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La literatura la vivo de la manera más egoísta del mundo


Conversación con Abril Posas,
autora de El triunfo de la memoria


1. ¿Qué es para Abril Posas la escritura? ¿Para qué escribes?
Cuando escribo me siento como un ingeniero, un arquitecto: estoy creando un mundo en el que las calles tienen la dirección que yo planeo, el sol se pone como lo imagino y vive la gente que yo quiero. No me siento como un dios, porque no lo veo como un teatro para mis marionetas; me gusta pensar que levanto una construcción para que alguien más lo habite o encuentre puertas para abrir otras posibilidades.

2. ¿Desde hace cuánto te dedicas a la escritura?
Desde hace mucho tiempo me dije que me dedicaría a escribir. La primera vez que lo dije en voz alta tenía una percepción muy romántica del oficio, y ahora hasta pena me da admitir lo que creía que sería mi vida en este momento. Pero sí diré que por eso estudié letras (error). La primera vez que lo sentí como algo real fue cuando firmé un contrato para una beca, pero pasaron años y en 2011 un amigo muy querido me dijo “¿Cuándo te vas a tomar esto en serio?” Ha sido un recorrido desde que estaba en la secundaria, pero que poco a poco se ha hecho más fuerte.

3. ¿Cuál es la “historia secreta”, si es que hay una, detrás de El triunfo de la memoria?
No hay ningún secreto, realmente. Hay extractos de mi vida, porque soy tramposa y es más sencillo tomar ciertos aspectos de mi propia memoria que, pienso, ayudan a una historia que tal vez no tiene mucho qué ver conmigo. Eso sí: no me aguanté y les hice homenaje a los personajes que más cerca tengo de mi tripa: mi madre, mi padre, The Smiths y aquel bar en donde me sentí en casa hasta en los días más tristes de mi segunda adolescencia. Todo lo demás es anécdota al servicio de una trama que me interesa más que el recuerdo mismo.

El triunfo de la memoria, #HistoriasSinSpoilers

4. En los cuentos de este libro encontramos cierta nostalgia dolorosa acompañada con dosis de cinismo, personajes con rabia contenida (a veces no tan contenida), pero que generan empatía, incluso ternura. ¿De alguna manera esto refleja tu visión del mundo?
He tenido que vivir con dos aspectos de mí misma, que me cuesta admitir que existen al mismo tiempo. Por un lado, no soporto a los que dicen que “si los lunes no te gustan, lo que está mal es tu vida” o “el éxito es de quienes se atreven a fracasar”. ¡Ugh! Pero al mismo tiempo, no le creo a los que dicen que extrañan ser infelices. Supongo que hay más de mí en este libro de lo que pensaba, porque claro que este mundo es más valle de lágrimas que escenario de TED Talk para levantarle el espíritu a alguien que, quizá, merece y quiere sufrir. Y también es el mundo en el que hay gatos: para mí es suficiente para intentar salvarlo.

5. ¿Eres de los autores que tienen planeada la estructura del libro de principio a fin, o de los que dejan que los personajes “vivan” y “decidan” cómo terminar su historia?
Alguna vez quise jugarle al vergas (¿a la vergas?), así que me senté, abrí un nuevo documento de procesador de textos en blanco y empecé a escribir sólo con el inicio de un argumento, quesque pa’ ver a dónde me llevaba. Fracasé miserablemente. Ahora pienso, tomo notas y, hasta que no sepa cómo va a terminar, no escribo el texto. Es cierto que una vez que encuentro el ritmo la historia da sus propios saltitos, me envía guiños que le permito conservar, pero al final sé dónde van a terminar todos, aunque intenten —y logren— dar giros espontáneos. No sé si madurar es dejar que la historia dicte su propio camino; quizá algún día aprenda a hacerlo de ese modo.

6. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para el momento de enfrentarte a la página en blanco?
Escribo mejor cuando estoy sola o logro aislarme de todo lo que está pasando. Debe haber audífonos (aunque no haya música), cigarrillos y, durante un tiempo, pensaba que una cerveza era importante. En realidad sólo necesito el aislamiento y el tabaco y, de ser posible, un gato que me vigile porque me da por perderme en páginas de Internet que ya no tienen qué ver con lo que estoy haciendo.


Escucha el soundtrack de El triunfo de la memoria


7. ¿Qué obras (literarias, musicales, cinematográficas) te han dejado huella? ¿Qué artistas consideras cómplices?

Yo soy de los idiotas que malinterpretaron las canciones de The Smiths y nos formamos sentimentalmente con ese hermoso error. Por eso me gustan tanto The National, PJ Harvey, Nick Cave, Tori Amos, The Cure y Radiohead son de los que no se me apartan jamás, y la Shirley Manson de 1995 la tengo quemada en el cerebro.

P.T. Anderson y Sophia Coppola (a pesar de ser tan, pero tan blanca), Charlie Kauffman, Seinfeld, los hermanos Nolan, Tarantino, Los Simpson (¿es triste que no hable de sus escritores ni directores, sino sólo de los personajes? No): he querido ser como ellos en distintas ocasiones y siempre me dan (bonito) en la madre. Mi nuevo héroe es Dennis Villeneuve. Luego están Cortázar, Fitzgerald, McCullers, Cheever, Hornby, Melville, Zweig, Stamm, Garro, y sé que olvido muchos otros, pero ellos siempre me saltan en la cabeza.

8. ¿A ti te ha salvado la literatura? ¿Te ha servido para algo?

La literatura es algo que vivo de la manera más egoísta del mundo. He dejado de comprar cosas para otros por tener un libro nuevo. He dicho más de una vez no a alguien para leer un libro. No he ido a reuniones para escribir un cuento. Ha sido muy fácil mentir con que estoy ocupada con tal de evitar la interacción humana y disfrutar unas páginas. Pero también me ha regalado conversaciones con amigos, coqueteos con gente que ya no topé de nuevo —y todo por no preguntar un nombre—; hizo puentes con personas que veo una vez al año con el mismo cariño con el que abrazo a los que viven conmigo. Me ha dado de comer y, con toda la sorpresa del mundo, le enciende los ojos al barbado-cuatro-ojos que más me gusta. ¿Pero que me haya servido para algo? Buena pregunta.

9. ¿Qué más hay en tu vida, además de la escritura, que te apasione?

Dibujar y dormir. Las series de televisión. Los gatos. Y dormir de nuevo. Pero antes de todo eso, me gusta escribir. Es la verdad.

 

Fotografía de la autora: Ana Lorena Méndez

 

Ya es más que un rumor: miren, imaginen, lean, escuchen: “Todos los ruidos del mundo”, el nuevo libro de Cecilia Magaña.

Quiero el mío: http://bit.ly/2dbarvq

Algunos activismos me provocan ternura

10 preguntas para conocer a Eric Uribares

[Eric Uribares es autor de Las conspiraciones fallidas, una de las más recientes títulos de Editorial Paraíso Perdido]

1. Háblanos de “Las conspiraciones fallidas”. ¿Cuál fue el detonante para escribir este libro? ¿Qué encontrará el lector en él?
Hace algunos años comencé a investigar y publicar una serie de artículos sobre los autodenominados “ecoanarquistas”, estos chic@s  cuya bandera ideológica es una mezcla de anarquismo + lucha contra el antropocentrismo + la defensa de los animales.  Por aquel entonces, ponían bombas en cajeros automáticos y rastros. Hoy, sus actividades tienen más presencia y han comenzado a organizarse de mejor manera y a ser más ambiciosos en sus objetivos. Hace apenas algunas semanas, algunos de ellos se adjudicaron el asesinato del jefe de servicios químicos de la UNAM.  Sería una desgracia, pero no una sorpresa, que un día de estos logren llevar a cabo un atentado de magnitudes lamentables.

Esa fue la idea que dinamitó la escritura del libro, pero fue evolucionando hacia la necesidad  de escribir acerca del activismo: la defensa de los animales, los ecologistas, los anticonsumistas, los revolucionarios de facebook, los antitaurinos y demás grupos. La intención literaria fue pasarlos por el filtro de la sátira, la ironía o la parodia, pues aunque pueda estar de acuerdo con algunos de los principios que dan origen a su lucha, algunos de ellos no dejan de provocarme ternura y una lagrimita de Remi.

En el libro encontrarán a muchos encapuchados, a muchos esperanzados, bombas por aquí y bombas por allá, planes para salvar al mundo, lectores aguerridos, karatecas retirados, pornoanarquistas, anarcopamboleros y anarconarcos.

2. ¿En un país como el nuestro ¿para qué escribir?
Escribir ficción en un país de ficción es morderse la cola, y en lo que a mí respecta, hay pocas cosas más divertidas que colocar la punta de la pluma en la herida, y este es un país que comenzó a desangrarse desde antes que nos diéramos cuenta.

3. ¿Cómo fue que decidiste ser escritor?
El día que me lastimé la rodilla y supe que no podía ser futbolista.

4. ¿Desde tu punto de vista cuál es el panorama de la literatura mexicana hoy en día?
Me emociona. Es una literatura plural y vigorosa. Hay propuestas literarias que apestan a Chanel y están coloreadas en los salones de bronceado, otras más que surgen desde la mediana comodidad que otorgan las becas de 30 mil pesos. Pero también hay propuestas que vienen desde la inestabilidad emocional o el desamparo. En ambas podemos encontrar cosas valiosas.

5. Algún libro (o varios) que te marcó y por qué:
Soy de esa generación que leyó Los detectives salvajes recién cumplidos los 20 años. En ese entonces era muy joven e ingenuo como los personajes de la novela. Me emocioné mucho.

Ahora soy igual de ingenuo pero los años han pasado y creo que me han marcado mucho más mis primeras lecturas de Ibargüengoitia o Thomas Bernhard. Ambos tuvieron el tino de criticar a su patria con desfachatez. Nada mejor que hacerle bullyng a las creencias y costumbres vernáculas.

6. ¿Personaje literario favorito (o favoritos)?
El padre Brown
, de Chesterton;  Marietta Karapetiz, de Domar a la divina garza; Julian Sorel de El rojo y el negro.

7. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para escribir?
Al lado de mi computadora tengo un cuadro de Juan Rulfo que, antes de empezar a escribir, coloco de cabeza.

8. ¿Qué estás leyendo en estos días?
Hoy estoy leyendo Los perros negros de Ian McEwan.

9. ¿Qué autores nos invitarías a leer?
Yo leo continuamente a Chesterton y a Patricia Highsmith.  Pero creo que hay que leer a Yuri Herrera y a David Toscana,  ambos son los goleadores de nuestra selección sub 60 que irá al mundial de las letras en la primera parte de este siglo.

10. ¿Algo que quisieras agregar o comentar?
Sí, hoy soñé que Borges participaba en los paralímpicos y ganaba varias medallas. Hubiera sido genial verlo.

#LecturasExtremas #ConspiracionesFallidas

QUIERO Las conspiraciones fallidas