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Jesse James y la mitificación de la violencia


De principio a film

Por Rodrigo González

Una de las principales funciones o logros del cine (y de cualquier expresión artística, para el caso) es la de re-interpretar, renovar arquetipos y presentarlos a las nuevas generaciones con el fin de facilitar el encuentro con los conceptos del bien y mal, la justicia y la injusticia, el honor y la vileza. En estas dualidades universales, podemos identificarnos, reconocernos y reforzar nuestras propias convicciones que nos permiten ocupar de manera más determinante nuestro lugar dentro del grupo social al que pertenecemos. Las películas de súper héroes, por ejemplo, han tomado el lugar de la épica, la cual nos muestra estos mismos arquetipos acercándolos al rango de modernas deidades que sirven como ejemplificación de los valores más puros sobre los que se construye nuestro contrato social.

Sin embargo, desde que el mundo es mundo y la narrativa occidental fue monopolizada por don Aristóteles y su poética, siempre han existido personajes fuera de los moldes establecidos que actúan por su cuenta, buscando una justicia superior a la justicia humana, motivados por un conocimiento o deseo superior que sobrepasa el entendimiento de los comunes. Estos personajes generalmente aparecen en momentos en el que el contrato social está severamente dañado y necesita reconstruirse: Aquiles (durante la guerra de Troya), Robin Hood (medioevo Inglés), o para el caso que nos ocupa, Jesse James.

Jesse James, sin embargo, es una figura atípica, pues en él no existe realmente un deseo de justicia ulterior ni un motivo que rebase la convención social. Jesse James es el bandido sin resentimientos, con un enorme apego familiar (lugar donde encuentra su mayor motivación), con un código de honor tan complejo como retorcido y con un profundo odio hacia las instituciones. Buscado por la justicia, su cabeza fue tasada en 10 mil dólares. La recompensa terminó cobrándola Robert Ford, miembro de su banda, que lo mató de un tiro por la espalda, hecho que sirvió para que la figura de James alcanzara dimensiones de un falso heroísmo y lo colocara al lado de nombres como el de Robin Hood.

Jesse James, #HistoriasSinSpoilers

Lo que parece relevante de este contexto es que en la medida que el capitalismo se convierte en el sistema dominante, más y más ejemplos de figuras provenientes del espectro que la narrativa tradicional considera el bando de “los malos”, se posicionan como los nuevos héroes.

De manera cada vez más frecuente encontramos a estos antihéroes que encarnan el descontento generalizado y que terminan aunque sea brevemente, por ocupar un lugar privilegiado en la pirámide sociocultural, aunque su caída sea en la mayoría de los casos, estrepitosa y trágica. Carlito Brigante (Carlito´s Way), Tony Montana (Scarface), Frank Serpico (Serpico), Vito Corleone (The Godfather), Michael Corleone (The Godfather), Travis Bickle (Taxi Driver), Derek Vineyard (American History X) o el mismísimo Alex Delarge (A Clockwork Orange), son claros ejemplos del antihéroe que el cine se ha encargado de recetarnos ante la tremenda confusión imperante creada por un sistema que ha corrompido el concepto del bien común.

Obviamente, en nuestro país esa figura no podía ser ocupada por ningún otro que no fuera el narco. No conformes con la mitificación de la violencia como subproducto de la corrupción, hemos sido testigos del encumbramiento de la figura del narco-bandido como epítome de la justicia social. El narco bueno infalible, justo pero temerario, sanguinario pero solo con los enemigos y con el gobierno, que es humano porque llora y se enamora y se emborracha, pero alejado de cualquier sentimiento que ponga en peligro su “causa” al mostrar debilidad. Un mensaje por demás chueco y torpe que en pos del rating en las televisoras pareciera no tener fin.

Y ante este rebatiña por el lugar de honor del emblema aspiracional del mexicano, olvidamos que la figura del narco en la realidad compite por el primer lugar con la del político mexicano. Y esa es la razón por la cual la balanza de nuestra narrativa nacional carece de equilibrio, pues ambos espectros forman parte del mismo bando, y para el resto de nosotros, en esta nueva historia de héroes y antihéroes nacionales no hay, ahora sí, a quién irle.

Sin embargo, como bien lo mencionó Kurt Vonnegut en una de sus tesis sobre antropología social,  el buen drama solo existe cuando todas las partes tiene la razón. El problema es quizá que hemos olvidado ponernos a nosotros, a los ciudadanos comunes, a los de a pie, en el centro de la historia como los personajes principales, en historias donde podamos decir el asco y la rabia que sentimos y recuperar, aunque sea en la ficción, lo que nos han robado. Quizá si en las historias que nos contamos el resultado fuera diferente, metiéramos a la cárcel a los corruptos, a los narcos y a los políticos, algo podría colarse a la vida real. Por algo se empieza.

Netflix: de la palabra amor y sus derivados


Lente anónima

Por Mariana Mota

Acuñar el término amante exclusivamente a las personas quizás sea un poco reduccionista. Y, por otro lado, dicen que el excesivo uso de la palabra cae en la exageración y el absurdo: el amor es privilegio para personas, o seres vivos; no para objetos. Uno no ama los frijoles, la montaña o los vestidos; pero sí al papá o a la esposa. Y ya no digamos cuando saltamos de una expresión simplona como amo Netflix a una enfermiza como Netflix es mi amante. Yo soy otra de esas tantas enfermas que así lo dirían.

Algunos incluso se apropian de la carga activa de la relación al decir soy amante de los tacos, como si fueran ellos, los individuos, quienes brindan el placer al alimento; a mí me parece que funciona al revés: hacerla mi amante significa que es ella, la plataforma digital en este caso, quien me satisface a mí, mientras que yo pasivamente me dedico a recibir. Evito hacer planes en el exterior, me desvelo, disminuyo mi tiempo de productividad; todo porque sé que algo en ella me va a erizar la piel, o me va a acelerar el pulso, o al menos me va a entretener: efectos que provoca un amante en su amado.

Y como cualquier relación basada en el placer, existen ciertas rutinas sagradas que funcionan distintamente para cada tipología: solteros (que son completamente libres en la elección de su programación y que quizás pasen un tiempo excesivo en la plataforma), casados/arrejuntados (que, aunque puedan seguir programas de manera individual en sus tiempos libres, generalmente se aplastan en la cama o en el sillón juntos, van comentando lo que observan y hacen pausas para los besitos y caricias), roomies (que gozan de la individualidad sin remordimiento y la mezclan con la compañía ocasional o frecuente y recomendaciones del otro). Y como buen amante, también provoca remordimientos: cuando la elección fue azarosa y terrible, o cuando se invierte más tiempo buscando que viendo.

Además de ese ritual sagrado que se genera en el espacio donde reposa la televisión o la computadora, hay relaciones muy íntimas con la pantalla de cada aparato: el universo de posibilidades es tan vasto que, aunque en seis días me puedo echar una temporada completa de una serie que acaban de subir, un par de días después suben trece capítulos más de aquella otra que me eché hace seis meses y cuya historia ya no tenía tan fresca.

Una y otra van desfilando las temporadas (y películas y documentales, por supuesto). Ahorita, por ejemplo, me divierte la quinta temporada de Orange is the new black, y me fascina la primera de Mr. Selfridge (que ya tiene cuatro temporadas pero que apenas descubrí.¡Largo camino por recorrer!). Y mi espíritu ansioso espera la tercera de How to get away with murder, la cuarta de Bates Motel, la segunda de Jessica Jones, la tercera de The affaire, la séptima de The walking dead. Y prefiero dejarme sorprender cuando encienda la televisión y vea las palabras mágicas: nuevos episodios; contrario a muchos que investigan y saben si esas temporadas tan esperadas llegarán, o si el rating no dio para eso. El factor sorpresa aumenta la satisfacción.

El festival de Cannes podrá iniciar guerra contra Netflix, y tendrá sus razones válidas, pero de que es un mejor amante el formato digital, inmediato, multi-sala e igualmente internacional, lo es. Para mí sí, y creo que para otros tantos millones de personas también. Y ya le estoy echando el ojo a HBO: ¡las posibilidades se multiplican y un tiempo valioso escurre en mi sillón!

“Knight of Cups” y las preguntas sin respuesta


De principio a film

POR RODRIGO GONZÁLEZ

Las preguntas

La primer película que vi de Terrence Mallick en pantalla grande fue The Thin Red Line en 1999. La vi en un cine en Monterrey que ya no existe (Cinema Plaza Monterrey) que estaba en la esquina de Avenida Constitución y Venustiano Carranza. La sala estaba vacía excepto por mi y otro par de personas. Después de salir del cine esa noche, preferí caminar a mi casa porque en mi cabeza había nacido una tonelada de preguntas que nunca me había hecho. Aún hoy muchas de esas preguntas no han conseguido respuesta.

Con el tiempo, gracias a las películas de Mallick, este ejercicio se volvió una constante: bajar mentalmente el volumen de todo lo que hay alrededor y entonces permitir que preguntas nuevas o viejas ocupen el primer plano. ¿Qué caso tiene preguntar nada? ¿Quién en su sano juicio votaría por estas personas que aparecen en la boleta? ¿Cuánto ganará realmente el chico que le ayuda al de los tacos a servir los refrescos? ¿Hará ejercicio la persona que se robó mis tenis sacándolos del coche?

¿El chófer de este taxi se acordará de su primera novia? ¿La extrañará? ¿Por qué extrañamos? ¿Por qué nos es imposible vivir sin añorar lo que no tenemos, el lugar donde no estamos o a las personas que no están con nosotros? ¿Por qué cuando logramos lo que queríamos, estamos donde planeamos y lo compartimos con quien deseábamos hacerlo, inmediatamente ya queremos otras cosas? ¿Acaso es falso que el apocalipsis va a llegar y en lugar de eso, vivimos constantemente sumergidos en él?

A veces las preguntas suelen ser verdaderas estupideces, frases colgadas, provenientes de un acontecimiento absurdo que sirven sólo para prolongar un instante de ocio. Otras veces las preguntas van amarradas a cosas como el sonido de caballos galopando, que siempre he asociado con ciertas preguntas que tienen que ver exclusivamente con en el final de las cosas; no del mundo, ni de la humanidad, pero de las cosas, las cosas como yo las conozco, una especie de apocalipsis personal.

El cine cerró y durante muchos años estuvo abandonado. Junto al cine abandonado construyeron un hotel y desde ese hotel, en el año 2010, un grupo de sicarios pertrechados en la azotea y en algunas ventanas de los cuartos, emboscaron un convoy de militares. Yo iba justo detrás del convoy en un taxi, rumbo a una cita de trabajo, y sucedió exactamente lo mismo: desapareció por un momento el volumen de todo al rededor mío, y un montón de preguntas rebotaron en mi cabeza. ¿Qué se sentirá que te den un balazo? ¿Dolerá mucho morirte así? ¿Cuántos son 20 mil muertos? ¿De verdad es la muerte el final de todo? ¿Y si no hay nada después de la muerte, entonces qué carajos importa?

¿Para qué hacemos lo que hacemos? ¿En qué beneficia al mundo? ¿En qué beneficia a nadie escribir un cuento, hacer una película, un poema, tomar una foto, escribir una nota en el periódico, abrazar una causa, ser contador público, político, albañil? ¿De qué sirve? ¿Cómo se traga uno el horror de la violencia? ¿Cómo se supera y se aprende a vivir así, en medio del olor a muerte y a tragedia, si al final no sirve de nada?

El evento del hotel terminó para mi cuando un soldado me sacó de la parte de atrás del taxi y cubriéndome con su cuerpo me llevó hasta la esquina de Venustiano Carranza e Hidalgo y me gritó que corriera. Corrí tanto que llegué a Guadalajara.

¿Respuestas?

Hace unos días vi Knight of Cups, también de Mallick, y ahora fueron las respuestas, algunas puntuales, otras disfrazadas, las que llegaron a mi cabeza: hacemos lo que hacemos por que el mundo nunca va a ser perfecto y de serlo, lo que hacemos entonces no tendría sentido. Esa es la razón para hacerlo.

Y el sonido de los caballos galopando está siempre ahí porque yo soy el jinete en mi propio apocalipsis. Entonces ya no hay nada qué temer.

Mad Max o Mad Mex


De principio a film

por Rodrigo González M.

Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015) se presentó en las pantallas como el más temible y posible futuro distópico para la humanidad: el hombre máquina, el todopoderoso conquistador del mundo vuelve a las cavernas víctima de su propia ambición y su irracionalidad. Ahí el maestro Miller nos cuenta cómo una guerra global deja a la raza humana y al planeta entero el borde de la extinción y la manera en la que, de sus propias cenizas, comienzan a florecer vestigios de una nueva civilización, de una nueva era. A pesar de que esta nueva civilización se acerca sobremanera al núcleo más violento de los seres humanos no deja de ser terriblemente familiar a lo que somos ahora: divididos entre aquéllos fanáticos religiosos, soldados de la fe dispuestos a morir por la causa; los que de alguna manera resguardan el conocimiento científico, lo impulsan y lo difunden, y los que atrapados en medio de ellos intentan sobrevivir.

Acá de este lado, fuera de las pantallas, apenas se anunció el “gasolinazo” en diciembre pasado, la mayoría supimos de cierta forma qué iba a suceder. La distopía, el temor de que nuestras peores pesadillas se hicieran realidad empezó a tomar forma: intuimos las marchas, las protestas, los bloqueos en las carreteras, la toma de casetas y, con todo ello, los abusos policiacos, los atracos, los saqueos, los vidrios rotos, nuestra dosis de caos de enero, la manipulación cibernética, las descalificaciones, los dedos acusadores apuntando a todos lados. Seguimos frente a la computadora para ver sin mover una pestaña la desaparición de Syria, la sonrisa de Putin y su intervención en las elecciones de Estados Unidos, los débiles esfuerzos de la ONU para contener a Israel y sus asentamientos ilegales en Palestina. Si acá ya veníamos arrastrando 10 años de violencia virulenta en todo el país, lo que empieza a pasar en la banqueta de enfrente tiene aires de tragedia. Entonces llegó el nombramiento de Videgaray como Canciller, la próxima toma de posesión de Trump como presidente de Estados Unidos, el dólar a 21 pesos, Duarte riéndose de todos nosotros en alguna playa del mar Caribe.

Desde este punto, ya es fácil imaginar las siguientes escenas para el verano de 2017: en medio de un conflicto menor por un gasoducto en Asia central, Trump aprieta el botón equivocado, entonces Putin llama a la calma pero al dar el manotazo en la mesa, aprieta también el botón equivocado y bueno, hasta aquí la historia de civilización occidental.

Hay gente que sólo quiere ver el mundo arder y hay gente que ve el mundo arder y no hace nada. Pero ganan poderosamente mi atención aquellos que, por dar un ejemplo, piden que para resolver nuestros conflictos consumamos únicamente productos mexicanos, como si el tomate, los huevos, la leche, el pan, las tortillas que se producen en México fueran a transportarse en camiones mexicanos, con gasolina mexicana, en carreteras hechas con maquinaria mexicana y los pedidos se fueran a tomar y registrar con computadoras mexicanas, se fueran a recibir las llamadas de los clientes en smartphones mexicanos, o a recibir correos electrónicos en el servicio mexmail, dar nuestra mejor muestra creativa en 140 caracteres en tuitmex, y todos fuéramos parte de la gran red social conocida como mexbook: todo esto, claro, hecho con tecnología mexicana de punta. Pues no, la verdad es que eso no va a pasar. En el mundo interconectado y globalizado en el que decidimos jugar, los gobiernos que escogimos nos pusieron a bailar con la más fea y la más fea es la que no fue al baile. Es decir, nos robaron. Estamos solos, solos en medio de la pista, haciendo el ridículo en la fiesta de las naciones.

En nuestro Mad Mex la lucha también es por la gasolina y por el agua. También queremos salvar a nuestras mujeres y a nuestros niños, también queremos escapar a ese lugar que es verde y que es promesa y es futuro y es prosperidad. Pero también sabemos que ese lugar se fue hace mucho tiempo, que ya no existe y que la única forma de salvarnos es volviendo sobre nuestros pasos, enfrentar el horror de lo que somos, la vergüenza de lo que no hemos hecho y no hemos querido ser, y abrir la llave para todos. La igualdad es, en este momento, lo único que puede apagar la llama de la indignación social, erradicar la tontería política y cambiar la realidad.

Alejandro Juárez: Héroes a pesar de todo

En el mundo se erige una oleada de fundamentalismos, que insisten en descalificar cualquier cosa que no encaje con su visión, desde el terrorismo de ISIS a las demostraciones de xenofobia de Trump contra los mexicanos y de LePen contra los inmigrantes. Si a esto le agregamos la larga lista de corruptelas de los gobernantes de nuestro país, el panorama luce sombrío. Aún así el planeta gira, el sol sigue saliendo y millones de personas se esfuerzan cada día para hacer su pedazo de mundo un lugar mejor. Leí a fines de 2016 una frase de Antonio Gramsci que me impresionó: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos”. Pareciera que la dijo ayer en lugar de hace 100 años.

En todos las épocas la humanidad ha enfrentado dificultades terribles y han surgido héroes, personas acrecentadas por su capacidad para sobreponerse a la adversidad. Les comparto una breve lista de historias (unas basadas en hechos reales y otras hijas de la pura ficción) en las que, a pesar de la acechante oscuridad, siempre quedan resquicios para la esperanza. Los héroes luchan, son heridos, tienen pérdidas. Pero se sobreponen. Inspiran, siguen adelante.


Maus: Relato de un superviviente

Novela gráfica.

Creado por Art Spiegelman, narra la historia real del padre del protagonista, un judío polaco que sobrevivió a un campo de concentración nazi. La historia se publicó entre 1980 y 1991 en una revista estadounidense, para luego integrarse como un único volumen, ahora disponible en español (llegó a mis manos tras ser adquirido en el Museo de la Tolerancia, en la Ciudad de México).  Las personas en la historia son presentadas como animales (los judíos aparecen como ratones, de ahí el nombre del libro: maus significa ratón en alemán; por su parte los nazis son personificados como gatos terribles) lo que le da una pátina de fábula antigua que no reduce la crudeza de los actos de tortura y homicidio que pueblan las páginas en blanco y negro. La obra ha recibido diversos premios, siendo la primera novela gráfica en ganar el Pulitzer

Ajin

Animé

Una serie en dos temporadas (la primera estrenada en enero de 2016) que se centra en los Ajin, humanos incapaces de morir, que son encarcelados para ser asesinados una y otra vez como parte de experimentos para descubrir nuevos medicamentos. El protagonista, Kei Nagai, es un chico que descubre su capacidad de resurrección al ser aplastado por un camión, tras lo cual debe escapar y/o enfrentarse con la policía, agencias de gobierno, guardias privados, soldados, caza-recompensas y otros ajin, que desean imponer un orden en el que ellos dominen la vida pública. La paranoia y la hostilidad de los medios de comunicación y la población general completan un cerco brutal del que parece no logrará escapar. Dirigido por Hiroyuki Seshita. Disponible en Netflix (temporada 1).

Los usurpadores

Novela

Jorge Zepeda construye un thriller político efectivo, que mueve al lector a pasar las páginas con rapidez capítulo tras capítulo, para develar el trasfondo de un asesinato masivo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Nada de spoilers en esto: la masacre ocurre en las primeras páginas, como detonador de la trama, por la que desfilan una prostituta reformada, políticos corruptos (aunque suene a pleonasmo), un tenista en el declive de su carrera, un trío de violentos ex agentes de la CIA, un sicario con arranques de cursilería, Salma Hayek, el cadáver de un premio Nobel, una banda de narcos y Los Azules, un cuarteto de amigos que intentan cambiar el derrotero de México desde sus respectivas trincheras: un periódico, una publicación en línea, una cátedra universitaria y una agencia de inteligencia privada. A pesar de la obvia ficción, el país que el autor (director de varios medios de comunicación y conocedor del entramado político mexicano) dibuja es, por momentos, estremecedor. Difícil salir vivo de ese pantano, o al menos con el plumaje sin manchas.

The walking dead

Cómic

A pesar de la popularidad de la serie del mismo nombre, transmitida por AMC, el cómic posee cualidades inigualables, al retratar la metamorfosis de un agente de policía (que comienza como el típico bueno-buenazo) que debe sobrevivir y proteger a su familia en un mundo dominado por muertos que caminan. No sólo eso: muerden y destrozan, son capaces de unirse en manadas inacabables, que a pesar de su lentitud no descansan nunca, a diferencia de los humanos a los que cazan. Varios sucesos de la historieta son tan fuertes que fueron suprimidos de la serie de televisión, tanto en lo relativo al infame Gobernador como al asalto a la cárcel y la muerte de varios personajes. Robert Kirkman (escritor) y Charlie Adlard (dibujante) nos entregan un mundo terrible, en el que cada día requiere un enorme esfuerzo para sobrevivir sin perder la esencia del ser humano. ¿Lo conseguirán Rick Grimes y su grupo?

El código Enigma (The imitation game)

Película

Un soberbio film de suspense del 2014, centrado en la figura de Alan Turing, un genio criptógrafo que junto con un reducido grupo logró descifrar los códigos de la máquina Enigma, utilizada por los nazis (sí, otra historia que transcurre durante la II Guerra Mundial). El artilugio alemán llegó a considerarse infranqueable durante años. El filme retrata las tensiones al interior del grupo, las presiones del gobierno inglés, los engaños dentro del propio sector de aliados y los dilemas morales que representó el rompimiento de los ansiados códigos secretos. Narrado en tres líneas temporales diferentes, somos testigos de las luchas internas de Turing, un genio hermético y en apariencia arrogante, que esconde secretos inconfesables para la época. La actuación de Benedict Cumberbatch es espléndida (nada que ver con su desempeño en Doctor Strange) aunque el final de la historia nos deja un sabor ambivalente, entre la tristeza y el gozo.

Prague race

Webcomic

http://www.praguerace.com/comic

Para los que gustan de mundos extraños, plagados de trolls que se disfrazan de humanos, tiburones terrestres que crecen a voluntad, mujeres-lobo que cuentan chistes malísimos, muchachos que hacen brotar esculturas del suelo con su canto, magia embotellada y una ciudad que flota por lo cielos, albergando fiestas espléndidas. Los tres jóvenes protagonistas son arrancados de cuajo de sus vidas al interactuar con seres de esa otra realidad, en una carrera contra el tiempo para evitar que un monstruo parásito drene la vida de Leona, una chica de impulsos enormes, inabarcables. El arte de Petra Erika Nordlund es fenomenal, lo mismo que su guión. www.praguerace.com/comic

Capitán Fantástico

Película

Para cerrar con una nota luminosa, este filme dirigido por Matt Ross con Vigo Mortensen en el papel de un padre como quisiéramos ser: atento, retador, impulsor de la vida al aire libre y de la independencia económica y de espíritu, al grado de vivir con sus cinco retoños en el bosque, alejados de la vida moderna, a la que deben retornar para cumplir la última voluntad de su esposa recién fallecida. Para hacerlo deberá enfrentar, junto con sus hijos, un conjunto de prejuicios sociales, el más fuerte proveniente de los familiares, que reprueban la forma en que los chicos son educados. Un interesante contraste entre dos formas de percibir el mundo: a través de las posesiones materiales o mediante el desarrollo personal. Sin poses moralistas y con mucho humor negro, la cinta se desenvuelve con facilidad y sin finales fáciles. Muy recomendable.

 

 

 

James Nuño: El combustible para calmar a la bestia

Voy por el tercer Jack mientras veo el mar ir y venir en espuma. Por fin me decido. Recorro el timeline de Facebook en busca de los hitos del 2016, pues tengo la peor memoria de mi generación. Rescato algunas frases y fotografías, pero me doy cuenta de algo: fue un año de encierro y de enfoque en el trabajo. Fui sólo un puñado de veces al cine, descubrí poca música nueva y los estrenos editoriales prácticamente se limitaron a los de casa. Eso, aunado a los terribles acontecimientos políticos y sociales acaecidos durante todo el año, dificulta la elaboración de un listado de lo mejor de lo mejor. Sin embargo, acá va un ejercicio de reflexión sobre aquellos productos, lugares o tendencias (no necesariamente estrenados en 2016) que influyeron de manera positiva durante el transcurso de 365 días.

 


1. El combustible. Parte I.

Tiendas como Vinísfera y  La Contra, e incluso Vinos Américas con su selección de vinos del mes, han dado un impulso a los vinos mexicanos. Juguete, los Madera 5, los Monte Xanic o las variedades de Santo Tomás y Casa Madero fueron para mí este año un gran descubrimiento por su apuesta de varietales y diseño. Con ellos he comenzado una rutina de ir a la tienda de vinos y, como en la librería, recorrer los estantes para probar algo nuevo.

2. Para calmar a la bestia.

Quien me conoce sabe que mis gustos musicales son por demás eclécticos: desde Metallica y Tool hasta Emmanuel y Raphael, de Pedro Infante y Los Ángeles Negros hasta David Bowie y Jungle. Sin embargo, lo que más me impresionó este año fue Valentina Lisitsa y sus monstruosas manos. Digo «monstruosas» por impresionantes, por surreales. Verla tocar el piano es un deleite audiovisual: el sonido, su rostro apasionado, los dedos que se mueven de manera independiente, como con vida propia… todo ello hace pensar que hay personas que son más que humanas.

3. La interweb.

A pesar de la gran y terrible impresión que me causó el tercer capítulo de la tercera temporada de Black Mirror, las series que más me gustaron fueron Better Call Saul, Rick and Morty, Gravity Falls y Don’t Hug Me I’m Scared. La primera, por la continuación de un gran relato bien construido con personajes entrañables, y la excelente actuación de Bob Odenkirk. Las dos siguientes por tomar referentes culturales icónicos y transformarlos en animaciones con tramas divertidas e inteligentes. La última, finalmente, por mantenerme durante semanas consternado acerca de lo que acababa de ver.

4. La pantallota.

Creo que fui al cine un total de cinco veces en el año. De esas destaco, primero, por fanboy, Rogue One, y después The Witch, una película de terror excelentemente construida, con un manejo del lenguaje (oral y visual) efectivo.

5. La pantallita.

Tengo años sin ver televisión, salvo para ver los partidos de la NFL. De lo que sucede ahí me entero por la maravilla del YouTube. Este año quedé maravillado con Jimmy Kimmel, su sidekick Guillermo y su equipo de guionistas. No sólo el tipo es hilarante, sino que además sus gags y productos audiovisuales, es decir, todo aquello que no son las entrevistas a las celebridades, son sumamente inteligentes, al grado de llevar el humor a la experimentación social. Para ello baste ver videos como Hey Jimmy Kimmel I told my kid i ate all their halloween candy, Judge James o las bromas del primo Sal.

6. El combustible. Parte II.

Tengo mi cantina mágica de preferencia, Paco’s, en Santa Tere, en la cual hay que ir a comer por lo menos una vez a la semana, particularmente los viernes que se sirve ya sea chamorro o birria, según indique el calendario. Ahí se puede echar buen trago y buena charla con los parroquianos o César, el dueño. Es como la segunda casa. La otra opción, de por lo menos una vez al mes, es Sudestada: un asado argentino con cortes deliciosos y un servicio de primera. El descubrimiento fue Filipo: restaurante italiano en el que, en palabras del dueño, se vive la experiencia toscana. Pocos platillos pero no se necesitan más.

7. Lo obligado.

Al dedicarse a la escribida, se espera que uno haga su top 10 de lecturas del año, ejercicio que encuentro sesgado, tedioso y chapucero. No pienso hablar de grandes libros como ¡Canta, herida!, Las conspiraciones fallidas o Los demonios de la sangre porque sería igual de tendencioso que aquellos que hacen sus listas exclusivamente con el material que les pasan sus amigos o las editoriales que les mandan libros cada inicio de mes. Por el contrario, hablaré de dos que leí a principios de año y que, curiosamente, no son ficción: La fábrica del lenguaje y 101 experiencias de filosofía cotidiana. El primero, escrito por Pablo Raphael y finalista del Premio Herralde de ensayo 2011, hace un gran trabajo de exposición sobre los movimientos literarios y editoriales de Hispanoamérica de este siglo. El segundo, de Roger-Pol Droit, fue merecedor del primer premio al libro mejor editado en 2015. Y con razón. No sólo es bellísimo por su edición y las ilustraciones hechas por Olga Capdevila, sino que cada una de estas lecciones, desde comer una manzana hasta el acto de orinar, son una reflexión sobre lo cotidiano, aludiendo a aquella frase que dicta que todo acto humano tiene significado.

 


Termino el cuarto Jack y me quedo sin palabras. El sol cae y yo estoy convencido de que no tengo nada más que decir. Por ahora. Es momento de abrir la botella de tinto y brindar por un año mejor: por un buen vino, por grandes lecturas, por historias memorables.

¡Salud!

Edna Montes: Algunas buenas historias que me dejó 2016

Es un clásico que los autores recomienden libros. A menudo asumimos que como lectores voraces y “base del oficio” esa es la zona en la que somos “expertos” o cuando menos, algo sabemos.  Yo creo que más allá de la continua batalla contra el bloqueo, la búsqueda de la idea genial o de la palabra precisa somos, ante todo, contadores de historias. Por eso les traigo esta lista de todo menos libros per sé. En 2016 hubo varias narrativas que me hicieron llorar, reír, sentir inquietud y sobre todo desear continuar a la caza de nuevas historias y formas de contarlas. Sin más preámbulo he aquí mis consentidos ( elegidos de forma totalmente arbitraria y visceral; sin orden específico):


Nimona

Cómic

Esta novela gráfica surgió como un web cómic de la mano de su autora: Noelle Stevenson. Comencé a leerlo nada más comprarlo y ya no pude soltarlo hasta terminar. En buena parte porque es una lectura muy ágil pero más que nada porque me atrapó desde el principio. No sólo cuenta con una heroína la cual rompe con muchos de los estereotipos del género (que tampoco está muy definido porque es una mezcla de fantasía y ciencia ficción bastante peculiar), también rompe con la forma en que normalmente percibimos a los villanos de ficción. Esta combinación de aventura, acción y humor es ideal si están buscando giros de trama inesperados, así como una forma fresca de contar historias.

Orange

Anime

Este anime adaptado del manga de Ichigo Takano comienza cuando la protagonista, Naho Takamiya, de 16 años recibe una carta  de sí misma desde el futuro. La Naho de 26 años le pide a la joven cambiar todos los hechos por los que vive arrepentida, en especial lo ligado al misterioso Naruse Kakeru a quien acaba de conocer. La historia se va construyendo con pedazos del futuro y presente del grupo de amigos de Naho, cada pequeña pista encaja como en el mejor de los thrillers. Además, nos recuerda las emociones con las que nos enfrentamos al crecer, cambiar e ir dejando atrás cosas. Esta historia me encanta por lo fácil que es identificarse con los conflictos de los protagonistas a la vez que invita a la reflexión de temas complejos y nos hace cuestionarnos nuestras elecciones de vida.

Penny Dreadful

Serie

Aquí hice un poco de trampa, esta serie inició en 2014 pero emitió su última temporada en 2016. El título hace referencia a la publicaciones de terror que vendían en Inglaterra durante el siglo XIX, el precio por fascículo era de un penique. En esta historia confluyeron muchos de los monstruos clásicos victorianos como los vampiros, hombres lobo y brujas. También personajes literarios como el doctor Frankenstein y su criatura, Drácula o el mismísimo Dorian Gray. No tengo más que elogios para esta serie: el vestuario es perfecto, la ambientación también y las actuaciones supremas. Si uno está en busca de algo aterrador pero que explore la humanidad, el miedo y la complejidad de los personajes al mismo tiempo que rinde honores al terror del siglo XIX, Penny Dreadful es la serie indicada.

Dramaworld

Dorama  (o algo así)

Este original de Netflix es protagonizada por Claire Duncan, una universitaria obsesionada con los dramas coreanos. Claire se ve transportada a Dramaworld, un universo donde existe un “facilitador”, un personaje externo que debe observar que todas las reglas (cof, cof clichés, cof, cof) de la historia se cumplan hasta llegar al esperado final feliz. El resultado es un uso de las meta referencias que puede ser verdaderamente hilarante sumado a la torpeza de la protagonista. Esta serie es ideal para pasar un buen rato, reírse mucho y admitir tu placer culposo por los dramas asiáticos.

Final Fantasy XV

Videojuego

Esta es la entrada más visceral de mi lista. No cabe duda de que Square Enix cada vez pule más y más su joya de la corona: los Final Fantasy. Esta entrega no es la excepción, desde los gráficos hasta la música, cada detalle de la producción está bien cuidado. Esta vez, los creadores nos meten en la piel de Noctis, heredero al trono del Lucis, que se ve involucrado en una repentina guerra entre su país y el reino adversario de Niflheim. Cuando al príncipe se le da por muerto este debe embarcarse en una misión no sólo para salvar su reino sino para evitar “La Plaga de la Estrella”, un fenómeno que causa que el mundo quede sumido en la oscuridad. Lo sé, suena a cliché de fantasía y me importa un pepino 😉 Es hora de tomar la aventura en nuestras propias manos para disfrutar de la narrativa que esta entrega de Final Fantasy nos ofrece.

Rodrigo Chanampe: Pantallas para iluminar la realidad

Fue un año complicado. En 2016 la muerte volvió a mostrarme su capacidad para colmarnos de ausencia. Pero ahora es tiempo de listas y recordar que el arte también nos acompaña en las estaciones dolorosas. En cuanto al cine, comparto a continuación las doce películas que más disfruté en las salas cinematográficas.


1. Spotlight

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Tom McCarthy

En ocasiones el Óscar reconoce películas de calidad cuestionable, Argo es un ejemplo reciente. Sin embargo, con el filme de McCarthy existió una sensación de entregar el premio como Mejor Película a las manos correctas. Destaca el trabajo actoral de todo el elenco. Cinta que denuncia las atrocidades de los sacerdotes pederastas, así como la mafia existente en la Iglesia Católica. Tras verla se nos permite creer, aunque sea por un instante, que la justicia es posible.

2. The hateful eigth

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Quentin Tarantino

Amo a Tarantino a pesar de que no todas sus obras se encuentren al mismo nivel para la crítica. En este caso no logra la maestría de Pulp Fiction o Inglorious Bastards, pero mantiene lo importante en un autor: el estilo. Lo genial de The hateful…es el movimiento de cámara para brindar amplitud y suspenso en espacios reducidos. Un western violento y de guión seductor. Para Quentin la muerte siempre debe ser endulzada con risas.

3. Deadpool

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Tim Miller

No me avergüenzo de colocarla en esta lista. Me reí sin frenos. Valoro la honestidad y la cinta puede presumir de esta característica. Desde la secuencia de créditos nos avisa que no se tomará en serio. Dirigirse al espectador, las referencias a otros superhéroes y el atrevimiento le brindan personalidad. Deadpool demuestra que los millones no siempre son suficientes para sobresalir; en ocasiones basta con amor a un proyecto.

4. Room

Año: 2015
País: Varios
Director: Lenny Abrahamson

Una historia que pondera la fuerza de la imaginación. Tal vez se puede ser feliz en un espacio limitado si nos habituamos a él y nos dedicamos a quererlo. El verdadero conflicto de dos personajes encerrados, una madre y un niño, no reside en escapar sino en adaptarse a la libertad, al terror de lo desconocido. Al final de cuentas nuestro planeta es otra diminuta habitación con sus propias paredes y monstruos. La cinta transmite lo anterior gracias a un guión preciso, sin prisas, preocupado por construir momentos poéticos más que intensidad argumental.

5. Le nouveau

Año: 2015
País: Francia
Director: Rudi Rosenberg

 

Siempre es difícil ser el nuevo en una escuela. La encrucijada de Benoit radica en tratar de convertirse en un chico popular, conseguir la aceptación o ser relegado al grupo de aquellos que son considerados perdedores. La obra se goza gracias a la naturalidad con la que fluye el guión y el encanto de personajes destinados a unirse porque ser uno mismo es lo único que nos resta en la sociedad de la pretensión.

6. Truman

Año: 2015
País: España/Argentina
Director: Cesc Gay

Supongo que vi esta película en el momento correcto. Cuando la palabra cáncer no me era tan común. Ahora me costaría mucho más enfrentarme a ella. Pero independientemente de la situación por la que se atraviese, la obra logra conmovernos sin necesidad de manipular. Un viaje de dos amigos (interpretados por Ricardo Darín y Javier Cámara) que se despiden del pasado e intentan resolver los asuntos pendientes. Entre tanto pesar, Truman cuenta con un lugar para las sonrisas. Hay ocasiones que es mejor dar la batalla perdida y disfrutar de los últimos minutos en el terreno de combate.

7. Youth

Año: 2015
País: Italia
Director: Paolo Sorrentino

No se trata de una obra a la que sólo le interese narrar un argumento. La película de Sorrentino no habla exclusivamente de sus personajes, se centra en la vida misma. Un filme que busca comunicar su discurso a través del lenguaje que le es exclusivo al cine. Más allá de los diálogos o el conflicto narrativo, la sinfonía de imágenes pretende acariciar la reflexión sobre lo realizado a lo largo del camino, lo que aún se puede hacer, así como las alegrías y arrepentimientos que coleccionamos en nuestra existencia.

8. The Witch

Año: 2015
País: Estados Unidos
Director: Robert Eggers

Un filme que rompe con lo acostumbrado en el cine de terror de los últimos años; no se preocupa por asustar y conmocionar al público con sonidos estridentes y apariciones inesperadas para el espectador. La obra es incómoda por su mundo narrativo, por su historia acerca de una familia desterrada, siendo presa de la ignorancia, de una religión, de ese Dios castigador… No es necesariamente el Diablo quien provoca las tragedias, sino creer en él. Una cinta que por momentos parece estar guiada por el susurro de Bergman en el oído de Eggers.

9. Hail, Caesar!

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Ethan y Joel Coen

Delicioso homenaje al cine de los años cincuenta. El western, la comedia romántica, los musicales, las películas épicas, el mismo cine negro. A esta obra de los Coen, quizá la crítica no la considere una de las mejores, pero en ella se demuestra la pasión por el séptimo arte. Una reflexión sobre la industria, los críticos, Hollywood como un debate de ideologías. Otra joya en la filmografía de los Coen que los reafirman dentro de los clásicos del cine norteamericano.

10. The neon demon

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Nicolas Winding Refn

La película es un juego de espejos. Encontrarse en un reflejo para existir. El mundo del modelaje es desnudado para mostrar su lado más cruel. La belleza es algo que se consume y al hacerlo se desgasta. La inocencia no tiene escape, es una especie en extinción. Winding Refn se apoya en otra genial banda sonora, en silencios y en atmósferas que recuerdan a Lynch para expresar lo efímero de aquello considerado hermoso.

11. Café Society

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Woody Allen

Allen es uno de los directores y guionistas más brillantes en la historia del cine. Prolífico y capaz de seducirnos con sus recurrentes preocupaciones. Aquí, instalado en el Hollywood de los treinta y mediante una fotografía cálida, retrata la oposición entre Nueva York y California. Dos soñadores orbitando el glamour, en especial un joven impactado por una chica a la que considerada la mujer de su vida. Allen construye un triángulo amoroso para salpicarlo con su humor acerca de las relaciones, Dios y los judíos; pero en especial intenta demostrarnos que a veces es imposible lograr los sueños y sólo nos resta convertirnos en lo que alguna vez odiamos.

12. Arrival

Año: 2016
País: Estados Unidos
Director: Denis Villeneuve

Con este filme se confirma la maestría del director canadiense. Una obra en donde más allá de la llegada de extraterrestres, el verdadero conflicto se centra en el entendimiento de los demás. La capacidad de comprender al otro como único medio de salvación. Por otra parte, visualmente la película nos deslumbra con su elegancia y sutileza. No hay elementos que sobren y Villeneuve huye minuto a minuto de lo que se cree necesario para complacer al gran público. Defiende la estructura de su historia sin simplificarla. A lo igual que en Enemy, impacta alejado de los artificios.

Cecilia Magaña: Mash-ups, extraterrestres, fotografías, salchichas y pianolas

Siempre es complicado hacer listas de “Lo mejor del año”. Aunque todos sabemos que la selección es subjetiva, leemos y pensamos: “no, no es cierto, eso no fue lo mejor del 2016, para mí lo mejor fue…” Y bueno, ahí se nos acaba el teclado (sin nos ponemos en plan troll) o se nos va la vida (si el tema sale en alguna peda en la que todo mundo termina peleado).

Lo cierto es que para armar esta lista he pensado en esas obras que quizás ni siquiera son novedades pero sí me sirvieron este año para hacerme ver algo desde otro punto de vista y para hacerme preguntas. Así que aquí va mi lista, cuyo orden no va de menos a más y que abarca historias en diversos formatos (series, cine, literatura y música) y no está compuesta por diez, sino por trece historias porque es un número que me gusta y porque de verdad lo intenté, pero en lugar mientras más hacía memoria, la lista crecía y crecía.


West World

Esta serie de HBO logró hacer un mash-up de dos temas que parecían irreconciliables desde la terrible Cowboys and Aliens: el western y la ciencia ficción. Inspirada en el guión cinematográfico de Michael Crichton, Jonathan Nolan y Lisa Joy escribieron un guión que si algo despierta son, precisamente, preguntas: ¿cuál es nuestra verdadera naturaleza? ¿cuál es el camino a la consciencia? ¿qué papel juega la memoria en la construcción de nuestra identidad? Una lección sobre cómo contar historias redondas con vueltas de tuerca que no dependen de la sorpresa, sino de algo más cercano al asombro: ese que nos hace sentir chiquitos y que seguramente experimentaban los espectadores al salir de una buena tragedia de Shakespeare allá y entonces, cuando era novedad.

River

Una de esas maravillas de Netflix que en tan solo seis capítulos da clases sobre cómo hacer un policíaco. Otro mash-up con elementos de thriller psicológico y sobrenatural; donde nadie es lo que parece (como en las buenas novelas negras), y los peores fantasmas no son los de los muertos, sino esas verdades que no se dicen en voz alta. El buen Stellan Skarsgård me hizo reír y llorar con su actuación. Seis horas nalga muy bien invertidas.

Stranger things

Otra de Netflix que me recordó todo eso que me apasionaba de niña en el cine de Spielberg. Ocho horas que hacen una relectura de las historias que formaron a generaciones de creadores. Una prueba de que, si como escritores contemporáneos no terminamos de reconocer el intertexto, el juego con el material de otros y con la cultura popular, en medios audiovisuales (donde los derechos de autor son un tema que se trata con pinzas) ya lo tienen más resuelto o al menos no la hacen tanto de pedo.

La bruja

No, no es una película de terror aunque así trataron de venderla. Esta historia con una fotografía maravillosa y un guión basado en extractos de juicios reales a personas acusadas de brujería, sí me puso nerviosa pero no por lo que yo esperaba. Vivir deliciosamente y probar el sabor de la mantequilla se convirtieron, gracias a Black Phillip (la mejor interpretación del demonio que he visto hasta ahora) en una promesa cuyo precio es entregar el alma, la vida… como si la pobre protagonista, tuviera la posibilidad de decidir. El destino, el libre albedrío, la religión, todo se cuestiona en esta historia que es más una metáfora que una historia de horror. Al menos hasta que te enteras que los de la Sociedad de Satanistas de Norteamérica picharon buena parte de la peli.

Arrival

Una película de extraterrestres cuyo centro no son los extraterrestres, sino la vida como una decisión con todas sus consecuencias. Sí, tiene huecos argumentales. No, no es perfecta. Pero es mi lista y aquí está. El cuento en el que está inspirado, titulado “La Historia de tu Vida”, del libro homónimo de cuentos escrito por Ted Chiang tampoco tiene madre. Así que si no les gustó la peli (y una de las versiones más curiosas de cómo podría verse un extraterrestre), lean el cuento.

La fiesta de las salchichas

Porque también me gusta lo profano y quien la vio, entenderá. Crítica y políticamente incorrectísima. De verdad no me permitió volver a ver  la comida de la misma forma.

La langosta

No me gustó la primera vez que la vi en una de las muestras del Cineforo pero luego la volví a ver para una clase y terminó fascinándome. Descubrí (tonta de mí) que el director de verdad desea que el espectador viva la experiencia y tome una decisión sobre el desenlace. Situada en un mundo en el que la gente está obligada a vivir en pareja o convertirse en animal (para ver si como otra especie tiene mejor suerte), toca una serie de absurdos con un delicioso humor negro y el valor para ser cruda cuando se necesita. Cuestionadora independientemente del grupo al que uno pertenezca: al de los emparejados, los solitarios o los francamente animales.

Swiss Army Man

Traducida al español como “Un cadáver para sobrevivir”, toma toda una serie de tabúes como la escatología, el vouyerismo, la homosexualidad y la necrofilia para contar una historia de supervivencia (y ojo, que sobrevivir no es aquí conservar la vida, sino vivirla). Con un humor sucio y momentos sumamente mágicos, esta historia me invitó a pensar qué es lo que consideramos como normal, qué tanto hemos sacrificado de nosotros mismos por pertenecer, entre muchas otra cosas. Una historia valiente y conmovedora que me hizo sentir a ratos un poquito de asco (lo de la escatología no es broma: mi recomendación es comer antes o después de verla…y si son muy quisquillosos, mejor después).

El Zorro Ártico

Del autor islandés Sjón (que también es poeta y ha colaborado con Bjork, así que es uno de esos hipsters con mucho swag). Una novelita corta editada por Nórdica que, aunque está carísima, valió cada peso de los 380 que pagué. Inspirada en una leyenda regional, intercala dos historias: la de un hombre de fe, obsesionado por cazar a un zorro ártico; y la de un hombre de ciencia que se despide de una mujer excepcional, llamada Abba. Ambas historias se relacionarán hacia el final. Escrita en capítulos breves, como postales, el Zorro Ártico tiene tanta poesía como humor, tanta filosofía como magia, casi como si fuera uno de esos viejos clásicos que podrían terminar en un ladrillo, pero Sjón desarrolla en tan solo 126 páginas.

Aquí

Una novela gráfica de Richard McGuire en la que el espacio que habitamos es el protagonista: un departamento es visto a través del tiempo, desde el lugar en el que fue construido en la era de los dinosaurios, hasta hoy. Los tiempos, los habitantes, las palabras que en ese espacio se dijeron, se intercalan en un experimento visual que me hizo pensar en el lugar que habito hoy; en la memoria de los espacios.

La Noche de la Usina

De Eduardo Sacheri cambió por completo mi impresión de los Premios Alfaguara de novela. Al menos este no termina en una revolución latinoamericana con escenas sexys intercaladas con uno que otro fenómeno cercano al realismo mágico. No, señor. La novela es una de esas historias donde se organiza un gran robo, uno que parece imposible, pero no como lo harían los de Ocean’s Eleven, sino un grupo de viejos que habitan en un pueblo olvidado por el progreso, en plena devaluación. Una de esas aventuras al más puro estilo de las películas de los cincuenta. Sacheri, además, demuestra tener estilo y no solo buenas relaciones; toda una sorpresa.

El Hogar de Miss Peregrine para Niños Peculiares

De Ransom Riggs es un artefacto, más que un libro. Un juguete que combina la narrativa escrita y la visual. Lo que le hicieron Tim Burton y compañía es una mentada de madre. Pero si quieren conocer este mundo creado por un coleccionista de fotografías antiguas y raras, y jugar el juego de darles un sentido dentro de la historia de un adolescente que descubre un mundo nuevo, se enamora de la chica que amó a su abuelo y se enfrenta a momentos lo suficientemente oscuros como para ponerte nervioso, incluso como adulto, de verdad vale la pena.

Ramin Djawadi

El compositor de la mayoría de la música de GOT merece en mi lista una mención aparte por el score que hizo para West World. Beso las patas de los fundadores de Spotify y me declaro llena de agradecimiento porque han subido la música completa, que incluye las piezas originales de Djawadi (combinando lo épico de la cadencia western, el piano y los violines con arreglos electrónicos y ruiditos que remiten a la experiencia de los androides de la serie), además de esas adaptaciones al piano que los espectadores esperábamos descubrir cada episodio en la pianola del Bar Mariposa: Black Hole Sun, No Surprises, Back to black, House of the Rising Sun y dos rolas que se cuecen aparte (ya con toda la orquestación épica de los Spaghuetti Westerns); su adaptación de Paint it Black y Exit Music (For a Film). Un sountrack para imaginar nuevas historias este 2017 que ya está aquí, a la vuelta de la esquina. A ver qué nos cuenta.

Para los que gusten conocer un poco más de Héctor G. Oesterheld, protagonista de “Continuum“, pueden mirar el siguiente documental:

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