Etiqueta: prensa (página 1 de 3)

La literatura la vivo de la manera más egoísta del mundo


Conversación con Abril Posas,
autora de El triunfo de la memoria


1. ¿Qué es para Abril Posas la escritura? ¿Para qué escribes?
Cuando escribo me siento como un ingeniero, un arquitecto: estoy creando un mundo en el que las calles tienen la dirección que yo planeo, el sol se pone como lo imagino y vive la gente que yo quiero. No me siento como un dios, porque no lo veo como un teatro para mis marionetas; me gusta pensar que levanto una construcción para que alguien más lo habite o encuentre puertas para abrir otras posibilidades.

2. ¿Desde hace cuánto te dedicas a la escritura?
Desde hace mucho tiempo me dije que me dedicaría a escribir. La primera vez que lo dije en voz alta tenía una percepción muy romántica del oficio, y ahora hasta pena me da admitir lo que creía que sería mi vida en este momento. Pero sí diré que por eso estudié letras (error). La primera vez que lo sentí como algo real fue cuando firmé un contrato para una beca, pero pasaron años y en 2011 un amigo muy querido me dijo “¿Cuándo te vas a tomar esto en serio?” Ha sido un recorrido desde que estaba en la secundaria, pero que poco a poco se ha hecho más fuerte.

3. ¿Cuál es la “historia secreta”, si es que hay una, detrás de El triunfo de la memoria?
No hay ningún secreto, realmente. Hay extractos de mi vida, porque soy tramposa y es más sencillo tomar ciertos aspectos de mi propia memoria que, pienso, ayudan a una historia que tal vez no tiene mucho qué ver conmigo. Eso sí: no me aguanté y les hice homenaje a los personajes que más cerca tengo de mi tripa: mi madre, mi padre, The Smiths y aquel bar en donde me sentí en casa hasta en los días más tristes de mi segunda adolescencia. Todo lo demás es anécdota al servicio de una trama que me interesa más que el recuerdo mismo.

El triunfo de la memoria, #HistoriasSinSpoilers

4. En los cuentos de este libro encontramos cierta nostalgia dolorosa acompañada con dosis de cinismo, personajes con rabia contenida (a veces no tan contenida), pero que generan empatía, incluso ternura. ¿De alguna manera esto refleja tu visión del mundo?
He tenido que vivir con dos aspectos de mí misma, que me cuesta admitir que existen al mismo tiempo. Por un lado, no soporto a los que dicen que “si los lunes no te gustan, lo que está mal es tu vida” o “el éxito es de quienes se atreven a fracasar”. ¡Ugh! Pero al mismo tiempo, no le creo a los que dicen que extrañan ser infelices. Supongo que hay más de mí en este libro de lo que pensaba, porque claro que este mundo es más valle de lágrimas que escenario de TED Talk para levantarle el espíritu a alguien que, quizá, merece y quiere sufrir. Y también es el mundo en el que hay gatos: para mí es suficiente para intentar salvarlo.

5. ¿Eres de los autores que tienen planeada la estructura del libro de principio a fin, o de los que dejan que los personajes “vivan” y “decidan” cómo terminar su historia?
Alguna vez quise jugarle al vergas (¿a la vergas?), así que me senté, abrí un nuevo documento de procesador de textos en blanco y empecé a escribir sólo con el inicio de un argumento, quesque pa’ ver a dónde me llevaba. Fracasé miserablemente. Ahora pienso, tomo notas y, hasta que no sepa cómo va a terminar, no escribo el texto. Es cierto que una vez que encuentro el ritmo la historia da sus propios saltitos, me envía guiños que le permito conservar, pero al final sé dónde van a terminar todos, aunque intenten —y logren— dar giros espontáneos. No sé si madurar es dejar que la historia dicte su propio camino; quizá algún día aprenda a hacerlo de ese modo.

6. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para el momento de enfrentarte a la página en blanco?
Escribo mejor cuando estoy sola o logro aislarme de todo lo que está pasando. Debe haber audífonos (aunque no haya música), cigarrillos y, durante un tiempo, pensaba que una cerveza era importante. En realidad sólo necesito el aislamiento y el tabaco y, de ser posible, un gato que me vigile porque me da por perderme en páginas de Internet que ya no tienen qué ver con lo que estoy haciendo.


Escucha el soundtrack de El triunfo de la memoria


7. ¿Qué obras (literarias, musicales, cinematográficas) te han dejado huella? ¿Qué artistas consideras cómplices?

Yo soy de los idiotas que malinterpretaron las canciones de The Smiths y nos formamos sentimentalmente con ese hermoso error. Por eso me gustan tanto The National, PJ Harvey, Nick Cave, Tori Amos, The Cure y Radiohead son de los que no se me apartan jamás, y la Shirley Manson de 1995 la tengo quemada en el cerebro.

P.T. Anderson y Sophia Coppola (a pesar de ser tan, pero tan blanca), Charlie Kauffman, Seinfeld, los hermanos Nolan, Tarantino, Los Simpson (¿es triste que no hable de sus escritores ni directores, sino sólo de los personajes? No): he querido ser como ellos en distintas ocasiones y siempre me dan (bonito) en la madre. Mi nuevo héroe es Dennis Villeneuve. Luego están Cortázar, Fitzgerald, McCullers, Cheever, Hornby, Melville, Zweig, Stamm, Garro, y sé que olvido muchos otros, pero ellos siempre me saltan en la cabeza.

8. ¿A ti te ha salvado la literatura? ¿Te ha servido para algo?

La literatura es algo que vivo de la manera más egoísta del mundo. He dejado de comprar cosas para otros por tener un libro nuevo. He dicho más de una vez no a alguien para leer un libro. No he ido a reuniones para escribir un cuento. Ha sido muy fácil mentir con que estoy ocupada con tal de evitar la interacción humana y disfrutar unas páginas. Pero también me ha regalado conversaciones con amigos, coqueteos con gente que ya no topé de nuevo —y todo por no preguntar un nombre—; hizo puentes con personas que veo una vez al año con el mismo cariño con el que abrazo a los que viven conmigo. Me ha dado de comer y, con toda la sorpresa del mundo, le enciende los ojos al barbado-cuatro-ojos que más me gusta. ¿Pero que me haya servido para algo? Buena pregunta.

9. ¿Qué más hay en tu vida, además de la escritura, que te apasione?

Dibujar y dormir. Las series de televisión. Los gatos. Y dormir de nuevo. Pero antes de todo eso, me gusta escribir. Es la verdad.

 

Fotografía de la autora: Ana Lorena Méndez

 

No soy una autora cómoda

1. ¿Cuál es la rutina para escribir de Cecilia Magaña?
Mi rutina para escribir es, generalmente, de mañana: nada glamorosa, la verdad, porque no tengo ni que peinarme para trabajar. Le doy la medicina del corazón a Moira (la perra), me preparo un café y escucho lo que sería en “soundtrack” de lo que estoy escribiendo. No puedo escribir sin música, pero suelo escuchar lo mismo una y otra y otra vez. Empecé con esta rutina mañanera a partir de una conferencia de Martín Solares en la Feria Municipal del Libro, en la que habló de cómo sacó adelante una novela escribiendo de 5 a 7 de la mañana todos los días. Yo no soy tan disciplinada, pero estoy de acuerdo en que la primera hora de la mañana es la mejor para mí.

2. Platícanos de Todos los ruidos del mundo. ¿Cómo nació la idea de escribirlo? ¿Qué encontrará el lector en él? ¿Qué te dejó a ti?
Acababa de terminar una novela y me sentía vacía. Es algo que me sucede cuando termino un proyecto largo. Pensaba dedicarme un par de meses a leer, a ver series y recargar pilas, cuando surgió la oportunidad de dar un curso en línea sobre cómo escribir un libro de cuentos. Los alumnos que participaron eran particularmente entusiastas y me contagiaron. Comencé a hacer los ejercicios del curso con ellos. Una de las propuestas era partir de un tema que fuera lo suficientemente amplio para generar múltiples interpretaciones y premisas. No sé por qué, no recuerdo exactamente cómo, pero para mí surgió el tema de la voz.

Todos los ruidos del mundo nació como una colección en la que exploraría varias ideas en torno a la voz (como identidad, como sonido, como recuerdo, entre otras cosas) . Le dio cobijo a dos de mis primeros cuentos: “23 escalones” y “Bazar”. Ambos tenían ya, por lo menos, diez años de haberse escrito, no sé cuántas vueltas de corrección y corrección. Al reencontrarlos en un intento por limpiar la compu, volvieron a gustarme y resultó que cabían en la colección de manera muy natural. No solo dejaron de ser huerfanitos, sino que me recordaron lo que me gusta del cuento: la intención y la intensidad.

No sé qué encontrará el lector, espero que algo que Todos los ruidos del mundo lo inquiete (no puedo asegurar que guste). No soy una autora muy cómoda: me gusta que la gente lea entre líneas, escuche esa segunda voz que cuenta otra historia bajo la superficie. Según yo, es un: “llévese el múltiples cuentos con sólo leer uno”. Me gusta que el lector complete el desenlace (aunque mi mamá se queje constantemente de esta maña mía). Pero yo creo que el final del lector es mucho mejor que aquel que yo pueda proponer. También creo que hay finales que no funcionan igual dichos en voz alta.

Todos los ruidos del mundo me permitió encontrar mi voz en un momento en el que pensaba que acababa de quedarme sin ella y me permitió ser un conejillo de indias de mi propio curso. Creo que no me fue tan mal.


El soundtrack de Todos los ruidos del mundo
cuento por cuento

1. Génesis: One, de Aimee Mann (Magnolia soundtrack)
2. De Médiums y poetas: Do I Wanna Know?, de Arctic Monkeys
3. 23 Escalones: That look you give that guy, de Eels.
4. Un palo en la cabeza: Après Moi, de Regina Spektor.
5. ¿Se te olvidó algo?: Quisiera saber, de los Daniels.
6. Síndrome: Soap, de Melanie Martínez.
7. Bazar: Este fue escrito escuchando a Cortázar leyendo “Conducta en los velorios”… que fue medio trampa, jeje. Pero si soy muy honesta, ese es su soundtrack.
8. Mutis: Without me, de Eminem.
9. No es un secreto que te amo: Across the Universe, interpretada por Fionna Apple.
10. ¿Vamos a empezar otra vez?: Sunny Afternoon, de The Kinks


3. ¿En un país como el nuestro, a qué aspira un escritor?
A sobrevivir, primero. Y después, a crear ficción que sirva, al mismo tiempo, de salida de emergencia. La ficción es un refugio, es un micrófono para decir verdades, es un espacio para decirnos lo que no nos atrevemos a decir en voz alta al hacerlo a través de nuestros personajes. Uno no aspira a vivir de la literatura, ni a cambiar el mundo. Pero sí a vivir en la literatura, a habitar otros mundos donde tal vez no pasan cosas mejores, pero sí hay un sentido, al menos. No sé… yo quisiera vivir muchas vidas pero sólo tengo una. Escribir me permite jugar a tener muchas.

4. ¿Se lee poco en México?
No, se lee mucho, muchísimo creo yo, pero en las redes sociales. Y no siempre son chismes o bendiciones de la Señora Católica. También minificciones, artículos, ensayos o entrevistas como esta. Ficción y no ficción. Se lee, de veras, mucho. En cuanto al libro como tal (en versión impresa o electrónica) eso ya es otro boleto. Yo sí veo todavía a gente leyendo en el camión, en las cafeterías, en las bancas de la calle, en parte gracias al bendito boom de la Literatura Juvenil. Pero también ando por los mismo lugares donde hay otros lectores, así que no creo que esta impresión sea muy objetiva. La verdad es que la lectura no es el pasatiempo de todos y no tiene por qué serlo. Hay muchas formas de conocer historias, de entrar en contacto con nuevas ideas, y la lectura es una. Hay otras puertas. Y cada quién elige la suya. En México tal vez la puerta más elegida no sea la lectura, pero sí la cruzamos muchos.

5. ¿Novela o cuento?
Arghhh… novela. Maldita sea. Una vez que uno se acomoda en la novela y goza de la oportunidad de descubrir poco a poco la trama, de detenerse, de dejarse sorprender por los personajes en cada capítulo, volver a la disciplina del cuento y su rigor es muy difícil. Me gusta el cuento, es un reto. Pero los cuentos no se pueden habitar por más de unos días (un mes si la narración es muy exigente, quizá). La novela, en cambio, te hospeda por meses, a veces años. Y si uno lo que busca es vivir es muchas vidas… ¿qué mejor que rindan más?

5. ¿Qué libros han dejado huella? ¿A quienes consideras tus autores cómplices?
William Faulkner, en particular Absalón, Absalón y El ruido y la furia. El señor se daba el lujo de hacer personajes extraordinarios y jugar con la realidad, con nuestra idea de la verdad. El orden y la secuencia con la que enreda sus historias habla de alguien que se divertía muchísimo con cada proyecto de novela. El otro libro que me fascina es City, de Alessandro Baricco: uno más sobre la ficción dentro de la ficción, las historias que no sólo cuenta el autor sino los personajes a sí mismos, sobre el absurdo de la realidad y lo que guardan para cada quien las historias que —hasta en el baño— nos contamos. Una chulada de libro. Finalmente, Raymond Carver, cuentista por excelencia, es el que me inculcó ese pollito de no decir el final en voz alta. Si alguien tiene quejas (como mi mamá), puede ir directamente con este señor y reclamarle. Su forma de encontrar la verdadera naturaleza de los personajes en lo más cotidiano es maravillosa. Ya sé que él se lo aprendió a Chéjov pero Carver es otra cosa.

6. ¿Qué te da más satisfacciones escribir o dar talleres?
Arggghh otra vez… ¿Por qué hacen esas preguntas? Es difícil. En un buen día de escritura, me da más satisfacción escribir: todo parece tener sentido. Cuando voy a una charla o a una lectura y la gente responde a lo que escribí, se siente como que no fue tan loco perder tanto tiempo de la “vida real” sentada frente a una computadora inventando historias. O cuando participo en el taller en el que yo misma soy participante y mis compañeros se emocionan por algo que escribí. Pero dar talleres, para mi es también muy satisfactorio porque acompañar el proceso de otros me permite aprender cosas nuevas, además de que uno no se siente solo en este rollo: no soy la única escapista, hay muchos que se escapan y crean ficción como una forma de vida. No lo sé, supongo que el Alien también sentía muy bien contagiando a los demás. La diferencia, espero, entre el Alien y yo, es que no la van a pasar tan mal y no van a ser pequeños duplicados míos: lo que más tiene sentido en los talleres es que la gente encuentre su voz. Y bueno, escuchar cómo va surgiendo la voz de otros en los talleres también da mucha, mucha satisfacción.

8. Un consejo o anécdota con lo que quisieras cerrar esta serie de preguntas.
Todo sirve para hacer ficción, lo que sucede antes de subirse a la ruta, el sabor de la comida del día de ayer, la vez que te rompieron el corazón o lo rompiste tú a alguien y no sin querer. Los recuerdos, las fantasías, los temores, todos tienen voz. Si quieres escribir no necesitas haber nacido tocado por los dioses, sólo necesitas aprender a escuchar esa voz y descubrir los mejores trucos para traducirla en tu escritura. Escribir cuento, novela, ensayo, cualquier género es un oficio, igual que hacer zapatos. Los primeros quizá te lastimen, pero eso no significa que no puedas ser zapatero y hacerlo cada vez mejor. Lo mismo sucede con la escritura.

 

Llegamos al #miércoles, motivo suficiente para compartir el podcast de Eduardo Limón en el que recomienda y habla de muchos, muchos libros, entre ellos “¡Canta, herida!” de Gabriel Rodriguez Liceaga, de las librerías de “no prestigio” y un poco de nuestra editorial.
 
No lo dejen solo, si no pueden escuchar en este momento, guárdenlo para después, no hay problema, ventajas del formato. Y si tienen #Pasiónporleer los invitamos a seguir su programa, link aquí: http://www.puentes.me/un-libro-para-el-fin

Presentación de “¡Canta, herida”, programa “Elementos” de C7. Video.

La semana pasada Berenice Castillo y Marco Islas Espinosa presentaron ¡Canta, herida! de Gabriel Rodríguez Liceaga. Esta fue la nota del programa “Elementos” de C7.

Algunos activismos me provocan ternura

10 preguntas para conocer a Eric Uribares

[Eric Uribares es autor de Las conspiraciones fallidas, una de las más recientes títulos de Editorial Paraíso Perdido]

1. Háblanos de “Las conspiraciones fallidas”. ¿Cuál fue el detonante para escribir este libro? ¿Qué encontrará el lector en él?
Hace algunos años comencé a investigar y publicar una serie de artículos sobre los autodenominados “ecoanarquistas”, estos chic@s  cuya bandera ideológica es una mezcla de anarquismo + lucha contra el antropocentrismo + la defensa de los animales.  Por aquel entonces, ponían bombas en cajeros automáticos y rastros. Hoy, sus actividades tienen más presencia y han comenzado a organizarse de mejor manera y a ser más ambiciosos en sus objetivos. Hace apenas algunas semanas, algunos de ellos se adjudicaron el asesinato del jefe de servicios químicos de la UNAM.  Sería una desgracia, pero no una sorpresa, que un día de estos logren llevar a cabo un atentado de magnitudes lamentables.

Esa fue la idea que dinamitó la escritura del libro, pero fue evolucionando hacia la necesidad  de escribir acerca del activismo: la defensa de los animales, los ecologistas, los anticonsumistas, los revolucionarios de facebook, los antitaurinos y demás grupos. La intención literaria fue pasarlos por el filtro de la sátira, la ironía o la parodia, pues aunque pueda estar de acuerdo con algunos de los principios que dan origen a su lucha, algunos de ellos no dejan de provocarme ternura y una lagrimita de Remi.

En el libro encontrarán a muchos encapuchados, a muchos esperanzados, bombas por aquí y bombas por allá, planes para salvar al mundo, lectores aguerridos, karatecas retirados, pornoanarquistas, anarcopamboleros y anarconarcos.

2. ¿En un país como el nuestro ¿para qué escribir?
Escribir ficción en un país de ficción es morderse la cola, y en lo que a mí respecta, hay pocas cosas más divertidas que colocar la punta de la pluma en la herida, y este es un país que comenzó a desangrarse desde antes que nos diéramos cuenta.

3. ¿Cómo fue que decidiste ser escritor?
El día que me lastimé la rodilla y supe que no podía ser futbolista.

4. ¿Desde tu punto de vista cuál es el panorama de la literatura mexicana hoy en día?
Me emociona. Es una literatura plural y vigorosa. Hay propuestas literarias que apestan a Chanel y están coloreadas en los salones de bronceado, otras más que surgen desde la mediana comodidad que otorgan las becas de 30 mil pesos. Pero también hay propuestas que vienen desde la inestabilidad emocional o el desamparo. En ambas podemos encontrar cosas valiosas.

5. Algún libro (o varios) que te marcó y por qué:
Soy de esa generación que leyó Los detectives salvajes recién cumplidos los 20 años. En ese entonces era muy joven e ingenuo como los personajes de la novela. Me emocioné mucho.

Ahora soy igual de ingenuo pero los años han pasado y creo que me han marcado mucho más mis primeras lecturas de Ibargüengoitia o Thomas Bernhard. Ambos tuvieron el tino de criticar a su patria con desfachatez. Nada mejor que hacerle bullyng a las creencias y costumbres vernáculas.

6. ¿Personaje literario favorito (o favoritos)?
El padre Brown
, de Chesterton;  Marietta Karapetiz, de Domar a la divina garza; Julian Sorel de El rojo y el negro.

7. ¿Tienes alguna ceremonia o rutina para escribir?
Al lado de mi computadora tengo un cuadro de Juan Rulfo que, antes de empezar a escribir, coloco de cabeza.

8. ¿Qué estás leyendo en estos días?
Hoy estoy leyendo Los perros negros de Ian McEwan.

9. ¿Qué autores nos invitarías a leer?
Yo leo continuamente a Chesterton y a Patricia Highsmith.  Pero creo que hay que leer a Yuri Herrera y a David Toscana,  ambos son los goleadores de nuestra selección sub 60 que irá al mundial de las letras en la primera parte de este siglo.

10. ¿Algo que quisieras agregar o comentar?
Sí, hoy soñé que Borges participaba en los paralímpicos y ganaba varias medallas. Hubiera sido genial verlo.

#LecturasExtremas #ConspiracionesFallidas

QUIERO Las conspiraciones fallidas

La escritura es un diálogo que se propone sorprender al otro

11 preguntas para conocer a Édgar Adrián Mora
y una playlist

[Édgar Adrián Mora es autor, entre otros libros, de Continuum. Una novela sobre Héctor G. Oesterheld, publicada por Editorial Paraíso Perdido]

1. ¿Escribir es una profesión, un asunto de vida o muerte, o un hobby?
Con la única definición con la cual no estaría de acuerdo es con la última. No me imagino que alguien escriba para “pasar el tiempo”. Sí creo que sea una profesión en los términos básicos del término: profesar algo. La escritura, para mí, es algo que lleva una carga de mística en tanto se encarga de perpetuar eso a lo cual se alude capacidad creadora de mundos: la palabra. Esa palabra está dirigida a los otros. A diferencia de muchos no creo en la idea de escribir para uno mismo, creo que la escritura es un diálogo en donde se propone sorprender al otro a partir de la historia, del lenguaje utilizado o de las capacidades no sospechadas. No creo que sea una cuestión de vida o muerte, pero lo digo desde la enorme cantidad de posibilidades de escritura de la época en la cual me ha tocado vivir. La escritura y su posibilidad están ahí de manera inmanente: tenemos teléfonos, computadoras, tabletas, lápices, plumas, gises, crayolas; un mundo de herramientas cuyo acceso es en suma fácil. No sé si podríamos vivir sin escribir, me refiero a aquellos que profesamos tal manía, y, la verdad, no quiero averiguarlo.

2. ¿Para qué escribir?
Para recordar lo que podríamos ser. La escritura, sobre todo desde la ficción, plantea las posibilidades de lo que no pudo ser posible. Escribimos para dar la oportunidad de que lo improbable exista. Escribir es también una manera de enunciar de manera distinta el mundo en donde vivimos. Es practicar el oficio de encubrir lo que, cuando es evidente, no recibe la suficiente atención. Escribir es escuchar y hacerse escuchar. Es buscar la comunión con lo colectivo, la lectura, a partir de una acción que se realiza en solitario. Cuando se escribe se es uno; pero cuando lo escrito se lee, la magia multiplica los ojos, los sentidos, las emociones. Escribir tiene un efecto multiplicador. Es algo de un poder implícito por lo que contiene y no por la forma en como está contenida. Recordemos Farenheit 451. Escribir, en ese sentido, es también leer. A los otros, al mundo, a sí mismo con respecto de los otros. Siempre un diálogo.

3. ¿Cómo fue que decidiste ser escritor?
No estoy consciente de cómo lo decidí. No estoy seguro de si es algo que “se decida”. Al menos yo nunca hice un alto en mi vida y dije: “seré escritor”. Pienso que es más bien una consecuencia de lo que surge de manera natural. Uno escribe, es escritor por la pura acción. Uno lo publica y lo leen personas a quienes no se conocen personalmente, es un escritor para los demás. No es algo que se pueda fechar. No tiene que ver con una decisión consciente ni con la primera vez que aparece el nombre en letras de imprenta. Quizá sí tiene que ver con el reto que implica contar algo que se imaginó de tal manera que parezca interesante para los demás. En ese sentido, quizá la lógica que me anima es la misma que anima a los magos. Mostrar el truco final, la ilusión, procurando que no se note la manera en cómo esto es posible. Disfrutar la sorpresa, el anonadamiento, la sospecha del otro. Cabe siempre, sin embargo, la posibilidad de ser un pésimo mago. Cuestión que quizá se deba, con cierta razón, al hecho de no practicar lo suficiente.

4. Libros que te marcaron y por qué:
En mi casa no había libros. Los que llegaron fueron porque familiares generosos me los regalaron o porque hice el descubrimiento más fantástico que puede hacer un niño sediento de historias: la biblioteca pública. De ahí que los libros que reconozco como determinantes vitalmente sean tan dispares y, en cierta medida, alejados del canon “exquisito” de la Academia. Recuerdo, en primera instancia, El principito, que hoy se considera cursi; yo lo sigo leyendo al menos una vez cada año y me sigue sorprendiendo su capacidad para encerrar en tan pocas páginas tantas señales de nuestra naturaleza como humanidad, para mí es un libro tan importante como La Biblia. El estudio de esta última me introdujo, desde la visión protestante de parte de mi familia, a la posibilidad de encontrar interpretaciones múltiples en todos los textos; mis libros preferidos eran “El evangelio según San Juan” (sí, lo sé, el más maniqueo), por la fuerza que tiene el personaje central y el contenido ético de sus enseñanzas; y las “Revelaciones desde la isla de Patmos”, en donde el fin del mundo era tan atroz que en aquella infancia me generaron una sensación ambivalente: terror por lo que enunciaba pero, al mismo tiempo, un morbo por las escenas descritas. En mi biblioteca (a las bibliotecas públicas uno se las apropia, ¿no?) había una excelente selección de cómics que me iniciaron en el gusto por este medio, ahí leí a Astérix, el galo, Mafalda, Los Supermachos, Proteo fuerza 10 y varios más que me dieron tardes llenas de fantasía y humor. Recuerdo con mucho cariño las ediciones de Porrúa, la colección “Sepan cuántos”, en donde leí a escritores que hoy me siguen pareciendo portentosos: Emilio Salgari, Julio Verne, Víctor Hugo, Alejandro Dumas. De todas esas lecturas la que más me impactó fue Los tres mosqueteros, toda la serie, recuerdo que lloré sumamente conmovido cuando Dumas describe, en El vizconde de Bragelonne, la muerte de D’Artagnan. Me sentí un lector de folletines de finales del siglo XIX con la lectura de los casos de Sherlock Holmes, me indignó, como a los lectores de esa época, que Conan Doyle decidiera matar al detective. Más adelante descubrí a Gabriel García Márquez a través de sus libros más interesantes: Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera. El boom latinoamericano tuvo un impacto enorme en mí, porque me mostró que había formas distintas de contar las historias y que, incluso, la historia no tenía que ser lo más importante, sino la forma en cómo ésta era escrita. Pedro Páramo fue una lectura deslumbrante. Cortázar, Borges, Carpentier. Eso abrió la posibilidad de acceder a autores como Milan Kundera, Patricia Highsmith, Ray Bradbury, Charles Bukowski. Es decir, el boom permitió que me diera cuenta de que había literatura más allá de la aventura y el romanticismo decimonónico. De los contemporáneos leo con gusto a Don DeLillo, Bret Easton Ellis, Neil Gaiman, Alan Moore, Paul Auster, varios más.

5. ¿Qué escritor o escritores podrías mencionar como una invitación a leer?
Depende de la sensibilidad, la edad, el hábito lector. Trabajar con adolescentes me ha enseñado que no se puede generalizar con respecto de lo que puede o no gustar. La historia de vida de cada uno es, por ejemplo, algo determinante a la hora de aceptar un libro como parte del mundo de cada quien. Pero creo que hay textos de escritores como Stephen King, Neil Gaiman, Bernardo Fernández, Roal Dahl, Michael Ende, Etgar Keret, que animan a continuar con la lectura de más textos, no sólo de ellos, sino de otros. En especial quiero mencionar la obra de Jorge Ibargüengoitia, creo que es uno de los escritores mexicanos que más han hecho por la lectura en nuestro país. Su obra es un espejo magnífico en el cual nos vemos reflejados y que no pierde vigencia, a pesar de los años.

#Continuum #EditorialParaísoPerdido

6. ¿Alguna ceremonia o rutina para escribir?
Creo que ninguna en especial. Sí requiero saber que tengo un tiempo determinado para hacerlo y que nada va a interrumpir ese momento. Me cuesta trabajo concentrarme si lo hago mientras realizo otras tareas. Algo que sí es fundamental es tener un líquido a la mano. Si estoy en casa por lo general es una cerveza o algún alcohol, si el humor y la hora lo permiten. Si no es así, o es en algún otro lugar, siempre café. Quizá la rutina se componga de esos elementos: escribir, beber, obligarse a parar a orinar y repetir. A veces poner música. A veces sólo el silencio.

7. ¿Qué estás leyendo en estos días?
Soy un lector muy caótico. Leo (y releo) muchas cosas al mismo tiempo, lo que tiene sus ventajas y desventajas. Ahora mismo leo, salteados y a tiempos dispares, Diario de una resurrección de Luis Rosales, la reedición que Vértigo está haciendo de The Sandman de Neil Gaiman, los compilados de Preacher de Garth Ennis y Steve Dillon, Ernie Pike en prosa de Héctor Germán Oesterheld, ¿Olvida usted su equipaje? de Jorge Ibargüengoitia, Historias de madres, historias con madre. Crónicas del maternaje de varias autoras, Vuelta a la casa en 75 poemas de varios autores, Sobre la impura esencia de la crítica de Heriberto Yépez, King, el rey. Un universo de terror de Eduardo Guillot y los que se acumulen esta semana (que aparte estoy de vacaciones, lo que aumenta las posibilidades).

8. ¿Qué libro no pudiste terminar?
Uh, varios. Aunque acá habría que hacer algunas subcategorías. Por ejemplo, qué libros no terminaste en algún momento, pero después sí. Eso me pasó con Madame Bovary, por ejemplo, y con la primera vez que me acerqué a David Copperfield de Dickens, con Ricardo III de Shakespeare. Creo que se debe intentar otra vez con todos los libros en un momento distinto. Mejor pasemos a la siguiente pregunta…

9. ¿Personaje literario favorito?
Sherlock Holmes, por supuesto, ¿quién no quisiera tener sus habilidades? Athos, de Los tres mosqueteros. Hannibal Lecter, de la serie de Thomas Harris. Morfeo de The Sandman. Juan Salvo de El eternauta. Momo, de la novela del mismo nombre. Tomás de La insoportable levedad del ser. Odiseo de La odisea. Y, por supuesto, la encarnación perfecta de la venganza: Edmundo Dantés de El conde de Montecristo.

10. ¿Algún lugar o momento favorito para escribir?
En mi caso el momento favorito es cuando tengo tiempo de construir ese momento favorito. Pero, a últimas fechas, eso ocurre sobre todo por la mañana. A pesar de que mucho tiempo de mi vida fui un ser de costumbres nocturnas, hoy ya no se me da mucho. El lugar elegido sería mi pequeño estudio, con los libros de mi biblioteca a mano a fin de buscar alguna palabra y la manera ideal de expresarla.

11. ¿Mezcal, Whisky, Ron, Tequila…? ¿Algún otro?
¿De verdad hay que escoger? Soy más cervecero. De cervezas ligeras. Mezcal, sí. Whisky, por supuesto. Tequila, por tradición. Ron, si no queda de otra. Y vino, ¿qué haríamos sin el vino?

La playlist

Quisiera de alguna forma que la tragedia potenciara el mito de mi obra

Jaime Garba responde el cuestionario Proust

1. ¿Cuál es el defecto propio que deplora más?
Mi vulnerabilidad ante cualquier situación que me impacte. Trato día a día de forjar una fortaleza y disciplina que me haga avanzar en la vida, pero suele ocurrir que me derroto ante situaciones que quizá a otras personas no les causarían mayor problema. Tengo derrotas constantemente y me pueden dejar en la lona días enteros, desperdiciando tiempo y experiencias que sé jamás regresarán.

2. ¿Cuál es el defecto que usted deplora más en los otros?
La pedantería, deploro a la gente presumida, egocéntrica, y mamona que cree que es superior a los demás. Inclusive, si lo que hace es sobresaliente o es un genio, no tengo el mínimo intereses de acercarme o dialogar con alguien así.

3. ¿Cuál es su estado mental más común?
El idilio, con la vida, con la gente, con lo que me apasiona. Trato de amar todo lo que hago y que ello me conduzca a un sueño constante, me gusta vivir en la fantasía, pensando que todo está bien y que nada me es imposible. Reír, amar y anhelar me ha dado muchas de las cosas que tengo. Cuando por alguna razón mi estado es antagónico a ello me vuelvo el ser más patético del mundo.

4. ¿Cómo le gustaría morir?
Quizá mi respuesta sea muy estúpida pero me atraen las muertes dramáticas, aquellas que han coadyuvado a crear una imagen de ciertos artistas que admiro: Foster Wallace, Virginia Woolf, Isadora Duncan, Antonieta Rivas Mercado. Quisiera de alguna forma que la tragedia potenciara el mito de mi obra.

5. Si después de muerto debe volver a la Tierra, ¿convertido en qué persona o cosa usted regresaría?
En un gato y fastidiar a un autor que intenta escribir todos los días por la mañana obligándolo a que me acaricie y postrándome sobre sus libros y su computadora; tal como lo hace mi gato ahora. Sería mi venganza y una forma, por lo que veo, muy placentera de vivir.

6. Y si pudiera elegir un personaje de ficción, ¿cuál escogería?
Me debato entre dos que me encantan, Guy Montag, el bombero converso que solía quemar libros, de Farenheit 451 de Bradbury; y Pip, el niño inocente de Grandes Esperanzas de Dickens. Me identifico mucho en ambos, en sus personalidades, sus temores, sus deseos y búsquedas. Ojalá pudiera decir como Flaubert sobre Emma Bovary: Yo soy Montag, yo soy Pip.

7. ¿Cuál es su mayor extravagancia?
Escribir con pluma fuente y en libretas Moleskine. Suena muy snob pero no me gusta ni apetece escribir si no es con mi Parker y en libretas lindas que prácticamente te dicen: ¡vamos, acaríciame con la palabra!

8. En qué ocasiones miente.
Cuando escribo miento, pero no en una connotación negativa, creo de alguna forma la literatura es mentira, y lo es en el momento mágico en que te es imposible contar la verdad porque la mente no posee el don de ser fiel a los hechos, en cuanto algo se convierte en una idea, una sensación o algún estimulo cerebral se vuelve interpretación, y la interpretación es una especie de mentira.

9. ¿Qué persona le inspira más desprecio?
La gente que asesina, una persona capaz de atreverse a arrebatar una vida me parece el ser más despreciable del mundo porque en el instante en que se mata se aturde el universo que rodea a esa persona, nada vuelve a ser igual.

10. ¿A qué persona viva admira?
Soy la clase de tipo que tiene muchos héroes literarios a los cuales admiro sin pudor, está Santiago Roncagliolo además de gran escritor es una persona muy agradable; admiro el poder de la palabra de Rushdie, la elegancia y majestuosidad de Paul Auster, y la genialidad de Jonathan Franzen. Fuera de la literatura admiro mucho (por más cliché que suene) a mi padre, es genial tener conversaciones sobre cine con él y es un tipo al que la buena actitud hacia la vida no se le acaba.

11. ¿Qué palabras o frases usa más?
Respeto lo que dices pero…”, “coadyuvar”, “por ejemplo”, “chido”, “arre”. Voy de las frases más diplomáticas, pasando por las burocráticas y las populares.

12. ¿Cuál es su idea de felicidad perfecta?
Poder leer, escribir y ver series y películas todo el día sin la preocupación de cumplir con un trabajo de oficina, deadlines, cierres de proyecto, revisiones de libros, entre otras cosas, interesantes ciertamente, pero agotadoras.

13. ¿Cuál es su mayor miedo?
Morir sin dejar un libro que sea importante y significativo para la literatura.

14. ¿Cuál es su mayor remordimiento?
No haber perseverado en la escritura y la lectura a temprana edad, gracias a eso siento el constante peso de que he desperdiciado años de palabras y que voy muy atrás en la carrera literaria.

15. ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente?
El ser buenos. Vivimos en una sociedad donde te invitan a ser bueno constantemente, hay spots para ello, talleres, comerciales, libros, películas…, porque eso te da un status social, por lo tanto quienes lo hacen suelen no hacerlo de corazón o como parte innata de sus vidas, se impone el “bien” como un hábito hipócrita cuando en realidad hay gente que por dentro está muy jodida.

16. ¿Qué le disgusta más de su apariencia?
Los dedos de mis manos que llevan mutiladas las uñas porque me ha sido imposible, desde que tengo memoria, evitar morderlas ante la mínima muestra de ansiedad. Cuando escribo es parte del acto, teclear, leer, morder. Muy mal, pero aún no puedo evitarlo.

17. ¿Cuáles son sus nombres favoritos?
Aura, Karenina, Ludwig, Mitch.

18. ¿Qué talento desearía tener?
Poder escribir y leer en cualquier circunstancia. Desafortunadamente soy un lector y escritor muy distraído, no puedo concentrarme si hay música, voces, estímulos externos. Admiro mucho a los periodistas que escriben sin cesar en salas caóticas de redacción.

19. ¿Qué le desagrada más?
La política mexicana, carente ya de honor, de reglas y llena absolutamente de corrupción.

20. ¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
Respecto a cuándo, cuando nació mi hija. ¿Dónde? Los domingos que puedo preparar carne asada y hacer tortillas mientras bebo una cerveza y converso con mi familia.

21. Si pudiera, ¿qué cambiaría de su familia?
Podría decir que muchas cosas, o todo, pero entonces ya no sería mi familia sino un montón de extraños, así que nada, quizá sólo la paranoia que a veces nos asalta a los del lado de mi madre.

22. ¿Cuál es su mayor logro?
Hacer que una chica muy guapa de la preparatoria se enamorara del tipo más feo del salón por medio de cartas que yo le escribía. Fue un reto que cumplí y con el cual pude darme cuenta del poder de la palabra. Si podía conseguir que del verbo naciera el amor, seguro obtener el Nobel sería más fácil.

23. ¿Cuál es su posesión más atesorada?
Tengo una colección de máquinas de escribir que son mi tesoro, sobre todo una Royal y una Remington de entre los años 30 y 40.

24. ¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?
Cuando somos indiferentes al sufrimiento o a los padecimientos de nuestra sociedad. No concibo que nos ceguemos al mal que nos aqueja con el simple pretexto de “no me pasa a mí o no es de mi incumbencia”.

25. ¿Dónde desearía vivir?
Me gustaría vivir en Nueva York para ir todos los días a beber cerveza y escuchar jazz a alguno de los clubs que hay por allá.

26. ¿Cuál es su pasatiempo favorito?
Ver series de televisión y jugar videojuegos, en ambas puedo llegar al grado de perderme horas y días si nadie me detiene.

27. ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en una mujer?
Que sin importar qué, haga lo que ama y le apasione y que bajo ninguna circunstancia sea sumisa.

28. ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en un hombre?
La caballerosidad y la lealtad a los amigos.

29. ¿Cuál es su héroe de ficción favorito?
Astroboy. Soy súper fan y me encanta y conmueve la premisa de cómo se convirtió en lo que es.

30. ¿Cuáles son sus héroes de la vida real?
José Manuel Mireles me parece un tipo muy valiente, quien harto de su brutal realidad decidió tomar la justicia con sus manos. El hombre me parece un héroe, ha hecho lo que muchos quisiéramos hacer pero muy pocos se atreven. Hoy está preso injustamente y la sociedad que le aplaudió y reconoció lo va olvidando poco a poco, no obstante estoy seguro no ha dejado de pensar un solo segundo que hizo lo correcto.

*Jaime Garba. Psicólogo, escritor y editor. Coordina el área de Literatura del Centro Regional de las Artes de Michoacán, en Zamora. Ha colaborado en revistas como Buensalvaje México, Revés Online, La Rabia del Axolotl, La revista de la Universidad; así como en diarios como La Jornada Michoacán. Es profesor de redacción creativa en varias universidades y escribe sobre libros y lectura semanalmente en Playboy México. Ha publicado cuento y poesía en varias antologías de México y EEUU.

Suelo estar siempre en estado neurótico

Cástulo Aceves responde el cuestionario Proust

1. ¿Cuál es el defecto propio que deplora más?
El no ser una persona asertiva. Tengo una tendencia a ser conciliador y evitar conflictos que en más de una ocasión me ha causado problemas. Ahora mismo, y por adelantado, pido disculpa si alguna de mis respuestas le ofende.

2. ¿Cuál es el defecto que usted deplora más en otros?
El egoísmo. Y sin embargo vivimos una época tremendamente egoísta.

3. ¿Cuál es su estado mental más común?
Suelo estar siempre en estado neurótico, acelerado, pensando en las cosas que aun tengo que hacer o que no estoy haciendo en ese momento. Me es sumamente difícil mantener mi foco de atención en una sola cosa.

4. ¿Cómo le gustaría morir?
Estadísticamente es casi un hecho que moriré, o de un infarto o en un accidente de tránsito. Me gustaría morir con una sobredosis de cafeína. Ese relámpago donde las ideas se conectan y eres capaz de entender, de imaginar, de crear.

5. Si después de muerto debe volver a la Tierra, ¿convertido en qué persona o cosa usted regresaría?
Como un ave o como un virus mortal. Lo primero por mi idea de la felicidad, lo segundo por mi idea de la infelicidad. Aunque, si existe una próxima vida basada en una especie de justicia, tal vez regrese como pez betta, sería la última de las ironías.

6. Y si pudiera elegir un personaje de ficción, ¿cuál escogería?
Más que convertirme en un personaje de ficción, me gustaría navegar el mundo de Terramar, recorrer la Tierra Media, manejar un varitech, conversar acerca de poetas perdidos con Arturo Belano, ver a Rorschach someter a un criminal, acompañar a Phillip Marlowe a un casino, salir de pesca con Dexter Morgan o pasar toda una noche de baile medieval con Lufia.

7. ¿Cuál es su mayor extravagancia?

Tengo la tendencia a soñar despierto, en el sentido real de la frase. Pierdo la conexión con la realidad y cuando recobro la conciencia me dicen los testigos que estuve hablando con ruidos y frases extrañas, que no tenía control de mis manos o gestos. He asustado a más de alguno.

8. ¿En qué ocasiones miente?
Sobre todo cuando vendo. Puedo hablar durante horas convenciendo a un cliente sobre las virtudes, posibilidades o características de algo, usando la poca información que tengo de él, sentido común e imaginación. También lo hacía cuando daba estimados de tiempo en mis proyectos de programación. A veces cuando algún escritor me pregunta si me gusto su escrito. Incluso cuando mi editor me pregunta si ya pronto termino mi próximo libro.

9. ¿Qué persona viva le inspira más desprecio?

Invoco mi derecho al silencio, cualquier respuesta podría ser usada en mi contra.

10. ¿A qué persona viva admira?
Admiro a los que son capaces de sonreír en medio de una tragedia, pero aun más a los que son capaces de provocar una sonrisa a los que están sufriendo.

11. ¿Qué palabras o frases usa más?

Más que frases, tiendo a hablar mucho, demasiado, explayarme sin sentido y extender la conversación más allá de lo conveniente. A veces aun en contra de mi voluntad. Sería un pésimo espía, pero debe ser mi educación en una familia de comerciantes. Nada como crear un dialogo para ganarse a un cliente. Sufro de varias muletillas y del mal del tapatío, tiendo a usar diminutivitos. Por ejemplo: soy de los que ocupa, no de los que necesita. ¿Ya dije que hablo demasiado?

12. ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
No creo en la felicidad perfecta. Vamos, creo que la felicidad es una operación algebraica: Creo en las alegrías cotidianas, en las sorpresivas, en las que vienen tras un largo esfuerzo. Creo en la ternura, en los momentos de pasión, en la tranquilidad de una noche con la persona que se ama, en los proyectos por los cuales dar todo, en los hijos por los cuales dar todo, en los sueños que sirven de horizonte. Si al conjunto matemático de todos esos momentos precisos de la vida se le puede llamar felicidad, supongo que tienes la respuesta a la ecuación.

13. ¿Cuál es su mayor miedo?
Precisamente que al llegar el final me de cuenta de que nada valió la pena.

14. ¿Cuál es su mayor remordimiento?

Más que remordimiento, tengo curiosidad por varios momentos de decisiones cruciales. Imagino los “hubiera” en universos paralelos intentando descubrir como soy en otra realidad. Qué hubiera pasado si me hubiera ido a la Tarahumara, o de sacerdote, después de la preparatoria. Qué si me hubiera salido de la ingeniería y entrado a Letras. Cómo es el yo que si se fue a aquella maestría al extranjero. Qué le acontece a aquel que no dejo la ingeniería. Incluso saber cómo pasa sus noches el que jamás se casó, o el que nunca fue padre. Asumo que si todos ellos existen, de vez en cuando tienen curiosidad por mi vida.

15. ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente?
La vida saludable. La condición física, la tranquilidad, los alimentos sanos, el equilibrio del alma, son leyendas urbanas peligrosas con un incrementar número de seguidores.

16. ¿Qué le disgusta más de su apariencia?

Mis dientes, pero he tenido demasiadas malas experiencias con dentistas, anécdotas terribles que me hacen no desear hacer algo al respecto. Platican que un bisabuelo un buen día se quito todos los dientes de una sola vez, desconozco si es una especie de karma o herencia maldita en la familia.

17. ¿Cuáles son sus nombres favoritos?
Cástulo (por supuesto bromeo, aquí es donde sueltan la carcajada).

18. ¿Qué talento desearía tener?

Creo que si fuera capaz de no dormir, probablemente ya tendría dos o tres libros más, tendría más solvencia económica o seria una erudito de lecturas y películas, o me hubiera vuelto loco, o todas las anteriores.

19. ¿Qué le desagrada más?

El hígado. De niños mi padre nos llevaba a su criadero de peces de ornato. El alimento se hacía licuando hígado crudo con harina para bebe. Algunas veces me encargó a mi prepararlo, la imagen de la carne oscura revolviéndose a gran velocidad con la sangre y el trigo aún acompañan mi inconsciente. Ese aroma de inmediato me da indigestión.

20. ¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
La paternidad y matrimonio me han traído momentos completamente alegres, tiernos, de paz tremenda, pero también otros de gran preocupación. La universidad fue una época en que me sentí completamente contento y optimista, aunque sé que he desechado de mis recuerdos las noches de angustia. De mi adolescencia e infancia he procurado borrar casi todas las memorias, encapsulando solo viajes familiares, juegos con mis hermanos, noches con mis padres y veladas con mis mejores amigos. Prefiero no darles prioridad a todos esos momentos, los atesoro por igual, algún día se olvidaran como gotas en la lluvia.

21. Si pudiera, ¿qué cambiaría de su familia?
A mi familia paterna la desunión. La mayoría de ellos me son, en realidad, desconocidos. A la materna la muerte de mi abuela en la infancia de mi madre, otro universo paralelo donde seguramente todo es distinto.

22. ¿Cuál es su mayor logro?
Graduarme con mención de honor en la universidad. Sí, soy un ñoñazo.

23. ¿Cuál es su posesión más atesorada?

Mis libros, especialmente los firmados. También tengo un par de pinturas de mi hermana menor, de sus primeras, creo que un día valdrán mucho. Conservo, además, mi computadora Atari XT de 1986 y mi primer nintendo. Dudo que un día vayan a valer realmente algo, pero alimentan mi melancolía.

24. ¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?

La desesperanza.

25. ¿Dónde desearía vivir?
En Dubrovnic, tal vez en Nueva York, tal vez en Barcelona.

26. ¿Cuál es su pasatiempo favorito?

Fui un entusiasta de los videojuegos hasta que me volví padre. Antes era un lector incansable, ahora soy uno nocturno. Soy fiel fanático de algunas series. También soy un ávido coleccionista de medicamentos para la migraña.

27. ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en una mujer?
La fuerza. Siempre he estado rodeado de mujeres fuertes, aun en contra de mi voluntad.

28. ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en un hombre?
El humor, sobre todo para reírse de sí mismo. Me es imposible relacionarme con alguien que se toma la vida demasiado en serio, o que me toma a mi demasiado en serio.

29. ¿Cuál es su héroe de ficción favorito?
Aunque ahora están de moda, por alguna extraña razón siempre me han atraído más los anti-héroes. Son casi los mismos de la respuesta a la pregunta 6.

30. ¿Cuáles son sus héroes de la vida real?
Entendiendo héroe como alguien que me ayudado en la vida, agradezco a mi padre por su perseverancia y sacrificio, a mi madre por su alegría y cariño, al Doctor Luis Martin Ulloa por su paciencia para guiarme en este camino que es la literatura. Entendiendo héroe como alguien a quien admiro o uno modelo a seguir, deseo un día escribir con la pasión de Bolaño o con la levedad de Calvino o con el coraje de Fonseca o con la pericia de Auster o con la profundidad de Dostoyevski o con la paciencia de Tolkien o con un poco de todos o de menos intentarlo.

Vivir en el miedo es la manifestación más clara de la miseria

Diana Martín responde el cuestionario Proust

1. ¿Cuál es el defecto propio que deplora más?
La inseguridad.

2. ¿Cuál es el defecto que usted deplora más en otros?
El despotismo.

3. ¿Cuál es su estado mental más común?
Calmado maquinativo.

4. ¿Cómo le gustaría morir?
No me gustaría morir, la verdad.

5. Si después de muerto debe volver a la Tierra, ¿convertido en qué persona o cosa usted regresaría?
Alguien de la realeza.

6. Y si pudiera elegir un personaje de ficción, ¿cuál escogería?
Lyra Belacqua, de La Materia Oscura.

7. ¿Cuál es su mayor extravagancia?
Ser dibujante, no pintora.

8. ¿En qué ocasiones miente?
A veces he añadido detalles imaginarios a anécdotas cuando me entusiasmo al compartirlas.

9. ¿Qué persona viva le inspira más desprecio?
Los políticos, los jefes injustos.

10. ¿A qué persona viva admira?
A mi mamá, que ahora procura a mis muy ancianos abuelitos.

11. ¿Qué palabras o frases usa más?
Evidentemente, chingueasu, gracias.

12. ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
Viajar.

13. ¿Cuál es su mayor miedo?
La muerte, una larga enfermedad dolorosa.

14. ¿Cuál es su mayor remordimiento?
Haber cortado, a los nueve años, a mi amiga Cecilia Magaña.

15. ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente?
La originalidad.

16. ¿Qué le disgusta más de su apariencia?
Mis muslos.

17. ¿Cuáles son sus nombres favoritos?
Klodia, Saskia, Lavinia.

18. ¿Qué talento desearía tener?
El de hacer negocios.

19. ¿Qué le desagrada más?
La crueldad.

20. ¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
Con Jos, tumbados en la playa de Ipanema, viendo la vida pasar.

21. Si pudiera, ¿qué cambiaría de su familia?
Esa neurosis por criticar todo.

22. ¿Cuál es su mayor logro?
Vivir de lo que amo hacer.

23. ¿Cuál es su posesión más atesorada?
Mis perritas, Molly y Tota, mis árboles y mi bola de libros.

24. ¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?
Vivir en el miedo.

25. ¿Dónde desearía vivir?
Irlanda, bien cerca de un acantilado a pico al borde del mar, rodeada de mucho verde.

26. ¿Cuál es su pasatiempo favorito?
Navegar en internet, escuchar podcasts, informarme de mil temas distintos.

27. ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en una mujer?
La independencia.

28. ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en un hombre?
La bondad.

29. ¿Cuál es su héroe de ficción favorito?
Molly Grue, de El Último Unicornio.

30. ¿Cuáles son sus héroes de la vida real?
A Jos Velasco, la persona más honesta que conozco, por su inventiva, capacidad de trabajo y esa habilidad de concretar todo lo que imagina.

#Instantanea #EditorialParaísoPerdido #LecturasExtremas

En este enlace pueden leer nuestro boletín con las novedades e información correspondientes al mes de abril de 2016.

Leer Boletín — Abril 2016

Antiguas entradas