron sus aventuras musicales con el punk. Este genero logró lo que muchos profesores no pueden hacer: que los jóvenes se interesen y estudien algo. Sin importar sus nulos conocimientos musicales, el punk invitaba a tocar. A pesar de que siempre habrá algún Sid Vicious, más famoso por subir al escenario y cortarse el pecho, que por sus líneas de bajo, el deseo de imitación generó bajistas como Steve Severin de Siouxie and The Banshees, Simon Gallup de The Cure, y sobre todo Jah Wobble, fundador junto con Johnny Lydon (conocido como Rotten en los Sex Pistols) de Public Image Ltd. Wobble, 100% autodidacta, consiguió que su gusto por los ritmos de Jamaica, en especial el sonido del Dub, se fusionara al Post-Punk influyendo a infinidad de bandas.

Los músicos también comen y pagan renta

Los músicos de sesión son héroes anónimos presentes en muchos discos y canciones que disfrutamos. Incluso bandas que “carecen” de bajistas, como The Doors, donde el bajo lo “llevaba” el teclado de Manzarek, han tenido que recurrir a ellos, al menos en los discos. En sus grabaciones contaron con una serie de músicos de sesión tales como Jerry Scheff, Lonnie Mack, y Douglass Lubahn.

Podemos incluir en esas listas a Sabo Romo, que además de con Caifanes ha sido bajista en casi 200 discos, grabando cosas que él mismo no quiere decir ya que estrictamente lo hizo por dinero.  Abraham Laboriel es otro mexicano afamado como bajista de sesión, sus bajeos están en mas de 4000 discos. Los músicos también tienen que comer y pagar renta.

Mención aparte es el caso de la mítica Carol Kaye, nacida en 1935 y que a la fecha sigue tocando y dando clases de música. Carol es una multi-instrumentista que ha sido músico de sesión, incluso formó parte del Wrecking Crew, una imponente banda conformada por músicos de sesión que han participado en discos de diversos cantantes. Kaye calcula que ha sido bajista en alrededor de 10,000 álbumes. Uno de sus bajeos mas reconocibles y que al momento de leerlo lo vas a tararear es el tema de Misión Imposible.

Las mujeres y el bajo

Es muy frecuente asociar la figura de bajista a mujeres, y ejemplos tenemos muchos, desde la guapísima Suzy Quatro, que en los años setenta estaba presente en infinidad de posters de adolescentes, pasando por Tina Waymouth de The Talking Heads hasta llegar a dos Kims, Kim Deal de The Pixies y posiblemente la Km más conocida: Kim Gordon de los extintos Sonic Youth. El hecho de ver al bajo como un instrumento que muchas mujeres escogen tal vez explique las bromas que se les hacen a los bajistas respecto a que no consiguen chicas pero sí ligar chicos, o estar más solos que nadie.

Los sonidos graves son entonces la medula espinal de una canción, su presencia es indispensable en todo tipo de música. Uno no puede imaginar una boda sin los ritmos machacones de la cumbia haciendo a todos bailar. Sin ese elemento es como comer un taco sin salsa picante: No tiene sabor, o peor aún, como sexo sin orgasmo. Nadie quiere a las moscas, pero sin ellas el mundo sería un horrible paisaje lleno de cadáveres. Igual que una canción sin el bajo, así que ahora ¿quién se ríe de quien?


[1] Las notas para el bajo se leen en clave de Fa en el pentagrama, donde la nota de Fa esta en la cuarta línea del pentagrama. Otros instrumentos graves como el contrabajo, el violonchelo, la tuba, y las partes graves de un piano, por citar ejemplos)

[2] http://www.pnas.org/content/111/28/10383


Fotografía de portada Kari Shea / Unsplash

El pez, la sala de espera y Carver


La pecera secreta

Por Cástulo Acéves

Madrugada

Son las seis de la mañana y hasta hace unos minutos caía, para variar, una tormenta en Guadalajara. En 25 horas mi hija entrará al nuevo curso escolar, en 23.5 yo estaré maldiciendo porque hoy no dormí un poco más, aprovechando que era domingo y que empezarían las desmañanadas. Me desperté en cuanto escuche los truenos para verificar que estén cerradas las ventanas. Aproveché para revisar a los niños y me di cuenta que mi hijo de cuatro años tenía temperatura, lo cual no me sorprendió pues se quejó ayer de dolor de garganta, su hermana hace exactamente una semana pasó por lo mismo y suponíamos el contagio. Siempre hay un hijo que atender, una deuda que pensar, muchos pendientes de la chamba, literarios, familiares, que rondan mi cabeza. Siempre he sido de poco dormir.

Hace meses que Editorial Paraíso Perdido me invitó a hacer una columna mensual. Como colaborador, autor y editor era lo natural que escribiera en el blog. Confieso que yo no acostumbro escribir ensayo, no más allá de algunos “posts” en Facebook. Siempre me ha costado escribir columnas y opiniones porque, ante todo, me siento cuentista y nunca tuve algún curso sobre este género. Además no estaba muy seguro de la temática que quería abordar: ¿asesinos seriales, tecnología, informática y sus historias extrañas, ciencia ficción, literatura?  Supongo que eventualmente abordaré varios de esos temas, que suelen ser mis favoritos, pero la idea de la temática principal me vino hace un mes.

Mi hija se empezó a quejar de dolor de estomago un lunes, además traía fiebre, justo el día de su cumpleaños. Estaba conmigo en el trabajo y yo supuse que era indigestión, por lo que le di los medicamentos usuales. Ese fin de semana le haríamos su fiesta, pero esa noche irían a la casa familiares, por lo que esa tarde nos olvidamos del asunto. Como al día siguiente se seguía sintiendo mal hicimos cita con el pediatra. Esa tarde recibí una llamada del médico, lo cual me extrañó. Tranquilo, me dijo para abrir conversación, como efecto contrario mi estomago se revolvió, después me dijo con calma que mi hija posiblemente tenia apendicitis. Me preguntó si tenía seguro médico y nos envió a un hospital donde seguro sería válido. Me lance de inmediato al lugar. Cuando llegué, mi cuñada, que había acompañado a mi esposa, se llevó al niño y nos quedamos solos con mi hija. Yo le decía que estuviera tranquila, que solamente era una posibilidad a descartar, y que si estaba enferma, en todo caso le harían un agujerito y con una maquinita le sacarían un pedacito de su intestino llamado apéndice. Ella soltó el llanto, evidentemente no eran las palabras más tranquilizadoras. Dado que en emergencias solo puede estar uno de los padres, pareció el momento idóneo para que yo saliera.

Sala de espera y Carver

Las salas de espera de emergencias de los hospitales son un lugar extraño, he estado varias veces, esperando hospitalización de mi esposa o mis hijos, y siempre hay algo nuevo, algo de desconcierto, como si fuera la primera vez y toda la experiencia anterior se hiciera humo. Los rostros de las personas son, aunque no lo parezca, amables. Aunque cada quién este sumergido en su drama personal, en su problema particular, he descubierto que las personas tienen a solidarizarse un poco. Tal vez, también como respuesta a la crisis, las personas tienden a bloquear la situación y hablar de las cosas más triviales. Al estar allí sentado pensé precisamente en que debía observar todo por si después quería escribir algo. Entonces me cayó de golpe el recuerdo del cuento “Parece una tontería” de Raymond Carver, que trata sobre una pareja cuyo hijo es atropellado. Tal vez no es su mejor texto, pero a mí siempre me ha parecido memorable y ha logrado conmoverme.

Sé que pensaran en este momento que soy un mamón, el escritor piensa en un cuento en plena crisis, pero les juro que es verdad, aunque advierto que pueden creerme muy poco cuando escribo. En parte estaba presente ese cuento porque lo compartí en un taller meses antes, también porque Gabriel Rodriguez Liceaga habló de Carver en una de sus columnas. Yo pensé en la historia y se humedecieron mis ojos, mi imaginación de inmediato empezó a preguntarse qué pasaría sí, al igual que en la narración, teníamos que cancelar el pastel y la fiesta porque algo le pasaba a mi pequeña, qué sería de mi vida si la operación iba mal y la perdía. Respiré, fui al baño a lavarme la cara y secarme las lágrimas, intentando ser discreto, porque soy el padre, el fuerte, el calmado, yo soy quien debía infundir confianza a mi esposa e hija.

Mientras estaba allí, maldiciendo a Carver por escribir un cuento tan perfecto, por haber acabado con un tema dejándonos a los escritores futuros sin poder hablar de hijos hospitalizados, pensé en el que podría ser el tema de la columna: Ser padre. Por supuesto, procuraré no caer en clichés, prometo que nunca diré que es lo mejor del mundo, o que ser papá es muy difícil, o tantas cosas que se escriben al respecto. Espero encontrar una forma de comunicar con humor lo que se vive. Por cierto, al llegar los resultados de estudios de orina y sangre, resultó que mi hija solo tenía una infección muy fuerte en el intestino. Regresamos a casa aliviados. En honor a ella, y a mi hijo, decidí nombrar esta columna, basados en un chiste que ella quiso contarme y derivó en un cuento corto que ya publiqué en mi muro:

-Papá, me dijo mi hija acercándose hace rato, ¿Cuál es el pez que no te deja dormir?

-Mmmm, el pez DeudasEnElBanco, el pez ColegiaturasYGastosFamiliares, el pez ReparacionDelAuto, el pez SituacionEconomicaPoliticaSocialDelPais, el pez ViolenciaYNarcoYTodoLoHorrible, el pez NoLeHeAvanzadoALaNovela, el pez CasiTengoCuarentaYLaVidaEsUnCaos, alguna vez el pez NoMeHaBajado, el pez AcabarLaTesis, el pez TengoExamenDeCalculo3YNecesitoUnDiezEnElParcialParaPasarLaMateria…

-Noooooooo papá, el pez Adilla…. qué raro eres, con razón eres escritor.

Fotografía de Kazuend / Unsplash

Instantánea Express 10

Para esta edición de #InstantáneaExpress tendremos como premio un ejemplar de Versos de una hora de Rodolfo JM y un ejemplar de Ceremonia de Daniel Espartaco Sánchez.

El correo al cuál tienen que enviar sus textos es editor@editorialparaisoperdido.com y tienen hasta el próximo viernes 8 de septiembre para participar. El ganador se dará a conocer en el blog en el transcurso del martes 12 de septiembre.

Si aún no conocen la mecánica para participar, es sencilla: buscamos historias que no pasen de 250 palabras inspiradas en la imagen y la cita que encontrarán a continuación. Favor de enviar sus textos vía correo electrónico indicando en el asunto #InstantáneaExpress10. Su historia debe tener un título y la cantidad de palabras empleadas.


Hay quien afirma que la juventud es un filtro, un proceso darwiniano al que solo sobreviven los más fuertes, aquellos que han demostrado su capacidad para convertirse en hombres. Yo prefiero pensar que a todos nos toca pasar una temporada en el infierno, y que todos somos vulnerables al abismo.

Rodolfo JM | Versos de una hora

 
Fotografía de Cody Davis / Unsplash

¿Qué sucede en la imagen? ¿Qué relación tiene con el texto de Rodolfo JM? ¿Sucede antes o después? Cuéntenlo en 250 palabras o menos.


Al participar en #InstantáneaExpress y enviar su texto por correo, aceptan sin condiciones que en caso de que su texto sea el ganador se pueda usar y reproducir en el blog y redes sociales de Editorial Paraíso Perdido y en alguna publicación, virtual o impresa, de la misma editorial. Todos los participantes recibirán un código con el que obtendrán 10% de descuento en los libros de nuestra tienda en línea. Al final del año se publicará un anuario con los ganadores y se elegirá la historia favorita, es decir al campeón de campeones de nuestro certamen.

Instantánea Express 09: ganador

Con la novedad de que por primera vez tenemos un empate, compartimos los textos ganadores de la edición 09 de #InstantáneaExpress.

Instantanea Express 09, #HistoriasSinSpoilers, #InstantáneaExpress

Lo que de veras me intriga es como un dispositivo tan sofisticado como el cerebro humano, capaz de erigir rascacielos y predecir el movimiento de los astros, de componer sinfonías, de cartografiar los genes, de crear inteligencia artificial y hasta de estudiarse y comprenderse puede, por otra parte, ser tan elemental, que viva toda su vida satisfecho con las incidencias del deporte y la farándula.

¡Tanto misterio, tanta complejidad, tantos millones de años de evolución para contentarse con un gol del “Chicharito”!

Manuel Fons | Gedankenexperiment

 

GANADOR: PATRICIA BAÑUELOS

Que la razón no entiende

La Razón del neocórtex juega la final por la copa de la “Supremacía Neurológica” en cascarita pambolera contra Los Primitivos del sistema límbico. Jugadores de ambas escuadras se alinean por color en cada barra del futbolito de madera estufada medidas reglamentarias.

Al silbatazo la bola corre vertiginosa, los defensores del arco neocórtex juegan de color rojo, acomodando pases cortos de múltiples conexiones. Los Primitivos casaca albiazul, se mueven a muñequeo veloz en tonos de  insolentes decibelios.  Marcador uno-cero favor del equipo de La Razón por un tiro de precisión matemática. Los ánimos se calientan en la banca celeste, regresan del descanso crecidos venciendo al arquero escarlata con un  cañonazo  de testosterona bajado con el pecho por  su capitán.

Límbicos mantienen la posesión del esférico. Neocórtex recupera el balón e intenta acomodar por la banda derecha. El cancerbero de la portería de Los Primitivos retiene la bola antes de que el equipo de La Razón pueda rematar con la cabeza. El saque de meta lo gana el jugador de jersey rojo  número diez. Intenta una jugada de pizarrón que choca en el travesaño. Recupera de nuevo y se descuelga inteligentemente hasta la portería contraria. Una chica en minifalda pasa junto a la banca de la defensa neocórtex, el delantero  carmesí en un arrebato de libido anota en su propio arco. Los Primitivos festejan el triunfo cual cavernícolas, asegurando que  aunque Pascal está en lo cierto, la causante del autogol ni estaba tan buena.

 

GANADOR: DANIEL HERNÁNDEZ

El balón no está hecho para detenerse en la red

Cada sábado volvíamos al fin del mundo. Tenían salchichas, cerveza, y futbolitos. Íbamos por las primeras dos cosas y de paso seguíamos jugando.

Nunca usamos más de seis monedas para determinar cuál de los dos era mejor. El resultado emergía como un grito por ahí del cuarto partido. El quinto ya era ejecutor. El sexto, un mito.

Mientras jugábamos, a veces a él se le ocurría entablar argumentos en favor del fútbol. Ora “es la epitome del deporte”, ora “una recreación sana para el espíritu”. Mucho verbo para algo en lo que rara vez se necesita una sola palabra. Yo pateo, tú pateas. Verbo mudo sin predicado.

Lo confronté alguna vez, en un momento de duda, preguntándole si había considerado la posibilidad de que los dos habíamos perdido la cabeza por culpa del juego. Él pensaba que yo hablaba del futbolito, pero yo hablaba del fútbol verdadero. Aunque incluso el fútbol real se siente como rodeado por redes de mentiras.

Lo cierto es que mientras jugábamos al fútbol los sábados, imaginaba que el cansancio me rodeaba a mí también, como una red enorme. La red de todo cuanto lograron quienes han vivido desde hace siglos en la tierra. Toda su sabiduría, lo que han descubierto del mundo, enredado frente a mí. Rebotaba y volvía de esa red, alejándome, como si fuese un balón que es regresado al campo de juego por otros noventa minutos extendidos hasta ser una vida.

La red debía llevarme a algún sitio, pero jamás la seguí.

Antiguas entradas