Etiqueta: lecturas extremas (página 1 de 6)

Mi relación con la locura

Conversación con Alejandro Paniagua, autor de Los demonios de la sangre.


1. ¿Qué es para ti la escritura? ¿Para qué escribes?
La escritura para mí es siempre el instante previo a la iluminación o al ensombrecimiento. La escritura me transfigura y me vuelve inmundo. Es una bendición que me maldice bellamente.

Yo escribo para contener los impulsos violentos, para distraerme de algunos síntomas de la enfermedad, para apaciguar a las bestias, a los esperpentos y a los chamucos de mi cabeza, de mis manos, de mis tanates, de mi ánima. Escribo para no descarapelarme los nudillos, para obligarme a estar en calma, para mantener un alto nivel de misticismo y de demencia, para atenuar la obsesión, la compulsión. Parece contrastante, pero escribo porque me hace muy feliz.

Cuando era niño, una maestra me preguntó por qué me la pasaba escribiendo sobre el pupitre todo el día. Le di la respuesta más sincera que he dado al respecto: Maestra, escribo para dejar de temblar.

2. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para el momento de enfrentarte a la página en blanco?
Mi método infalible para no dejar de escribir nunca es simple: si no se me ocurre nada, escribo lo que soñé, un recuerdo real de mi vida, algún suceso que me haya hecho emputar o carcajearme, algo que me haya hecho estremecer o llenarme de ternura; escribo lo que me da miedo, lo que me provoca una erección. Escribo las reglas del turista, lo que se siente que una mujer a la que amas te la mame, a qué saben los hombros de mi mujer, o sus pecas, o sus sobacos. Escribo lo que sea, incluso cuál sería mi apodo si yo fuera el jefe de jefes de un cartel de drogas.

Como soy budista, la meditación también me ayuda a desbloquearme.

3. ¿Cuál es la “historia secreta”, si es que hay una, de Los demonios de la sangre?
Cuando era niño y comenzaban a manifestarse los primeros síntomas de mi epilepsia, de mis padecimientos neurológicos y de mi depresión clínica (ataques de ausencias, desesperación, sensaciones exasperantes en las manos y en la cara, desolación, pesadumbre), mis padres me llevaron con muchos médicos. Un psiquiatra, quien era una supuesta eminencia, nos dijo que yo tenía tendencias psicóticas, que un día mi enfermedad terminaría por desplegarse con todo esplendor, que un día me volvería loco, pues. Yo crecí pensando que estaba condenado, sin remedio, a convertirme en un demente. Resultó que el diagnóstico era una negligencia, yo sólo padecía diversos tipos de epilepsia en diversas zonas del cerebro. Los demonios de la sangre habla, sin miramientos, de mi relación con la locura, de mi terror a perder la razón. No quiero entrar en detalles, pero casi todo lo que aparece en el libro tiene un equivalente en la realidad. Y ello es a la vez terrible y fascinante.

4. ¿Es diferente escribir que tener una “carrera literaria”?
Si tienes suerte, todo lo que escribas aportará algo a tu carrera literaria: te hará ganar concursos, te lo publicarán en revistas o en libros, etc. Si no, simplemente escribirás y ya, sin que necesariamente la creación te permita avanzar en un sendero profesional o se dé a conocer en medios. La realidad, sin duda, es que basta con escribir. Con eso uno tiene suficiente.

5. ¿Ayudan los premios?, ¿las becas?
Ayudan un chingo. Te permiten dejar de trabajar un rato y dedicarte sólo a escribir. No sólo dan prestigio y reconocimiento, sobre todo, ayudan a crear seguridad, a no dudar tanto del propio trabajo literario. El problema es cuando uno se obsesiona con ganar certámenes y becas. Entre mi primer concurso ganado y el segundo, pasaron muchos años. Yo me atribulé como un demente durante la espera, se me fue descarapelando el alma en ese proceso. El secreto es no obsesionarse con ganar, y aprender a ser derrotado. Pero acá entre nos, yo adoro los premios literarios.


El soundtrack de Los demonios de la sangre

#HistoriasSinSpoilers

 


 6. ¿Novela o cuento?
Las dos, sin ninguna duda. Pero la mera verdad, yo siempre digo que voy a renunciar al cuento, pero a los dos o tres días se me ocurre uno y me pongo a escribir a regañadientes. El cuento y yo tenemos una relación enfermiza, codependiente, destructiva, de chingadazos y ofensas; sin embargo, resulta también muy gozosa. La novela, por otro lado, es el amor de mi vida.

7. En un país como el nuestro, ¿qué tan relevante es el papel del escritor?
No es relevante, pero ayuda a mentarle la madre de forma bella, de forma excepcional al sistema. Nuestro oficio es ofender al sistema político mexicano mediante alegorías, hipérboles, cultismos, prosopopeyas, hipérbatos y sinécdoques.

8. ¿Qué te emociona más, escribir o impartir talleres?
Prefiero pinche mil veces escribir, pero dar talleres me encanta. Últimamente he dado varios talleres para niños. En una de las sesiones, les pedí a mis alumnos que escribieran un cuento sobre su futuro, uno que narrará a qué se iban a dedicar, si estarían casados, divorciados o solteros, si tendrían hijos, mascotas; si se convertirían en millonarios o no. Me emocionó que la mayoría se veían a sí mismos como escritores, incluso hubo unos que, además de ser bomberos, veterinarios, Batmans, guerreros ninjas, hadas, presidentes de la República o videojugadores profesionales, también escribían por las noches. Me sentí orgulloso de motivarlos a escribir de manera constante

9. ¿Qué libros te han dejado huella? ¿Qué autores consideras cómplices?
Ricardo III, La Tempestad, El Rey Lear, Sueño de una noche de verano, El Mercader de Venecia, La Iliada, La Odisea, El Paraíso Perdido, Poeta en Nueva York, Una soledad demasiado ruidosa, Autobiografía de un yogui, Pedro Páramo, Las Cosmicómicas, Baile con serpientes, Aullido, Cuatro Reinas, Océano Mar, El Puente de San Luis Rey, El lugar sin límites, La interpretación de los sueños, Diario de un enfermo de nervios, las obras completas de Charles Simic, Salón de belleza, Lascas, Muerte sin fin, Primero sueño, Piedra de sol, Nocturnos, Espantapájaros, Las flores del mal, Muerte en la rúa Augusta y Los pinches demonios de la sangre.
Mis autores cómplices son dos nomás: Homero y Shakespeare.

10. ¿Qué más, además de la escritura?
Sólo hay una cosa que me fascina tanto como la escritura: las personas (mi esposa, mi familia, mis amigos, mis alumnos, mis maestros budistas y literarios, los taxistas que siempre terminan contándome su vida, los extraordinarios tipos con quienes disfruto de los videojuegos, incluso, en menor medida, mis enemigos).

11. Un consejo o anécdota con lo que quisieras cerrar esta serie de preguntas.
Vale la pena quebrantar un tanto tu moral, tu fe, tus pánicos, tus mojigaterías, tu placer sexual, tu relación de pareja, tu sanidad, tu bienestar físico y espiritual, y tu tranquilidad por escribir un buen libro.

Buscando a Wakefield


Buscando a Wakefield

por Cecilia Magaña

Hay un hombre que camina por la calle donde vivo. Es un hombre de barba canosa y pelo largo, lleva un zapato distinto en cada pie y siempre va con mucha prisa. Wakefield, le llamamos alguna vez Javier y yo, pensando en el personaje de Hawthorne. El amigo, le hemos dicho en otras ocasiones, cuando se enoja y grita algo, o cuando lo descubrimos bebiendo de un refresco abandonado. Aunque Wakefield me gusta más. Me hace pensar que hay alguien que lo espera en algún lugar, quizás desde hace veinte años. O alguien que de vez en cuando se lo encuentra y le procura ropa nueva, dos pares de zapatos; porque en esto el amigo Wakefield es irreductible: no puede usar el mismo tipo de zapato en cada pie. Lo imagino ceñudo, tomándose su tiempo al decidir qué par le gusta más para desechar; el izquierdo primero, el derecho después.

Hawthorne narra, como parte de su cuento, que leyó “en alguna revista o periódico viejo la historia, relatada como verdadera, de un hombre ―llamémoslo Wakefield―que abandonó a su mujer durante un largo tiempo…”. Y hoy miro las noticias, miro los periódicos de los que alguna vez yo también recorté noticias curiosas, impresiones agridulces de la nota roja pero no encuentro nada que me despierte una historia. Es más, no quiero mirar. Prefiero ver por la ventana y buscar al amigo, a nuestro Wakefield, caminando rápidamente a ningún lado. Como todos nosotros, parecen decir los tuits, los posts de Facebook de tantos amigos, los whatsapps preguntando si ya nos enteramos de los muertos, de la toma de posesión de Trump, del muchacho que le disparó a todos. Y yo quisiera decir que no. Que no sé nada. Que me he ido y no volveré por veinte años. Que cuando pase todo entraré por la puerta como si acabara de irme apenas, aunque habré pasado todo ese tiempo en una casa cercana, mirando el mundo que conozco desde otro lado. Igualito que Wakefield. Pero me descubro como siempre, sin quedarme en un solo lugar, corriendo para ganar más dinero, para pagar las deudas, para ver si de una vez me animo a contratar ese seguro de gastos médicos.

Hace apenas unos días me lastimé la rodilla. Fue cerca de la ventana. La luz de mediodía entraba a través del cristal y yo me agaché a recoger algo. Eso fue todo: no fue un gran accidente, una caída terrible, algo digno de hacer levantar la vista a Wakefield desde allá abajo. Esperé un par de días con el dolor, como si no pasara nada. Subiendo y bajando de camiones. Hasta que fui al doctor y me recetó estarme quieta. O al menos más quieta que de costumbre por dos semanas, si no quería que me operaran. Así que he obedecido y aquí estoy, mirando al amigo que de vez en cuando se sienta bajo un árbol y canta. O mira las hojas y se queda dormido, cosa rara. Descansamos los dos.

He escrito algo, pero nada de ficción. ¿A dónde se me fueron las historias? Melville le escribió alguna vez a Hawthorne que tenía una excelente anécdota para él: una contraparte de Wakefield. Así como tanta gente que conozco me ha dicho en más de una ocasión: conozco una historia que te va a gustar, es casi un cuento, ya verás. Hawthorne nunca la escribió. Y yo sigo preguntándome, ¿a dónde se me fue la ficción? ¿Cuál es la calle donde se encuentra ahora esa casa en la que pensaba esconderme por al menos veinte años? Quizá es la misma que Wakefield se ha cansado de buscar.

Lo imagino aún tumbado bajo el árbol. Estiro la pierna, que según yo va mejor, y se me ocurre que tal vez es eso lo que nos hacía falta. Un ratito de ocio, de quietud después de tanto tiempo de vagabundear y de angustiarnos. Volver a nosotros y asomar la cara al hogar que hemos dejado por tanto tiempo abandonado. A ver qué se nos ocurre. A ver qué pasa.

Mad Max o Mad Mex


De principio a film

por Rodrigo González M.

Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015) se presentó en las pantallas como el más temible y posible futuro distópico para la humanidad: el hombre máquina, el todopoderoso conquistador del mundo vuelve a las cavernas víctima de su propia ambición y su irracionalidad. Ahí el maestro Miller nos cuenta cómo una guerra global deja a la raza humana y al planeta entero el borde de la extinción y la manera en la que, de sus propias cenizas, comienzan a florecer vestigios de una nueva civilización, de una nueva era. A pesar de que esta nueva civilización se acerca sobremanera al núcleo más violento de los seres humanos no deja de ser terriblemente familiar a lo que somos ahora: divididos entre aquéllos fanáticos religiosos, soldados de la fe dispuestos a morir por la causa; los que de alguna manera resguardan el conocimiento científico, lo impulsan y lo difunden, y los que atrapados en medio de ellos intentan sobrevivir.

Acá de este lado, fuera de las pantallas, apenas se anunció el “gasolinazo” en diciembre pasado, la mayoría supimos de cierta forma qué iba a suceder. La distopía, el temor de que nuestras peores pesadillas se hicieran realidad empezó a tomar forma: intuimos las marchas, las protestas, los bloqueos en las carreteras, la toma de casetas y, con todo ello, los abusos policiacos, los atracos, los saqueos, los vidrios rotos, nuestra dosis de caos de enero, la manipulación cibernética, las descalificaciones, los dedos acusadores apuntando a todos lados. Seguimos frente a la computadora para ver sin mover una pestaña la desaparición de Syria, la sonrisa de Putin y su intervención en las elecciones de Estados Unidos, los débiles esfuerzos de la ONU para contener a Israel y sus asentamientos ilegales en Palestina. Si acá ya veníamos arrastrando 10 años de violencia virulenta en todo el país, lo que empieza a pasar en la banqueta de enfrente tiene aires de tragedia. Entonces llegó el nombramiento de Videgaray como Canciller, la próxima toma de posesión de Trump como presidente de Estados Unidos, el dólar a 21 pesos, Duarte riéndose de todos nosotros en alguna playa del mar Caribe.

Desde este punto, ya es fácil imaginar las siguientes escenas para el verano de 2017: en medio de un conflicto menor por un gasoducto en Asia central, Trump aprieta el botón equivocado, entonces Putin llama a la calma pero al dar el manotazo en la mesa, aprieta también el botón equivocado y bueno, hasta aquí la historia de civilización occidental.

Hay gente que sólo quiere ver el mundo arder y hay gente que ve el mundo arder y no hace nada. Pero ganan poderosamente mi atención aquellos que, por dar un ejemplo, piden que para resolver nuestros conflictos consumamos únicamente productos mexicanos, como si el tomate, los huevos, la leche, el pan, las tortillas que se producen en México fueran a transportarse en camiones mexicanos, con gasolina mexicana, en carreteras hechas con maquinaria mexicana y los pedidos se fueran a tomar y registrar con computadoras mexicanas, se fueran a recibir las llamadas de los clientes en smartphones mexicanos, o a recibir correos electrónicos en el servicio mexmail, dar nuestra mejor muestra creativa en 140 caracteres en tuitmex, y todos fuéramos parte de la gran red social conocida como mexbook: todo esto, claro, hecho con tecnología mexicana de punta. Pues no, la verdad es que eso no va a pasar. En el mundo interconectado y globalizado en el que decidimos jugar, los gobiernos que escogimos nos pusieron a bailar con la más fea y la más fea es la que no fue al baile. Es decir, nos robaron. Estamos solos, solos en medio de la pista, haciendo el ridículo en la fiesta de las naciones.

En nuestro Mad Mex la lucha también es por la gasolina y por el agua. También queremos salvar a nuestras mujeres y a nuestros niños, también queremos escapar a ese lugar que es verde y que es promesa y es futuro y es prosperidad. Pero también sabemos que ese lugar se fue hace mucho tiempo, que ya no existe y que la única forma de salvarnos es volviendo sobre nuestros pasos, enfrentar el horror de lo que somos, la vergüenza de lo que no hemos hecho y no hemos querido ser, y abrir la llave para todos. La igualdad es, en este momento, lo único que puede apagar la llama de la indignación social, erradicar la tontería política y cambiar la realidad.

“Lejanos guerreros”, primeras páginas

Compartimos las primeras página de Lejanos guerreros la novela más reciente de Héctor Palacios.  Sólo el inicio porque #HistoriasSinSpoilers

Cástulo Aceves: Lista negra 2016

Dentro de una pecera, el rostro de un sujeto lucha por no aspirar el agua. La cortina de burbujas se pasea por su rostro al tiempo que sus ojos se abren demasiado, incapaces de enfocar a las carpas que se alejan a las esquinas intentando escapar inútilmente. El interrogador, un hombre de barba entrecana, saca su rostro del agua de un tirón. El sujeto no sabe el tiempo que ha pasado desde que iba caminando por la calle, rumbo a una farmacia de una cadena tapatía, cuando se le cerró un auto. Pensó que no volvería a verlos, pero allí estaban los dos interrogadores barbados esperándole. Sube, le dijo el más joven, de barba oscura y completamente pelón, apuntándole con un arma. Que rápido se pasó el año, fue lo único que atinó a decir antes de que le cubrieran la cabeza y le dieran un par de cachazos.

Ya conoces la rutina, le dice el interrogador, empieza a hablar. ¡Animal! Grita el sujeto antes de una nueva inmersión. Al volver a sacar su rostro, agrega: No, espere. Quise decir: “El miedo a los animales”, de Enrique Serna. Una novela policiaca llena de humor negro, que deja muy mal parado tanto al mundo policiaco como al cultural. A pesar de haber sido escrita hace veinte años, sigue tan vigente que uno es capaz de casi reconocer a los escritores en quienes basa sus personajes. Es tan divertida e inteligente, que no solo me pareció un gran libro, sino que probablemente se convertirá en uno de cabecera para un proyecto que tengo entre manos. ¡Confiesa entonces! Le grita el interrogador antes de volver a sumergirlo en el agua.

Después de escupir una carpa koi, el sujeto sigue dando nombres y obras, esperando así lo dejen ir. Esta “El niño 44” de Tom Rob Smith. Una novela que trata de un agente de inteligencia en la Unión Soviética, que presionado por los líderes para encontrar enemigos del estado, topa con el dilema moral de acusar a un inocente. A partir de allí todo se va volviendo en su contra, hasta que da con un asesino serial y se propone como misión personal detenerlo, a pesar de haber perdido rango, casa y credibilidad. Es una novela interesante, que atrapa al lector, a pesar de su tamaño y aparente lentitud al inició, la trama se acelera hasta llevarnos a un final insospechado.

¡Espere! Grita el sujeto ante el empujón del interrogador para volverlo a sumergir. También está “Las Fauces del Abismo” de Ignacio Padilla. Un libro de cuentos que funciona como bestiario fantástico. Por ejemplo están las “kaní”, una especie de tortuga que habita las cloacas de Murano y cuya concha tiene el secreto para los espejos y vidrios más cristalinos del mundo. O la influencia de los simios en la historia del arte. O de arañas capaces de inyectar los recuerdos de una persona en otra, hacerte olvidar o recordar demasiado. Pero también cuentos que nos llevan a sitios enigmáticos. Un libro interesante y divertido, escrito con imaginación y mostrando su maestría en  recursos narrativos.

Sigue hablando, le indican después de unos minutos de silencio. Puedo hablar de lo que vi. Por ejemplo “Luther”. Trata de un detective obsesivo, que a pesar de que su vida se desmorona no deja de cumplir con su deber:  resolver el caso. Un programa inteligente, de apenas dieciséis capítulos entre cuatro temporadas, que es un gran referente en cuanto a historias policiacas actuales.

También esta “Black Mirror”, una serie que recuerda a “La dimensión desconocida”, donde cada programa es una historia diferente, lo que la acerca más a un libro de cuentos que a una novela. Esta serie es de ciencia ficción inmediata, tratando temas como redes sociales, viralización de contenidos, almacenamiento de recuerdos, manipulación mediática e inteligencia artificial. No había visto ninguna temporada, pero debido a que son apenas trece capítulos entre tres temporadas se es capaz de verla en poco tiempo. Si bien su humor y contenido pueden no atraer a todos, es una de las propuestas más profundas y perturbadoras que he visto.

No olvido a “Westworld”, una serie de ciencia ficción en la cual vemos un “parque de diversiones” ambientado en el viejo oeste, que es habitado por robots, que llegan a demostrar más humanidad que los visitantes. ¿No había una película llamada así? Pregunta uno de los interrogadores. Si, de los ochentas, y en ella también se basa un capítulo de Los Simpsons, donde los animatrónicos de una isla enloquecen. La serie me pareció muy entretenida, estéticamente bella, con un buen ritmo y casi imprescindible en la lista de programas por ver.

Hablando de escritores esta la serie “The Affair”, que nos cuenta del romance de un escritor con una mujer que conoce en Montauk, ciudad turística a donde él viaja con su familia en verano. Contada en dos hilos narrativos, con versiones y puntos de vista a veces confrontados y cambiados en detalles, nos permite saber de una historia dramática, vertiginosa y angustiante. Pero además de la relación sentimental, la serie nos aproxima a la resolución de un crimen, que es el motor que nos mueve por cada capítulo manteniendo el interés. Solo vi la primer temporada, pero espero ansioso la segunda.

Otra serie de escritores que me impacto fue la última temporada de “Californication“. Esta serie sigue la vida del novelista Hank Moody poco tiempo después de que se mudó a California debido a que hicieron una película basada en su primer novela. Su vida en Los Ángeles cae en una espiral de auto destrucción, que siembre está al borde del abismo, pero se mantiene a flote gracias a su concepto de la vida, el  cariño a su hija y, a pesar de rompimientos, infidelidades y accidentes, el amor a la que él considera su alma gemela. La serie, que empezó en el 2007, me acompaño en mis primeros años de matrimonio, pero me quede en la sexta temporada. No solo es tremendamente divertida, sino que está llena de guiños a novelas, canciones de rock y situaciones que reconocerán quienes se han propuesto la idílica misión de “Escribir”. Hace unas cuantas semanas me di cuenta que estaba en Netflix y debo confesar que la séptima temporada me conmovió al final, cuando él finalmente… ¡#HistoriasSinSpoilers!, le gritan los interrogadores al tiempo que vuelven a sumergir su rostro en la pecera.

Has hablado mucho, pero queremos nombres cercanos. , dice tosiendo el sujeto, les daré nombres. Esta el libro Afecciones desordenadas de la cachanilla Nylsa Martínez. Un libro de cuentos de género negro. Los dos primeros nos hablan de los jóvenes en la ciudad de Mexicalli, en historias donde vemos como su vida cotidiana se ve invadida por la violencia del narcotráfico. Con el cuento “Hojas de taquigrafía verdes” nos encontramos con una detective poco convencional, que se da a la tarea de investigar la misteriosa muerte del dueño de un bolerama. Sigue con la historia de una arqueóloga con miedo a las alturas que está a punto de un gran descubrimiento. Termina con la historia de un crimen que es secreto familiar.  Con cuentos amenos, interesantes y bien escritos, la autora nos lleva, inmersos en su lenguaje muy particular de frontera, a ese punto que es Mexicalli. Pero no habría que hablar solo de este libro, sino decir que es parte de una colección llamada “En la mira”, de Editorial Artificios, que se dio a la tarea de publicar libros de género negro. Algunos de los autores son Omar Delgado, Iván Farias, Daniel Salinas Basave, José Manuel Di Bella, José Salvador Ruiz, José Juan Aboytia y Gabriel Trujillo Muñoz. Los recomiendo todos.

Muy bien, dice con sorna uno de los interrogadores, pero queremos saber de tus secuaces. Después de que sumergen el rostro del sujeto varias veces en la pecera, indica que empezará a hablar. Puedo hablar del libro “¡Canta, herida!” de Gabriel Rodríguez Liceaga, un bello libro de cuentos con el que ganó el concurso Agustín Yañez en el 2015, en el cual explora distintos lugares, formas de hablar y de entender el mundo de la ciudad de México. “Las conspiraciones fallidas” de Eric Uribares, libro de cuentos con el que ganó el premio Sonora en el 2015, que con humor negrísimo e hilarante nos habla de conspiraciones, revolucionarios postmodernos, guerrillas urbanas y traficantes. Con eso tenemos para encerrarte por décadas, dice uno de los interrogadores, asociación delictuosa con tremendo sujeto. Mañana mismo lo agarramos, dice el barbado más joven. Si lo encuentran, dice el sujeto interrogado, nadie sabe si está en Ciudad de México o Tlaquepaque. También “Todos las ruidos del mundo” de Cecilia Magaña, con cuentos que exploran el sonido en la vida cotidiana, que navegan en los detalles y nos llevan a la profundidad de sus personajes. O la novela “Lejanos Guerreros”, de Héctor Palacios, que nos habla de un samurái llegado a la Nueva España, la cual sobresale por su temática y ritmo trepidante, su capacidad para hacernos imaginar una historia que nos será cercana. También la novela “Los demonios de la sangre”, de Alejandro Paniagua, historia sobrecogedora de una familia cuyo negocio familiar, un rastro, parece permear con su aroma a sangre y muerte a todos los miembros. Novela profunda, escrita con estilo descarnado y que nos lleva al abismo que es alma de cada personaje. Incluso esta “Los no muertos“, novela moderna y divertida que habla sobre las crisis de edad y la vida rutinaria, contraponiéndola a una peligrosa plaga que se extiende por el país, de la cual solo se tienen rumores urbanos. Esta última escrita por James Nuño… No bien pronuncia el apellido, el interrogador de barba oscura y pelón le sumerge la cabeza en el agua. ¡Ya! ¿No? Ya me mareaste con tanto nombre.

Ahora el problema es callarlo, comenta uno de los interrogadores a su compañero. El sujeto sigue hablando de libros, instantáneas, cuentos, encuentros, películas y series. Deciden dejarlo allí amarrado, mareando a las carpas que nadan vertiginosas dentro de su pecera. Ya volverán a buscarlo en un año.


* Nota: Este relato es ficción. Cualquier parecido con una persona, escritor o editor real es meramente coincidencia. Ningún tapatío o pez carpa koi fue lastimado en la elaboración de este texto.

 

James Nuño: El combustible para calmar a la bestia

Voy por el tercer Jack mientras veo el mar ir y venir en espuma. Por fin me decido. Recorro el timeline de Facebook en busca de los hitos del 2016, pues tengo la peor memoria de mi generación. Rescato algunas frases y fotografías, pero me doy cuenta de algo: fue un año de encierro y de enfoque en el trabajo. Fui sólo un puñado de veces al cine, descubrí poca música nueva y los estrenos editoriales prácticamente se limitaron a los de casa. Eso, aunado a los terribles acontecimientos políticos y sociales acaecidos durante todo el año, dificulta la elaboración de un listado de lo mejor de lo mejor. Sin embargo, acá va un ejercicio de reflexión sobre aquellos productos, lugares o tendencias (no necesariamente estrenados en 2016) que influyeron de manera positiva durante el transcurso de 365 días.

 


1. El combustible. Parte I.

Tiendas como Vinísfera y  La Contra, e incluso Vinos Américas con su selección de vinos del mes, han dado un impulso a los vinos mexicanos. Juguete, los Madera 5, los Monte Xanic o las variedades de Santo Tomás y Casa Madero fueron para mí este año un gran descubrimiento por su apuesta de varietales y diseño. Con ellos he comenzado una rutina de ir a la tienda de vinos y, como en la librería, recorrer los estantes para probar algo nuevo.

2. Para calmar a la bestia.

Quien me conoce sabe que mis gustos musicales son por demás eclécticos: desde Metallica y Tool hasta Emmanuel y Raphael, de Pedro Infante y Los Ángeles Negros hasta David Bowie y Jungle. Sin embargo, lo que más me impresionó este año fue Valentina Lisitsa y sus monstruosas manos. Digo «monstruosas» por impresionantes, por surreales. Verla tocar el piano es un deleite audiovisual: el sonido, su rostro apasionado, los dedos que se mueven de manera independiente, como con vida propia… todo ello hace pensar que hay personas que son más que humanas.

3. La interweb.

A pesar de la gran y terrible impresión que me causó el tercer capítulo de la tercera temporada de Black Mirror, las series que más me gustaron fueron Better Call Saul, Rick and Morty, Gravity Falls y Don’t Hug Me I’m Scared. La primera, por la continuación de un gran relato bien construido con personajes entrañables, y la excelente actuación de Bob Odenkirk. Las dos siguientes por tomar referentes culturales icónicos y transformarlos en animaciones con tramas divertidas e inteligentes. La última, finalmente, por mantenerme durante semanas consternado acerca de lo que acababa de ver.

4. La pantallota.

Creo que fui al cine un total de cinco veces en el año. De esas destaco, primero, por fanboy, Rogue One, y después The Witch, una película de terror excelentemente construida, con un manejo del lenguaje (oral y visual) efectivo.

5. La pantallita.

Tengo años sin ver televisión, salvo para ver los partidos de la NFL. De lo que sucede ahí me entero por la maravilla del YouTube. Este año quedé maravillado con Jimmy Kimmel, su sidekick Guillermo y su equipo de guionistas. No sólo el tipo es hilarante, sino que además sus gags y productos audiovisuales, es decir, todo aquello que no son las entrevistas a las celebridades, son sumamente inteligentes, al grado de llevar el humor a la experimentación social. Para ello baste ver videos como Hey Jimmy Kimmel I told my kid i ate all their halloween candy, Judge James o las bromas del primo Sal.

6. El combustible. Parte II.

Tengo mi cantina mágica de preferencia, Paco’s, en Santa Tere, en la cual hay que ir a comer por lo menos una vez a la semana, particularmente los viernes que se sirve ya sea chamorro o birria, según indique el calendario. Ahí se puede echar buen trago y buena charla con los parroquianos o César, el dueño. Es como la segunda casa. La otra opción, de por lo menos una vez al mes, es Sudestada: un asado argentino con cortes deliciosos y un servicio de primera. El descubrimiento fue Filipo: restaurante italiano en el que, en palabras del dueño, se vive la experiencia toscana. Pocos platillos pero no se necesitan más.

7. Lo obligado.

Al dedicarse a la escribida, se espera que uno haga su top 10 de lecturas del año, ejercicio que encuentro sesgado, tedioso y chapucero. No pienso hablar de grandes libros como ¡Canta, herida!, Las conspiraciones fallidas o Los demonios de la sangre porque sería igual de tendencioso que aquellos que hacen sus listas exclusivamente con el material que les pasan sus amigos o las editoriales que les mandan libros cada inicio de mes. Por el contrario, hablaré de dos que leí a principios de año y que, curiosamente, no son ficción: La fábrica del lenguaje y 101 experiencias de filosofía cotidiana. El primero, escrito por Pablo Raphael y finalista del Premio Herralde de ensayo 2011, hace un gran trabajo de exposición sobre los movimientos literarios y editoriales de Hispanoamérica de este siglo. El segundo, de Roger-Pol Droit, fue merecedor del primer premio al libro mejor editado en 2015. Y con razón. No sólo es bellísimo por su edición y las ilustraciones hechas por Olga Capdevila, sino que cada una de estas lecciones, desde comer una manzana hasta el acto de orinar, son una reflexión sobre lo cotidiano, aludiendo a aquella frase que dicta que todo acto humano tiene significado.

 


Termino el cuarto Jack y me quedo sin palabras. El sol cae y yo estoy convencido de que no tengo nada más que decir. Por ahora. Es momento de abrir la botella de tinto y brindar por un año mejor: por un buen vino, por grandes lecturas, por historias memorables.

¡Salud!

Edna Montes: Algunas buenas historias que me dejó 2016

Es un clásico que los autores recomienden libros. A menudo asumimos que como lectores voraces y “base del oficio” esa es la zona en la que somos “expertos” o cuando menos, algo sabemos.  Yo creo que más allá de la continua batalla contra el bloqueo, la búsqueda de la idea genial o de la palabra precisa somos, ante todo, contadores de historias. Por eso les traigo esta lista de todo menos libros per sé. En 2016 hubo varias narrativas que me hicieron llorar, reír, sentir inquietud y sobre todo desear continuar a la caza de nuevas historias y formas de contarlas. Sin más preámbulo he aquí mis consentidos ( elegidos de forma totalmente arbitraria y visceral; sin orden específico):


Nimona

Cómic

Esta novela gráfica surgió como un web cómic de la mano de su autora: Noelle Stevenson. Comencé a leerlo nada más comprarlo y ya no pude soltarlo hasta terminar. En buena parte porque es una lectura muy ágil pero más que nada porque me atrapó desde el principio. No sólo cuenta con una heroína la cual rompe con muchos de los estereotipos del género (que tampoco está muy definido porque es una mezcla de fantasía y ciencia ficción bastante peculiar), también rompe con la forma en que normalmente percibimos a los villanos de ficción. Esta combinación de aventura, acción y humor es ideal si están buscando giros de trama inesperados, así como una forma fresca de contar historias.

Orange

Anime

Este anime adaptado del manga de Ichigo Takano comienza cuando la protagonista, Naho Takamiya, de 16 años recibe una carta  de sí misma desde el futuro. La Naho de 26 años le pide a la joven cambiar todos los hechos por los que vive arrepentida, en especial lo ligado al misterioso Naruse Kakeru a quien acaba de conocer. La historia se va construyendo con pedazos del futuro y presente del grupo de amigos de Naho, cada pequeña pista encaja como en el mejor de los thrillers. Además, nos recuerda las emociones con las que nos enfrentamos al crecer, cambiar e ir dejando atrás cosas. Esta historia me encanta por lo fácil que es identificarse con los conflictos de los protagonistas a la vez que invita a la reflexión de temas complejos y nos hace cuestionarnos nuestras elecciones de vida.

Penny Dreadful

Serie

Aquí hice un poco de trampa, esta serie inició en 2014 pero emitió su última temporada en 2016. El título hace referencia a la publicaciones de terror que vendían en Inglaterra durante el siglo XIX, el precio por fascículo era de un penique. En esta historia confluyeron muchos de los monstruos clásicos victorianos como los vampiros, hombres lobo y brujas. También personajes literarios como el doctor Frankenstein y su criatura, Drácula o el mismísimo Dorian Gray. No tengo más que elogios para esta serie: el vestuario es perfecto, la ambientación también y las actuaciones supremas. Si uno está en busca de algo aterrador pero que explore la humanidad, el miedo y la complejidad de los personajes al mismo tiempo que rinde honores al terror del siglo XIX, Penny Dreadful es la serie indicada.

Dramaworld

Dorama  (o algo así)

Este original de Netflix es protagonizada por Claire Duncan, una universitaria obsesionada con los dramas coreanos. Claire se ve transportada a Dramaworld, un universo donde existe un “facilitador”, un personaje externo que debe observar que todas las reglas (cof, cof clichés, cof, cof) de la historia se cumplan hasta llegar al esperado final feliz. El resultado es un uso de las meta referencias que puede ser verdaderamente hilarante sumado a la torpeza de la protagonista. Esta serie es ideal para pasar un buen rato, reírse mucho y admitir tu placer culposo por los dramas asiáticos.

Final Fantasy XV

Videojuego

Esta es la entrada más visceral de mi lista. No cabe duda de que Square Enix cada vez pule más y más su joya de la corona: los Final Fantasy. Esta entrega no es la excepción, desde los gráficos hasta la música, cada detalle de la producción está bien cuidado. Esta vez, los creadores nos meten en la piel de Noctis, heredero al trono del Lucis, que se ve involucrado en una repentina guerra entre su país y el reino adversario de Niflheim. Cuando al príncipe se le da por muerto este debe embarcarse en una misión no sólo para salvar su reino sino para evitar “La Plaga de la Estrella”, un fenómeno que causa que el mundo quede sumido en la oscuridad. Lo sé, suena a cliché de fantasía y me importa un pepino 😉 Es hora de tomar la aventura en nuestras propias manos para disfrutar de la narrativa que esta entrega de Final Fantasy nos ofrece.

Rodrigo Chanampe: Pantallas para iluminar la realidad

Fue un año complicado. En 2016 la muerte volvió a mostrarme su capacidad para colmarnos de ausencia. Pero ahora es tiempo de listas y recordar que el arte también nos acompaña en las estaciones dolorosas. En cuanto al cine, comparto a continuación las doce películas que más disfruté en las salas cinematográficas.


1. Spotlight

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Tom McCarthy

En ocasiones el Óscar reconoce películas de calidad cuestionable, Argo es un ejemplo reciente. Sin embargo, con el filme de McCarthy existió una sensación de entregar el premio como Mejor Película a las manos correctas. Destaca el trabajo actoral de todo el elenco. Cinta que denuncia las atrocidades de los sacerdotes pederastas, así como la mafia existente en la Iglesia Católica. Tras verla se nos permite creer, aunque sea por un instante, que la justicia es posible.

2. The hateful eigth

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Quentin Tarantino

Amo a Tarantino a pesar de que no todas sus obras se encuentren al mismo nivel para la crítica. En este caso no logra la maestría de Pulp Fiction o Inglorious Bastards, pero mantiene lo importante en un autor: el estilo. Lo genial de The hateful…es el movimiento de cámara para brindar amplitud y suspenso en espacios reducidos. Un western violento y de guión seductor. Para Quentin la muerte siempre debe ser endulzada con risas.

3. Deadpool

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Tim Miller

No me avergüenzo de colocarla en esta lista. Me reí sin frenos. Valoro la honestidad y la cinta puede presumir de esta característica. Desde la secuencia de créditos nos avisa que no se tomará en serio. Dirigirse al espectador, las referencias a otros superhéroes y el atrevimiento le brindan personalidad. Deadpool demuestra que los millones no siempre son suficientes para sobresalir; en ocasiones basta con amor a un proyecto.

4. Room

Año: 2015
País: Varios
Director: Lenny Abrahamson

Una historia que pondera la fuerza de la imaginación. Tal vez se puede ser feliz en un espacio limitado si nos habituamos a él y nos dedicamos a quererlo. El verdadero conflicto de dos personajes encerrados, una madre y un niño, no reside en escapar sino en adaptarse a la libertad, al terror de lo desconocido. Al final de cuentas nuestro planeta es otra diminuta habitación con sus propias paredes y monstruos. La cinta transmite lo anterior gracias a un guión preciso, sin prisas, preocupado por construir momentos poéticos más que intensidad argumental.

5. Le nouveau

Año: 2015
País: Francia
Director: Rudi Rosenberg

 

Siempre es difícil ser el nuevo en una escuela. La encrucijada de Benoit radica en tratar de convertirse en un chico popular, conseguir la aceptación o ser relegado al grupo de aquellos que son considerados perdedores. La obra se goza gracias a la naturalidad con la que fluye el guión y el encanto de personajes destinados a unirse porque ser uno mismo es lo único que nos resta en la sociedad de la pretensión.

6. Truman

Año: 2015
País: España/Argentina
Director: Cesc Gay

Supongo que vi esta película en el momento correcto. Cuando la palabra cáncer no me era tan común. Ahora me costaría mucho más enfrentarme a ella. Pero independientemente de la situación por la que se atraviese, la obra logra conmovernos sin necesidad de manipular. Un viaje de dos amigos (interpretados por Ricardo Darín y Javier Cámara) que se despiden del pasado e intentan resolver los asuntos pendientes. Entre tanto pesar, Truman cuenta con un lugar para las sonrisas. Hay ocasiones que es mejor dar la batalla perdida y disfrutar de los últimos minutos en el terreno de combate.

7. Youth

Año: 2015
País: Italia
Director: Paolo Sorrentino

No se trata de una obra a la que sólo le interese narrar un argumento. La película de Sorrentino no habla exclusivamente de sus personajes, se centra en la vida misma. Un filme que busca comunicar su discurso a través del lenguaje que le es exclusivo al cine. Más allá de los diálogos o el conflicto narrativo, la sinfonía de imágenes pretende acariciar la reflexión sobre lo realizado a lo largo del camino, lo que aún se puede hacer, así como las alegrías y arrepentimientos que coleccionamos en nuestra existencia.

8. The Witch

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Robert Eggers

Un filme que rompe con lo acostumbrado en el cine de terror de los últimos años; no se preocupa por asustar y conmocionar al público con sonidos estridentes y apariciones inesperadas para el espectador. La obra es incómoda por su mundo narrativo, por su historia acerca de una familia desterrada, siendo presa de la ignorancia, de una religión, de ese Dios castigador… No es necesariamente el Diablo quien provoca las tragedias, sino creer en él. Una cinta que por momentos parece estar guiada por el susurro de Bergman en el oído de Eggers.

9. Hail, Caesar!

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Ethan y Joel Coen

Delicioso homenaje al cine de los años cincuenta. El western, la comedia romántica, los musicales, las películas épicas, el mismo cine negro. A esta obra de los Coen, quizá la crítica no la considere una de las mejores, pero en ella se demuestra la pasión por el séptimo arte. Una reflexión sobre la industria, los críticos, Hollywood como un debate de ideologías. Otra joya en la filmografía de los Coen que los reafirman dentro de los clásicos del cine norteamericano.

10. The neon demon

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Nicolas Winding Refn

La película es un juego de espejos. Encontrarse en un reflejo para existir. El mundo del modelaje es desnudado para mostrar su lado más cruel. La belleza es algo que se consume y al hacerlo se desgasta. La inocencia no tiene escape, es una especie en extinción. Winding Refn se apoya en otra genial banda sonora, en silencios y en atmósferas que recuerdan a Lynch para expresar lo efímero de aquello considerado hermoso.

11. Café Society

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Woody Allen

Allen es uno de los directores y guionistas más brillantes en la historia del cine. Prolífico y capaz de seducirnos con sus recurrentes preocupaciones. Aquí, instalado en el Hollywood de los treinta y mediante una fotografía cálida, retrata la oposición entre Nueva York y California. Dos soñadores orbitando el glamour, en especial un joven impactado por una chica a la que considerada la mujer de su vida. Allen construye un triángulo amoroso para salpicarlo con su humor acerca de las relaciones, Dios y los judíos; pero en especial intenta demostrarnos que a veces es imposible lograr los sueños y sólo nos resta convertirnos en lo que alguna vez odiamos.

12. Arrival

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Denis Villeneuve

Con este filme se confirma la maestría del director canadiense. Una obra en donde más allá de la llegada de extraterrestres, el verdadero conflicto se centra en el entendimiento de los demás. La capacidad de comprender al otro como único medio de salvación. Por otra parte, visualmente la película nos deslumbra con su elegancia y sutileza. No hay elementos que sobren y Villeneuve huye minuto a minuto de lo que se cree necesario para complacer al gran público. Defiende la estructura de su historia sin simplificarla. A lo igual que en Enemy, impacta alejado de los artificios.

Manuel Fons: El viaje sin agenda de un vagabundo de la lectura

Cuando estudiaba el bachillerato abierto me incomodaba tener que leer los libros de la currícula para aprobar los exámenes; pensaba que cuando estudiara Letras la pasaría mejor porque sólo leería buena literatura. Ya en Letras, si bien leía buena literatura, me desagradaba someterme al orden preestablecido en el programa; no era extraño que mientras un maestro hablaba de La odisea en clase de literatura grecolatina yo me escondiera en la butacas de atrás para leer a Borges, ni que hiciera lo propio con una obra de Shakespeare en una clase de literatura latinoamericana. Ansiaba terminar la carrera para leer lo que se me antojara, en el momento que me diera la gana.

Ahora que no tengo compromisos académicos, leo sin orden, agenda, ni asiento, como un vagabundo de la lectura. Por culpa de esa indisciplina, no he leído infinidad de libros que, se supone, ya debería haber leído, pero gracias a esa vagancia lectora, he encontrado con libros encantadores y me la he pasado muy bien. Este año, por ejemplo, prácticamente no leí literatura, pero leí libros muy divertidos e interesantes de dibujo, pintura, narrativa gráfica, ciencia, filosofía, viajes, psicología, psiquiatría, etc. En la siguiente lista están jerarquizados los diez que más disfruté.


10. Ishiguro-Never Let me Go (Vintage Books)

Es una novela distópica que trata el tema de la clonación. Está centrada en la vida de unos jóvenes que, desde que nacen, están destinados a ser donadores de órganos. Los educan para dicho propósito y, cuando llegan a la vida adulta, van entregando sus órganos hasta perder la vida. La novela es muy interesante porque incita a reflexionar sobre los aspectos éticos de la clonación, pero, sobre todo, sobre ¿qué nos hace humanos?

9. Baggini, Julian-El cerdo que quería ser jamón (Paidós)

Ya que pocas veces he entrado a un laboratorio y no tuve una gran educación científica, me fascinan los gedankenexperiment, en primera porque el laboratorio es la mente y, en segunda, porque se puede estudiar cualquier problema con las herramientas de la razón y la imaginación. En este libro hay 100 experimentos mentales famosos como el genio maligno, el barco de Teseo, el escarabajo en la caja, la habitación china, que ofrecen inagotables temas de conversación y discusión sobre ética, arte, ciencia, filosofía.

8. Potts, Rolf- Vagabonding: An Uncommon Guide to the Art of Long-Term World Travel 

Es una especie de manual donde el autor ofrece consejos prácticos para vagabundear por el mundo, de acuerdo con sus experiencias. Uno, por ejemplo, que sucede mucho antes de emprender el viaje, es hacer una maleta, para darnos una idea de cuáles son nuestros objetos más esenciales, aquellos que no deberían faltarnos en ningún viaje. Si no podemos meter todo lo que necesitamos en una maleta, algo anda mal. Lo más importante, según entiendo, es dejar de postergar el viaje, no es imposible conocer el mundo sin ser rico, sólo hay que ser estratégico y, sobre todo, hay que dejar nuestros miedos.

7. Barthelemy, Pierre-Crónicas de ciencia improbable (Blackie Books)

Algunos de los libros que más me divierten son los de divulgación de la ciencia. Suelen ser muy creativos y extraer todo el potencial lúdico del conocimiento positivista. Este libro da respuestas científicas a temas variados y exóticos, como la utilización de los vellos púbicos en criminalistica, o si es verdad que la otra fila siempre avanza más rápido, o cómo se jugaría fútbol en Marte, o el científico que midió la velocidad a la que avanza la muerte y qué tan rápido hay que andar para que no te alcance. Es, en suma, un libro divertido en el mejor de los sentidos.

6. Precht, Richard David-¿Por qué hay todo y no nada? (Siruela)

Es un libro de divulgación filosófica. Trata sobre los paseos del David Precht con su pequeño hijo por distintos puntos de Berlín, como el zoológico, la estación de tren, el acuario. Cada lugar es un pretexto para plantearle a su niño temas de ética, arte, lengua, etc. En el zoológico, por ejemplo, le cuenta de un experimento donde le cambiaron los nombres a los animales y su popularidad se veía afectada por el nombre; en la estación de tren le platica el dilema clásico del tren que va a atropellar a una serie de inocentes y alguien tiene la opción de desviarlo hacia un tipo muy gordo, en el jardín laberíntico le habla de la identidad personal, de qué nos hace ser nosotros. Este libro es una manera muy entretenida y sencilla de acceder al pensamiento filosófico.

5. BaudrillardLa ilusión vital (Siglo XXI)

De los filósofos más recientes, Baudrillard es el que me parece más interesante. Este libro se compone de tres ensayos: uno sobre la clonación, otro sobre la llegada del año 2000, y el último sobre el asesinato de la realidad (la hiperrrealidad). En los tres ensayos tiene una perspectiva muy original del tema, pero el último es extraordinario. Trata de la virtualización del mundo, de cómo lo virtual irá asesinando a lo real sin que quede siquiera un cadáver.

«(…) la especie humana podría estar dedicándose a una suerte de escritura automática del mundo, a una realidad virtual automatizada y operacionalizada, donde los seres humanos como tales no tienen motivo para seguir existiendo».

«Los acontecimientos, los acontecimientos reales, ni siquiera tendrán tiempo para ocurrir. Todo será precedido por su realización virtual».

«(…) despojada de su duplicado, de su mitad oscura, nuestro mundo es una ilusión definitiva».

4. Cruz, AfonsoLa contradicción humana (Tragaluz)

Me gustan los libros infantiles porque suelen tener ediciones muy estéticas y porque a veces tratan ideas muy complejas de una manera muy sencilla. Éste es uno de lo mejores que he leído, en ambos sentidos. Es una bella edición y trata sobre esas contradicciones de los adultos que tanto desconciertan a los niños, por ejemplo: el vecino que se pone feliz cuando toca música triste, los vecinos que aman a los pájaros y los encierran en jaulas, la señora que le echa casi la azucarera completa a su café y, sin embargo, es muy amargada. De una manera muy sutil, como El principito, es una obra muy crítica.

3. Watson, Richard- 50 ideas about the Future (Quercus)

Es un libro interesantísimo pues trata temas muy excitantes sobre el futuro, que parecen de ciencia ficción, pero son posibilidades reales, como la simbiosis entre máquinas y hombres, los transplantes de recuerdos, la informática cuántica, con la molécula del agua como soporte informativo. De acuerdo con uno de los artículos, en 40 años las computadoras podrían ser conscientes así que, con suerte, estaremos ahí para gozarlo y sufrirlo.

2. Sacks, OliverEl hombre que confundió a su mujer con un sombrero (Anagrama)

Odio el lugar común de que la la realidad supera a la ficción porque nada sería más exótico que un mundo donde existiera todo lo que han creado los escritores de ficción; pero, en este libro específico, sí hay casos reales de enfermedades mentales que sólo a los escritores con la imaginación más delirante se les habrían ocurrido, como la mujer que escucha canciones irlandesas todo el día en su cabeza, la anciana que sólo puede ver la mitad de su platillo y tiene que girar 360 grados para ver la otra mitad, los pacientes con miembros fantasmas y claro, el hombre que confunde a su mujer con un sombrero. Si tuviera que definir este libro con una palabra, diría que es asombroso.

1. Krishnamurti, JidduEl arte de vivir (Kairós)

Me gustan los filósofos que escudriñan en asuntos tan poco urgentes como la ontología y la metafísica, pero considero ese gusto como turismo intelectual; los filósofos que más me interesan son los que se ocupan de lo más importante, a mi parecer, como es el arte de vivir. Me emocionó mucho leer estas charlas con Krishnamurti, porque me encontré con una mente muy lúcida, que ha profundizado en los problemas que más me importan: el amor, la vida, la libertad, la educación, la inteligencia, la creatividad.

«Cuanto más pobres somos en lo interno, tanto más tratamos de enriquecemos exteriormente apegándonos a las personas, a la posición, a la propiedad».

«(…) el temor impide la iniciativa porque hace que nos aferremos a la gente y a las cosas como una enredadera se aferra a un árbol».

«Muchos chicos estudian solamente para tener un empleo y ésa es toda la aspiración que tienen en la vida. Pero después de que consiguen el empleo, ¿qué sucede? Se casan, tienen hijos y por el resto de sus vidas están presos en la maquinaria».

Antiguas entradas