Etiqueta: Guadalajara (página 1 de 4)

Paulina y yo


De la música y sus asuntos

Por Luis Martín Ulloa

Parte 1

Sí, a mucha gente le parece extraño que me guste Paulina. Que me guste de saberme sus canciones y cantarlas, de comprar sus discos y así. Aunque de hecho no siempre me gustó. Puedo evocar un par de momentos en que por una cosa o por otra la recuerdo, pero la verdad es que no me hacía mucha gracia. El más antiguo es cuando, supongo, andaba de gira por el país con todo su grupo de chiquillos y chiquillas promoviendo su primer disco. Aquí los presentaron en un tapanco que colocaron en la Plaza Guadalajara, de cara a la presidencia municipal. Era 1982 u 83, por lo tanto ella tendría 11 ó 12. No recuerdo bien si le pedí a alguien que me llevara o fui por mis propios medios, porque en esa época (hay  muy poca diferencia entre su edad y la mía) ya me permitían ir solo a muchos lugares. Sobresalía entre la bola de chiquillos sin duda: sus piernitas flacas y el pelo largo y ondulado, demasiado güero. Se lo han de pintar, sentenció una señora a mi lado, mientras acariciaba la cabellera negra de su hija.

El segundo momento en que anduve rondando su música fue mucho después, en el 2000, cuando ya había dejado el grupo, y era reconocida como solista. Es un recuerdo más frívolo, si cabe remarcar el “más”: la coreografía de una de sus canciones (de la cual una de sus líneas nunca dejó de parecerme eroticona, “y cuando me besas siento que disparas en medio de mi alma”), repetida con total fidelidad por todos los travestis de todos los bares de Guadalajara; y que también la hacíamos en el público, medio en broma medio en serio, entre el grupo de amigos que asistíamos puntualmente a uno de esos bares.

“El Botanero” se situaba en la esquina de Javier Mina y Basilio Badillo. Era famoso principalmente por dos motivos: porque fue el primer bar que comenzó a hacer tardeadas los domingos (de 6 a 10 pm), para todos los que no podían trasnochar y debían llegar temprano a casa; y porque era la antesala del “Mónicas”, el primero y durante mucho tiempo el mejor disco-bar gay de Guadalajara. Los más informados dicen que “El Botanero” mucho antes había sido un bar buga y que su atractivo era un trenecito eléctrico que circulaba alrededor de todo el lugar sobre un riel elevado, cerca del techo. Era de lo más cómodo, porque llegaba uno en el tren ligero, te bajabas en la estación de la ex Penal, caminabas dos cuadras y listo. Podías emborracharte muy tranquilo y ver el show, si te tocaba un lugar cerca de la pista porque el lugar se retacaba.

Luego, cuando arreglaron la azotea como terraza, podías subir si no te interesaba ver a Selena, Lupita Dalessio o Daniela Romo. Al terminar el desfile de artistas, podías bajar a echarte una bailada con tu pareja, o buscar con quién si ibas soltero. A las diez en punto se prendían todas las luces y ya todo iluminado se escuchaba la última canción, que por mucho tiempo fue una de banda, que repetía exasperadamente su título: “La bota, la bota, la boooota”. Pero el propietario de ambos lugares (El Botanero y el Mónicas), ideó una manera de que no se le escaparan los clientes que aún quedaban con ganas de rumba, y a la vez cuidaría que no caminaran de noche las calles que separaban un sitio de otro. Entonces puso a su disposición el celebérrimo Jotibús.


To be continued…

¿Ya sigues nuestro #Instagram?: http://ift.tt/2sLCwmb

El vértigo del cuento

Estrenamos mes y estrenamos curso-taller de narrativa con Cástulo Aceves
#NuestrosAutores #Literatura #cuento #Writer #Escritor #Escribir #EditorialParaísoPerdido #leer #reading #ilovereading #CástuloAceves #academia #taller #narrativa #escritura #Guadalajara #Typotaller

Mad Max o Mad Mex


De principio a film

por Rodrigo González M.

Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015) se presentó en las pantallas como el más temible y posible futuro distópico para la humanidad: el hombre máquina, el todopoderoso conquistador del mundo vuelve a las cavernas víctima de su propia ambición y su irracionalidad. Ahí el maestro Miller nos cuenta cómo una guerra global deja a la raza humana y al planeta entero el borde de la extinción y la manera en la que, de sus propias cenizas, comienzan a florecer vestigios de una nueva civilización, de una nueva era. A pesar de que esta nueva civilización se acerca sobremanera al núcleo más violento de los seres humanos no deja de ser terriblemente familiar a lo que somos ahora: divididos entre aquéllos fanáticos religiosos, soldados de la fe dispuestos a morir por la causa; los que de alguna manera resguardan el conocimiento científico, lo impulsan y lo difunden, y los que atrapados en medio de ellos intentan sobrevivir.

Acá de este lado, fuera de las pantallas, apenas se anunció el “gasolinazo” en diciembre pasado, la mayoría supimos de cierta forma qué iba a suceder. La distopía, el temor de que nuestras peores pesadillas se hicieran realidad empezó a tomar forma: intuimos las marchas, las protestas, los bloqueos en las carreteras, la toma de casetas y, con todo ello, los abusos policiacos, los atracos, los saqueos, los vidrios rotos, nuestra dosis de caos de enero, la manipulación cibernética, las descalificaciones, los dedos acusadores apuntando a todos lados. Seguimos frente a la computadora para ver sin mover una pestaña la desaparición de Syria, la sonrisa de Putin y su intervención en las elecciones de Estados Unidos, los débiles esfuerzos de la ONU para contener a Israel y sus asentamientos ilegales en Palestina. Si acá ya veníamos arrastrando 10 años de violencia virulenta en todo el país, lo que empieza a pasar en la banqueta de enfrente tiene aires de tragedia. Entonces llegó el nombramiento de Videgaray como Canciller, la próxima toma de posesión de Trump como presidente de Estados Unidos, el dólar a 21 pesos, Duarte riéndose de todos nosotros en alguna playa del mar Caribe.

Desde este punto, ya es fácil imaginar las siguientes escenas para el verano de 2017: en medio de un conflicto menor por un gasoducto en Asia central, Trump aprieta el botón equivocado, entonces Putin llama a la calma pero al dar el manotazo en la mesa, aprieta también el botón equivocado y bueno, hasta aquí la historia de civilización occidental.

Hay gente que sólo quiere ver el mundo arder y hay gente que ve el mundo arder y no hace nada. Pero ganan poderosamente mi atención aquellos que, por dar un ejemplo, piden que para resolver nuestros conflictos consumamos únicamente productos mexicanos, como si el tomate, los huevos, la leche, el pan, las tortillas que se producen en México fueran a transportarse en camiones mexicanos, con gasolina mexicana, en carreteras hechas con maquinaria mexicana y los pedidos se fueran a tomar y registrar con computadoras mexicanas, se fueran a recibir las llamadas de los clientes en smartphones mexicanos, o a recibir correos electrónicos en el servicio mexmail, dar nuestra mejor muestra creativa en 140 caracteres en tuitmex, y todos fuéramos parte de la gran red social conocida como mexbook: todo esto, claro, hecho con tecnología mexicana de punta. Pues no, la verdad es que eso no va a pasar. En el mundo interconectado y globalizado en el que decidimos jugar, los gobiernos que escogimos nos pusieron a bailar con la más fea y la más fea es la que no fue al baile. Es decir, nos robaron. Estamos solos, solos en medio de la pista, haciendo el ridículo en la fiesta de las naciones.

En nuestro Mad Mex la lucha también es por la gasolina y por el agua. También queremos salvar a nuestras mujeres y a nuestros niños, también queremos escapar a ese lugar que es verde y que es promesa y es futuro y es prosperidad. Pero también sabemos que ese lugar se fue hace mucho tiempo, que ya no existe y que la única forma de salvarnos es volviendo sobre nuestros pasos, enfrentar el horror de lo que somos, la vergüenza de lo que no hemos hecho y no hemos querido ser, y abrir la llave para todos. La igualdad es, en este momento, lo único que puede apagar la llama de la indignación social, erradicar la tontería política y cambiar la realidad.

Rodrigo Chanampe: Pantallas para iluminar la realidad

Fue un año complicado. En 2016 la muerte volvió a mostrarme su capacidad para colmarnos de ausencia. Pero ahora es tiempo de listas y recordar que el arte también nos acompaña en las estaciones dolorosas. En cuanto al cine, comparto a continuación las doce películas que más disfruté en las salas cinematográficas.


1. Spotlight

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Tom McCarthy

En ocasiones el Óscar reconoce películas de calidad cuestionable, Argo es un ejemplo reciente. Sin embargo, con el filme de McCarthy existió una sensación de entregar el premio como Mejor Película a las manos correctas. Destaca el trabajo actoral de todo el elenco. Cinta que denuncia las atrocidades de los sacerdotes pederastas, así como la mafia existente en la Iglesia Católica. Tras verla se nos permite creer, aunque sea por un instante, que la justicia es posible.

2. The hateful eigth

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Quentin Tarantino

Amo a Tarantino a pesar de que no todas sus obras se encuentren al mismo nivel para la crítica. En este caso no logra la maestría de Pulp Fiction o Inglorious Bastards, pero mantiene lo importante en un autor: el estilo. Lo genial de The hateful…es el movimiento de cámara para brindar amplitud y suspenso en espacios reducidos. Un western violento y de guión seductor. Para Quentin la muerte siempre debe ser endulzada con risas.

3. Deadpool

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Tim Miller

No me avergüenzo de colocarla en esta lista. Me reí sin frenos. Valoro la honestidad y la cinta puede presumir de esta característica. Desde la secuencia de créditos nos avisa que no se tomará en serio. Dirigirse al espectador, las referencias a otros superhéroes y el atrevimiento le brindan personalidad. Deadpool demuestra que los millones no siempre son suficientes para sobresalir; en ocasiones basta con amor a un proyecto.

4. Room

Año: 2015
País: Varios
Director: Lenny Abrahamson

Una historia que pondera la fuerza de la imaginación. Tal vez se puede ser feliz en un espacio limitado si nos habituamos a él y nos dedicamos a quererlo. El verdadero conflicto de dos personajes encerrados, una madre y un niño, no reside en escapar sino en adaptarse a la libertad, al terror de lo desconocido. Al final de cuentas nuestro planeta es otra diminuta habitación con sus propias paredes y monstruos. La cinta transmite lo anterior gracias a un guión preciso, sin prisas, preocupado por construir momentos poéticos más que intensidad argumental.

5. Le nouveau

Año: 2015
País: Francia
Director: Rudi Rosenberg

 

Siempre es difícil ser el nuevo en una escuela. La encrucijada de Benoit radica en tratar de convertirse en un chico popular, conseguir la aceptación o ser relegado al grupo de aquellos que son considerados perdedores. La obra se goza gracias a la naturalidad con la que fluye el guión y el encanto de personajes destinados a unirse porque ser uno mismo es lo único que nos resta en la sociedad de la pretensión.

6. Truman

Año: 2015
País: España/Argentina
Director: Cesc Gay

Supongo que vi esta película en el momento correcto. Cuando la palabra cáncer no me era tan común. Ahora me costaría mucho más enfrentarme a ella. Pero independientemente de la situación por la que se atraviese, la obra logra conmovernos sin necesidad de manipular. Un viaje de dos amigos (interpretados por Ricardo Darín y Javier Cámara) que se despiden del pasado e intentan resolver los asuntos pendientes. Entre tanto pesar, Truman cuenta con un lugar para las sonrisas. Hay ocasiones que es mejor dar la batalla perdida y disfrutar de los últimos minutos en el terreno de combate.

7. Youth

Año: 2015
País: Italia
Director: Paolo Sorrentino

No se trata de una obra a la que sólo le interese narrar un argumento. La película de Sorrentino no habla exclusivamente de sus personajes, se centra en la vida misma. Un filme que busca comunicar su discurso a través del lenguaje que le es exclusivo al cine. Más allá de los diálogos o el conflicto narrativo, la sinfonía de imágenes pretende acariciar la reflexión sobre lo realizado a lo largo del camino, lo que aún se puede hacer, así como las alegrías y arrepentimientos que coleccionamos en nuestra existencia.

8. The Witch

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Robert Eggers

Un filme que rompe con lo acostumbrado en el cine de terror de los últimos años; no se preocupa por asustar y conmocionar al público con sonidos estridentes y apariciones inesperadas para el espectador. La obra es incómoda por su mundo narrativo, por su historia acerca de una familia desterrada, siendo presa de la ignorancia, de una religión, de ese Dios castigador… No es necesariamente el Diablo quien provoca las tragedias, sino creer en él. Una cinta que por momentos parece estar guiada por el susurro de Bergman en el oído de Eggers.

9. Hail, Caesar!

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Ethan y Joel Coen

Delicioso homenaje al cine de los años cincuenta. El western, la comedia romántica, los musicales, las películas épicas, el mismo cine negro. A esta obra de los Coen, quizá la crítica no la considere una de las mejores, pero en ella se demuestra la pasión por el séptimo arte. Una reflexión sobre la industria, los críticos, Hollywood como un debate de ideologías. Otra joya en la filmografía de los Coen que los reafirman dentro de los clásicos del cine norteamericano.

10. The neon demon

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Nicolas Winding Refn

La película es un juego de espejos. Encontrarse en un reflejo para existir. El mundo del modelaje es desnudado para mostrar su lado más cruel. La belleza es algo que se consume y al hacerlo se desgasta. La inocencia no tiene escape, es una especie en extinción. Winding Refn se apoya en otra genial banda sonora, en silencios y en atmósferas que recuerdan a Lynch para expresar lo efímero de aquello considerado hermoso.

11. Café Society

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Woody Allen

Allen es uno de los directores y guionistas más brillantes en la historia del cine. Prolífico y capaz de seducirnos con sus recurrentes preocupaciones. Aquí, instalado en el Hollywood de los treinta y mediante una fotografía cálida, retrata la oposición entre Nueva York y California. Dos soñadores orbitando el glamour, en especial un joven impactado por una chica a la que considerada la mujer de su vida. Allen construye un triángulo amoroso para salpicarlo con su humor acerca de las relaciones, Dios y los judíos; pero en especial intenta demostrarnos que a veces es imposible lograr los sueños y sólo nos resta convertirnos en lo que alguna vez odiamos.

12. Arrival

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Denis Villeneuve

Con este filme se confirma la maestría del director canadiense. Una obra en donde más allá de la llegada de extraterrestres, el verdadero conflicto se centra en el entendimiento de los demás. La capacidad de comprender al otro como único medio de salvación. Por otra parte, visualmente la película nos deslumbra con su elegancia y sutileza. No hay elementos que sobren y Villeneuve huye minuto a minuto de lo que se cree necesario para complacer al gran público. Defiende la estructura de su historia sin simplificarla. A lo igual que en Enemy, impacta alejado de los artificios.

Cecilia Magaña: Mash-ups, extraterrestres, fotografías, salchichas y pianolas

Siempre es complicado hacer listas de “Lo mejor del año”. Aunque todos sabemos que la selección es subjetiva, leemos y pensamos: “no, no es cierto, eso no fue lo mejor del 2016, para mí lo mejor fue…” Y bueno, ahí se nos acaba el teclado (sin nos ponemos en plan troll) o se nos va la vida (si el tema sale en alguna peda en la que todo mundo termina peleado).

Lo cierto es que para armar esta lista he pensado en esas obras que quizás ni siquiera son novedades pero sí me sirvieron este año para hacerme ver algo desde otro punto de vista y para hacerme preguntas. Así que aquí va mi lista, cuyo orden no va de menos a más y que abarca historias en diversos formatos (series, cine, literatura y música) y no está compuesta por diez, sino por trece historias porque es un número que me gusta y porque de verdad lo intenté, pero en lugar mientras más hacía memoria, la lista crecía y crecía.


West World

Esta serie de HBO logró hacer un mash-up de dos temas que parecían irreconciliables desde la terrible Cowboys and Aliens: el western y la ciencia ficción. Inspirada en el guión cinematográfico de Michael Crichton, Jonathan Nolan y Lisa Joy escribieron un guión que si algo despierta son, precisamente, preguntas: ¿cuál es nuestra verdadera naturaleza? ¿cuál es el camino a la consciencia? ¿qué papel juega la memoria en la construcción de nuestra identidad? Una lección sobre cómo contar historias redondas con vueltas de tuerca que no dependen de la sorpresa, sino de algo más cercano al asombro: ese que nos hace sentir chiquitos y que seguramente experimentaban los espectadores al salir de una buena tragedia de Shakespeare allá y entonces, cuando era novedad.

River

Una de esas maravillas de Netflix que en tan solo seis capítulos da clases sobre cómo hacer un policíaco. Otro mash-up con elementos de thriller psicológico y sobrenatural; donde nadie es lo que parece (como en las buenas novelas negras), y los peores fantasmas no son los de los muertos, sino esas verdades que no se dicen en voz alta. El buen Stellan Skarsgård me hizo reír y llorar con su actuación. Seis horas nalga muy bien invertidas.

Stranger things

Otra de Netflix que me recordó todo eso que me apasionaba de niña en el cine de Spielberg. Ocho horas que hacen una relectura de las historias que formaron a generaciones de creadores. Una prueba de que, si como escritores contemporáneos no terminamos de reconocer el intertexto, el juego con el material de otros y con la cultura popular, en medios audiovisuales (donde los derechos de autor son un tema que se trata con pinzas) ya lo tienen más resuelto o al menos no la hacen tanto de pedo.

La bruja

No, no es una película de terror aunque así trataron de venderla. Esta historia con una fotografía maravillosa y un guión basado en extractos de juicios reales a personas acusadas de brujería, sí me puso nerviosa pero no por lo que yo esperaba. Vivir deliciosamente y probar el sabor de la mantequilla se convirtieron, gracias a Black Phillip (la mejor interpretación del demonio que he visto hasta ahora) en una promesa cuyo precio es entregar el alma, la vida… como si la pobre protagonista, tuviera la posibilidad de decidir. El destino, el libre albedrío, la religión, todo se cuestiona en esta historia que es más una metáfora que una historia de horror. Al menos hasta que te enteras que los de la Sociedad de Satanistas de Norteamérica picharon buena parte de la peli.

Arrival

Una película de extraterrestres cuyo centro no son los extraterrestres, sino la vida como una decisión con todas sus consecuencias. Sí, tiene huecos argumentales. No, no es perfecta. Pero es mi lista y aquí está. El cuento en el que está inspirado, titulado “La Historia de tu Vida”, del libro homónimo de cuentos escrito por Ted Chiang tampoco tiene madre. Así que si no les gustó la peli (y una de las versiones más curiosas de cómo podría verse un extraterrestre), lean el cuento.

La fiesta de las salchichas

Porque también me gusta lo profano y quien la vio, entenderá. Crítica y políticamente incorrectísima. De verdad no me permitió volver a ver  la comida de la misma forma.

La langosta

No me gustó la primera vez que la vi en una de las muestras del Cineforo pero luego la volví a ver para una clase y terminó fascinándome. Descubrí (tonta de mí) que el director de verdad desea que el espectador viva la experiencia y tome una decisión sobre el desenlace. Situada en un mundo en el que la gente está obligada a vivir en pareja o convertirse en animal (para ver si como otra especie tiene mejor suerte), toca una serie de absurdos con un delicioso humor negro y el valor para ser cruda cuando se necesita. Cuestionadora independientemente del grupo al que uno pertenezca: al de los emparejados, los solitarios o los francamente animales.

Swiss Army Man

Traducida al español como “Un cadáver para sobrevivir”, toma toda una serie de tabúes como la escatología, el vouyerismo, la homosexualidad y la necrofilia para contar una historia de supervivencia (y ojo, que sobrevivir no es aquí conservar la vida, sino vivirla). Con un humor sucio y momentos sumamente mágicos, esta historia me invitó a pensar qué es lo que consideramos como normal, qué tanto hemos sacrificado de nosotros mismos por pertenecer, entre muchas otra cosas. Una historia valiente y conmovedora que me hizo sentir a ratos un poquito de asco (lo de la escatología no es broma: mi recomendación es comer antes o después de verla…y si son muy quisquillosos, mejor después).

El Zorro Ártico

Del autor islandés Sjón (que también es poeta y ha colaborado con Bjork, así que es uno de esos hipsters con mucho swag). Una novelita corta editada por Nórdica que, aunque está carísima, valió cada peso de los 380 que pagué. Inspirada en una leyenda regional, intercala dos historias: la de un hombre de fe, obsesionado por cazar a un zorro ártico; y la de un hombre de ciencia que se despide de una mujer excepcional, llamada Abba. Ambas historias se relacionarán hacia el final. Escrita en capítulos breves, como postales, el Zorro Ártico tiene tanta poesía como humor, tanta filosofía como magia, casi como si fuera uno de esos viejos clásicos que podrían terminar en un ladrillo, pero Sjón desarrolla en tan solo 126 páginas.

Aquí

Una novela gráfica de Richard McGuire en la que el espacio que habitamos es el protagonista: un departamento es visto a través del tiempo, desde el lugar en el que fue construido en la era de los dinosaurios, hasta hoy. Los tiempos, los habitantes, las palabras que en ese espacio se dijeron, se intercalan en un experimento visual que me hizo pensar en el lugar que habito hoy; en la memoria de los espacios.

La Noche de la Usina

De Eduardo Sacheri cambió por completo mi impresión de los Premios Alfaguara de novela. Al menos este no termina en una revolución latinoamericana con escenas sexys intercaladas con uno que otro fenómeno cercano al realismo mágico. No, señor. La novela es una de esas historias donde se organiza un gran robo, uno que parece imposible, pero no como lo harían los de Ocean’s Eleven, sino un grupo de viejos que habitan en un pueblo olvidado por el progreso, en plena devaluación. Una de esas aventuras al más puro estilo de las películas de los cincuenta. Sacheri, además, demuestra tener estilo y no solo buenas relaciones; toda una sorpresa.

El Hogar de Miss Peregrine para Niños Peculiares

De Ransom Riggs es un artefacto, más que un libro. Un juguete que combina la narrativa escrita y la visual. Lo que le hicieron Tim Burton y compañía es una mentada de madre. Pero si quieren conocer este mundo creado por un coleccionista de fotografías antiguas y raras, y jugar el juego de darles un sentido dentro de la historia de un adolescente que descubre un mundo nuevo, se enamora de la chica que amó a su abuelo y se enfrenta a momentos lo suficientemente oscuros como para ponerte nervioso, incluso como adulto, de verdad vale la pena.

Ramin Djawadi

El compositor de la mayoría de la música de GOT merece en mi lista una mención aparte por el score que hizo para West World. Beso las patas de los fundadores de Spotify y me declaro llena de agradecimiento porque han subido la música completa, que incluye las piezas originales de Djawadi (combinando lo épico de la cadencia western, el piano y los violines con arreglos electrónicos y ruiditos que remiten a la experiencia de los androides de la serie), además de esas adaptaciones al piano que los espectadores esperábamos descubrir cada episodio en la pianola del Bar Mariposa: Black Hole Sun, No Surprises, Back to black, House of the Rising Sun y dos rolas que se cuecen aparte (ya con toda la orquestación épica de los Spaghuetti Westerns); su adaptación de Paint it Black y Exit Music (For a Film). Un sountrack para imaginar nuevas historias este 2017 que ya está aquí, a la vuelta de la esquina. A ver qué nos cuenta.

“Los no muertos”, ¿una más de zombis?

Conversación con James Nuño autor de Los no muertos.


1. Cuéntanos de Los no muertos, ¿de dónde nace la idea de escribirlo? ¿Qué le dejará al lector? ¿Qué representó para ti?
La idea surgió desde dos frentes. Vino tras la paranoia nacional causada por la influenza H1N1. Aquello parecía el inicio de una película de terror: la gente tenía miedo a salir, a ir al trabajo, hasta de saludarse de mano. Por otra parte, precisamente, estuvo la influencia del cine de terror, particularmente del subgénero zombi. Este monstruo ha generado en mí una inquietud muy particular debido a la amplia gama de interpretaciones que puede tener: desde la masa enajenada hasta la turba anónima que se levanta contra el sistema.

A partir de esto, pensé que sería interesante abordar la idea de la histeria colectiva en una ciudad como ésta, en un país como el nuestro, y la figura del zombi me pareció ideal por absurda y cercana a la vez. Así que busqué insertar en una situación extrema a algunos personajes que de tan ridículos nos resultaran harto familiares: un oficinista, un periodista izquierdoso, una artista mediocre y una microempresaria narcisista. Creo que, después de casi seis años de haber comenzado el proyecto, tras múltiples lecturas, recortes y reescrituras, el lector de esta novela podrá encontrar una suerte de espejo distorsionado que le hará preguntarse hacía dónde ha dirigido su vida durante los últimos años e, incluso, si ha sido consciente de ello.

2. ¿Es tu novela una novela más de zombis?
No. Precisamente, el planteamiento inicial fue trazar una historia en la que destacaran los personajes y las implicaciones de una pandemia de este tipo, a diferencia de lo que sucede en las series, películas y libros de zombis que basan su éxito, casi de manera exclusiva, en el efectismo de las vísceras, los desmembramientos y las persecuciones caóticas. Es decir, quería hacer un comentario a través de este género, como lo hicieran en su momento Romero o Brooks, y no sólo contar una historia de terror llena de lugares comunes.

En esta historia, los zombis son lo menos aterrador; los no muertos, este concepto que navega en la indefinición de la vida y la muerte, son estos personajes que pasan la vida sin vivirla, pensando en qué sería si todo fuera diferente, pero cuando finalmente lo es, lo primero que hacen es tratar de escapar de su vacío existencial. Aquí no hay héroes. Nadie intenta rescatar a la humanidad, ni siquiera a sus seres cercanos. Este atado de imbéciles, inútiles y narcisistas, se la pasa huyendo de sus responsabilidades, de sí mismos, y no es hasta que la pandemia llega que comienzan a reaccionar… aunque sea para volver a huir.

3. ¿Qué es para ti la escritura? ¿Para qué escribes?
Hay muchas formas de hacer literatura, de aproximarse a ella. Para mí, escribir consiste en un acto de síntesis, interpretación y resignificación de la realidad. Es una suerte de reducción de las esencias, como se hace en los perfumes o en los extractos para los cocteles clásicos: hay que filtrar las realidades, exteriores e interiores, y luego mezclarlas en dosis justas para dar una nueva perspectiva, un nuevo sentido.

 4. ¿Cuáles son los temas de los que te atrae escribir?
Hemingway decía que uno no puede escribir sobre lo que le es ajeno. En mi caso, escribo sobre realidades cercanas a mí aunque, sin quererlo, sin proponérmelo, existe por lo regular un elemento fantástico bastante sutil que trastoca la realidad de los personajes. Digo que “sin quererlo”, puesto que intento hacer relatos lo más realistas posible. Pero creo que nuestra realidad se ha vuelto tan increíble —no en la mejor de las acepciones—, tan absurda, que es imposible pensar en que hay algo sospechosamente fantástico detrás de ella. Me ha tocado vivir en tiempos de incertidumbre, donde las supuestas seguridades de nuestros padres se han ido desmoronando y el futuro parece muy lejano pero no por eso menos amenazante. Creo que si hay un tema recurrente en mis textos es ése: la incertidumbre y lo absurdo de nuestra realidad.

5. ¿Qué tipo de autor te consideras?
Creo que soy un autor precavido, quizá demasiado. Dudo mucho de la veracidad de mis palabras. Cuando tengo una idea, la rumio durante días, a veces meses, antes de comenzar el proceso de escritura, que dura otros días o meses (o años, como es el caso de Los no muertos). Luego, cuando el escrito se publica, reniego porque siempre encuentro errores o, más que errores, aspectos mejorables. No obstante, he aprendido a ser paciente, a no compararme con mis colegas y sus muy envidiables plumas y carreras en ascenso. Me refiero a que me he resignado a escribir lo que haya de ser escrito, a decir lo que haya de ser dicho.

6. ¿Sientes que formas parte de alguna generación? ¿Es importante?
La mía es una generación sándwich. No somos ni los bohemios ni los diplomáticos que fueron nuestros predecesores, pero tampoco los veinteañeros que publican en sus blogs desde los 12 y que ahora su fama de escritores los precede aun sin un libro publicado. Sin embargo, me doy cuenta de que después de varios esfuerzos aislados, ahora comienza a haber ciertos vínculos entre los escritores jóvenes de los 80, con una camaradería que antes no había. Creo que ese vínculo, esa fuerza, es necesaria para consolidar un estado cultural y literario perdido desde hace muchos años.

 


El soundtrack de Los no muertos


7. ¿Qué libros te han dejado huella? ¿Qué autores consideras cómplices?
El primer libro “serio” que leí en mi adolescencia, fue Pedro Páramo; no creo haberlo comprendido cabalmente en aquel entonces, pero causó una gran impresión en mí. Luego, en la facultad, leí a Cortázar y a Borges y quedé maravillado ante las posibilidades tan diversas de la literatura. Después me topé a los americanos, particularmente a Hemingway y a Carver. Creo que es a raíz de ellos que tengo una idea un poco más clara de qué es la literatura y qué se puede hacer con ella. Después han ido y venido otros autores asombrosos, como Ellis o Houellebecq. Es lo maravilloso de esto: uno nunca deja de tener hallazgos.

8. ¿A qué autores vivos recomendarías seguir la pista?
Me parece que hay que estar al pendiente de autores jóvenes que de manera más o menos reciente se han ido construyendo una carrera y que seguro en unos años serán un referente obligado. Por mencionar sólo algunos están Gabriel Rodríguez Liceaga, Eric Uribares, Alejandro Badillo, Daniel Espartaco, Abril Posas, Manuel Fons, Aniela Rodríguez, Érika Zepeda… La lista sigue y, con suerte, se irá engrosando en los próximos años.

9. ¿Qué estás leyendo actualmente?
Tengo una pila de libros pendientes desde hace un par de meses y que se acrecentó después de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Me interesa leer a mis contemporáneos. Justo ahora termino La fila india de Antonio Ortuño (un pendiente que traía desde hacía meses) y ya estoy comenzando a sentir la ansiedad de no saber con qué continuar: si con La cena de Herman Koch, los cuentos de Carson McCullers o alguno de los últimos premios Tierra Adentro… En su momento (en un par de horas) lo decidiré. O no.

10. ¿La lectura está sobre valorada?
La lectura está malinterpretada. Desde pequeños nos han dicho que hay que leer para ser más cultos, que tenemos que tomar los libros para aprender. Alguien dijo —no sé si fue Bachelard, Barthes o algún compañero de cantina— que un texto es todo aquello que permite una lectura. Todos los días recibimos mensajes que decodificamos. Todos los días leemos. La diferencia es que en un libro no hay ruido que entorpezca la comunicación; ese ruido está en nuestras cabezas. Las palabras en un libro están fijas, esperando a que nosotros las decodifiquemos a consciencia.

Y ése parecería el problema, el reto. Sin embargo, me parece que, si lo entendemos así, la lectura no debería diferir a escuchar una charla magistral, de esas que nos dejan con la boca abierta, a escuchar a nuestros abuelos o ver una película de esas que nos marcan para toda la vida.

11. ¿Qué más además de la escritura?
Todo, pues todo la precede. La escritura es el tramo final de una serie de actividades y vivencias que tienen que ver con la lectura: de libros, de series, de películas, de charlas, de eventos sociales, de personas… Todo ello es lo que en verdad importa. Sin esas lecturas, no somos sino un simio tecleando frases más o menos coherentes.

12. Algo que gustes agregar.
Ño.

Recuerdos de juventud y rock and roll

#LecturasExtremas #Editorial #ParaísoPerdido

 

Este viernes 4 de noviembre de 2016, a las 20:30 horas, en Impronta, presentamos el segundo título de la colección Logófago de nuestro sello editorial: Recuerdos de juventud y rock and roll de Alva Lai Shin Castellón.

En palabras de la doctora Patricia Torres San Martín, “Mediante los testimonios de […] mujeres tapatías se reactivan situaciones y subjetividades de la vida pasada y presente, pero también de la vida social y cultural de la Guadalajara de los años sesenta, y queda expuesta la manera en que el relato cinematográfico se fusiona con los recuerdos y la memoria”.

“La autora elabora una visión multidisciplinaria para analizar el proceso de recepción empírica del cine mexicano de los años sesenta y las identidades juveniles de Guadalajara, con un grupo de mujeres tapatías que consumieron estos filmes y sus imágenes recurrentes: jóvenes con chamarra de cuero y en motocicleta, jovencitas con un look de adultas y en minifaldas, amores inocentes, juventud reventada que se divertía al máximo comiendo un helado o asaltando las cafeterías”.

“Los lectores […] encontrarán una veta más para pensar el cine como una experiencia que siempre involucra una película, una personalidad, una situación social y un tiempo y estado de ánimo específico”.

Nos acompañarán para comentar el libro Patricia Torres San Martín y el maestro José David Calderón. ¡Los esperamos!

¿Quien es Alva Lai Shin?

Si desean conocer un poco más de la trayectoria de Alva, pueden seguir este link.

Antiguas entradas