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¿Tiene usted cinco minutos para hablar de cómics ?


Por Dán Lee

1. Cómics no son sinónimo de súper héroe.

2. Cómics no es sinónimo de Marvel o DC.

3. Cómics sí es sinónimo de historieta.

Una vez aclarados los puntos anteriores, puedo iniciar con este conteo de cinco historietas que fueron relevantes en este 2017. La selección es completamente arbitraria y se basa en mi gusto personal, forjado a lo largo de más de 30 años de leer historietas.

1. Providence

(Alan Moore y Jacen Burrows, Avatar Press 2015-2017)

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Alan Moore retoma los mitos de H. P. Lovecraft, los amasa, retuerce y esculpe para generar algo nuevo y hermoso… La mención de semejantes nombres en la misma oración debería ser suficiente para agregar solo un punto final, pero habrá quien necesite más referencias. Veamos…

En el mes de marzo de 2017 se publicó el último número de esta serie de doce capítulos en la que Moore utiliza todos los clichés de la literatura lovecraftiana: el investigador solitario y erudito que por saber más sobre “lo oculto” se mete en un abismo del que solo saldrá loco, muerto, o las dos cosas; el libro que contiene conocimientos arcanos que desquiciará a quien lo lea; la convivencia de la “realidad” normal con otra, terrible, que se mantiene soterrada, en contacto cotidiano con nuestro mundo, y que al descubrirse podría generar el caos, la destrucción total. Seguimos a Robert Black, el aspirante a escritor que recorre la geografía que marcó la vida de H. P. Lovecraft y que plasmó en sus historias más reconocidas (de New York a Providence, pasando por Athol, Salem y Boston). En esos lugares el lector avezado en la obra de Lovecraft y sus discípulos reconocerá escenarios, personajes y centenas de referencias que aluden a los “mitos” y que hacen de cada página un festín de horror (si usted que lee esto no sabe lo que son los “mitos de H. P. Lovecraft” o los “mitos de Cthulhu”, hágase un favor: bote este artículo y vaya de inmediato a conseguir en su biblioteca favorita cualquier libro de H. P. Lovecraft, de preferencia traducido por Alianza o Valdemar, devórelo, pierda algo de cordura y regrese a continuar justo después del siguiente punto y aparte).

Alan Moore no se conformó con los mitos, también estudió aspectos históricos de los lugares en los que se mueve el personaje. Esta investigación, junto con el trabajo de Burrows, dibujante sobrio, nos llevan a contemplar los pueblos y ciudades norteamericanos que visita Robert Black con exactitud histórica.

Mencioné que Moore recurre a los clichés de las historias de Lovecraft, pero no que lo hizo para darle un giro osado y con él proponer una relectura. Para no arruinar las sorpresas, solo diré que de alguna forma explica de dónde extrajo H. P. Lovecraft las ideas de sus escritos posteriores a 1921 (aquellas clasificadas como “los mitos”), y que la hipótesis de Moore acerca del papel del inconsciente como origen del terror se despliega de forma clara, como en pocos libros de teoría de la creación artística he encontrado.

Un aspecto en contra: Providence es al mismo tiempo secuela y precuela de The Courtyard (Moore y Burrows, Avatar Press, 2003) y Neonomicon (Moore y Burrows, Avatar Press, 2010) por lo que es posible que el final quede un tanto oscuro para quienes no han leído dichas publicaciones previas.

(Nota sobre el título: la ciudad natal de H. P. Lovecraft, su amada Providence, es también un juego de palabras en que se invoca a la providencia, la que provee, en este caso ideas, ya lo descubrirá el lector que se anime a adentrase en Providence)

2. Patience

(Daniel Clowes, Fantagraphics, 2016)

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Aunque este volumen fue editado el año pasado, no llegó sino unos meses más tarde a la biblioteca en la que surto mi despensa de cómics (sobre la cual puedes leer en este link http://www.comikaze.net/biblioteca-the-anglo/). Por ello, para la comunidad ñoña a la que pertenezco la fecha de lanzamiento fue enero de 2017.

Como todas las novelas gráficas de Clowes (cuya obra más famosa es la serie Ghost World, por si el dato es útil), Patience es difícil de describir sin meterse en líos y quedarse trabado a media frase… Decía que no es sencillo acercar al profano a ese encanto raro y sutil que emana de las páginas de esta historia. La historia va de los peligros de viajar en el tiempo cuando uno es básicamente un viudo perdedor con miedo crónico al compromiso y al fracaso, pero con ganas de cambiar el pasado para evitar perder a esa esposa que es el origen del miedo; estos riesgos de jugarle al crononauta incluyen equivocarse, llegar muchos años antes de haber conocido a dicha mujer, enterarse de episodios traumáticos del pasado de la fémina y desear modificarlos, ocultarse por años para no alterar las historias personales de los involucrados… y esto solo en la superficie, pues el verdadero viaje se descubre dentro de Jack, el personaje principal. Este hombre empieza como adulto joven, sacudido de terror al saber que será padre; a lo largo del periplo enfrentará desgracias y provocará otras tantas en sus viajes temporales, endureciéndose progresivamente hasta volverse un viejo cabrón capaz de todo por salvar a Patience, su mujer, y con ello darle una oportunidad de felicidad al Jack del presente (o pasado, qué más da).

Aunque el argumento me parece de autor grande, lo que eleva a Patience (y a la mayor parte de la obra de Clowes) son las escenas contenidas, con diálogos tensos, dramáticos sin melodrama; charlas humanas en las que se decidirá el curso de la vida, pero en las que se dice poco, lo indispensable, solo aquello que la historia y los personajes necesitan. Clowes trata al lector como un ente pensante; es por autores como él que esto último sucede cada vez con mayor frecuencia en la historieta moderna.

(Nota sobre el título: “Patience” es el nombre de la esposa del protagonista, y es también la virtud que debe desarrollar Jack, la paciencia, para lograr que sus planes avancen, y para sobrellevar esos lapsos de tiempo perdido en los que solo se tiene a sí mismo)

2. Kill or be killed

(Ed Brubaker y Sean Phillips, Image comics, 2016-actualidad)

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En noviembre de 2017 esta serie alcanzó su tercer arco argumental al llegar al número 14. La premisa es: ¿Mataría usted para mantenerse con vida? Antes de responder, un poco de contexto.

Dylan es un estudiante de literatura, un poco nerd, un mucho solitario y con historial de depresión e inestabilidad. La noche en que Kira, la mujer que le gusta (que por cierto es pareja de su compañero de departamento), lo besa, Dylan termina de aceptar que con ella quiere todo y nada a medias, pero que nunca la tendrá para él. A causa de ese beso y de esa mujer (cuándo no), Dylan llega a la conclusión de que no vale la pena vivir más minutos en este infecto mundo. El muchacho intenta suicidarse sin éxito (¿se puede ser más loser que alguien que intentó suicidarse y falló?; o sea, ya demostraste que no sirves para nada en la vida, y ahora tampoco sirves para la muerte). A partir de ese momento, un demonio se le aparece (o no) a Dylan, le dice que gracias al ente cornudo es que el muchacho acomplejado sigue vivo y que para continuar respirando tendrá que ofrendarle una muerte por cada mes que quiera mantenerse con vida.

¿Valdrá la pena hacer eso para soportar este infecto mundo? (sí, me gusta la expresión y más en tiempos electorales). En caso de que decida obedecer, ¿a quién va a matar?, ¿quién merece morir?, ¿tendrá Dylan las agallas y la inteligencia para asesinar sin ser capturado?, ¿se volverá Dylan el Punisher milenial?.. ¿y si el chisme del demonio es falso y no es necesario ir por allí arrancando vidas? Estas preguntas y otras mejor redactadas encuentran respuesta en los retruécanos argumentales de Kill or be killed; en esta serie pareciera que Brubaker es incapaz de narrar una historia de forma lineal, lo cual se le agradece. Nos va a sumir de narices en el pasado siempre umbroso de los personajes, en una espiral de crimen y desordenes psicológicos. El escritor se las arregla para insertar triángulos amorosos, demonios de revista pulp, la mafia rusa y mucho disparos a quemarropa en una historia en la que el lector termina por no saber quién está peor en ese mundo infecto. El arte, a cargo de Phillips, encaja de manera perfecta en la ambientación realista y oscura que requiere un cómic que vive entre las sombras: la luz es poca, pero ilumina muy bien.

A Kill or be killed se le ha llamado el “Breaking bad” de la historieta, porque el protagonista se mete como sin querer a un mundo oculto al que aparentemente le agarra no solo el modo sino el gusto. La reflexión es qué tan lejos estamos nosotros de ese momento, de ese pretexto que nos lleve a resbalar, a romper los límites y desencadenar el infierno que llevamos dentro. ¿Ah, verdad?

Ahora que usted sabe de qué va, es momento de responder la pregunta que dejamos pendiente hace unos párrafos: ¿mataría usted para mantenerse con vida?

4. Black Hammer

(Jeff Lemire y Dean Ormston, Dark Horse Comics, 2016-actualidad)

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Una serie regular (o sea que aparece cada mes en formato “grapa”) sobre un grupo de héroes con diferentes habilidades. Suena innovador, ¿verdad? Agreguemos que dichos personajes están atrapados en un pueblo estilo Norteamérica casi rural años cincuenta, del que no pueden alejarse, en el que tienen que mantener su identidad civil para no llamar la atención, y que llegaron a esta dimensión alterna como consecuencia de un enfrentamiento contra una amenaza cósmica global, al estilo de “Crisis en las tierras infinitas”. ¿Sigue sonando igual de cliché?

Jeff Lemire es un escritor que sabe sorprender y mostrar el lado tostado del panqueque cuando uno cree que ya lo vio todo esponjoso y terso. En Black Hammer licúa personajes inspirados en los clásicos de la época de oro (Captain Marvel, Martian man hunter, Black Cat, Madame Xanadu y Adam Strange, además de un robot femenino que no se parece nada a Robotina) con esencia de la Dimensión desconocida y crea la granja en la que estos exiliados tienen que convivir mientras buscan la manera de escapar de allí (no todos, al parecer uno de ellos ya le halló el agrado a la rutina del campo).

Hay un balance que se antoja perfecto entre la progresión de la historia y los vistazos al pasado de los personajes, en los que se nos revela que el alcoholismo de una, la homosexualidad de otro, y la aparente esquizofrenia de un tercero no son gratuitos, y que sientan las bases para que el lector entienda por qué las interacciones entre ellos se dan como si fueran pistoleros del Oeste instantes previos al duelo.

En el apartado gráfico, Ormston decidió dar al mundo de Black Hammer un estilo que podría definirse como Mignolesco, en el que por momentos da la impresión de que esta historia fuera parte del universo de Hellboy: el uso de las sombras sólidas y los ángulos duros al perfilar personajes, la perspectiva media en la que rara vez se recurre al close-up (si los nombres Mike Mignola y Hellboy no le dicen nada, no se preocupe, la ignorancia es uno de los pocos defectos que podemos sacudirnos a voluntad). Le viene muy bien ese aire a la ambientación enrarecida, uno quiere salir de allí, o al menos romper un poco la tensión que se respira alrededor de la improvisada familia súper heroica.

En noviembre de 2017 se publicó el número 14 de esta serie, con lo cual culminó el segundo arco dramático; el enigma de cómo llegaron al pueblo quieto y qué tienen que hacer para escapar sigue vivo y parece lejano a resolverse. Qué bueno.

5.The best we could do

(Thi Biu, Abrams Books, 2017)

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Esta novela gráfica es la joya que descubrí en este año. El debut de Biu no pudo ser mejor; desde ya me atrevo a asegurar que rivaliza con obras histórico/biográficas como Maus de Art Spiegelman o Los surcos del azar de Paco Roca.

La historia se centra en la experiencia que la autora y sus padres vivieron al migrar hacia los Estados Unidos de Norteamérica durante la guerra de Vietnam. En la novela se alternan escenas del presente  y el pasado. En el presente la autora está embarazada de su primer hijo, narra las dificultades que tiene para relacionarse con un padre, un hombre duro como al parecer solo los asiáticos pueden serlo y a la vez lleno de una amargura que lejos está del zen oriental; en el pasado acudimos a la infancia del padre, los efectos de la guerra y el destierro en un pequeño alegre, en un joven enamorado, en un ser humano que cada vez que lograba adaptarse a un ambiente progresivamente más cruel, se veía obligado a dejar su vida atrás, a romperse la cara contra las circunstancias para sobrevivir y después para lograr que los suyos lo hicieran también.

El metal se moldea a golpes, y a veces el resultado no es halagüeño. En el caso del padre de Biu, esto es notable en el efecto de los eventos que tuvo que atravesar para que él y su familia subsistieran en Vietnam y lograran escapar hacia los Estados Unidos de Norteamérica, además del proceso de adaptación a esta cultura que no precisamente los recibió con los brazos abiertos. Sin embargo, The best we could do no es un juicio, sino una exploración en la que la autora descubre y comprende los cómos y los porqués de ese hombre a veces lejano, recio como el bambú, a quien ella llama padre. Las decisiones que él ha debido tomar, las mejores en su momento, y el temple para ejecutarlas, no podían pasar por el la piel de un mortal sin dejar cicatrices.

The best we could do se presenta en tonos sepia, un color adecuado para la nostalgia. Con trazo sencillo y seguro, Biu demuestra en sus viñetas una maestría para narrar que sorprende desde un inicio, pero que toma tintes de genialidad al saber que ella nunca antes había dibujado una historieta antes de esta obra.

Para el final de la novela, Biu misma ha dado luz a su hijo, con lo cual el círculo eterno da una vuelta más, la autora encuentra nuevos significados en la relación filial. Al llegar a la última viñeta, dan ganas de iniciar la lectura de nuevo. Eso no lo logra cualquiera.

BONUS: Invincible

(Robert Kirkman y Cori Walker/Ryan Ottley, Image comics, 2003-actualidad)

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Se presume que esta serie terminará en el número 144 en enero de 2018. Con Kirkman nunca se sabe, pero si así es, aún hay tiempo para recetarse en estos días de villancicos la saga completa del mejor cómic de súper héroes de la actualidad (no lo digo yo, lo dice la portada de Invincible). Háganlo, no se arrepentirán. Hay robots malvados, súper genios, batallas en el aire y en el espacio, violencia gratuita, suplantación de personalidades, dinosaurios inteligentes, invasiones alienígenas, masacres (muchas), extraterrestres invencibles, clonación, dimensiones alternas, una niñita que se convierte en monstruo, triángulos amorosos, juniors con poderes, trolls gigantes, copulaciones con insectos de otros mundos, trajes alternos, y mucha acción. Si usted va a leer cómics de súper héroes, invierta su tiempo en este título. Verá lo que es bueno.


Fotografía principal Jon Tyson / Unsplash

Oesterheld: la vida en guion


Inspirado en hechos reales

Por Édgar Adrián Mora 

Uno de los abordajes que la narratográfica ha hecho con respecto de las historias que cuenta tiene que ver, sin duda alguna, con la cuestión de la autobiografía. Esa posibilidad de contar cosas desde el yo y la manera en cómo éste se refleja en el mundo ha dado una gran cantidad de viñetas. Es imposible no pensar, al abordar este tópico, en Maus, la obra cumbre de Art Spiegelman que se constituye, a la vez que voz de la biografía de su padre, exploración de sus propias manías y construcción de su personalidad. En derivas parecidas se inscribe el trabajo de Joe Sacco y, en Latinoamérica, de Power Paola y su Virus tropical.

 Todos los autores mencionados son artistas completos. Es decir, guionan sus historias y las escriben. Algo que se hizo muy popular sobre todo a raíz de la explosión de los comix contraculturales en la década de los sesenta en los Estados Unidos. American Splendor y los comix de Robert Crumb son una muestra esperpéntica, pero revolucionaria, de cómo el medio se adaptaba a la realidad que lo circundaba, incluso careciendo de una técnica refinada en lo que se refería al arte del dibujo.

Sin embargo, para un guionista de historietas la problemática es distinta. Acá, en caso de lanzarse a la aventura de guionar la propia vida, se corre el riesgo de que el resultado final no sea aquel que el autor imaginó en un primer instante. Por estas razones me pareció interesante el descubrimiento de una serie de documentos que funcionan como una voz autobiográfica para el caso de uno de mis héroes y obsesiones personales: Héctor Germán Oesterheld. Para quien haya llegado acá por azares del azar, le informo que mi novela Continuum trata sobre la vida de este autor.

Pues bien, que entre las páginas de Oesterheld en primera persona (Buenos Aires, La bañandera del cómic, 2005), encontramos una serie de entrevistas y artículos que el guionista escribió en primera persona mientras pudo hacerlo, que es decir, antes de que la dictadura militar lo desapareciera en el año 1977. Lo que más me llama la atención de ese conjunto de documentos tiene que ver con un guion que Oesterheld escribe como si fuera su autobiografía. Narra en primera persona y describe qué es lo que llevarían las viñetas de esa historia de su vida que cuenta en 41 cuadros. Hace uso, además, de un sentido del humor que se filtra a su trabajo historietístico pero que aquí es la intención de los textos. Hacer reír y reírse de sí mismo. Narra, por ejemplo, sus primeras aventuras como autor.

[…] 7. MPP del héroe, tapado por un compañero, escribiendo un diario medio escondido debajo del banco. Expresión arrebatada, exaltada, de tremenda energía.

         RECORDATORIA INFERIOR: En el quinto año del Nacional hace sus primeras armas en el periodismo: dirige, escribe y distribuye un diario de nombre irreproducible, copia única, circulación gratuita.

  1. Medio primer plano del héroe, con facineroso, pegándole, siendo mordido, recibe golpe bajo, aplica tremendo impacto al mentón, sangra de la nariz, el otro tiene el ojo en compota. Dar sensación de violencia. Evitando, desde luego, los detalles truculentos, caen pelos, gotas de sangre, dientes. Algún trozo de oreja.

         RECORDATORIA INFERIOR: El diario encuentra la oposición de un diario rival: la lucha es violenta, cruel, aunque el héroe nunca pierde la altura en sus escritos (“¡Las ideas no se matan, bruto!”, “¡Más burro serás vos!”, “¡Animal!”). […]

Y así sigue por 40 viñetas. Relata lo que ha sido su devenir hasta ese año ’58 en que su vida estaba llena de optimismo. Había decidido dejar un trabajo como geólogo de pruebas para un banco e integrarse de lleno al trabajo creativo de la industria del cómic de la Argentina de aquellos años. Es por eso que la descripción de las viñetas 40 y 41 resultan agridulces. El lector avezado en la biografía de Oesterheld sabe que ese optimismo confiado del autor mudará, en el futuro en incertidumbre, crisis y tragedia. Dice en 1958, cuando la editorial Frontera está en auge y los hermanos Oesterheld sueñan con construir una gran empresa:

         […] 40. Cuadro compuesto como si fuera un montaje: O. [Oesterheld] cambiando tiros con Randall y Leonero; O. hablando con Ernie Pike en tienda de campaña; O. regalándole tractor a Joe Zonda; O. en traje aislante junto a El eternauta; O. en la luna con Rolo; O. fumando una pipa con Sherlock Time; … O. escribiendo este guión para Enrique Lipszyc.

         RECORDATORIA INFERIOR: El héroe está trabajando cada vez más… ¿Qué le deparará…

  1. Vertical:

…el futuro? ¿Qué trampas le tenderá la mala suerte? ¿Qué sonrisas, qué caídas de ojos le hará la Fortuna? Si quiere saberlo, amigo lector, ¡no se pierda el próximo episodio!

El amigo lector, al leerlo a la distancia de los años y de la muerte, sabe lo que deparó la Fortuna para él y la mayor parte de los suyos. Cautiverio, tortura física y psicológica, desaparición, ignominia, muerte. Sin embargo, fue siempre un hombre de principios. Un hombre ético que escribía, ha dicho de él Juan Sasturáin. En la entrevista hecha por Carlos Trillo y Guillermo Saccomano en 1975, esto es, en las vísperas del golpe militar y todo lo que trajo posteriormente consigo, Oesterheld habla sobre el ejercicio de la escritura y lo que representa no ser un autor de literatura, lo que otros llamarían, un “autor serio”.

La tentación y el hambre de prestigio los tenemos todos. Cuando pienso en mi familia que me insiste para que haga “la novela”… Da más estatus, completamente diferente. Para mi mujer o mis hijas es distinto decir soy la mujer o la hija de Borges o Sábato y no la mujer o la hija de un argumentista de historietas. Personalmente me siento más satisfecho escribiendo para una masa de lectores de historietas y no escribiendo novelas para una selecta minoría. Hay un libro que escribiría. Mis ganas son terminar la historia de La guerra de los Antartes, como dudo que alguna vez se pueda publicar o dibujar todas esas páginas… Escribiría entonces una novela, para redondear toda esa idea.

Y más adelante, desarrolla sobre las dificultades de dedicarse a la escritura:

Pongamos un poco los pies en la Tierra. Casi ninguno de los grandes escritores, escribió en las condiciones ideales. Creo que el libro viene cuando tiene que venir. Si uno no lo ha escrito es porque la condición de uno no estaba para eso. Si ahora nos da el cuero a los tres, los tres nos dedicamos cada uno a su obra, sacaríamos tiempo de cualquier parte. Estoy convencido de que un José Hernández cuando hizo el Martín Fierro, no tenía toda la guita del mundo, ni estaba feliz en su circunstancia. Al contrario, ustedes saben cómo lo hizo… Ahora voy a decir algo que no lo podrán poner en el reportaje. Si me hubieran preguntado cuál es el mejor escritor argentino… Para mí es el Che. Es uno de los intelectuales que más defiendo. El tipo más leído en Argentina y el autor más tradicional. El más comentado y el más estudiado. Claro, algunos podrán objetarme que lo que él escribió no era ficción. Sin embargo, Churchill recibió el Premio Nobel de Literatura por la Historia de la Segunda Guerra Mundial. Con ese mismo criterio, el Che merece en la Argentina todos los premios habidos y por haber. El Diario del Che en Bolivia es una pieza única. Todavía estamos reeditándola. ¿Por qué será? Porque tiene ese valor a nota periodística y también a cosa vivida. Y otro de nuestros grandes autores es Rodolfo Walsh. Un autor de gran éxito popular. Con obras publicadas en diarios y semanarios políticos. Con Walsh estamos hablando de otro de nuestros grandes. Cuando se habla del boom, de nuestro boom, y se habla de Cortázar y de Sábato… Para mí Walsh está muy por encima de los otros…

Esa misma fe que pone en la literatura que tiene una deriva política, la pondrá en el futuro de los cómics. Para Oesterheld no hay disyuntiva; no hay que elegir entre literatura seria y literatura dibujada. Ambos tienen el mismo valor, pero se encontraban (¿se encuentran?) en momentos distintos de su evolución. El futuro de los cómics, decía HGO en 1965, consistía en convertirse en manifestación importante, quizá dominante, de la cultura popular. Hoy estaría orgulloso de haber lanzado presagios como este hace más de medio siglo:

La historieta se ha quedado frenada, autolimitada, resignada a ser un género para chicos, para adolescentes, para adultos que no abandonaron del todo la adolescencia. Esta situación está cambiando. La historieta, por el empuje de algunos creadores que no se conforman con lo antiguo, que quieren lograr algo más, está poniéndose de nuevo en marcha, está avanzando, reanuda la evolución que tarde o temprano, hará de ella un género tan maduro como el cine o el teatro.

 Más de uno, al escucharme, se estará preguntando: ¿por qué la historieta debe evolucionar?, ¿qué necesidad hay de ella? ¿A qué responde la inquietud de esos creadores que he mencionado, que justificación tiene tratar de darle trascendencia a un género que hasta ahora no ha tenido prácticamente ninguna?

La respuesta es simple: la historieta debe reanudar su evolución porque potencialmente representa un medio fabuloso de difusión cultural; porque debidamente desarrollada, puede enriquecer la vida espiritual de muchos seres prácticamente ciegos hasta ahora a todo lo que sea cultura. Y más aún; cuando se sepa aprovechar todas sus potencialidades, la historieta puede llegar a ser un elemento importante aún en la vida espiritual del más culto de los individuos.

Palabra de profeta. Yo soy la confirmación de muchos de sus augurios.