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No hay lugar como el hogar


Saca el diván

Por Edna Montes

“¿Dónde estoy?, ¿Qué pasa aquí?” No necesariamente es consecuencia de la borrachera de ayer (aunque no deberíamos descartarla), ¿esos brownies de verdad eran de chocolate? Nada en tu entorno te resulta conocido. No sabes bien lo que sucedió, pero una mezcla de nervios, miedo y maravilla te invade; te surgen unas ganas locas de explorar.

Adentrándote en ese nuevo sitio empiezas a hacer teorías.  Podría ser una dimensión paralela, otro planeta o un país desconocido. Todo es felicidad y asombro hasta que notas que ¡NO HAY CHOCOLATE! ¿Dinero, idioma extraño, capacidades de sobrevivencia? ¿Eso qué? Hay que tener prioridades claras. Si tampoco hay café, segurito fuiste a parar al infierno mismo. De pronto, eres tan consciente de tu fragilidad como cuando veías al acosador de la primaria acercarse a ti dispuesto a hacerte polvo. “¡Quiero a mi mamá!” es lo único que pasa por tu mente. Lo que de verdad necesitas preguntarte es: ¿Cómo vuelvo a casa?

Aquello que te aguarda es un completo misterio. Si la ficción nos ha enseñado algo es que las opciones van desde reinas bipolares psicópatas hasta una inteligencia avanzada creando planetas de prueba para experimentar; eso sin descartar a las confiables orugas pachecas, los sombrereros extravagantes, los robots de última tecnología o las brujas incomprendidas. Lo terrible es que no conoces las reglas de este nuevo mundo, así que las probabilidades de toparte con que eres el héroe prometido en alguna oscura profecía del lugar o la comida prometida de una tribu caníbal son más o menos las mismas.

Supervivencia es la clave. Volviendo a las prioridades las cosas están así:

1.- Mantenerte vivo.

2.- Descubrir la forma de volver a casa.

¡Ay! El hogar, ese sitio con Wi-Fi y chocolate. ¡Ah, sí! la familia, amigos, pareja y personas que nos importan, cof, cof. Teniendo motivaciones claras de seguro lograrás tu objetivo. Al menos uno de ellos. No sería la primera vez que un viajero extraviado decide quedarse allí. Al final de día, si conservas tu cuerpo más o menos intacto, puede que caigas en cuenta que el amor de tu vida te esperaba en ese lugar o que puedes vivir como un dios sin tener que declarar nada en el SAT. Tampoco es una garantía que exista una forma de regresar a casa. Ya sea por convicción propia o por mera resignación ese podría ser tu nuevo hogar. Misión cumplida.  Por otro lado, si das con la forma de regresar a tu mundo, quizás termines en terapia. De seguro esta odisea te ha cambiado tanto que tu casa ya no corresponde con eso que tanto añoraste. En cuyo caso, bienvenido a la realidad, idealizar es malo. (Ya está, te ahorramos una sesión en la que hablarías de lo terribles que son tus padres).

Este mecanismo narrativo nunca se hace viejo. Quizá porque se sostiene del tedio y las ganas de escapar que todos hemos sentido alguna vez. En el viaje del héroe separarse de aquello que llamamos hogar es fundamental, nos da perspectiva sobre aquello importante en nuestra vida. Sinceramente ¿qué gran aventura puede ocurrirte en tu sala? (Netflix no cuenta, lo siento). Incluso si ninguna demolición que amenaza destruir tu planeta te obliga a descubrir otros mundos, nunca está de más empezar con el propio. La única forma de sentir felicidad por volver a un lugar es, de entrada, irse.  😉


Canción:


Recapitulando:

No hay lugar como el hogar

Fórmula:

El protagonista es llevado a un lugar extraño/El entorno choca con todos los elementos cotidianos de su vida/ Su principal misión consiste en volver a casa/ Vive aventuras y descubre maravillas lo que lo lleva a descubrirse a sí mismo/ Encuentra la forma de volver a casa o decide quedarse.

Como lo viste en:


Fotografía destacada: Bryan Minear on Unsplash