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El (muy lamentable) estado de las cosas


De Principio a Film

Por Rodrigo González

Uno no escoge las películas. Las películas lo escogen a uno, sobre todo cuando el ocio se posiciona galantemente en las tardes de sábado donde es imperioso terminar un encargo pero no tienes ni motivación ni tema.

J. Edgar (Clint Eastwood, 2011) es un film biográfico que cuenta la vida de J. Edgar Hoover, quien fuera fundador y director del FBI por casi 50 años. Motivado por la creciente presencia comunista y los atentados simultáneos en 1919 a congresistas, senadores y al fiscal general en Estados Unidos, logró definir la política y las acciones necesarias para establecer, con mano de hierro, lo que se conoció como la “gran inquisición norteamericana”.

Tirado sobre la promesa de una gran película que dejé pasar por 6 años (la historia gringa en el cine ya me da un poco de hueva por parafernálica y exacerbada) me sumergí en una rendición de cuentas inesperada y un desesperado intento por justificar la formación de un estado policiaco que  vive disfrazado de “the land of the free”. Shame.

Esta misma semana, acá en la tierra del águila devoradora de serpientes, y de serpientes que ocupan los cargos de gobierno, la lista de feminicidios aumenta con el asqueroso asesinato de Mara, un gerente de locaciones es baleado haciendo su trabajo, la primera dama homenajea a los damnificados oaxaqueños con un vestido de diseñador, más cadáveres (incluyendo el de un niño de 7 años) siguen apareciendo ejecutados en la CDMX, donde Mancera y su delirio presidencial insiste que no hay crimen organizado y los diputados y senadores aún no se ponen de acuerdo para nombrar fiscal independiente.

Vaya, que el país está incendiado y todo parece tan normal.

Al margen de la ficción, lo terriblemente preocupante es la inacción y la acción inútil. No, no deberíamos tener que inventar popotes que detectan drogas en las bebidas para evitar que las mujeres sean violadas y luego asesinadas. No, no deberíamos tener que poner un botón de alerta en una aplicación de servicio de taxi que lo que ofrecía era seguridad. No, no deberíamos tener que decirle a un gerente de locaciones que no vaya solo a hacer su trabajo porque es peligroso. No, no deberíamos dejar pasar tantas cosas, porque la realidad es que tenemos un gobierno incapaz de hacer nada por nosotros.

Los imbéciles justifican la muerte de Mara porque andaba sola y seguro en malos pasos. Justifican la muerte de Carlos y le llaman justicia poética (hágame usted el chingado favor) por trabajar en una serie de narcos. Justifican la ejecución de un niño de 7 años porque seguro su papá andaba metido en cosas chuecas. Justifican cualquier cosa, porque ante los idiotas, los culpables somos nosotros. Y son esos idiotas los que solapan los gobiernos que tenemos, los que siguen votando por el mismo régimen que nos roba y nos saquea y nos mata ininterrumpidamente sin importar el partido que gane las elecciones. No, la culpa no es nuestra, es de los imbéciles.

Después de una flaquísima celebración de la independencia (tomando en cuenta que quien la consumó le duró su palabra menos que un pedo en la mano y se coronó emperador) terribles fantasías vuelan en mi cabeza y pienso en lo inútil que sería tener un J Edgar, me acuerdo de Gutiérrez Barios, de Javier García Paniagua y de la Dirección Federal de Seguridad y me queda claro que ahora sí, estamos solos y que nos toca a nosotros sacar las lacras de la vida pública del país y limpiar la casa.

Luego veo la pelea de Canelo contra Golovkin. Mi corazoncito no soporta más engaños.

Cinco recomendaciones, cinco invitaciones

Por ELIZABETH VIVERO

 

  1. El Principito, película.
    Una de las películas más bellas y originales del año. Esta versión fílmica no es sólo una reinterpretación del libro, sino una reescritura inteligente y propositiva. Traer a El Principito de manera actualizada, se antojaba difícil, pero los creadores resolvieron muy bien el asunto con recursos interesantes que vale la pena apreciar;

  1. Tejiendo de otro modo. Feminismo, epistemología y apuestas descoloniales desde Abya Ayala
    Es un libro teórico y de crítica feminista descolonial que reúne una serie de reflexiones desde la vivencia del cuerpo colonizado de las mujeres de nuestra América. Una apuesta crítica, reflexiva, altamente consciente de la condición de doble y triple discriminación no sólo de las mujeres, sino del pensamiento latinoamericano en general. Un libro que hay que leer para desestabilizar, incluso, nuestras propias estructuras de pensamiento.

  1. Talé de Salif Keita.
    Este músico, originario de Malí, padece la condición del albinismo, situación que, en muchos países del África negra, es vista con temor y alrededor de la cual hay prejuicios fuertes. Se añade a esto, que los Keita pertenecen a la casta de los gobernantes, no de los músicos, por lo que Salif sufre doblemente la barrera para ser músico. A lo largo de su producción musical, Salif ha combinado magistralmente lo tradicional con lo moderno y Talé no es la excepción, entregando ahora, sobre todo en las piezas cinco y seis del disco, unas excelentes mezclas que valen la pena escuchar una y otra vez;

  1. Vestido de novia de Socorro Venegas.
    Con una fuerza emocional que, para mi gusto, tienen pocos escritores y escritoras de su generación, Venegas logra de nuevo diseccionar la profundidad del alma y, en esta ocasión, generar una emoción de duelo prolongado que estruja muy hondo. Si Venegas es ya consciente de esta gran veta que ha venido desarrollando desde La risa de las azucenas, seguramente seguirá entregando libros de excelente factura y de un impacto emocional que sacude, que hace vibrar.

  1. Beast of No Nation, película de Netflix.
    La participación de los niños soldados en los conflictos bélicos alrededor del mundo es un tema de Derechos Humanos. Niños y niñas utilizados durante las guerras a quienes se les destruyen sus cuerpos, sus mentes y sus vidas. Esta película nos muestra de manera directa, la crueldad de la situación que aún padecen miles y miles. Al final, hay un dejo de esperanza amarga que estruja con mucha fuerza al espectador. Una película que no es dominguera, por lo que hay que estar preparados para verla sin palomitas.

Películas, libros y música son las cinco recomendaciones que nos hace la escritora Elizabeth Vivero