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Esta lista que ves

Por Abril Posas

A estas alturas del partido, sería una necedad enumerar libros, películas o series para hablar de lo mejor de la cultura popular de este año que nos escupe lejos. ¿Quién no ha mencionado ya todas las de Netflix, las películas francesas, los personajes que nos provocaron convulsiones y las muertes notables (no, nuestros familiares no cuentan para el mundo, ya hay que aceptarlo)?

Pero me han invitado a compartir lo que en el 2017 me hizo ruido y, pues, yo le hago caso al editor, porque si no hay deadline, no escribo. Así que, ahí les va lo que ya me está dando nostalgia del futuro:

Los escritores serios empezaron a hacerle caso a Bojack Horseman

Hasta que estrenaron la cuarta temporada, pero al menos llegaron a ella. De pronto todo mundo estaba hablando del caballo que todos tenemos dentro, y no lo menciono en ánimo hipster-moral-alta (“mi guistibi mís quindi nidi li quinicíi”), sino porque tuvo un efecto como de inundación. En Twitter y Facebook empecé a ver el nombre de Bo por todos lados. ¿Pero es que quién les pagó para comenzar a verla? De cualquier manera, lo celebro, porque así como con la novela gráfica, ya se le da su importancia a esta importante obra del siglo XXI. Gracias, Escritores Serios, solo una cosa: dejen de compararse con él. Se ven mal.

El machismo se nos destapó a todos

Los haters dirán que eso ya estaba desdenantes, pero lo cierto es que este fue el año del “Ahora tooooodo es machismo. Ahora toooooodo lo que hacemos/decimos/pensamos/acosamos/humillamos está mal” y sí me dio gusto ver cómo ese solo comentario me señaló, sin mayores requisitos, al machito junto a mí, prácticamente todos los hombres que quiero. Hasta que yo misma lo repetí mientras leía una noticia en Buzzfeed: ups, nadie se salva. Así que he tenido momentos de vergüenza interna; lo importante es que una aprende, aunque cueste, a replantearse los juicios, y es un diálogo interno bastante interesante. Lo malo es que otros caballeros y damitas se niegan a hacerlo, aunque no sea tan difícil.

El mundo es un lugar horrible en general

No solo tenemos avispas que comen tarántulas, tarántulas Goliat que saltan de árboles a tu cabeza y mariposas negras: estamos inmersos en una marea de bitcoins, presidentes racistas, bombas en centros de adoración y un montón de imbéciles que insisten en que debes indignarte por lo que ellos mismos se indignan. He visto a las mejores mentes de mi generación pelearse por un club cimentado en un licor de señoras copetonas, pero no por una (o dos, o todas) empresa de taxis que decidió no hacerse responsable por los crímenes que cometen sus choferes. Es decir: si se van a enojar, enójense por lo que se les antoje, que tenemos muchas razones para hacerlo. Que nadie les diga qué causa vale la pena.

El mundo es un lugar hermoso en general

He aprendido que el amor es un asunto más complejo del que estaba dispuesta a admitir. Todavía no sé cómo hacerlo, honestamente, y siéntanse libres de distorsionar la última frase como mejor les convenga. Aunque mi odio hacia todo lo que existe ha resurgido con una fuerza que creía disminuida, también es verdad que me he tenido que rendir ante la omnipresencia (ajá, leyeron bien) de la buena voluntad de alguien más. O sea: el amor sí existe y es capaz de abrir y cerrar puertas, sin azotarlas, un asunto que me ha costado abrazar porque me confunde. También veo a los que me rodean, que son los que más importan (soy honesta, no cínica, cuando digo que primero me conmuevo por lo que toca mi vida todos los días, y unos segundos después por lo que sucede dos cuadras más lejos), en su propia lucha para crecer, desprenderse, arrepentirse y regalar todo lo que tienen. Y lo hacen. Aunque sean Escritores Serios. Y  me encanta leer sus listas de lo mejor del 2017 porque me comparten que tuvieron un año que, si no fue perfecto, al menos tuvo suficiente espacio para que pudieran conmoverse, enamorarse, sorprenderse, escaparse y hasta encabronarse con algo que fue creado por otro ser humano.

Siempre me va a encantar la sola idea de que un montón de palabras, de imágenes en movimiento, de unas notas ahí acomodadas entre tantos silencios, puedan plantarse en la vida de alguien más y que sea recibido con alegría. Es lo que más me confunde del hombre: hacemos lo más chido y, al mismo tiempo, lo más horrible. Supongo que por eso tantos insisten en separar al monstruo del creador (“Ni is li mismi”, chillan).

Es lo cómodo, supongo. Quizá algún día estemos dispuestos a reconocer que las dos cosas viven dentro del mismo caparazón: la mierda y lo grandioso.

Como este 2017, pues.

Quizá sea tarea para el 2018.

Feliz año.

P.D. Alexa Savior es de lo mejor que me pasó este año. Escúchenla con la actitud más cool que tengan, y canten conmigo “Shades”:


Fotografía: NordWood Themes / Unsplash

Narrativa visual: 10 series de 2017 que me comieron la cabeza


Buscando a Wakefield

Por Cecilia Magaña

No me cabe duda que este 2017 la narrativa visual fue la que me comió la cabeza y me hizo pasar más horas frente al televisor que sumergida en libros. Así es, lo confieso: leí poco este año, y consumí series como enajenada. No creo que la novela haya muerto, en absoluto, ya ha sido masacrada antes y sigue ahí. Al menos eso es lo que me digo además de la clásica: “seguro aprenderé algún truco para crear personajes si tan solo sigo mirando”. Y quiero pensar que sí, carajo. Más me vale, porque tan solo con esta lista son más de 100 horas de mi vida invertidas en estas historias que me hicieron culpablemente feliz este año.

1. Las aventuras de Rick y Morty

Arranca con capítulos autoconclusivos y va tejiendo una trama larga que explota a partir del Capítulo 6 (Rick Potion #9). Puedes usar como excusa para verla que te sirve para pensar cómo una serie de cuentos arma poco a poco una novela o cómo darle sentido a todas esas referencias pop que siempre te han gustado, reinventándolas.

2. Mindhunter

El camino de Holden Ford hacia su propia oscuridad no solo cuenta con una estructura narrativa que combina, en paralelo, el desarrollo de una investigación con famosos asesinos seriales y cómo esta afecta la vida cotidiana de los detectives, sino la actividad de un asesino cuya identidad el espectador puede descubrir si también hace su tarea en internet, juega y suma las pistas. Cada episodio, cada entrevista, es una excelente clase de manejo de diálogo.

 3. Feud: Bette and Joan

Sobre la famosa riña entre Bette Davis y Joan Crawford durante la filmación de Whatever happened to Baby Jane?. Una reflexión sobre las manipulaciones detrás del chismerío en Hollywood, el lugar del talento y la belleza, sobre la vejez y la insatisfacción. Si sumas las múltiples versiones, el onirismo y la suposición como recursos para narrar que no hay una sola verdad, verás que vale la pena robarle algunos desarmadores para tu caja de herramientas.

4. American Crime Story: The people vs. OJ Simpson

Uno de sus grandes aciertos es no apuntar el dedo acusador, sino lograr que el espectador llegue a la conclusión que sus creadores desean. No mentirás si dices que la ves para aprender cómo crear buena ficción a partir de un caso real, sin caer en el panfleto.

5. The Punisher

Si bien tengo mis dudas sobre el episodio 13, se ha ganado su lugar en esta lista gracias a su manejo de la tensión. Las múltiples facetas del personaje de Frank Castle (que no solo la juega de tipo duro sino que logra despertar ternura y franco horror) se logran gracias a su contraste con los personajes secundarios. Su relación con Micro, en particular, es un ejemplo de cómo aprovechar un dúo para dar profundidad a ambos personajes y lograr que se transformen uno al otro de manera orgánica, natural.

6. Big Little Lies

La maternidad, los secretos de alcoba, el pasado y las dudas sobre la influencia de la genética y la crianza en el desarrollo infantil, son tan solo algunos de los temas que se entretejen en la resolución de un crimen cuya víctima es anónima hasta el último capítulo. Si lo que necesitas es ver nuevas formas de tramar un thriller con temas de actualidad esta es una serie que no te debes perder.

7. The Crown

Una buena narración histórica sirve, en realidad, para hablar de preocupaciones contemporáneas: la coronación de la reina Isabel II y su lucha interna por conciliar a la mujer y al símbolo son una excusa para hablar del empoderamiento femenino y cómo afecta a los hombres y mujeres que la rodean. ¿Quieres escribir una buena ficción histórica? Mira esta y toma nota.

8. Glow

Los griegos lo sabían y Shakespeare lo explotó: no hay buena comedia que guarde, en realidad, el revés trágico de los personajes. Si lo que necesitas es escribir una comedia con sentido, esta puede ser una excelente lección de cómo aprovechar el absurdo de la vida cotidiana para contar buenas historias y crear personajes entrañables.

9. Death note

Ya sé que no es novedad, pero apenas la vi. Evita la peli: esta serie es una demostración de que los aspectos culturales no solo dan contexto a la narración, sino que son su raíz y sustento. Si además te interesa crear tramas inspiradas en una constante lucha de argumentos o usar el ensayo para construir tensión dentro de tu novela, esta serie te dará herramientas para hacerlo.

10. The Young Pope

Lo que Breaking Bad logró transformando a un hombre sencillo en un megalómano, aquí se logra mostrando a un megalómano que esconde a un chico vulnerable en su interior. Para mí fue la mejor serie del año. Toca, valientemente, una multitud de temas oscuros relacionados con la Iglesia Católica pero no pierde de foco la humanidad de su protagonista. El tema de la fe, la vanidad y el poder, son apenas la mitad de lo que abarca. Llena de aciertos en su manejo del subtexto y la ironía (resultado de un inteligente soundtrack), tiene momentos que son verdaderas dosis de poesía, un recurso que toda buena novela debe contemplar.


Fotografía: Tim Mossholder / Unsplash

Las malditas listas que se pasan de ídem.


De principio a film

Por Rodrigo González

Odio las listas. Las listas de lo que sea, hasta las del súper. Y a pesar que reconozco su utilidad y ayuda en momentos inciertos o de flaqueza en la memoria, hay algunas que particularmente me crispan los nervios, sobre todo aquellas que enumeran lo mejor o lo peor de algún tema. Pretender cercar el gusto y el deleite sobre una expresión estética a la miopía de una sola persona o institución —que por inciertos artes o aires se proclama autoridad en el tema—, me parece grosero, fatuo y al mismo tiempo un despliegue de soberbia monumental. Por principio, nadie puede realmente hacer una lista veraz con las cien (o diez) mejores cosas de algo. Ni pinturas, ni películas, ni discos, ni libros, ni canciones, ni vinos, ni conciertos, ni series de tv. Nada. None. Cero.

Primero, porque los parámetros para decir que una cosa es mejor que otra son completamente subjetivos y personales cuando se trata de una expresión artística y segundo, porque todo el tiempo se están creando cosas nuevas que, evidentemente violentan y rompen la naturaleza misma de una lista. Acaso, lo acepto, hay cosas o eventos que pueden clasificarse basadas en ciertos logros (como la cantidad de personas en un concierto), en premisas evidentes (como la altura del los edificios), en artilugios propagandísticos (las canciones más escuchadas del año) o en obviedades (los mejores equipos de la liga española), pero todo esto es, al final del día, un mero ejercicio caza likes que rara vez ofrece una guía o aporta algo sustancial al tema. Por eso las odio. Y es, irremediablemente en la última parte del año cuando afloran los expertos y sus listas.

Yo no me considero un experto en lo absoluto. Hay temas que me apasionan y temas que me conmueven. Hay eventos que sigo con puntualidad y algunos que preferiría no haber atestiguado. Y aunque me gustaría hacer una lista con el top ten de políticos mexicanos deleznables, por ejemplo (¡¿con quién empezarla, caray?!), debo reconocer que la tentación de hablar de lo que más me gusta —el cine— es grande. Durante estos meses que he atendido gustoso la invitación de Paraíso Perdido a colaborar en su blog, he hablado básicamente de películas y de la forma en la que éstas me marcan y me sorprenden. Así que en honor a las fechas, aquí les comparto lo que a mi gusto -estrictamente personal- son algunas de las películas que más disfruté este año.

Rogue One

La mejor película de la saga. Nada de fuerza, nada de poderes telepáticos, nada de elegidos, nada de destinos manifiestos. Una película de acción pura y dura que pone el origen mismo del heroísmo en personas comunes y corrientes. Diego Luna irreconocible y un guión que meticulosamente tejió el puente perfecto entre el pasado y el futuro de la serie. Renovados los mitos, ya que hagan lo que quieran con los demás episodios, total.

The Witch

Cine profundamente emotivo y valiente. Lleno de figuras y referencias actuales sobre la batalla en la equidad de género. Hecha con un toque de neurocirujano y un cuidado por los detalles que disfruté enormemente. La secuencia final aún me da escalofríos.

Coco

Sí, es una película para niños. Sí, es de Disney. Sí, se metieron con algunas de las tradiciones más sagradas de los pueblos mexicanos (aquí nos desgarramos las vestiduras, please) y sí, lo hicieron maravillosamente bien. Lo mejor es tratar de no llorar cuando empieza la rola de Bronco.

John Wick: Chapter II

La primera parte de esta entrega es completamente inesperada. Acción y más acción destilada con un móvil de venganza canina. La segunda parte es absolutamente fantástica. John regresa a… pues a matar gente, obvio. Perdí la cuenta del número de referencias que tiene al cine silente, pero auun sin conocerlas todas es absolutamente disfrutable. Recomiendo subirle al volumen, el soundtrack es una maravilla.

Logan

Yo iba a ver a Wolverine pero salí con el corazón apachurrado y profundamente conmovido. El retrato y reflexión sobre la decadencia, sobre poder inútil, lo inútil del poder en exceso y del peso que cargan las nuevas generaciones, estén preparadas o no para asumir su rol en el mundo.

Jim and Andy. The great beyond.

Sorpresa máxima del año. Netflix se arriesga con un documental que nadie quería distribuir y con justa razón, pues abre la puerta a una confesión honesta sobre la locura y la entrega. Jim Carrey está en otro nivel. Hay momentos en la entrevista que parece un iluminado. Como si a través de la actuación hubiera alcanzado el nirvana o algo. Yo lo sospechaba desde que lo vi en The Truman Show, pero en este documental nos deja todo muy claro. No se lo pierdan.

¿Notan la ausencia de películas mexicanas? Pues eso. Pero ya hablaremos del tema el año que viene. Ahorita es tiempo de celebrar, dicen.


Fotografía: Glenn Carstens-Peters / Unsplash

Netflix: de la palabra amor y sus derivados


Lente anónima

Por Mariana Mota

Acuñar el término amante exclusivamente a las personas quizás sea un poco reduccionista. Y, por otro lado, dicen que el excesivo uso de la palabra cae en la exageración y el absurdo: el amor es privilegio para personas, o seres vivos; no para objetos. Uno no ama los frijoles, la montaña o los vestidos; pero sí al papá o a la esposa. Y ya no digamos cuando saltamos de una expresión simplona como amo Netflix a una enfermiza como Netflix es mi amante. Yo soy otra de esas tantas enfermas que así lo dirían.

Algunos incluso se apropian de la carga activa de la relación al decir soy amante de los tacos, como si fueran ellos, los individuos, quienes brindan el placer al alimento; a mí me parece que funciona al revés: hacerla mi amante significa que es ella, la plataforma digital en este caso, quien me satisface a mí, mientras que yo pasivamente me dedico a recibir. Evito hacer planes en el exterior, me desvelo, disminuyo mi tiempo de productividad; todo porque sé que algo en ella me va a erizar la piel, o me va a acelerar el pulso, o al menos me va a entretener: efectos que provoca un amante en su amado.

Y como cualquier relación basada en el placer, existen ciertas rutinas sagradas que funcionan distintamente para cada tipología: solteros (que son completamente libres en la elección de su programación y que quizás pasen un tiempo excesivo en la plataforma), casados/arrejuntados (que, aunque puedan seguir programas de manera individual en sus tiempos libres, generalmente se aplastan en la cama o en el sillón juntos, van comentando lo que observan y hacen pausas para los besitos y caricias), roomies (que gozan de la individualidad sin remordimiento y la mezclan con la compañía ocasional o frecuente y recomendaciones del otro). Y como buen amante, también provoca remordimientos: cuando la elección fue azarosa y terrible, o cuando se invierte más tiempo buscando que viendo.

Además de ese ritual sagrado que se genera en el espacio donde reposa la televisión o la computadora, hay relaciones muy íntimas con la pantalla de cada aparato: el universo de posibilidades es tan vasto que, aunque en seis días me puedo echar una temporada completa de una serie que acaban de subir, un par de días después suben trece capítulos más de aquella otra que me eché hace seis meses y cuya historia ya no tenía tan fresca.

Una y otra van desfilando las temporadas (y películas y documentales, por supuesto). Ahorita, por ejemplo, me divierte la quinta temporada de Orange is the new black, y me fascina la primera de Mr. Selfridge (que ya tiene cuatro temporadas pero que apenas descubrí.¡Largo camino por recorrer!). Y mi espíritu ansioso espera la tercera de How to get away with murder, la cuarta de Bates Motel, la segunda de Jessica Jones, la tercera de The affaire, la séptima de The walking dead. Y prefiero dejarme sorprender cuando encienda la televisión y vea las palabras mágicas: nuevos episodios; contrario a muchos que investigan y saben si esas temporadas tan esperadas llegarán, o si el rating no dio para eso. El factor sorpresa aumenta la satisfacción.

El festival de Cannes podrá iniciar guerra contra Netflix, y tendrá sus razones válidas, pero de que es un mejor amante el formato digital, inmediato, multi-sala e igualmente internacional, lo es. Para mí sí, y creo que para otros tantos millones de personas también. Y ya le estoy echando el ojo a HBO: ¡las posibilidades se multiplican y un tiempo valioso escurre en mi sillón!

El recuento de los daños

por ABRIL POSAS

EPISODIO I

Libros que leí en el 2015

Me gustaría mentir y dar una lista de libros con los títulos más recientes, variopintos y vanguardistas de la escena editorial, pero en su lugar aviento lo que recuerdo (mi Memoria tiene una forma singular de permitirme revivir lo que sea) que pasó frente a mí, lo que no solté a la mitad.

Compré más libros durante la FIL que el resto de los meses del 2015. Por eso soy pobre a fin de año, no porque mis reventones Guadalupe-Reyes sean memorables –el alcohol me bloquea los recuerdos, así que no–. Así que los que sí devoré y no abandoné sobre la mesita de noche fueron:

 

La-conjura-de-los-necios

La conjura de los necios
John Kennedy Toole
Con este libro aprendí que en algunas ocasiones sí vale la pena leer los prólogos. Desde su publicación, esta joya de narrativa estadounidense ha llenado de carcajadas a los lectores que no lo conocíamos como canon y que ahora es recomendación obligada. Si creen que tienen un amigo sabelotodo-vocabulariopinto-mantenido-desorganizado, necesitan conocer a Ignatius, prototipo del cliché, sin guapura y menos oscuros, de personajes como Dr. House.
En español lo tiene Anagrama, en sus colecciones “económicas”.

 

El corazon es un cazador

El corazón es un cazador solitario
Carson MacCullers
Durante tres años busqué esta novela en la FIL y, si me regresaba a la mente, en cualquier librería que me topara. Hasta que un día fui al DF, entré a El Sótano de la Zona Rosa y dije “no compraré nada”, aunque de todas formas pregunté por la novela y sí la tenían. Traducida por españoles, de cualquier manera disfruté la lectura de una escritora de 23 años que retrató la quietud y la tristeza de un pueblo del sur de Estados Unidos, con habitantes negros acostumbrados a levantar la frente, aunque les doblen el cuello.
Seix Barral lo tiene. Las librerías, a veces en existencia.

 

Las pequeñas virtudes

Las pequeñas virtudes
Natalia Ginzburg
De cumpleaños me dieron, entre otras cosas, este libro y una botella de whisky. Quién iba a decir que justo ahí estaba un buen maridaje. Estos ensayos son desgarradores y muy lúcidos, que provienen de una mente clara que quiere hablar de lo cercano: el paso del tiempo, la pérdida de la juventud, la paternidad y la guerra. Es de esos textos que mantienes cerca porque al repasarlo notarás algo distinto o que no te hablaba en ese momento. Es un gran regalo, para ser honestos.
Lo tiene Acantilado, así que si se quieren lucir, ya saben.

 

Siete años_

Siete años
Peter Stamm
Este escritor me enamoró con Paisaje aproximado, y la de Siente años la tuve guardada un rato antes de comenzarla. Llegó justo en el momento adecuado esta historia de arquitectos clasemedieros, que rigen sus vidas preocupados por cuestiones como la búsqueda del amor o una noche de buen sexo mientras hay otros que viven en silencio la zozobra de una vida abandonada en otro país. Egoísmo del que todos pecamos, porque el mundo se reduce a espacios tan cuadrados como iluminados, que aprendemos a delimitar sólo con el alcance del brazo. En serio, es una lectura que se va como agua y, si bien no tiene pasajes con demasiada violencia explícita, tiene la dureza de “las cosas como son”.
También en Acantilado.

 

El eternauta
La obra cumbre de Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López la conocí en internet hace algunos años, y leí lo que pude para hacerle una reseña en el suplemento donde trabajé hace tiempo. Durante la FIL presentaron una reedición con portada de Dr. Alderete y ese fue mi regalo de Navidad favorito. Ciencia ficción argentina y personajes que son los abuelos de todos los Lost, los Walking Dead y demás herederos. Véanlo como relectura de la dictadura o simplemente el mejor cómic latinoamericano.
Lo edita RM.

EPISODIO II

2015 se me fue en Netflix, cine y torrents

Y antes que nada, culpo a Joaquín, quien tuvo a mal inscribirse al servicio y, por lo tanto, arrastrarme a un mundo de almohadas, sofás que rechinan y la pregunta más humillantes del mundo: “¿Sigues viendo este programa?”.
La primera serie que me animé a ver fue How I met your mother, y dios sabe que regreso a ella cada vez que quiero un cigarrillo. Pero las que siguen son las que tengo en mi corazón.

Originales Netflix

Better call Saul
Creadores: Vince Gillian, Peter Gould.
Lo mejor de esta serie es que no se parece nada a Breaking Bad, por lo que no tienes que haber visto ésta para disfrutar los infortunios del aspirante a abogado. Ya que la historia transcurre antes de que gane su nombre artístico de Saul, Jimmy McGill da tumbos por todos lados y, aunque no es comedia, su patetismo es distinto al de Walter White, porque es al revés: Jimmy es un bien intencionado rodeado de culeros.

Master of none
Creador: Aziz Ansari.
Tendría que no hablar del gentilicio de Aziz Ansari para evitar represalias, pero no mencionar su origen es un crimen: sí, un indio en Nueva York es protagonista de una serie de comedia para todos los que somos normales, es decir, perdedores en algún aspecto de la vida.

Daredevil
Creador: Drew Goddard.
Para alguien que no conocía bien este personaje, Daredevil es todo un descubrimiento, sobre todo si vimos el tratamiento que le dieron en aquella infame película -que no gustó ni a los que no sabíamos nada- . Esperaba lo mismo de Jessica Jones, pero la historia del abogado sexy, quiero decir ciego, tiene todo: diálogos, personajes, ambientación, violencia, técnica narrativa y hasta un homenaje a Oldboy. Lo mejor: no tiene lo deslavado de otras adaptaciones de Marvel-Disney.

Narcos
Creadores: Carlo Bernard, Chris Brancato, Doug Miro.
Pues ni es producción colombiana ni sus protagonistas hablan español. Sin embargo, y con todo que no puede tomarse como documental (principalmente porque no es documental, así que dejen de pedirle peras al olmo), tiene todo el sabor de Goodfellas en una primera temporada que nos aspiramos en dos fines de semana con la historia basada en Pablo Escobar. De rechupete, hermano, ¿o qué?

What happenned, Miss Simone?
Directora: Liz Garbuss
Este documental le pone otro tono a la vida de esta música tan controvertida. No era sólo su talento o su origen, sino también su relación con el movimiento racial en Estados Unidos, cómo se sentía con otras personas y cómo intentó moverse con la bipolaridad como aura.

Making a murderer
Creadores: Laura Ricciardi y Moira Demos.
Este podría ser el otro lado de The Jynx: no tiene una post producción rebuscada, no tiene un soundtrack pegajoso, no es de un director famoso, no cuenta con una sola recreación de los hechos —todo está tomado de extractos de noticieros, conversaciones grabadas, entrevistas o recortes de periódico— y, ¡gracias!, no hay protagonismo por parte de sus creadores. Decir que Making… es más imparcial tampoco es justo, pero logra mantener la atención con todo y que no es de HBO.

Las vi en Netflix

Ex Machina
Director: Alex Garland
¿Por qué hay gente que le huye a la ciencia ficción? Ni idea. Tan buenos exponentes que hay en todos lados: Stanislaw Lem, Philp K. Dick, Steven Spielberg, Stanley Kubrick… Esta joyita de Garland nos acerca al experimento de un inventor de robots tan realistas, que pasan por humanos a simple vista. Un becario afortunado lo vivirá todo en carne propia. Además, podemos ver a Oscar Isaac, nuestro piloto favorito de The Force Awakens.

Nightcrawler
Director: Dan Gilroy
Para hablar de la escoria que habita en la nota roja, qué mejor que una escoria que quiere incursionar en el reportaje de la nota roja. De ladrón de cobre a camarógrafo de accidentes, asaltos y heridos de bala, Louis es un solitario espeluznante que quiere vender la imagen más sangrienta a la productora más morbosa.

Torrents benditos

The Jinx
Director: Andrew Jarecki
La neta sí me gustó y mi único pero era el protagonismo del director, a la Michael Moore: de pronto la historia ya es acerca de él. Hasta que supe que le alteraron la cronología en un evento clave y me cayeron más gordos. No digo que el Bob no sea asesino, sino que hay niveles de ética, incluso para documentales hollywoodenses. Pero de que vale la pena verla, pues sí.

True Detective (segunda temporada)
Creador: Nick Pizzolatto
No fue como la primera temporada, pero tuvo una línea que me atrapó: Vince Vaughn sí puede actuar bajo la dirección adecuada. Por otro lado, fue una de las varias producciones en donde se le apostó por personajes femeninos de más peso (How to get away with murder, por ejemplo). Siempre se agradece que los estilos no se repitan, y la música de las escenas del bar… Todavía no entiendo por qué tantos detractores.

EPISODIO III

Pago por ver

Este año estuvo lleno de súper héroes o remakes-reboots. Dos de las franquicias que conocí de niña regresaron con nuevos bríos y vaya que no decepcionaron.

Mad Max: Fury Road
Director: George Miller.
Antes de verla en el cine, repasé la saga pero no me atreví a ver la 3, que es tan mala y tiene a Tina Turner. Las dos primeras, en la época cuando comenzábamos a enamorarnos de Mel Gibson –todo para que lo tirara por la borda con su locura antisemita, entre otras–, tiene el sabor de una leyenda en proceso que se quedó en la memoria, sin el respeto que merecía. La nueva historia de George Miller fue una muestra de dignidad: no concibió un guión amigable con la familia porque fuck that shit, y en lugar de eso se colgó de guitarras estridentes, el culto al motor, violencia, arena y velocidad. Si creen que se conformó sólo con encuadres perfectamente centrados (en CADA toma), también se arriesgó y escribió una narrativa que se sostiene aunque no tuviera un guitarrista amarrado a los amplificadores más grandes del mundo. Por supuesto, el título dice “Mad Max”, pero el camino es de Furiosa.

Star Wars: The Force Awakens
Director: J.J. Abrams
Luego de repasar la trilogía original (con los cambios que le hizo Lucas, porque sólo las que son VHS se mantienen intactas), y gracias a que el cuñado se prendió y compró boletos para todos, nos sentamos con toda la intención de emocionarnos. Desde el primer tráiler de la película nos tenían con el corazón danzando, no me imagino lo que habría pasado si esta cinta hubiera sido una decepción, como lo fue el Episodio I. No quiero adelantarme y aplicar un Duncan, pero no puedo esperar dos años para ver qué pasa después.

Seguro vi un par más en el cine, aunque sólo estas dos se me quedaron en la cabeza. Además, son un gran ejemplo de cómo un texto cultural (libro, música, película, cuadro, etc.) puede arruinarse o crecer gracias a su creador. Por el lado de Lucas, hace muchos años que no tiene derecho, arrebatado por los seguidores de su saga, de modificar o continuar incluso con Star Wars: ya no lo tiene permitido y otro debe llegar a despertar al fénix de las cenizas –disculpen ustedes mi exageración–. Y luego está Miller, que aunque hizo una mala, a todos se nos olvidó cuando vimos lo que su nuevo Mad Max puede hacer.

IV DESENLACE

Play that funky music, white boy

Sólo hablaré de un evento, porque ya no hay más espacio:

Coordenada
Para ser un evento organizado por Indio, debo admitir que me la pasé muy bien. Supongo que la razón primordial es que mi sobrina viajó desde Playa del Carmen para ir con nosotros y, como ella sí es exitosa, nos admitieron en la zona VIP, sin pagar más.

La zona VIP del Coordenada, honestamente, no tenía nada que justificara su precio, más que lo que todo VIP ofrece: el derecho a mamar porque pagaste extra algo que debiste haber recibido por sentido común. Pero como para los mortales que nos colamos no significó el desfalque del año (para eso está Navidad), bebimos, cantamos, evitamos a Nacho Vegas y hasta admitimos que Natalia Lafourcade no es tan mala, sobre todo cuando no queda de otra más que aguantarla en lo que se acerca el momento de Blur.

Los ingleses tocaron con toda la energía que quisimos contagiarles. Desgraciadamente, mucha de ella se desgastó con El Gran Silencio (¿quién iba a decirlo?) y con Café Tacvba (¿a quién le extraña?). Sin embargo, Albarn y compañía no se rajaron y tocaron las nuevas, las viejas y las de enmedio. Subieron a un montón de pubertos cuando entonaron “Girls and boys” y cerraron con “The Universal” porque no había de dónde evitar el gran final. Ojalá vengan solitos para la próxima, en un evento con Modelo.

Lista negra

por CÁSTULO ACEVES

El cono de luz cae sobre el sujeto amarrado a una silla, el interrogatorio aún no termina. Dos hombres rondan la zona iluminada, ambos barbados, intentado obtener la información. ¡Nombres, necesitamos nombres! Dice el más joven de ambos. Se acerca, tira un puñetazo al estomago, un golpe de revés al rostro. Un líquido oscuro vuela emergiendo de la boca. Está bien, dice el interrogado mientras hace gárgaras de sangre, les daré la información.

Una confesión, suelta exhausto el sujeto. Confiesa entonces, dice el mayor de los interrogadores, cuya barba entrecana empieza a parecer un código de barras. Confieso que no había leído a Rafael Bernal. ¿Confiesas? Respondió el joven tomándolo del cuello. Si, resopla el interrogado, quienquiera escribir género negro debe, por lo menos, haberlo leído. Si es posible, recitarlo.

Leí El Complot Mongol, una novela que no solo es considerada la primera novela negra en México, sino una piedra fundacional. El detective Filiberto García es un hombre rudo, matón a sueldo, ya en el ocaso de su vida. Se ve arrojado a un caso que implica un conflicto de intereses entre Estados Unidos y Rusia en plena guerra fría. Es una historia vertiginosa que se resuelve con inteligencia, humor y acción. Es capaz de reflejarnos, a manera de caricatura, una sociedad corrupta gobernada por políticos sin escrúpulos. ¿Entonces? Preguntan los barbados. Nada, concluye el hombre amarrado a la silla, es pura ficción.

También leí El Hombre Ilustrado. ¿Por qué lo hiciste? Porque leer a Ray Bradbury siempre es un placer. ¡No creo que sólo por eso! Interpela el joven barbado haciendo un amague de golpe. Porque quería escribir un cuento, y en ella aparece una mujer cuyos tatuajes son premoniciones del futuro. Supuse que si iba a tocar ese tema, necesitaba leer el libro. Es un libro de cuentos integrados bajo una premisa, que un primer personaje conoce a un hombre completamente tatuado, cada imagen tiene vida propia y relata una historia. Los interrogadores lo observan en silencio, él sabe que debe continuar. No hay forma de equivocarse con un libro de Bradbury, pero me parecieron memorables varios cuentos: “La lluvia”, sobre una expedición en un mundo donde nunca deja de llover; “Los desterrados”, donde Poe, Bierce, Blackwood, Dickens, y muchos otros escritores conviven en Marte; “Calidoscopio”, sobre un astronauta perdido en el espacio, cayendo hacia la tierra; y “El cohete”, un conmovedor cuento sobre lo que es capaz de hacer un padre por mantener la ilusión y alegría de sus hijos.

No necesitan golpearlo de nuevo. Los Evangelios de la Rabia, del escritor Rafael Medina. Es un libro de cuentos cuyo tema central es la religión, o más bien, sobre sus símbolos. Un hombre que revive su crucifixión con cada alto en una esquina de la ciudad, un niño en cuyas rabietas invoca plagas terribles, una niña que esconde sus estigmas, una mujer acosada por una virgen que la quiere de mensajera, etcétera. Todos desbordan humor negro, escritos con un estilo fugaz, preciso y delirante. Los interrogadores barbados sonríen complacidos.

¿Pero es que no viste nada? Arremete de nuevo uno de los interrogadores, ¡habla!  El hombre en la silla levanta el rostro, ya cansado: Gotham.

 

¿Las precuelas de Batman? No son precuelas, corrige el interrogado, solo es una serie de detectives con personajes sacados del universo del hombre murciélago. Es cierto, es divertido ver a la que pudiera ser la versión infantil de Gatúbela, Hiedra Venenosa o Bruce. Pero más allá de estos guiños, los crímenes están bien llevados, los diálogos son inteligentes y la forma en que esta armada la historia es interesante.

¿Qué más? Insiste el barbado joven. Daredevil es imprescindible.

Queda poco por decir de esta magnífica serie: sus personajes profundos, su forma de relatar dinámica, su gran fotografía, sus escenas de pelea memorables. En fin, suspira el interrogado, es el mejor ejemplo de cómo debe hacerse un programa o película de superhéroes. Después de ella, lo que viene tiene la vara muy alta.

¿Puedo hablar de música? Pregunta el interrogado. Los barbados se miran entre ellos. Si mencionas un disco o autor de trova no amanecerás vivo. “Solo Noir”, de la Francia Jazzline Orchestra, un grupo con poco más de una década de creación, que tocan desde jazz suave a música lounge.


En este álbum todas las piezas están inspiradas en las películas de detectives del siglo pasado. Son perfectas para acompañar la lectura, para escribir una noche, para ir tras una mujer acusada de un delito, para buscar venganza en un sórdido bar lleno de matones, para encontrar al culpable del último crimen de la última ciudad del mundo. Uno de los hombres lo abofetea. El sujeto agradece: Me deje llevar.

Aun falta algo, le dice uno de los barbados, algo que no nos has querido decir. ¿La nueva temporada de True Detective?

Contesta, sin pensarlo mucho, el sujeto amarrado. De inmediato empieza a recibir todo tipo de golpes. ¡Esperen! No estoy diciendo que la recomiendo, aclara en medio de quejidos. Sé que muchos la odiaron, que después de la historia entre policiaca y de horror de la primera temporada esperaban otra cosa. Yo también me sentí así al inicio, pero es interesante. Es otro tipo de historia negra: policías caídos en el vacío existencial, mafiosos duros pero carismáticos, un misterio que se rebela poco a poco, la violencia inclemente en una ciudad gobernada por criminales. Solo hay perdonar el final, esos últimos minutos, o pretender que no existieron, que fueron un mal sueño. El mismo Nic Pizzolato habla sobre el final de la primera temporada en una entrevista, menciona el arco de aprendizaje de vida de los personajes, él cree en los finales optimistas.  ¿En cuál libro? ¡Dinos nombres! True Detective, antología de lecturas no obligatorias.

¿Lo leíste? No, responde el interrogado, lo estoy leyendo apenas, por eso no lo había mencionado. Esta muy interesante, habla sobre la influencia en el programa de varios autores, incluyendo un texto de cada uno. Menciona a Bierce, Lovecraft y Chambers como bases para la parte del horror. En lo filosófico mencina a Nietzsche y Schopenhauer. Por lo policiaco incluye a Hammet, Ligotti, Barron y Bolaño. ¿Roberto Bolaño? Insiste el mayor de los barbados. Así es, contesta el sujeto amarrado a la silla, sabiendo que ese último nombre es el explica porque compró el libro.

Con eso será suficiente, dice uno de los interrogadores al tiempo que ambos se ponen de pie. ¿Y piensan dejarme así? Claro que no, dice uno de ellos. Justo antes de salir presiona el apagador. Tenemos que ahorrar luz, alcanza a escuchar el sujeto amarrado en una silla antes de que se cierre la puerta.

Nota: Este relato es ficción. Cualquier parecido con una persona, escritor o editor real es meramente coincidencia. Ningún tapatío fue lastimado en la elaboración de este texto.

 

Cinco recomendaciones, cinco invitaciones

Por ELIZABETH VIVERO

 

  1. El Principito, película.
    Una de las películas más bellas y originales del año. Esta versión fílmica no es sólo una reinterpretación del libro, sino una reescritura inteligente y propositiva. Traer a El Principito de manera actualizada, se antojaba difícil, pero los creadores resolvieron muy bien el asunto con recursos interesantes que vale la pena apreciar;

  1. Tejiendo de otro modo. Feminismo, epistemología y apuestas descoloniales desde Abya Ayala
    Es un libro teórico y de crítica feminista descolonial que reúne una serie de reflexiones desde la vivencia del cuerpo colonizado de las mujeres de nuestra América. Una apuesta crítica, reflexiva, altamente consciente de la condición de doble y triple discriminación no sólo de las mujeres, sino del pensamiento latinoamericano en general. Un libro que hay que leer para desestabilizar, incluso, nuestras propias estructuras de pensamiento.

  1. Talé de Salif Keita.
    Este músico, originario de Malí, padece la condición del albinismo, situación que, en muchos países del África negra, es vista con temor y alrededor de la cual hay prejuicios fuertes. Se añade a esto, que los Keita pertenecen a la casta de los gobernantes, no de los músicos, por lo que Salif sufre doblemente la barrera para ser músico. A lo largo de su producción musical, Salif ha combinado magistralmente lo tradicional con lo moderno y Talé no es la excepción, entregando ahora, sobre todo en las piezas cinco y seis del disco, unas excelentes mezclas que valen la pena escuchar una y otra vez;

  1. Vestido de novia de Socorro Venegas.
    Con una fuerza emocional que, para mi gusto, tienen pocos escritores y escritoras de su generación, Venegas logra de nuevo diseccionar la profundidad del alma y, en esta ocasión, generar una emoción de duelo prolongado que estruja muy hondo. Si Venegas es ya consciente de esta gran veta que ha venido desarrollando desde La risa de las azucenas, seguramente seguirá entregando libros de excelente factura y de un impacto emocional que sacude, que hace vibrar.

  1. Beast of No Nation, película de Netflix.
    La participación de los niños soldados en los conflictos bélicos alrededor del mundo es un tema de Derechos Humanos. Niños y niñas utilizados durante las guerras a quienes se les destruyen sus cuerpos, sus mentes y sus vidas. Esta película nos muestra de manera directa, la crueldad de la situación que aún padecen miles y miles. Al final, hay un dejo de esperanza amarga que estruja con mucha fuerza al espectador. Una película que no es dominguera, por lo que hay que estar preparados para verla sin palomitas.

Películas, libros y música son las cinco recomendaciones que nos hace la escritora Elizabeth Vivero