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La literatura la vivo de la manera más egoísta del mundo


Conversación con Abril Posas,
autora de El triunfo de la memoria


1. ¿Qué es para Abril Posas la escritura? ¿Para qué escribes?
Cuando escribo me siento como un ingeniero, un arquitecto: estoy creando un mundo en el que las calles tienen la dirección que yo planeo, el sol se pone como lo imagino y vive la gente que yo quiero. No me siento como un dios, porque no lo veo como un teatro para mis marionetas; me gusta pensar que levanto una construcción para que alguien más lo habite o encuentre puertas para abrir otras posibilidades.

2. ¿Desde hace cuánto te dedicas a la escritura?
Desde hace mucho tiempo me dije que me dedicaría a escribir. La primera vez que lo dije en voz alta tenía una percepción muy romántica del oficio, y ahora hasta pena me da admitir lo que creía que sería mi vida en este momento. Pero sí diré que por eso estudié letras (error). La primera vez que lo sentí como algo real fue cuando firmé un contrato para una beca, pero pasaron años y en 2011 un amigo muy querido me dijo “¿Cuándo te vas a tomar esto en serio?” Ha sido un recorrido desde que estaba en la secundaria, pero que poco a poco se ha hecho más fuerte.

3. ¿Cuál es la “historia secreta”, si es que hay una, detrás de El triunfo de la memoria?
No hay ningún secreto, realmente. Hay extractos de mi vida, porque soy tramposa y es más sencillo tomar ciertos aspectos de mi propia memoria que, pienso, ayudan a una historia que tal vez no tiene mucho qué ver conmigo. Eso sí: no me aguanté y les hice homenaje a los personajes que más cerca tengo de mi tripa: mi madre, mi padre, The Smiths y aquel bar en donde me sentí en casa hasta en los días más tristes de mi segunda adolescencia. Todo lo demás es anécdota al servicio de una trama que me interesa más que el recuerdo mismo.

El triunfo de la memoria, #HistoriasSinSpoilers

4. En los cuentos de este libro encontramos cierta nostalgia dolorosa acompañada con dosis de cinismo, personajes con rabia contenida (a veces no tan contenida), pero que generan empatía, incluso ternura. ¿De alguna manera esto refleja tu visión del mundo?
He tenido que vivir con dos aspectos de mí misma, que me cuesta admitir que existen al mismo tiempo. Por un lado, no soporto a los que dicen que “si los lunes no te gustan, lo que está mal es tu vida” o “el éxito es de quienes se atreven a fracasar”. ¡Ugh! Pero al mismo tiempo, no le creo a los que dicen que extrañan ser infelices. Supongo que hay más de mí en este libro de lo que pensaba, porque claro que este mundo es más valle de lágrimas que escenario de TED Talk para levantarle el espíritu a alguien que, quizá, merece y quiere sufrir. Y también es el mundo en el que hay gatos: para mí es suficiente para intentar salvarlo.

5. ¿Eres de los autores que tienen planeada la estructura del libro de principio a fin, o de los que dejan que los personajes “vivan” y “decidan” cómo terminar su historia?
Alguna vez quise jugarle al vergas (¿a la vergas?), así que me senté, abrí un nuevo documento de procesador de textos en blanco y empecé a escribir sólo con el inicio de un argumento, quesque pa’ ver a dónde me llevaba. Fracasé miserablemente. Ahora pienso, tomo notas y, hasta que no sepa cómo va a terminar, no escribo el texto. Es cierto que una vez que encuentro el ritmo la historia da sus propios saltitos, me envía guiños que le permito conservar, pero al final sé dónde van a terminar todos, aunque intenten —y logren— dar giros espontáneos. No sé si madurar es dejar que la historia dicte su propio camino; quizá algún día aprenda a hacerlo de ese modo.

6. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para el momento de enfrentarte a la página en blanco?
Escribo mejor cuando estoy sola o logro aislarme de todo lo que está pasando. Debe haber audífonos (aunque no haya música), cigarrillos y, durante un tiempo, pensaba que una cerveza era importante. En realidad sólo necesito el aislamiento y el tabaco y, de ser posible, un gato que me vigile porque me da por perderme en páginas de Internet que ya no tienen qué ver con lo que estoy haciendo.


Escucha el soundtrack de El triunfo de la memoria


7. ¿Qué obras (literarias, musicales, cinematográficas) te han dejado huella? ¿Qué artistas consideras cómplices?

Yo soy de los idiotas que malinterpretaron las canciones de The Smiths y nos formamos sentimentalmente con ese hermoso error. Por eso me gustan tanto The National, PJ Harvey, Nick Cave, Tori Amos, The Cure y Radiohead son de los que no se me apartan jamás, y la Shirley Manson de 1995 la tengo quemada en el cerebro.

P.T. Anderson y Sophia Coppola (a pesar de ser tan, pero tan blanca), Charlie Kauffman, Seinfeld, los hermanos Nolan, Tarantino, Los Simpson (¿es triste que no hable de sus escritores ni directores, sino sólo de los personajes? No): he querido ser como ellos en distintas ocasiones y siempre me dan (bonito) en la madre. Mi nuevo héroe es Dennis Villeneuve. Luego están Cortázar, Fitzgerald, McCullers, Cheever, Hornby, Melville, Zweig, Stamm, Garro, y sé que olvido muchos otros, pero ellos siempre me saltan en la cabeza.

8. ¿A ti te ha salvado la literatura? ¿Te ha servido para algo?

La literatura es algo que vivo de la manera más egoísta del mundo. He dejado de comprar cosas para otros por tener un libro nuevo. He dicho más de una vez no a alguien para leer un libro. No he ido a reuniones para escribir un cuento. Ha sido muy fácil mentir con que estoy ocupada con tal de evitar la interacción humana y disfrutar unas páginas. Pero también me ha regalado conversaciones con amigos, coqueteos con gente que ya no topé de nuevo —y todo por no preguntar un nombre—; hizo puentes con personas que veo una vez al año con el mismo cariño con el que abrazo a los que viven conmigo. Me ha dado de comer y, con toda la sorpresa del mundo, le enciende los ojos al barbado-cuatro-ojos que más me gusta. ¿Pero que me haya servido para algo? Buena pregunta.

9. ¿Qué más hay en tu vida, además de la escritura, que te apasione?

Dibujar y dormir. Las series de televisión. Los gatos. Y dormir de nuevo. Pero antes de todo eso, me gusta escribir. Es la verdad.

 

Fotografía de la autora: Ana Lorena Méndez

 

Mi relación con la locura

Conversación con Alejandro Paniagua, autor de Los demonios de la sangre.


1. ¿Qué es para ti la escritura? ¿Para qué escribes?
La escritura para mí es siempre el instante previo a la iluminación o al ensombrecimiento. La escritura me transfigura y me vuelve inmundo. Es una bendición que me maldice bellamente.

Yo escribo para contener los impulsos violentos, para distraerme de algunos síntomas de la enfermedad, para apaciguar a las bestias, a los esperpentos y a los chamucos de mi cabeza, de mis manos, de mis tanates, de mi ánima. Escribo para no descarapelarme los nudillos, para obligarme a estar en calma, para mantener un alto nivel de misticismo y de demencia, para atenuar la obsesión, la compulsión. Parece contrastante, pero escribo porque me hace muy feliz.

Cuando era niño, una maestra me preguntó por qué me la pasaba escribiendo sobre el pupitre todo el día. Le di la respuesta más sincera que he dado al respecto: Maestra, escribo para dejar de temblar.

2. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para el momento de enfrentarte a la página en blanco?
Mi método infalible para no dejar de escribir nunca es simple: si no se me ocurre nada, escribo lo que soñé, un recuerdo real de mi vida, algún suceso que me haya hecho emputar o carcajearme, algo que me haya hecho estremecer o llenarme de ternura; escribo lo que me da miedo, lo que me provoca una erección. Escribo las reglas del turista, lo que se siente que una mujer a la que amas te la mame, a qué saben los hombros de mi mujer, o sus pecas, o sus sobacos. Escribo lo que sea, incluso cuál sería mi apodo si yo fuera el jefe de jefes de un cartel de drogas.

Como soy budista, la meditación también me ayuda a desbloquearme.

3. ¿Cuál es la “historia secreta”, si es que hay una, de Los demonios de la sangre?
Cuando era niño y comenzaban a manifestarse los primeros síntomas de mi epilepsia, de mis padecimientos neurológicos y de mi depresión clínica (ataques de ausencias, desesperación, sensaciones exasperantes en las manos y en la cara, desolación, pesadumbre), mis padres me llevaron con muchos médicos. Un psiquiatra, quien era una supuesta eminencia, nos dijo que yo tenía tendencias psicóticas, que un día mi enfermedad terminaría por desplegarse con todo esplendor, que un día me volvería loco, pues. Yo crecí pensando que estaba condenado, sin remedio, a convertirme en un demente. Resultó que el diagnóstico era una negligencia, yo sólo padecía diversos tipos de epilepsia en diversas zonas del cerebro. Los demonios de la sangre habla, sin miramientos, de mi relación con la locura, de mi terror a perder la razón. No quiero entrar en detalles, pero casi todo lo que aparece en el libro tiene un equivalente en la realidad. Y ello es a la vez terrible y fascinante.

4. ¿Es diferente escribir que tener una “carrera literaria”?
Si tienes suerte, todo lo que escribas aportará algo a tu carrera literaria: te hará ganar concursos, te lo publicarán en revistas o en libros, etc. Si no, simplemente escribirás y ya, sin que necesariamente la creación te permita avanzar en un sendero profesional o se dé a conocer en medios. La realidad, sin duda, es que basta con escribir. Con eso uno tiene suficiente.

5. ¿Ayudan los premios?, ¿las becas?
Ayudan un chingo. Te permiten dejar de trabajar un rato y dedicarte sólo a escribir. No sólo dan prestigio y reconocimiento, sobre todo, ayudan a crear seguridad, a no dudar tanto del propio trabajo literario. El problema es cuando uno se obsesiona con ganar certámenes y becas. Entre mi primer concurso ganado y el segundo, pasaron muchos años. Yo me atribulé como un demente durante la espera, se me fue descarapelando el alma en ese proceso. El secreto es no obsesionarse con ganar, y aprender a ser derrotado. Pero acá entre nos, yo adoro los premios literarios.


El soundtrack de Los demonios de la sangre

#HistoriasSinSpoilers

 


 6. ¿Novela o cuento?
Las dos, sin ninguna duda. Pero la mera verdad, yo siempre digo que voy a renunciar al cuento, pero a los dos o tres días se me ocurre uno y me pongo a escribir a regañadientes. El cuento y yo tenemos una relación enfermiza, codependiente, destructiva, de chingadazos y ofensas; sin embargo, resulta también muy gozosa. La novela, por otro lado, es el amor de mi vida.

7. En un país como el nuestro, ¿qué tan relevante es el papel del escritor?
No es relevante, pero ayuda a mentarle la madre de forma bella, de forma excepcional al sistema. Nuestro oficio es ofender al sistema político mexicano mediante alegorías, hipérboles, cultismos, prosopopeyas, hipérbatos y sinécdoques.

8. ¿Qué te emociona más, escribir o impartir talleres?
Prefiero pinche mil veces escribir, pero dar talleres me encanta. Últimamente he dado varios talleres para niños. En una de las sesiones, les pedí a mis alumnos que escribieran un cuento sobre su futuro, uno que narrará a qué se iban a dedicar, si estarían casados, divorciados o solteros, si tendrían hijos, mascotas; si se convertirían en millonarios o no. Me emocionó que la mayoría se veían a sí mismos como escritores, incluso hubo unos que, además de ser bomberos, veterinarios, Batmans, guerreros ninjas, hadas, presidentes de la República o videojugadores profesionales, también escribían por las noches. Me sentí orgulloso de motivarlos a escribir de manera constante

9. ¿Qué libros te han dejado huella? ¿Qué autores consideras cómplices?
Ricardo III, La Tempestad, El Rey Lear, Sueño de una noche de verano, El Mercader de Venecia, La Iliada, La Odisea, El Paraíso Perdido, Poeta en Nueva York, Una soledad demasiado ruidosa, Autobiografía de un yogui, Pedro Páramo, Las Cosmicómicas, Baile con serpientes, Aullido, Cuatro Reinas, Océano Mar, El Puente de San Luis Rey, El lugar sin límites, La interpretación de los sueños, Diario de un enfermo de nervios, las obras completas de Charles Simic, Salón de belleza, Lascas, Muerte sin fin, Primero sueño, Piedra de sol, Nocturnos, Espantapájaros, Las flores del mal, Muerte en la rúa Augusta y Los pinches demonios de la sangre.
Mis autores cómplices son dos nomás: Homero y Shakespeare.

10. ¿Qué más, además de la escritura?
Sólo hay una cosa que me fascina tanto como la escritura: las personas (mi esposa, mi familia, mis amigos, mis alumnos, mis maestros budistas y literarios, los taxistas que siempre terminan contándome su vida, los extraordinarios tipos con quienes disfruto de los videojuegos, incluso, en menor medida, mis enemigos).

11. Un consejo o anécdota con lo que quisieras cerrar esta serie de preguntas.
Vale la pena quebrantar un tanto tu moral, tu fe, tus pánicos, tus mojigaterías, tu placer sexual, tu relación de pareja, tu sanidad, tu bienestar físico y espiritual, y tu tranquilidad por escribir un buen libro.

“Los no muertos”, ¿una más de zombis?

Conversación con James Nuño autor de Los no muertos.


1. Cuéntanos de Los no muertos, ¿de dónde nace la idea de escribirlo? ¿Qué le dejará al lector? ¿Qué representó para ti?
La idea surgió desde dos frentes. Vino tras la paranoia nacional causada por la influenza H1N1. Aquello parecía el inicio de una película de terror: la gente tenía miedo a salir, a ir al trabajo, hasta de saludarse de mano. Por otra parte, precisamente, estuvo la influencia del cine de terror, particularmente del subgénero zombi. Este monstruo ha generado en mí una inquietud muy particular debido a la amplia gama de interpretaciones que puede tener: desde la masa enajenada hasta la turba anónima que se levanta contra el sistema.

A partir de esto, pensé que sería interesante abordar la idea de la histeria colectiva en una ciudad como ésta, en un país como el nuestro, y la figura del zombi me pareció ideal por absurda y cercana a la vez. Así que busqué insertar en una situación extrema a algunos personajes que de tan ridículos nos resultaran harto familiares: un oficinista, un periodista izquierdoso, una artista mediocre y una microempresaria narcisista. Creo que, después de casi seis años de haber comenzado el proyecto, tras múltiples lecturas, recortes y reescrituras, el lector de esta novela podrá encontrar una suerte de espejo distorsionado que le hará preguntarse hacía dónde ha dirigido su vida durante los últimos años e, incluso, si ha sido consciente de ello.

2. ¿Es tu novela una novela más de zombis?
No. Precisamente, el planteamiento inicial fue trazar una historia en la que destacaran los personajes y las implicaciones de una pandemia de este tipo, a diferencia de lo que sucede en las series, películas y libros de zombis que basan su éxito, casi de manera exclusiva, en el efectismo de las vísceras, los desmembramientos y las persecuciones caóticas. Es decir, quería hacer un comentario a través de este género, como lo hicieran en su momento Romero o Brooks, y no sólo contar una historia de terror llena de lugares comunes.

En esta historia, los zombis son lo menos aterrador; los no muertos, este concepto que navega en la indefinición de la vida y la muerte, son estos personajes que pasan la vida sin vivirla, pensando en qué sería si todo fuera diferente, pero cuando finalmente lo es, lo primero que hacen es tratar de escapar de su vacío existencial. Aquí no hay héroes. Nadie intenta rescatar a la humanidad, ni siquiera a sus seres cercanos. Este atado de imbéciles, inútiles y narcisistas, se la pasa huyendo de sus responsabilidades, de sí mismos, y no es hasta que la pandemia llega que comienzan a reaccionar… aunque sea para volver a huir.

3. ¿Qué es para ti la escritura? ¿Para qué escribes?
Hay muchas formas de hacer literatura, de aproximarse a ella. Para mí, escribir consiste en un acto de síntesis, interpretación y resignificación de la realidad. Es una suerte de reducción de las esencias, como se hace en los perfumes o en los extractos para los cocteles clásicos: hay que filtrar las realidades, exteriores e interiores, y luego mezclarlas en dosis justas para dar una nueva perspectiva, un nuevo sentido.

 4. ¿Cuáles son los temas de los que te atrae escribir?
Hemingway decía que uno no puede escribir sobre lo que le es ajeno. En mi caso, escribo sobre realidades cercanas a mí aunque, sin quererlo, sin proponérmelo, existe por lo regular un elemento fantástico bastante sutil que trastoca la realidad de los personajes. Digo que “sin quererlo”, puesto que intento hacer relatos lo más realistas posible. Pero creo que nuestra realidad se ha vuelto tan increíble —no en la mejor de las acepciones—, tan absurda, que es imposible pensar en que hay algo sospechosamente fantástico detrás de ella. Me ha tocado vivir en tiempos de incertidumbre, donde las supuestas seguridades de nuestros padres se han ido desmoronando y el futuro parece muy lejano pero no por eso menos amenazante. Creo que si hay un tema recurrente en mis textos es ése: la incertidumbre y lo absurdo de nuestra realidad.

5. ¿Qué tipo de autor te consideras?
Creo que soy un autor precavido, quizá demasiado. Dudo mucho de la veracidad de mis palabras. Cuando tengo una idea, la rumio durante días, a veces meses, antes de comenzar el proceso de escritura, que dura otros días o meses (o años, como es el caso de Los no muertos). Luego, cuando el escrito se publica, reniego porque siempre encuentro errores o, más que errores, aspectos mejorables. No obstante, he aprendido a ser paciente, a no compararme con mis colegas y sus muy envidiables plumas y carreras en ascenso. Me refiero a que me he resignado a escribir lo que haya de ser escrito, a decir lo que haya de ser dicho.

6. ¿Sientes que formas parte de alguna generación? ¿Es importante?
La mía es una generación sándwich. No somos ni los bohemios ni los diplomáticos que fueron nuestros predecesores, pero tampoco los veinteañeros que publican en sus blogs desde los 12 y que ahora su fama de escritores los precede aun sin un libro publicado. Sin embargo, me doy cuenta de que después de varios esfuerzos aislados, ahora comienza a haber ciertos vínculos entre los escritores jóvenes de los 80, con una camaradería que antes no había. Creo que ese vínculo, esa fuerza, es necesaria para consolidar un estado cultural y literario perdido desde hace muchos años.

 


El soundtrack de Los no muertos


7. ¿Qué libros te han dejado huella? ¿Qué autores consideras cómplices?
El primer libro “serio” que leí en mi adolescencia, fue Pedro Páramo; no creo haberlo comprendido cabalmente en aquel entonces, pero causó una gran impresión en mí. Luego, en la facultad, leí a Cortázar y a Borges y quedé maravillado ante las posibilidades tan diversas de la literatura. Después me topé a los americanos, particularmente a Hemingway y a Carver. Creo que es a raíz de ellos que tengo una idea un poco más clara de qué es la literatura y qué se puede hacer con ella. Después han ido y venido otros autores asombrosos, como Ellis o Houellebecq. Es lo maravilloso de esto: uno nunca deja de tener hallazgos.

8. ¿A qué autores vivos recomendarías seguir la pista?
Me parece que hay que estar al pendiente de autores jóvenes que de manera más o menos reciente se han ido construyendo una carrera y que seguro en unos años serán un referente obligado. Por mencionar sólo algunos están Gabriel Rodríguez Liceaga, Eric Uribares, Alejandro Badillo, Daniel Espartaco, Abril Posas, Manuel Fons, Aniela Rodríguez, Érika Zepeda… La lista sigue y, con suerte, se irá engrosando en los próximos años.

9. ¿Qué estás leyendo actualmente?
Tengo una pila de libros pendientes desde hace un par de meses y que se acrecentó después de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Me interesa leer a mis contemporáneos. Justo ahora termino La fila india de Antonio Ortuño (un pendiente que traía desde hacía meses) y ya estoy comenzando a sentir la ansiedad de no saber con qué continuar: si con La cena de Herman Koch, los cuentos de Carson McCullers o alguno de los últimos premios Tierra Adentro… En su momento (en un par de horas) lo decidiré. O no.

10. ¿La lectura está sobre valorada?
La lectura está malinterpretada. Desde pequeños nos han dicho que hay que leer para ser más cultos, que tenemos que tomar los libros para aprender. Alguien dijo —no sé si fue Bachelard, Barthes o algún compañero de cantina— que un texto es todo aquello que permite una lectura. Todos los días recibimos mensajes que decodificamos. Todos los días leemos. La diferencia es que en un libro no hay ruido que entorpezca la comunicación; ese ruido está en nuestras cabezas. Las palabras en un libro están fijas, esperando a que nosotros las decodifiquemos a consciencia.

Y ése parecería el problema, el reto. Sin embargo, me parece que, si lo entendemos así, la lectura no debería diferir a escuchar una charla magistral, de esas que nos dejan con la boca abierta, a escuchar a nuestros abuelos o ver una película de esas que nos marcan para toda la vida.

11. ¿Qué más además de la escritura?
Todo, pues todo la precede. La escritura es el tramo final de una serie de actividades y vivencias que tienen que ver con la lectura: de libros, de series, de películas, de charlas, de eventos sociales, de personas… Todo ello es lo que en verdad importa. Sin esas lecturas, no somos sino un simio tecleando frases más o menos coherentes.

12. Algo que gustes agregar.
Ño.

“Recuerdos de juventud”. Conservar la memoria social.


Conversación con Alva Lai Shin autora de Recuerdos de juventud y rock and roll. Rescate y difusión de la memoria fílmica femenina en Guadalajara durante la década de los sesenta.


1. Cuéntanos de tu libro. ¿Cómo nació la idea de escribirlo? ¿Qué encontrará el lector “Recuerdos…”? ¿Qué te dejó a ti?

Recuerdos de juventud y rock and roll tiene su origen en un trabajo de investigación académica que inicié mientras estudiaba Historia, en la Universidad de Guadalajara; sin embargo, para explicar la idea de escribirlo tendría que remontarme a mi infancia y al gusto compartido con mi mamá por las idas al cine, las películas, las actrices y actores.

Descubrí que cuando ella y otras tías recordaban pasajes de su juventud, irremediablemente hablaban de la ciudad, el barrio y sus cines. En particular, del cine mexicano de la década de los sesenta, aquél protagonizado por Enrique Guzmán, César Costa, Angélica María, Julissa, entre otros. Esa memoria femenina representa el eje de este libro, construyendo una imagen en contraste de la juventud fílmica y la juventud de carne y hueso de aquellos años.

El lector encontrará la representación mexicana en pantalla —y en los recuerdos de mujeres que fueron asiduas a este cine—, de los rebeldes sin causa, los chicos de cafetería, así como los roles y posibilidades de las jóvenes en estas narraciones fílmicas.

2. ¿Qué otras temáticas te atraen?
Sigo interesada en la historia del cine y las representaciones audiovisuales, en general; aunque actualmente me encuentro enfocada en el manejo y gestión de patrimonio documental y cultural.  Mis temas de interés están bastante entrelazados con la idea del rescate de memoria social.

3. ¿Desde tu punto de vista en un país como el nuestro, este tipo de proyectos qué función tienen?
La función es rescatar, conservar y difundir la memoria; es decir, la producción cultural que ha logrado llegar a nuestros días y sus múltiples reconstrucciones y significaciones en el tiempo.

4. ¿Cómo es trabajar con acervos?
Trabajar con un acervo documental significa tener contacto directo con un pasado remoto o reciente que, si no se topa con una guerra, una plaga de polillas, una lenta digitalización o un político avaricioso, seguramente nos trascenderá. Estoy segura de que todos los bibliotecarios, archivistas, libreros y coleccionistas tenemos un pensamiento romántico similar al entrar a una casa repleta de libros, abrir un cajón lleno de fotos o descubrir en un bazar una primera edición.

No podemos tener ni conservar todo, pero podemos contribuir con el rescate, permanencia y accesibilidad de lo que ha logrado llegar hasta aquí.

5.- ¿En qué proyectos estás involucrada actualmente?
Actualmente trabajo en un servicio de consultoría documental para bibliotecas y archivos públicos y privados, inserto en los proyectos de Industrias Creativas, de la Secretaría de Cultura de Jalisco.

6. ¿Se lee poco en México?
Definitivamente.

7.- ¿Qué libros te dejaron huella? ¿A quiénes consideras tus autores cómplices?
Mi autora más entrañable es Clarice Lispector. Como huella, creo que Bartleby, el escribiente de Herman Melville

 

No soy una autora cómoda

1. ¿Cuál es la rutina para escribir de Cecilia Magaña?
Mi rutina para escribir es, generalmente, de mañana: nada glamorosa, la verdad, porque no tengo ni que peinarme para trabajar. Le doy la medicina del corazón a Moira (la perra), me preparo un café y escucho lo que sería en “soundtrack” de lo que estoy escribiendo. No puedo escribir sin música, pero suelo escuchar lo mismo una y otra y otra vez. Empecé con esta rutina mañanera a partir de una conferencia de Martín Solares en la Feria Municipal del Libro, en la que habló de cómo sacó adelante una novela escribiendo de 5 a 7 de la mañana todos los días. Yo no soy tan disciplinada, pero estoy de acuerdo en que la primera hora de la mañana es la mejor para mí.

2. Platícanos de Todos los ruidos del mundo. ¿Cómo nació la idea de escribirlo? ¿Qué encontrará el lector en él? ¿Qué te dejó a ti?
Acababa de terminar una novela y me sentía vacía. Es algo que me sucede cuando termino un proyecto largo. Pensaba dedicarme un par de meses a leer, a ver series y recargar pilas, cuando surgió la oportunidad de dar un curso en línea sobre cómo escribir un libro de cuentos. Los alumnos que participaron eran particularmente entusiastas y me contagiaron. Comencé a hacer los ejercicios del curso con ellos. Una de las propuestas era partir de un tema que fuera lo suficientemente amplio para generar múltiples interpretaciones y premisas. No sé por qué, no recuerdo exactamente cómo, pero para mí surgió el tema de la voz.

Todos los ruidos del mundo nació como una colección en la que exploraría varias ideas en torno a la voz (como identidad, como sonido, como recuerdo, entre otras cosas) . Le dio cobijo a dos de mis primeros cuentos: “23 escalones” y “Bazar”. Ambos tenían ya, por lo menos, diez años de haberse escrito, no sé cuántas vueltas de corrección y corrección. Al reencontrarlos en un intento por limpiar la compu, volvieron a gustarme y resultó que cabían en la colección de manera muy natural. No solo dejaron de ser huerfanitos, sino que me recordaron lo que me gusta del cuento: la intención y la intensidad.

No sé qué encontrará el lector, espero que algo que Todos los ruidos del mundo lo inquiete (no puedo asegurar que guste). No soy una autora muy cómoda: me gusta que la gente lea entre líneas, escuche esa segunda voz que cuenta otra historia bajo la superficie. Según yo, es un: “llévese el múltiples cuentos con sólo leer uno”. Me gusta que el lector complete el desenlace (aunque mi mamá se queje constantemente de esta maña mía). Pero yo creo que el final del lector es mucho mejor que aquel que yo pueda proponer. También creo que hay finales que no funcionan igual dichos en voz alta.

Todos los ruidos del mundo me permitió encontrar mi voz en un momento en el que pensaba que acababa de quedarme sin ella y me permitió ser un conejillo de indias de mi propio curso. Creo que no me fue tan mal.


El soundtrack de Todos los ruidos del mundo
cuento por cuento

1. Génesis: One, de Aimee Mann (Magnolia soundtrack)
2. De Médiums y poetas: Do I Wanna Know?, de Arctic Monkeys
3. 23 Escalones: That look you give that guy, de Eels.
4. Un palo en la cabeza: Après Moi, de Regina Spektor.
5. ¿Se te olvidó algo?: Quisiera saber, de los Daniels.
6. Síndrome: Soap, de Melanie Martínez.
7. Bazar: Este fue escrito escuchando a Cortázar leyendo “Conducta en los velorios”… que fue medio trampa, jeje. Pero si soy muy honesta, ese es su soundtrack.
8. Mutis: Without me, de Eminem.
9. No es un secreto que te amo: Across the Universe, interpretada por Fionna Apple.
10. ¿Vamos a empezar otra vez?: Sunny Afternoon, de The Kinks


3. ¿En un país como el nuestro, a qué aspira un escritor?
A sobrevivir, primero. Y después, a crear ficción que sirva, al mismo tiempo, de salida de emergencia. La ficción es un refugio, es un micrófono para decir verdades, es un espacio para decirnos lo que no nos atrevemos a decir en voz alta al hacerlo a través de nuestros personajes. Uno no aspira a vivir de la literatura, ni a cambiar el mundo. Pero sí a vivir en la literatura, a habitar otros mundos donde tal vez no pasan cosas mejores, pero sí hay un sentido, al menos. No sé… yo quisiera vivir muchas vidas pero sólo tengo una. Escribir me permite jugar a tener muchas.

4. ¿Se lee poco en México?
No, se lee mucho, muchísimo creo yo, pero en las redes sociales. Y no siempre son chismes o bendiciones de la Señora Católica. También minificciones, artículos, ensayos o entrevistas como esta. Ficción y no ficción. Se lee, de veras, mucho. En cuanto al libro como tal (en versión impresa o electrónica) eso ya es otro boleto. Yo sí veo todavía a gente leyendo en el camión, en las cafeterías, en las bancas de la calle, en parte gracias al bendito boom de la Literatura Juvenil. Pero también ando por los mismo lugares donde hay otros lectores, así que no creo que esta impresión sea muy objetiva. La verdad es que la lectura no es el pasatiempo de todos y no tiene por qué serlo. Hay muchas formas de conocer historias, de entrar en contacto con nuevas ideas, y la lectura es una. Hay otras puertas. Y cada quién elige la suya. En México tal vez la puerta más elegida no sea la lectura, pero sí la cruzamos muchos.

5. ¿Novela o cuento?
Arghhh… novela. Maldita sea. Una vez que uno se acomoda en la novela y goza de la oportunidad de descubrir poco a poco la trama, de detenerse, de dejarse sorprender por los personajes en cada capítulo, volver a la disciplina del cuento y su rigor es muy difícil. Me gusta el cuento, es un reto. Pero los cuentos no se pueden habitar por más de unos días (un mes si la narración es muy exigente, quizá). La novela, en cambio, te hospeda por meses, a veces años. Y si uno lo que busca es vivir es muchas vidas… ¿qué mejor que rindan más?

5. ¿Qué libros han dejado huella? ¿A quienes consideras tus autores cómplices?
William Faulkner, en particular Absalón, Absalón y El ruido y la furia. El señor se daba el lujo de hacer personajes extraordinarios y jugar con la realidad, con nuestra idea de la verdad. El orden y la secuencia con la que enreda sus historias habla de alguien que se divertía muchísimo con cada proyecto de novela. El otro libro que me fascina es City, de Alessandro Baricco: uno más sobre la ficción dentro de la ficción, las historias que no sólo cuenta el autor sino los personajes a sí mismos, sobre el absurdo de la realidad y lo que guardan para cada quien las historias que —hasta en el baño— nos contamos. Una chulada de libro. Finalmente, Raymond Carver, cuentista por excelencia, es el que me inculcó ese pollito de no decir el final en voz alta. Si alguien tiene quejas (como mi mamá), puede ir directamente con este señor y reclamarle. Su forma de encontrar la verdadera naturaleza de los personajes en lo más cotidiano es maravillosa. Ya sé que él se lo aprendió a Chéjov pero Carver es otra cosa.

6. ¿Qué te da más satisfacciones escribir o dar talleres?
Arggghh otra vez… ¿Por qué hacen esas preguntas? Es difícil. En un buen día de escritura, me da más satisfacción escribir: todo parece tener sentido. Cuando voy a una charla o a una lectura y la gente responde a lo que escribí, se siente como que no fue tan loco perder tanto tiempo de la “vida real” sentada frente a una computadora inventando historias. O cuando participo en el taller en el que yo misma soy participante y mis compañeros se emocionan por algo que escribí. Pero dar talleres, para mi es también muy satisfactorio porque acompañar el proceso de otros me permite aprender cosas nuevas, además de que uno no se siente solo en este rollo: no soy la única escapista, hay muchos que se escapan y crean ficción como una forma de vida. No lo sé, supongo que el Alien también sentía muy bien contagiando a los demás. La diferencia, espero, entre el Alien y yo, es que no la van a pasar tan mal y no van a ser pequeños duplicados míos: lo que más tiene sentido en los talleres es que la gente encuentre su voz. Y bueno, escuchar cómo va surgiendo la voz de otros en los talleres también da mucha, mucha satisfacción.

8. Un consejo o anécdota con lo que quisieras cerrar esta serie de preguntas.
Todo sirve para hacer ficción, lo que sucede antes de subirse a la ruta, el sabor de la comida del día de ayer, la vez que te rompieron el corazón o lo rompiste tú a alguien y no sin querer. Los recuerdos, las fantasías, los temores, todos tienen voz. Si quieres escribir no necesitas haber nacido tocado por los dioses, sólo necesitas aprender a escuchar esa voz y descubrir los mejores trucos para traducirla en tu escritura. Escribir cuento, novela, ensayo, cualquier género es un oficio, igual que hacer zapatos. Los primeros quizá te lastimen, pero eso no significa que no puedas ser zapatero y hacerlo cada vez mejor. Lo mismo sucede con la escritura.

 

Presentación de “¡Canta, herida”, programa “Elementos” de C7. Video.

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Algunos activismos me provocan ternura

10 preguntas para conocer a Eric Uribares

[Eric Uribares es autor de Las conspiraciones fallidas, una de las más recientes títulos de Editorial Paraíso Perdido]

1. Háblanos de “Las conspiraciones fallidas”. ¿Cuál fue el detonante para escribir este libro? ¿Qué encontrará el lector en él?
Hace algunos años comencé a investigar y publicar una serie de artículos sobre los autodenominados “ecoanarquistas”, estos chic@s  cuya bandera ideológica es una mezcla de anarquismo + lucha contra el antropocentrismo + la defensa de los animales.  Por aquel entonces, ponían bombas en cajeros automáticos y rastros. Hoy, sus actividades tienen más presencia y han comenzado a organizarse de mejor manera y a ser más ambiciosos en sus objetivos. Hace apenas algunas semanas, algunos de ellos se adjudicaron el asesinato del jefe de servicios químicos de la UNAM.  Sería una desgracia, pero no una sorpresa, que un día de estos logren llevar a cabo un atentado de magnitudes lamentables.

Esa fue la idea que dinamitó la escritura del libro, pero fue evolucionando hacia la necesidad  de escribir acerca del activismo: la defensa de los animales, los ecologistas, los anticonsumistas, los revolucionarios de facebook, los antitaurinos y demás grupos. La intención literaria fue pasarlos por el filtro de la sátira, la ironía o la parodia, pues aunque pueda estar de acuerdo con algunos de los principios que dan origen a su lucha, algunos de ellos no dejan de provocarme ternura y una lagrimita de Remi.

En el libro encontrarán a muchos encapuchados, a muchos esperanzados, bombas por aquí y bombas por allá, planes para salvar al mundo, lectores aguerridos, karatecas retirados, pornoanarquistas, anarcopamboleros y anarconarcos.

2. ¿En un país como el nuestro ¿para qué escribir?
Escribir ficción en un país de ficción es morderse la cola, y en lo que a mí respecta, hay pocas cosas más divertidas que colocar la punta de la pluma en la herida, y este es un país que comenzó a desangrarse desde antes que nos diéramos cuenta.

3. ¿Cómo fue que decidiste ser escritor?
El día que me lastimé la rodilla y supe que no podía ser futbolista.

4. ¿Desde tu punto de vista cuál es el panorama de la literatura mexicana hoy en día?
Me emociona. Es una literatura plural y vigorosa. Hay propuestas literarias que apestan a Chanel y están coloreadas en los salones de bronceado, otras más que surgen desde la mediana comodidad que otorgan las becas de 30 mil pesos. Pero también hay propuestas que vienen desde la inestabilidad emocional o el desamparo. En ambas podemos encontrar cosas valiosas.

5. Algún libro (o varios) que te marcó y por qué:
Soy de esa generación que leyó Los detectives salvajes recién cumplidos los 20 años. En ese entonces era muy joven e ingenuo como los personajes de la novela. Me emocioné mucho.

Ahora soy igual de ingenuo pero los años han pasado y creo que me han marcado mucho más mis primeras lecturas de Ibargüengoitia o Thomas Bernhard. Ambos tuvieron el tino de criticar a su patria con desfachatez. Nada mejor que hacerle bullyng a las creencias y costumbres vernáculas.

6. ¿Personaje literario favorito (o favoritos)?
El padre Brown
, de Chesterton;  Marietta Karapetiz, de Domar a la divina garza; Julian Sorel de El rojo y el negro.

7. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para escribir?
Al lado de mi computadora tengo un cuadro de Juan Rulfo que, antes de empezar a escribir, coloco de cabeza.

8. ¿Qué estás leyendo en estos días?
Hoy estoy leyendo Los perros negros de Ian McEwan.

9. ¿Qué autores nos invitarías a leer?
Yo leo continuamente a Chesterton y a Patricia Highsmith.  Pero creo que hay que leer a Yuri Herrera y a David Toscana,  ambos son los goleadores de nuestra selección sub 60 que irá al mundial de las letras en la primera parte de este siglo.

10. ¿Algo que quisieras agregar o comentar?
Sí, hoy soñé que Borges participaba en los paralímpicos y ganaba varias medallas. Hubiera sido genial verlo.

#LecturasExtremas #ConspiracionesFallidas

QUIERO Las conspiraciones fallidas

Escribir es un asunto de vida y realidad aumentada

11 preguntas para conocer a Alfredo Carrera

[Alfredo Carrera es autor de Amniótico, publicado por Editorial Paraíso Perdido]

1. ¿Escribir es una profesión, un asunto de vida o muerte, o un hobby?
Escribir ficción es un asunto de vida y de realidad aumentada.

2. ¿Para qué escribir?
Escribir para tener un espejo nuevo en cada página, para descubrirse, también para negarse.

3. ¿Cómo fue que decidiste ser escritor?
Fue un error de cálculo, como se deciden las cosas importantes de la vida. Lo decidí sin darme cuenta de lo que estaba haciendo.

4. Libros que te marcaron y por qué:
Tres:
La metamorfosis de Kafka, fue el primero que leí por recomendación de la maestra de español en secundaria, le había dicho que no tenía caso leer si las historias terminaban siempre con un final feliz.
Rayuela de Cortázar, porque supe que no hay reglas, que no hay nada rígido en la literatura.
El túnel y Sobre héroes y tumbas de Sabato, porque desde las primeras páginas de los dos libros sentí que Sabato lo sabía todo de sus personajes.

5. ¿Qué escritor o escritores podrías mencionar como una invitación a leer?
Creo que son muy pocos, tendría que ser uno que pueda caerle bien a todos, yo sólo recuerdo a Gabo (Gabriel García Márquez).

 

6. ¿Alguna ceremonia o rutina para escribir?
Primero a mano y luego en computadora.

7. ¿Qué estás leyendo en estos días?
Soy desordenado, leo varios a la vez: Arenas movedizas de Henning Mankell, El novelista ingenuo y el sentimental de Orhan Pamuk, La ciudad de Mario Levrero.

8. ¿Qué libro no pudiste terminar?
El único que lamento no haber terminado, no diré nada los otros que no he terminado, es Robinson Crusoe, lo dejé por desidia y no he vuelto a él porque ahora prefiero no saber el final.

9. ¿Personaje literario favorito?
Alejandra Vidal Olmos (Sobre héroes y tumbas) y Gregorio Samsa (La metamorfosis).

10. ¿Algún lugar o momento favorito para escribir?
En algún café.

11. ¿Mezcal, Whisky, Ron, Tequila…? ¿Algún otro?
Whisky, Mezcal, Tequila, Ron, Coñac, Brandy… Creo que ese es el orden correcto.

Escribir es una necesidad repentina, como llorar cuando te conmueves

11 preguntas para conocer a Javier Paredes
y una playlist

[Javier Paredes es autor de Fuego negro, publicado por Editorial Paraíso Perdido]

La playlist

1. ¿Escribir es una profesión, un asunto de vida o muerte, o un hobby?
Escribir —para mí — es una necesidad repentina, como llorar cuando te conmueves, liberar una carcajada o incluso estornudar.  Las tablas actuariales no lo reseñarán como causa de muerte, pero es inevitable ceder.

2. ¿Para qué escribir?
Para soñar mundos y para invitar a otras personas a conocerlos, a habitarlos; para definir un ideario estético o político;  para hacer activismo;  para encontrar empatía y conocer otros seres que piensan —quizá— por los mismos tortuosos mecanismos que el autor.

3. ¿Cómo fue que decidiste ser escritor?
No siento que sea algo que se decide de manera consciente. No amaneces un día y te dices que vas a serlo. Más bien es similar al germinar de una semilla, algo orgánico que surge un día, sin que lo pienses. Pero algo más es necesario: leer es el necesario y lógico preludio.

4. Libros que te marcaron y por qué:
Considero que me fueron fundamentales los autores del XIX, prosa y verso, que leía de niño. Desde Las Minas del Rey Salomón hasta El Nocturno a Rosario. Las improntas se dan en la niñez y la adolescencia. No confiaría en alguien que encontrara su revelación hasta la edad adulta (salvo que fuera San Pablo o San Agustín).

5. ¿Qué escritor o escritores podrías mencionar como una invitación a leer?
Insistiendo en los orígenes y en la niñez, recuerdo —y revisito con placer— a Edgar Rice Burroughs, a Isaac Asimov o a Stanislaw Lem. Si el ánimo es más festivo que fantástico, están Richmal Crompton, Giovanni Guareschi y Achille Campanille.

 

#FuegoNegro #LecturasExtremas

6. ¿Alguna ceremonia o rutina para escribir?
Sentarme al teclado, unir las yemas de los dedos de ambas manos, cerrar los ojos y dirigirlos —cerrados— hacia el cieloraso. En ocasiones alguna música en volumen muy bajo o tal vez una bebida energética.

7. ¿Qué estás leyendo en estos días?
Ahora mismo leo poca ficción, sigo frecuentando a Borges y a Quevedo, pero hay autores los cuales —sin hacer ficción— conservan un ritmo y una fuerza de imágenes que es difícilmente igualable. Pienso en Renan, en su Historia del Pueblo de Israel; o quizás en la Historia Universal de Seignobos. Un contemporáneo que es también disfrutable y con esa fuerza clásica es Fernando Baez. Les recomiendo Historia universal de la destrucción de los libros.

8. ¿Qué libro no pudiste terminar?
Infinidad, leer —como decía el conocido maestro— es un acto hedónico. Creo que ningún clásico vale el sacrificio de una lectura desganada. No quisiera hacer injuria o juicio temerario de ningún autor, pero recuerdo a más de un tratadista francés que me ha resultado absolutamente incomprensible.

9. ¿Personaje literario favorito?
Serían, entre otros: Sherlock Holmes de Conan Doyle, Don Camilo de Giovanni Guareschi, Susan Calvin de Asimov. Me resultan atractivos los personajes episódicos de series teóricamente infinitas de cuentos; aunque no tienen mucha profundidad aparente, la regular sucesión de historias los va dibujando de forma lenta e inagotable.

10. ¿Algún lugar o momento favorito para escribir?
La noche, la madrugada es quizá el mejor momento. El lugar debe ser silencioso y escasamente iluminado (el monitor casi basta para el efecto).

11. ¿Mezcal, Whisky, Ron, Tequila…? ¿Algún otro?
Tequila, más bien añejo; o cerveza, más bien artesanal.

El que controla la palabra controla su mundo

11 preguntas para conocer a Enrique Urbina
y una playlist

[Enrique Urbina es autor de Raíces, publicado por Editorial Paraíso Perdido]

La playlist

1. ¿Escribir es una profesión, un asunto de vida o muerte, o un hobby?
Uno puede escribir para vivir de ello, para que el mundo no le gane o para ocupar sus ratos libres. O para las tres cosas. Cada una necesita de distintos grados de disciplina pero todas se tienen que hacer con conciencia. Escribir puede ser lo que uno quiera pero sabiendo qué función tendrá para quien lo hace. Por eso cuando alguien quiere escribir hace novelas o cuentos o poemas u otras cosas raras; porque llenan o equilibran algo que necesitamos. Si no fuera así, leeríamos nuestras listas del súper como obras maestras; no habría diferencia entre un garabato y una estructura literaria cuidadosamente diseñada.

2. ¿Para qué escribir?
Para sobre-vivir, para hacer cosas, para cambiarlas. Para moldear la realidad. Porque en la escritura se usa el elemento alquímico por excelencia: la palabra. Y la palabra, ya lo sabemos, crea. O destruye. No le podemos negar la potencia tan extraña que tiene. Y tampoco deberíamos negarnos sus posibilidades. El que controla la palabra controla su mundo y, sí es bueno en ello, puede hasta afectar el de otros… Suena a plan de villano, pero creo que esto está más allá del bien y del mal. Se escribe para crear algo, lo que sea, yo preferiría que fuera una experiencia que provoque ecos en la forma en que el lector vive su mundo. No hablo de epifanías ni nada iluminador. Tal vez sólo que una sombra de su cuarto se aclare o respire diferente en esos momentos. Cambios sutiles con efectos profundos. Porque al final algún cambio debe de haber; algo se tiene que cuestionar. Así es el lenguaje literario (y el artístico, en general). Se encargan de desafiar al lenguaje funcional. Hacen caos de lo útil, de lo que usamos para comunicarnos, y lo reordenan en otras cosas. Hubiera sido peor el castigo para Eva y Adán si hubieran escrito un libro en vez de comer del Árbol. Por eso creo que escribir es importante siempre. Nos hace ir más cerca y más allá de lo que vivimos a diario.

Escribir es una actividad muy rara porque no es placentera, pero se sigue haciendo porque es necesaria. Yo estaría perdido sin la escritura (y también sin la lectura, porque son los polos contrarios de una misma cosa).

3. ¿Cómo fue que decidiste ser escritor?
Decidí que iba a escribir y que la escritura iba a ser parte fundamental de mi vida. Nunca decidí ser escritor. Eso lo deciden otros. O uno mismo, pero ya cuando hay una trayectoria que lo respalde *se pone los lentes hacia atrás*. Pero sí: hasta que uno no tiene lectores ajenos a sus círculos inmediatos, que busquen el material que uno hace y que paguen por ello, hasta ese momento no se es escritor. Tampoco es como que se hace una votación a mano levantada para decidirlo. Cualquiera que escribe es y no es escritor. Se es escritor porque se escribe. Fin. Pero “escritor”, la palabra, tiene una como mayúscula fantasma en su primera letra. Llamarse a sí mismo escritor cuando lo leen sólo los amigos me parece un acto de egocentrismo barato y patético. Uno se gana ser escritor, no se decide.

Ahora, decidí escribir porque quería decir algo, quería que me escucharan sin oír mi voz, quería hacer cosas en los lectores. Después me di cuenta de que ya no podía dejar de hacerlo. Que siempre quise hacerlo. Porque cuando dejo de escribir las cosas se vuelven, poco a poco, insoportables.

4. Libros que te marcaron y por qué:
Soy parte de la generación que lee gracias a Harry Potter. Le tengo un profundo cariño porque fueron los primeros libros que busqué solo en la librería, pero fueron Los mitos de Cthulhu los que me despertaron la pasión por la lectura y la escritura. Y por la música. En ese momento yo estaba obsesionado con Metallica y, sobre todo, con Cliff Burton, el primer bajista de la banda que murió en un accidente de tránsito. Cliff era como el alma de la banda; él escribía y componía, y en sus discos hay alusiones a las obras de Lovecraft. Me llamó la atención el nombre Cthulhu, conseguí un libro con su nombre en la portada y me enamoré de inmediato.

5. ¿Qué escritor o escritores podrías mencionar como una invitación a leer?
Philip K. Dick
, Neil Gaiman, Chuck Palanhiuk, Amparo Dávila, H.P. Lovecraft, David Wong, Bernardo Esquinca, Alejandra Pizarnik, Luis Felipe Fabre. Aunque nunca es suficiente. Regalarlos y recomendarlos no da ninguna garantía. Deberíamos, mejor, hacer invitaciones formales (impresas, en letra cursiva, con papel beige o algo así) para ello. Tal vez así, medio obligando, medio arreando, la gente lea. Save The Date.

#LecturasExtremas #Raíces #EditorialParaísoPerdido

6. ¿Alguna ceremonia o rutina para escribir?
Soy muy disperso y no puedo escribir mucho, así que intento escribir diario aunque sean unas líneas antes de desconcentrarme. También escucho música para escribir. El género depende del estado de ánimo que necesite para en lo que esté. No tiene nada que ver con la pregunta, pero pienso que en unos años escribir en silencio, para cualquier persona, será una práctica imposible.

7. ¿Qué estás leyendo en estos días?
Una biografía de Alan Moore, Kubla Khan de Julián Herbert y Varia invención de Juan José Arreola.

8. ¿Qué libro no pudiste terminar?
Cuántos no… he intentado, por ejemplo, con varios de Alejo Carpentier, pero nada más la cabeza no me da para ello. A It, de King, le tengo que dar otra oportunidad.

9. ¿Personaje literario favorito?
Madame Bovary, Bartleby, Swamp Thing, Borges, los personajes de Philip K. Dick. Todos unos losers que cultivan su inutilidad y poca importancia en el mundo hasta consecuencias devastadoras.

10. ¿Algún lugar o momento favorito para escribir?
En la noche porque el cliché no estaría completo y porque es cuando hay menos movimiento hay a mi alrededor.

11. ¿Mezcal, Whisky, Ron, Tequila…? ¿Algún otro?
Mezcal, uno sin etiqueta, casero, y garañona, una bebida color verde Cthulhu de Metepec. Mi hígado no está de acuerdo con mis elecciones.

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