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Septiembre negro es el mes de la patria


Omnifón

Por Profesor Roque
Twitter @mambosatan

Mes de la patria

Septiembre es el mes de la patria, o por lo menos ese es el slogan que el gobierno nos repite cada año a través de la propaganda oficial. Podrá ser el mes de la patria pero para el rock mexicano ha sido el mes que ha marcado un par de sucesos que le ha costado superar.

El primero de ellos fue en 1971 y es el siempre mencionado Avándaro, o dicho de manera oficial: El Festival de Rock y Ruedas en Avándaro. Para poner en contexto el festival, recordemos que ya desde finales de los años 60’s se estaban realizando festivales masivos tanto en EEUU como en el Reino Unido. Algunos de los mas celebres son el Monterey Pop Festival de 1967, donde Jimmy Hendrix pasaría a la historia al quemar su guitarra en el escenario. En 1969, Woodstock sería la cúspide del movimiento hippie, y la línea de agua que definiría los festivales masivos, y mas cercano a Avándaro en tiempo (1970), el Festival de la Isla de Wight en el Reino Unido, donde se hizo oficial el nacimiento del trio progresivo Emerson, Lake and Palmer.

Inicialmente el Festival de Avándaro no estaba planeado como un festival masivo. Se trataba de un acto adicional a una carrera de autos que se llevaba en esa localidad del Estado de México, y que estaba enmarcado en las celebraciones de septiembre, el mes patrio. Los organizadores vieron la posibilidad de agregar un concierto de rock, en ese entonces un sonido moderno, la noche anterior a la carrera y la idea fue bien recibida entre los organizadores y se aceptó. De ahí el nombre de “Festival de Rock y Ruedas en Avándaro”.

La idea original era tener dos bandas tocando, las más populares en ese momento, Javier Batíz, de Tijuana, y La Revolución de Emiliano Zapata, de Guadalajara. Estas bandas tocaban en inglés, ya que era un momento donde el rock mexicano estaba pasando de la etapa de los covers (o refritos como se les llamaba en esos días) a la composición de temas originales pero cantados en dicho idioma. Había un cuestionamiento sobre si el rock “puro” debía ser cantado en su idioma original y por eso se puso de moda en muchas bandas cantar en dicho idioma. Ese movimiento llevó el nombre de “La Onda Chicana”, por su naturaleza híbrida, semejante a la de los mexicanos nacidos en EEUU y el uso del espanglish como lengua, como se verá más adelante.

Estar en “Onda” significaba para los jóvenes de esos años, el uso de cierto lenguaje y su gusto por la música pop (a las bandas de rock les llamaban bandas de Pop). De especial atención era el uso de un lenguaje que incorporaba palabras del caló mexicano de las clases populares, y el espanglish que en los años 40 habían traído los mexicanos participantes en el programa Bracero, y que  incorporaban en el habla los jóvenes clasemedieros, en un entorno cada vez mas urbano y que dejaba atrás la imagen oficial con un México rural y revolucionario. De esa forma los viejos eran llamados “La momiza”, si algo te gustaba entonces “te pasaba un resto, Ernesto”, si te debías tranquilizar, entonces “calmantes montes alicantes pintos”, entre otros ejemplos. Aún hoy en día quedan en uso algunas palabras como “la neta”, “las rolas”, “que buena onda”, los “fresas”.

Los escritores jóvenes que escribían de esos ambientes urbanos, y hacían uso de ese lenguaje fueron llamados despectivamente “escritores de la Onda”, (Carlos Monsiváis en su obra Días de guardar dice de ellos fueron el primer grupo en divulgar el slang en la literatura mexicana). Aunque el adjetivo no les gustó, con el tiempo se les quedó. Los mas conocidos posiblemente sean José Agustín, Gustavo Sainz y Parménides García Saldaña. El involucramiento de estos escritores en el mundo del rock era inseparable, ya sea escribiendo sobre las bandas mexicanas en la publicaciones de la época como la revista “Pop”, y sobre todo en una que sería vital para aumentar la leyenda de Avándaro, me refiero a la Revista “Piedra Rodante”, que era la versión mexica de la entonces contracultural “Rolling Stone”.

Parménides personalmente era un gran fan declarado de una de las bandas que participo en el festival de Avándaro, Three Souls in my Mind, y un gran detractor de la Revolución de Emiliano Zapata, a los que tachaba de “fresas”. Si bien esto no fue motivo para que estos últimos no tocaran en el festival, ya que por motivos contractuales en esa misma fecha tenían un contrato para tocar en Monterrey. El rock mexicano y la onda chicana estaban en boga, y la banda de mas éxito eran esos tapatíos con el clásico “Nasty Sex”.

El otro elegido para el festival, Javier Batíz, declino participar aludiendo que el dinero que se destinaba para el evento era muy poco (40 mil pesos de la época). El encargado de conseguir a los grupos que tocarían, Armando Molina, que además de ser el cantante de La Maquina del Sonido, era el manager de varias bandas, optó por Peace and Love, y El Ritual, bandas que él manejaba. Cuando se propagó el rumor de que se haría un festival de rock más bandas decidieron sumarse, quedando al final las siguientes: Los Dug Dug’s, El Epílogo, La División del Norte, Tequila, Peace and Love, El Ritual, Bandido, Los Yaki con Mayita Campos, Tinta Blanca, El Amor, Three Souls in my Mind y Love Army. Cabe aclarar que estos últimos no pudieron llegar al festival por la cantidad de gente que colapso los caminos, y su camión con ellos a bordo y el equipo nunca logró arribar al festival, de igual forma, la carrera nunca se realizó.

Previo al concierto, a las 11 de la mañana hubo una sesión de yoga, no olvidemos que estaban de moda los llamados “Jipitecas”, que era la versión mexicana de los hippies donde sobresalían por el uso del misticismo prehispánico junto con otras corrientes espirituales como el yoga, sobre todo popularizado por los Beatles. La moda jipiteca impero en el festival, ya que era fácil reconocerlos pues el usos de ropa elaborada por indígenas como huipiles, sarapes, ropa de manta, además de muchas veces calzar huaraches y usar pulseras y collares con motivos indígenas.

Después del yoga siguió una presentación de la opera rock Tommy de The Who por parte del grupo de teatro experimental de la UNAM, para después comenzar con bandas que no estaban en la lista oficial de Avándaro: La Ley de Herodes (con Sergio Arau, a la postre miembro fundador de Botellita de Jerez), Zafiro, La Sociedad Anónima, Soul Masters y la Fachada de Piedra, tapatíos que contaron con el cantante de 39.4 en un palomazo.

A decir de los asistentes se esperaban unas 70 mil personas pero al final, en los dos días del festival se congregaron mas de 100 mil personas (hubo quien dice que hasta medio millón de personas, pero eso es parte de la leyenda). A pesar de la cantidad de gente, se puede decir que el festival concluyo con tranquilidad, ya que no hubo ninguna perdida humana y tal vez lo mas “alarmante” fue la famosa “Encuerada de Avándaro”, una chica que en el éxtasis de la música se desvistió y fue motivo de que se le tomaran infinidad de fotografías y que serviría de alimento para la prensa amarillista que no dejo de criticar al evento. La revista “Piedra Rodante” publico una entrevista muy hilarante con ella, aunque años mas tarde se descubrió que había sido falsa y era una broma de algunos escritores de la onda que escribían ahí.

Muchos de los intelectuales también se sumaron al ataque al festival, calificándolo de alguna manera de “antipatriótico”, y no bajándolo de una orgía llena de drogas. Algunos otros lo defendieron, pero el saldo en el imaginario colectivo fue de que el festival había sido un “degenere” no acorde a las “buenas costumbres” nacionales. La única banda que hizo un llamado a no olvidar a los estudiantes muertos fue Three Souls in My Mind.

Teorías de la conspiración hay muchas, unas dicen que la satanización del festival fue un ataque a las aspiraciones presidenciales al entonces gobernador del Estado de México, Carlos Hank González, que había dado los permisos, otros dicen que cuando el gobierno se dio cuenta de la capacidad de convocatoria que tenían los jóvenes a través del rock, básicamente se prohibieron las manifestaciones juveniles que no fueran acordes al concepto estatal. De ahí que mientras el rock se marginaba, otras expresiones que daban la imagen de una aparente apertura revolucionaria del régimen, tales como el canto nuevo o la llamada “música folklórica latinoamericana” florecieran a través de las famosas “peñas”.

Básicamente después del festival de forma lenta pero gradual se fueron cerrando las puertas al rock mexicano, y la programación radial básicamente dejo de existir para los grupos nacionales, así como los lugares de conciertos, por lo que la alternativa para las bandas sobrevivientes fue refugiarse en los llamados “Hoyos Fonquis” —termino, por cierto, acuñado por Parménides García Saldaña—, lugares improvisados que iban desde un lote baldío hasta auditorios con sonido terrible, donde las bandas tocaban ante un publico cada vez mas marginado y mas lejano de la clase media, habitual escucha del rock mexicano. Los chavos de onda ahora eran marginales y mal vistos.

Septiembre negro

El segundo suceso trágico se da 14 años después, un fatídico 19 de Septiembre, cuando la Ciudad de México fue sacudida por un terremoto, que además de dejar en escombros una buena parte de la ciudad, también se cargó con la vida de Rockdrigo González, el Profeta del Nopal.

Al inicios de los ochenta, con el cambio generacional que acompañaba a la nueva década, se le comenzó a dar mayor espacio al rock. Auditorios de universidades se abrían a estas manifestaciones culturales y, de manera lenta, la clase media volvía a acercarse al rock mexicano. Se organizan algunos concursos de rock apoyados por el museo del Chopo, (o sea la UNAM), y se editan discos grabados con cierta calidad, destacando “Nadie en Especial” de Chac-Mool, quienes logran ser firmados por una trasnacional y sacar su disco con funda doble. El cambio generacional también se refleja en los sonidos de las bandas, que lentamente van dejando atrás el acostumbrado R&B de los Hoyos Fonquis para acercarse a propuestas nuevas como el punk, new wave y post-punk de Los Pijamas a Go-Go, Size, Dangerous Rhythm o The Casuals.

No solo en la Ciudad de México pasa esto, Guadalajara aporta más bandas y ofrece mas apertura de espacios donde bandas como Sombrero Verde y Los Clips tocan junto a leyendas de la década pasada:  Toncho Pilatos y Spiders, entre otros. Aún con esto los espacios eran limitados y se sumaba la dificultad de conseguir instrumentos y equipo musical, los precios eran exorbitantes y México vivía una de sus peores crisis económicas. La devaluación constante del peso frente al dólar hacía imposible para muchos músicos comprar incluso una guitarra eléctrica. Muchas veces se rentaba equipo, lo cual incluía instrumentos musicales, para poder tocar.

Entre los resabios de los años 70’s aún se contaba con un animado circuito de peñas que para sobrevivir estaban dando espacio a cantautores, mas cercanos al rock que a la música folklórica, los cuales tocaban acompañados por su guitarra acústica. Uno de esos músicos era Rodrigo González, o Rockdrigo para los compas. Procedente de Tamaulipas de forma lenta se había forjado cierto nombre en el modesto circuito de la capital mexicana. Rockdrigo, junto con Rafael Catana y Fausto Arellín, se reúnen bajo el apelativo de Tríptico Rupestre para presentarse junto a Jaime López en la presentación de un libro sobre rock. De esta idea inicial se desembocaría en lo que se llamo “Movimiento Rupestre”, que contó incluso con un “manifiesto” que, un poco en broma y un poco en serio, hacia un llamado a los músicos para que sin necesidad de parafernalia sofisticada, básicamente acompañados por sus guitarras acústicas y unas buenas letras, se manifestaran al tocar.

Rockdrigo y los rupestres van ganando espacios donde presentarse, desde los culturales oficiales hasta pequeños sitios que presentaban bandas de rock. Los Rupestres podían moverse bien con esa característica dual, ser cantautores muy cercanos al folk y al rock. En 1984 Rodrigo González graba el único casete que editó en vida, Hurbanistorias.  Es precisamente en el terremoto de 1985 cuando la muerte lo alcanza en su departamento. Ese último año, González había estado muy activo, incluso había hecho algunos programas especiales de TV que salieron al aire de forma posterior al terremoto. La noche anterior había dado un concierto, y como en muchas tragedias, estaba a punto de irse a Europa a buscar nuevos aires. Parafraseando un poco la letra de una de sus canciones, Rockdrigo no tuvo tiempo de cambiar su vida. Podríamos decir que es la figura trágica más célebre en el panteón del rock mexicano.

Por cierto, Parménides García Saldaña, el único escritor de la onda que sí acepto ser llamado así, también murió un 19 de septiembre. Solitario en un cuarto de azotea que rentaba, supuestamente de neumonía y tan solo tres años antes que Rockdrigo.


Nota: Cuando comencé a escribir el texto aún no sucedía el terremoto del 19 de Septiembre del 2017, nunca imaginé las coincidencias. Le dedico el texto a todos los que han ayudado a las víctimas de este suceso trágico.


Fotografía: Pedro Meyer

Recuerdos de juventud y rock and roll

#LecturasExtremas #Editorial #ParaísoPerdido

 

Este viernes 4 de noviembre de 2016, a las 20:30 horas, en Impronta, presentamos el segundo título de la colección Logófago de nuestro sello editorial: Recuerdos de juventud y rock and roll de Alva Lai Shin Castellón.

En palabras de la doctora Patricia Torres San Martín, “Mediante los testimonios de […] mujeres tapatías se reactivan situaciones y subjetividades de la vida pasada y presente, pero también de la vida social y cultural de la Guadalajara de los años sesenta, y queda expuesta la manera en que el relato cinematográfico se fusiona con los recuerdos y la memoria”.

“La autora elabora una visión multidisciplinaria para analizar el proceso de recepción empírica del cine mexicano de los años sesenta y las identidades juveniles de Guadalajara, con un grupo de mujeres tapatías que consumieron estos filmes y sus imágenes recurrentes: jóvenes con chamarra de cuero y en motocicleta, jovencitas con un look de adultas y en minifaldas, amores inocentes, juventud reventada que se divertía al máximo comiendo un helado o asaltando las cafeterías”.

“Los lectores […] encontrarán una veta más para pensar el cine como una experiencia que siempre involucra una película, una personalidad, una situación social y un tiempo y estado de ánimo específico”.

Nos acompañarán para comentar el libro Patricia Torres San Martín y el maestro José David Calderón. ¡Los esperamos!

¿Quien es Alva Lai Shin?

Si desean conocer un poco más de la trayectoria de Alva, pueden seguir este link.

“Recuerdos de juventud”. Conservar la memoria social.


Conversación con Alva Lai Shin autora de Recuerdos de juventud y rock and roll. Rescate y difusión de la memoria fílmica femenina en Guadalajara durante la década de los sesenta.


1. Cuéntanos de tu libro. ¿Cómo nació la idea de escribirlo? ¿Qué encontrará el lector “Recuerdos…”? ¿Qué te dejó a ti?

Recuerdos de juventud y rock and roll tiene su origen en un trabajo de investigación académica que inicié mientras estudiaba Historia, en la Universidad de Guadalajara; sin embargo, para explicar la idea de escribirlo tendría que remontarme a mi infancia y al gusto compartido con mi mamá por las idas al cine, las películas, las actrices y actores.

Descubrí que cuando ella y otras tías recordaban pasajes de su juventud, irremediablemente hablaban de la ciudad, el barrio y sus cines. En particular, del cine mexicano de la década de los sesenta, aquél protagonizado por Enrique Guzmán, César Costa, Angélica María, Julissa, entre otros. Esa memoria femenina representa el eje de este libro, construyendo una imagen en contraste de la juventud fílmica y la juventud de carne y hueso de aquellos años.

El lector encontrará la representación mexicana en pantalla —y en los recuerdos de mujeres que fueron asiduas a este cine—, de los rebeldes sin causa, los chicos de cafetería, así como los roles y posibilidades de las jóvenes en estas narraciones fílmicas.

2. ¿Qué otras temáticas te atraen?
Sigo interesada en la historia del cine y las representaciones audiovisuales, en general; aunque actualmente me encuentro enfocada en el manejo y gestión de patrimonio documental y cultural.  Mis temas de interés están bastante entrelazados con la idea del rescate de memoria social.

3. ¿Desde tu punto de vista en un país como el nuestro, este tipo de proyectos qué función tienen?
La función es rescatar, conservar y difundir la memoria; es decir, la producción cultural que ha logrado llegar a nuestros días y sus múltiples reconstrucciones y significaciones en el tiempo.

4. ¿Cómo es trabajar con acervos?
Trabajar con un acervo documental significa tener contacto directo con un pasado remoto o reciente que, si no se topa con una guerra, una plaga de polillas, una lenta digitalización o un político avaricioso, seguramente nos trascenderá. Estoy segura de que todos los bibliotecarios, archivistas, libreros y coleccionistas tenemos un pensamiento romántico similar al entrar a una casa repleta de libros, abrir un cajón lleno de fotos o descubrir en un bazar una primera edición.

No podemos tener ni conservar todo, pero podemos contribuir con el rescate, permanencia y accesibilidad de lo que ha logrado llegar hasta aquí.

5.- ¿En qué proyectos estás involucrada actualmente?
Actualmente trabajo en un servicio de consultoría documental para bibliotecas y archivos públicos y privados, inserto en los proyectos de Industrias Creativas, de la Secretaría de Cultura de Jalisco.

6. ¿Se lee poco en México?
Definitivamente.

7.- ¿Qué libros te dejaron huella? ¿A quiénes consideras tus autores cómplices?
Mi autora más entrañable es Clarice Lispector. Como huella, creo que Bartleby, el escribiente de Herman Melville